Ulises: Vacío en Eccles Street
Jul 9th, 2008 | By Fabián Duffau | Category: Narrativa
Leer el Ulises de Joyce puede ser una tarea tan extenuante y ardua como el regreso del héroe griego a Itaca. Una verdadera travesía, que exige al lector una cantidad tal de tiempo y fuerza de voluntad, que quienes han tenido la satisfacción de terminar el libro, llamado por varios el “mejor jamás escrito”, suelen ceder a la tentación de apoyar tal denominación. Para así, gozar un poco más de haber finalizado la magna obra.
Por mi parte, mi cansada, y sin embargo (aunque sólo por estos momentos) orgullosa parte, he de confesar que al leer el “si, quiero, si” final, prácticamente grité ¡al fin! Y permítaseme además otra confesión: los he leído mejores. ¿Las razones?, pues bien, las hay varias, pero las principales son dos.
En primer lugar, el libro es aburrido. A diferencia de otras obras voluminosas, como por ejemplo, La montaña mágica , de Thomas Mann, o Los Miserables de Víctor Hugo, Ulises no alcanza a prender la chispa necesaria para que un lector promedio se empeñe en continuar la lectura de las 600 y pico páginas siguientes.
En segundo lugar, Ulises es, a todas luces, un libro eminentemente anglosajón. En particular, y como seguro habrán escuchado o leído antes, irlandés. Y claro, como todos aquí sabemos que los del idioma de los pájaros son quienes tienen la sartén por el mango, pues no es difícil concluir que parte de su fama se deba precisamente a esta característica.
Sin perjuicio de ello, Ulises sigue siendo una obra maestra. Una tan complicada y fina, que intentar criticarla en un espacio como éste sería demasiado ambicioso. De hecho, se han escrito varios libros interpretando a Ulises, tal vez miles de artículos, referidos a la obra en sí o a algún capítulo específico. Del mismo modo, algunos de sus personajes inspiran nuevas obras, reales o ficticias (por ejemplo, Molly Bloom, para Elizabeth Costello, creación y alter ego de Coetzee).
Ulises representa y a la vez crea un mundo. Representa, porque configura una descripción completa del espacio y circunstancias de un individuo, Leopold Bloom, durante un día, el 16 de junio de 1904. Para ilustrar a lo que me refiero, tal vez sea menester indicar lo siguiente.
Por una parte, en Ulises existe un sinnúmero de personajes. Y además, esos personajes suelen tomar la perspectiva de hablantes, es decir, de sujetos que además de participar en la historia, la cuentan. Hay al menos tres hablantes principales, y otros secundarios.
Los principales, desde mi punto de vista, son Bloom (claro está), Stephen y Molly. Los hablantes secundarios suelen tener el papel de redondear el carácter de los personajes y la historia principal, otorgando el punto de vista de un observador neutral (una función similar a la del “cuarentón”, en “La vida está en otra parte” de Kundera, aunque menos obvia). Pero lo hacen en una extensión de varias páginas, lo que torna la lectura algo complicada. Otro tipo de hablantes secundarios, por el contrario, tienen un rol fundamental, que suele significar un cambio o acontecimiento en la historia; el ciudadano, Gerty Macdowell (mi preferida), el difunto Dignam e incluso la (también fallecida) madre de Stephen.
Por otra parte, ya sea en forma explícita o implícita, en Ulises aparece prácticamente todo: desde cada esquina de Dublín, hasta Chile (irónicamente, como parte de una mentira marinera). Y esto es fundamental; las descripciones son tan acuciosas, que pueden llegar a ser cargantes. En especial, si uno está leyendo una traducción.
Y Ulises crea un mundo, porque en este ensayo de plasmar todo, repito, todo, en una obra, hay distintos niveles de lectura o dificultad. Lo que me lleva a una de las razones por las que califiqué previamente al libro como eminentemente anglosajón; Ulises está repleto de alusiones y referencias. Y no sólo a la literatura e historia previa, sino que al mismo relato. Joyce crea una verdadera enciclopedia literaria, que además se refiere continuamente a si misma, obteniendo así una profundidad pocas veces lograda. De este modo, al mismo tiempo que usa gran parte del conocimiento y la creación literaria previa, crea una obra distinta, y autónoma. Casi el concepto mismo de originalidad, a saber, crear algo nuevo, no de la nada, sino a partir de lo existente.
Pues bien ¿qué tiene de especial ese día? A riesgo de equivocarme, diré que se trata de la búsqueda de sentido. Así como Odiseo trataba de volver a su hogar, Itaca, Bloom trata de encontrar su lugar en el mundo, que perdió desde la muerte de su hijo recién nacido. El lugar, en este caso, es precisamente una figura para el sentido; al inicio del libro, Bloom se encuentra sin lugar, en una atopía, por así decirlo, donde no hay sentido ni permanencia. A lo largo de la obra, buscará y perseguirá un propósito elusivo, quedando en evidencia como un individuo espiritualmente desamparado.
Antes de seguir, ahondaré un poco más en el estado de abandono de Bloom, hasta su encuentro con Stephen en la casa de Bella, y los acontecimientos que le siguen. Bloom es judío e irlandés. En esta doble condición, es despreciado por los irlandeses, lo que Joyce ilustra magistralmente en “el Cíclope”. Pero él se siente irlandés hasta la médula, y ha la vez imposibilitado de negar su herencia judía. Por lo tanto, es un individuo sin patria.
También es un individuo sin familia. A la muerte de su hijo y la indiferencia de su esposa, se suma la ausencia de su hija, por una parte, y el suicidio de su padre, por la otra. La relación entre Bloom y Molly es bastante complicada, pero por el momento bastará decir que aquél no es capaz de cumplir dos roles considerados esencialmente masculinos; el de proveedor, y el de inseminador, lo que incluye el afán sexual. Luego, Molly busca a ambos fuera de casa. Y como paliativo a su vilipendiado orgullo, Bloom tiene una amante. El hecho de que guarde en el mismo bolsillo el libro erótico que regalará a su mujer, y la carta de su amante, es una figura para el reemplazo del sexo, y el orgullo, respectivamente. Esta crisis es explicitada, si bien metafóricamente, en Circe.
Dado que la muerte de su hijo fue el desencadenador de la desgracia de Bloom, es lógico que busque la posibilidad de salvación no en el regreso a un lugar, sino en una persona. Esa persona es Stephen. El vínculo entre ambos está dado por la necesidad mutua: primero, por una contingencia. Bloom salva a Stephen de una camorra salvaje, y lo guía hasta un lugar seguro. Segundo, por que así como Bloom perdió a su hijo, Stephen ha perdido dramáticamente a su madre, y la relación con su padre es, por decir lo menos, conflictiva.
Stephen representa el impulso creativo, talentoso y joven, que al mismo tiempo se encuentra falto de guía, y por lo tanto susceptible al fracaso, y a la adopción. Para Bloom, es la posibilidad proyectar su identidad y lograr la permanencia. Aunque en rigor, no sería correcto afirmar que Bloom adopta Stephen, sino que lo convierte en su protegido, en una forma que rebasa la compresión tradicional del término.
Por lo tanto, el sentido que busca Bloom, lo encuentra en el joven Dedalus. Pero no es el único. Molly también ve en Stephen la aparición de sentido. Pero la diferencia entre el punto de vista de Bloom y Molly es radical: mientras el primero ve un hijo, la segunda ve un amante. Bloom quiere un continuador, y Molly seguridad, que ni Bloom ni Boylan le pueden dar. Mi impresión es que Bloom sospecha del significado de Stephen para Molly, y que a Molly, le importa un comino el rol de Stephen en la vida de Bloom. Como todo lo demás relacionado con su marido. La lucha por ser la guía de Stephen, se dará entre la razón de Bloom, y la corporalidad de Molly.
Antes de terminar, quiero agregar un componente más a la apuesta, para equilibrar la balanza a favor de Bloom. El título del libro, Ulises, se debe a que el relato pretende ser una odisea moderna. Y Ulises, es Bloom. Y así también, tiene características de héroe trágico: es un individuo solitario, que utiliza sus pocos talentos para sobrellevar eventos más allá de su control. Su existencia es motivo de burla, pero a la vez de admiración.
En definitiva, Ulises es un libro de primer orden. Su lectura requiere de un lector atento, culto y voluntarioso. Alguno de ustedes pensará “este tipo tiene una opinión de si mismo jodídamente buena”; pero no es así. O quizás, aunque mi punto es el siguiente: es seguro que no fui capaz de comprender íntegramente a Ulises. Luego, si estas líneas les parecen insuficientes, es porque lo son. Porque Ulises es uno de esos libros, en que la segunda lectura, puede resultar más gratificante que la primera.
Ulises
James Joyce
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