Los árboles de Bárnabo
Jun 16th, 2010 | By Leonardo C. | Category: Destacado, Portada, narrativa
“Los árboles se mueven con el viento
Los árboles se mueven como el viento”
I.
Bárnabo de las Montañas es la primera novela del escritor italiano Dino Buzatti, redescubierto en la actualidad y puesto a la altura de Kafka, Calvino o Camus: robles literarios de diversos colores.
II.
Bárnabo es un guardabosques joven –casi adolescente- que tiene como misión cuidar el Polvorín, un lugar donde se almacenan los viejos explosivos: herramientas de un progreso que nunca llegó, instrumentos para la construcción de una carretera olvidada en los escritorios de la burocracia. Más allá de las montañas y los árboles, se escuchan ecos, pasos, risas, disparos. Son los delincuentes que quieren hacerse del armamento, contra quienes hay que luchar.
Pero en esa tediosa misión no está solo, lo acompaña una orgánica de guardabosques viejos y novatos, borrachos pero concientizados, amantes de la naturaleza y de los largos paseos por el bosque. Del caminar pisando las hojas secas que nos deja el otoño, de las hojas que se llevó el viento, como las palabras insensatas que dejamos caer en los bares y en los nidos.
El compromiso de Bárnabo con la misión es innegable, pero un evento desgraciado lo deja como un desertor, como un cobarde, debido a un humillante secreto. La novela es el viaje de este personaje, hacia un futuro incierto y el deseo reprimido y luego desatado de volver al origen. ¿Lo logrará?.
III.
Sin perjuicio de lo anterior, es posible apreciar quizás uno de los temas más importantes de la literatura del siglo pasado, el sinsentido, el paso estúpido del tiempo, el caminar sin rumbo de atletas urbanos por las calles populosas de la ciudad. El destierro absurdo. Pero a primera vista puedo apreciar diferencias con los más destacados escritores, o más que con los “más destacados” los que más me interesan, más me provocan. Quiero ejemplificar lo anterior con Franz Kafka.
En sus más conocidas obras, Kafka representa ciudadanos ajenos de sí mismos, insertos en medios opresivos o cerrados: un proceso, un cuerpo, un país lejano, dejados llevar por la fuerza de la inercia, transeúntes en una escalera mecánica. En Bárnabo… en cambio, hay una especie de cárcel verde, un ecologismo de la angustia. La resignación de los bosques negros y los árboles infinitos.
Es perturbador, porque Buzatti muestra de manera hermosa y tremenda la relación de los personajes con la naturaleza. Como si fuera el paraíso perdido, los personajes adquieren identidad en el bosque, en la montaña. Por eso su competencia es llegar más alto, conquistar más cumbres, perderse en el vasto ramaje, pensar en lo perdido, en las viejas historias que se van con la fuerza del viento de la cordillera.
Por eso Bárnabo sube (“sube desde el fondo el miedo”), y contempla. Observa un mundo que no es suyo, una ciudad de la que vino y en la que no se halla. Fracasa. Es el viento su único, su verdadero amigo, o como el que arrastra, quien le lleva consigo. El viento frío de la soledad de la montaña. Bárnabo de los vientos y Bárnabo de las montañas.
Esa contemplación tranquila y resignada se repite en otras oportunidades, narradas con mucha belleza: “el viejo volvió a mirar hacia arriba y después empezó a bajar, sin decir palabra”. Esos pasajes me recordaban mucho mis días de niño ahogado por el invierno, mi pieza conquistada por el vaporizador y la lectura materna de “Platero y Yo”, para biendormir.
IV.
En fin, la novela nos muestra la hermosura de la soledad, la vergonzosa agorafobia del esperar, la angustia por lo que no fue, la vuelta a nuestra casa de rutinas enviciantes y ridículas, la vida de todos los que pierden el protagonismo en estos espacios de acreditaciones y competencias.
Además, esta novela también funciona en sede de homenaje: es una oda a los árboles y a las montañas, a esos seres contemplativos por los que pasa el viento, por donde caen las hojas y comienzan las nubes.
Quizás por todo eso, y a pesar de todo eso, como las malezas que sobreviven después de un incendio forestal, como la naturaleza que se reconstruye cada cierto tiempo, el autor canta:
“Digan lo que digan, hay tanta vida aún, por qué hemos de morir”.








La verdad es que no había escuchado de este autor, sin embargo, por lo que se lee, puede ser un buen descubrimiento.
Me gusta lo que se narra sobre esta historia, me recuerda un poco a la ambientación de “Los cipreses creen en Dios”, no sé porqué , quizás porque el entorno silvestre que se menciona se asemeja al descrito en aquél libro, y porque la foto me recuerda a España, a sus montañas, en dónde se sucedían las batallas de la guerra civil. Suena como una novela de corte histórico, costumbrista y de interpretación filosófica……..y la temática del existencialismo, el buscarle significado o propósito a nuestra vida, y el estar inmerso en una prisión propia, es una obsesión universal. Me tincó.
Chuta no pescaron mi comentario.
Oye escribi un comentario super en buena y se borró sin que saliera…bueno filo, lo que decía era que me recuerda al libro “Los Cipreses creen en Dios”, acerca de la guerrra civil española, por la foto y por la naturaleza que se describe, me recuerda a las montañas donde luchaban franquistas y comunistas. Y que me suena a una novela histórica, costumbrista y de interpretación filosófica. El buscar significado a nuestra vida y la prisión interna que nos inmoviliza, me parece una temática universal. Me tincó el libro. Eso era, chau.
@Rose
tu comentario había caido en nuestro limbo del spam (uno de las siete plagas de Internet), pero ya lo recuperamos y está publicado como debe ser. No es política del sitio borrar o censurar los comentarios de nuestros lectores. Te ofrecemos disculpas Rose y esperamos que pases por estas páginas virtuales nuevamente.
atte.
Librosdementira.
Bárnabo, cuidaba una bodega o algo así, sin embargo gozaba paseando por el bosque, subiendo la montaña, quería llegar mas lejos, encontraba consuelo y compañía en el viento, habla de fracaso?, me parece un interesante tema existencial, desde el punto de vista mío, hago relación con los individuos que aún no se encuentran consigo mismo por lo que les es necesario, llenarse de cosas y estar siempre ocupado, o evadiendo su propia realidad o existencia, sin mirar que en su mismo espacio encuentra elementos tan sencillos y elementales que le podrían servir, para desarrollar su pensamiento y creatividad, sino que pasan por encima sin mirar, renegando de su maldita vida o quehacer cotidiano, cayendo en una existencia insípida,estúpida y sin sentido.
Si me permites aclararte un error ortográfico… …”ciudad de la que vino y en la que no se HAYA”… debe ser, “ciudad de la que vino y en la que no se HALLA”. hallar, de encontrarse.
me encantan esos temas, te felicito por tu comentario.