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	<title>Librosdementira &#187; victor jara</title>
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		<title>Música para los ojos</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Oct 2008 17:25:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Doméstica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Entre 1968 y 1973, los hermanos Antonio y Vicente Larrea, más Luis Albornoz revolucionaron la historia de la gráfica chilena. Juntos diseñaron portadas de discos emblemáticos que se transformaron en la cara de la nueva canción chilena. Una parte de ese movimiento artístico es recogido en el libro 33 1/3 RPM, la historia gráfica de 99 carátulas, ya disponible en librerías.


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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Entre 1968 y 1973, los hermanos Antonio y Vicente Larrea, más Luis Albornoz revolucionaron la historia de la gráfica chilena. Juntos diseñaron portadas de discos emblemáticos que se transformaron en la cara de la nueva canción chilena. Fue parte de un movimiento artístico, uno de los más importantes del país, que hoy es recogido en el libro 33 1/3 RPM, la historia gráfica de 99 carátulas, ya disponible en librerías.</p>
<p style="text-align: justify;">A principios de 2008 visité la casa del diseñador Antonio Larrea. El estaba preparando la salida de su nuevo libro: una recopilación de las carátulas que había creado para la Dicap junto a su hermano Vicente, y a Luis Albornoz.<br />
De inmediato me asombró lo ordenado de su departamento, lo sereno y relajado de su tono al rememorar los acontecimientos de al menos 40 años atrás. En pleno gobierno de la UP, Larrea fue protagonista de uno de los movimientos artístico y musical más importantes del país. A fines de los 60, su taller ubicado en calle Marín, fue encuentro de músicos y cuna de la nueva gráfica del diseño chileno.<br />
Luego de egresar de la Escuela de Artes Aplicadas, los hermanos se dedicaron a diseñar las carátulas que fueron símbolo de la nueva canción chilena. Víctor Jara, Violeta Parra, Intillimani, Rolando Alarcón, entre otros compositores pusieron en sus manos el rostro de su música. Y no sólo eso. El trabajo de los hermanos Larrea marcó también la política, a través del diseño de afiches para trabajos voluntarios y movilizaciones estudiantiles. En el cine hicieron lo propio con la de los carteles para películas como El Chacal de Nahueltoro o Ya no basta con rezar, símbolos de la época.</p>
<p style="text-align: justify;">Parte de esta historia es recogida en el libro 331/3 RPM, la historia gráfica de 99 carátulas entre 1968 y 1973, que ya está a la venta en librerías locales. Un trabajo arduo, que le llevó a Antonio Larrea más de tres años, empleados en recopilar, buscar, restaurar y reconstruir años de diseño. Son 180 páginas a todo color que muestran la historia de cada carátula, las técnicas utilizadas, bocetos, fotografías inéditas y otros cuantos trabajos que nunca salieron del taller, debido al golpe militar.<br />
En 30 años se perdieron muchas cosas, sin embargo Antonio tuvo la visión de guardar todos los negativos que dieron vida a su obra. Después del 11 de septiembre de 1973, nadie sabía que iba a suceder, pero una cosa era clara: ellos también corrían el riesgo de que el recién instalado gobierno militar los apuntara con el dedo tachándolos de subversivos y comunistas. “Vino el golpe. Estaba yo en el taller cuando oí los primeros bombazos. Era una imagen surrealista, de algo que simplemente no podía estar ocurriendo. Los aviones sobrevolaban sólo a metros del suelo, fuego y humo salía de las ventanas de la casa de gobierno”, recuerda Antonio. Días después sin saber bien que hacer, el diseñador se dio cuenta que lo que tenía en su mesa de trabajo se había convertido en “arte peligroso”. “Tomé conciencia de que si a alguien no le gustaba mi trabajo podía costarme la vida”, dice Larrea.  Entonces cogió lo que pudo y lo guardó en cajas que enterró durante más de 13 años. Fue el fin del taller de “Vicho  + Toño Larrea”. Sus diseños se transformaron en mito de una generación. La más prolífera y la más comprometida de la historia de Chile.<br />
Varias décadas desde ese día, Antonio siente nostalgia de la época en que todos se ayudaban. “No había competencia entre uno y otro artista. Todos intentaban subir al otro, que a todos les fuera bien. Esa fue la razón de que el movimiento fuese tan potente. Algo que no podría repetirse hoy”.<br />
Antes era todo diferente. Para diseñar, los hermanos se inspiraban de las letras y el título de los futuros discos, tenían conversaciones largas con los músicos, intentando sacar alguna idea que los llevara a elaborar cada diseño. “Lo más importante es que la carátula simbolice el contenido del disco, tenga fuerza, sea potente. Antes había mucho espacio para diseñar, porque se pensaba en el espacio que ocupaban los vinilos. Ahora todo es pequeño, en esos espacios reducidos de los cd’s se pierden las ideas”, dice Antonio.<br />
Además, era todo rápido. Las bandas comenzaban a grabar y la carátula a diseñarse. Antonio, Vicente y Luis Albornoz, no podían escuchar las canciones. Todavía no existían. Sólo luego que salía el disco, lograban saber el resultado final: la simbiosis entre portada y música.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue una de esas ocasiones la que más impactó a Antonio Larrea. Era 1970 y el grupo Quilapayún estrenaba en el Teatro La Reforma de Santiago, La Cantata Santa María de Iquique, compuesta por Luis Advis. Fue la primera vez que Antonio escuchó la pieza luego de haber diseñado la carátula del disco. “Nunca escuché la Cantata tan fuerte como esa vez. Creo que la tocaron más fuerte que nunca, con más fuerza que en el mismo disco. Y fue muy potente, fue una emoción difícil de describir y repetir”, señala el diseñador.<br />
Para la carátula de ese disco se hicieron varios bocetos – también recopilados en el libro- con fotos de archivos de cementerios nortinos y cruces dibujadas. Sin embargo, al final, se optó por un estilo clásico inspirado a comienzo del siglo XX, época en la que ocurrió la matanza de obreros de la salitrera en Iquique, en 1907.<br />
Se incorporaron fotos de salitreras obtenidas de la Biblioteca Nacional y una foto en que posaron los Quilapayún, Luis Advis y Héctor Duvauchelle, completó el diseño del disco.<br />
Ese era el estilo de los hermanos Larrea. Buscar, recopilar imágenes y mezclar inspiraciones. “Me pegaba unos viajes al sur o al norte a tomar fotos, que luego incorporábamos en las carátulas. Sacábamos ideas de libros, revistas. Formamos nuestra propia biblioteca de influencias. Teníamos un libro de bocetos donde íbamos guardando todas las ideas. Algunas iban y otras no, pero siempre podíamos reciclar”, dice Antonio. Lo curioso es que a pesar de las diferentes manos y estilos, los diseños de los Larrea y Albornoz, mantienen un sello único e inconfundible.<br />
Vicente tenía claras influencias del muralismo mexicano, y del diseñador Ben Shawn que  influyó en sus creaciones tipográficas. Antonio experimentaba con fotografía: la técnica de la foto quemada, diaporamas, montajes y  composición en blanco y negro. Por su parte, Albornoz, tenía un gran bagaje artístico originado de su experiencia en el diseño de afiches políticos. También incorporaba la acuarela y el dibujo.</p>
<p>“Podíamos hacer cualquier cosa, sin restricciones. Podíamos mostrar cosas fuertes y nadie decía nada. Me gustaba esa libertad. Ahora se puede crear igual, pero hay otras restricciones, del mercado por ejemplo. Que esto le puede molestar a alguien y así”, indica Antonio. Un ejemplo claro de esto es la primera carátula diseñada por los hermanos Larrea para el sello Jota Jota. X Vietnam, el disco de 1968 de Quilapayún, tenía en su portada un desafiante soldado vietnamita con el fusil en alto, imagen que se obtuvo de una propaganda china contra la intervención estadounidense en la guerra de Vietnam. También fue el origen del distintivo logotipo de Quilapayún, creado por Vicente Larrea. Esta primera portada marcó el estilo sin tapujo de los Larrea. Después vinieron otras portadas igual de potentes como: Basta de Quilapayún o Pongo en tus manos abiertas de Víctor Jara, ambas de 1969.<br />
En la página 173 un corte brusco. Un pájaro impreso en una hoja en blanco rompe la historia que hasta ahora había sido contada. Luego, cuatro carátulas que nunca salieron a la luz hoy se descubren mostrando que hubiese pasado si el 11 de septiembre de 1973 hubiese sido un día como cualquier otro.</p>
<p style="text-align: justify;">Dos de las portadas son emblemáticas: La primera del disco Pisagua, de Ángel Parra, inspirado en el libro La semilla en la arena de Volodia Teitelboim, que relata las penurias de los prisioneros de Pisagua en 1948, durante el gobierno de Gabriel González Videla. Larrea cuenta como paradójicamente Ángel integra la lista de “prisioneros de guerra” después del 73, cuando Pisagua vuelve a ser recinto de prisión política, pero el álbum nunca sale.<br />
El segundo, es un disco nunca antes visto de Víctor Jara. Con un título casi visionario: Tiempos que cambian. En la portada, una foto de perfil del cantautor y dentro, sus últimas composiciones. Además, Antonio ha incorporado un texto propio, escrito a los 26 años, luego de enterarse de la muerte de Jara. “(…) No entiendo tu muerte. Pensaba en la libertad de tus creaciones y en la gran calidad humana que te caracterizaba. También pensaba que a tus adversarios les respondías con tus canciones y hoy supe como apagaron tu voz”, escribe Larrea casi al final del volumen.<br />
El diseñador repasa las hojas de su libro, todavía sin coser. Ha sido un trabajo arduo que pareciera que nunca va a terminar. Uno que otro día lo llama o escribe algún amigo del persa Bío-Bío, coleccionistas de vinilos, contándole que tiene una carátula diseñada por ellos, que ni siquiera Larrea recuerda. Así va armando la historia.<br />
No es la primera vez que lo hace. En 1997, Antonio publicó un primer libro que tituló: Rastros y Rostros de un canto, donde recoge las fotografías que utilizó para muchas de estas mismas carátulas. Sin embargo, el actual libro, es su recopilación definitiva. Aunque espera no sea la última. “Para mí es importante reunir todo en libros. Dejar todo en testimonios. Lo demás son conversaciones que se olvidan, borracheras del momento, pero los libros quedan”.<br />
<strong></strong></p>
<p style="text-align: center;"><a rel="lightbox" href="http://librosdementira.com/wp-content/uploads/2008/10/imagen-small.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-639 aligncenter" style="margin-top: 5px; margin-bottom: 5px;" title="larrea010-small1" src="http://librosdementira.com/wp-content/uploads/2008/10/larrea010-small1-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></p>
<p><strong>Ficha</strong><br />
Ediciones Nunatak331/3 RPM, la historia gráfica de 99 carátulas entre 1968 y 1973<br />
Antonio Larrea<br />
184 páginas</p>
<p>$ 35.000</p>
<p><a href="http://librosdementira.com/wp-content/uploads/2008/10/imagen-small.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-636 alignnone" style="margin: 5px;" title="larrea015-small" src="http://librosdementira.com/wp-content/uploads/2008/10/larrea015-small-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /><img class="size-thumbnail wp-image-637 alignnone" style="margin: 5px;" title="imagen2-small" src="http://librosdementira.com/wp-content/uploads/2008/10/imagen2-small-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /><img class="size-thumbnail wp-image-635 alignnone" style="margin: 5px;" title="imagen-small" src="http://librosdementira.com/wp-content/uploads/2008/10/imagen-small-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /><br />
</a></p>


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