Librodementira #14: El verano sin verano – Camilo Marks

Oct 4th, 2008 | By Libros de Mentira | Category: Destacado, Librosdementira

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  1. Para mi querido Profe Camilo,

    Fui una inconsciente alumna del a Escuela de Periodismo de la Usach, conozco su trabajo y admiro su maravilloso y loco mundo que me permitió conocer la crìtica literaria más allá de los dogmas.
    Saludos Profe

  2. Oh, mira, donde te vine a pillar, profe Marks!

    Mm… apenas caiga en mis manos este libro lo leeré. Obvio, veremos qué tal escribes, muahahaha!

    Un abrazo de tu ex alumna.

    Yamila Huerta

  3. ¡Guau, guau, guau, guau!
    ¡Qué es esto? ¿Un policial, una historia de venganza simbólica, el paso de las generaciones en gente que no cambia, salvo por el paso de los años, una obsesiva historia de amor sepultada y que renace cuando ya es demasiado tarde o la lápida del pasado que nos impide ver el futuro? ¿Existirán casos reales como este, especies de fraudes en los que se hace pasar por víctimas de violaciones a los derechos humanos a personas asesinadas porque fueron unos carajos con sus parejas?
    El cuento me dejó pasmada, inquieta, pero con una sensación final de alivio. Casi me dio taquicardia y luego vino una suerte de liberación. Casi grité: ¡AAAAAAAAH! ¡AAAAARRRGH!

  4. Muy buena iniciativa de acercamiento de la literatura pa todos los brocas cochis. Les dejo un dato de literatura humorística. Bastante más ordinaria que vuestra iniciativa, pero igulamente válida.
    http://www.larisadelosanimales.blogspot.com

  5. No pude parar de leerlo, a pesar de que es el más largo de todos. Para mí esto es, en realidad, una novela, escrita bajo una fuerte concepción dramática clásica: exposición, nudo y desenlace. Incluso los números de los tres capítulos corresponden, de modo riguroso, a la división aristotélica de la tragedia. Y cada uno de ellos es muy distinto, pero a la vez extrañamente parecido al otro: la narradora no cambia, apenas sabemos su nombre al final de la primera parte y en un golpe técnico sobresaliente, conocemos la razón del título justo en las últimas cuatro palabras del relato. Yo esto lo he visto muy pocas veces, en contados casos. En verdad, recapacito lo que dije poco antes: Pilar, contando sus días infantiles en el Lago Ranco, es apenas una niña en la primera parte, sigue siéndolo en la segunda, porque no logra entender el lenguaje de los “grandes”, pero ya estamos viendo, en forma anticipada, a la mujer madura y con la vida trajinada que ha sufrido persecución, represión y haber sido testigo del horror que fue Chile durante la dictadura. Y como es un rasgo característico del autor, Pilar, tal vez su alter ego en esta historia, jamás abandona la distancia irónica, el humor -sus trabajos como periodista en revistas femeninas me recordaron todas las estupideces que yo misma tuve que escribir y me veo obligada a seguir escribiendo para ganarme unos pesos-, cierto sarcasmo melancólico o rabioso -las referencias a los niños alemanes del sur de Chile, seres insoportables a quienes conocí al estudiar en Valdivia, incluso la forma de referirse a sus parientes, amigos, amigas, relaciones-, en fin, la capacidad de reirse de sí misma sin piedad, de despachar a medio mundo sin contemplaciones, pero con mucha bondad en el fondo, con cariño y nada de odio o resentimiento (seguramente, habrá quienes la encuentren, en última instancia, una vieja amargada, pero será porque no han comprendido una sola palabra de este verano eterno, que empezó a sus 14 años, continúa cuando ha pasado los 50 y seguramente sigue siendo un gran verano ahora mismo, quizá con más de seis décadas, aunque el escritor jamás hace mención a su edad).
    Sin embargo, creo haber entendido que Pilar no es la protagonista, sino la testigo de las vidas de dos personas que la marcarán para siempre: ellos son Marcelo y Helena, y el modo en que los ve Pilar. Ellos son los héroes ausentes de la tragicomedia. Y la primera aparición de esa pareja que quita el aliento es el comienzo o preludio durante unas vacaciones infantiles, nada de infantiles por cierto, donde, tras la fachada de actitudes optimistas, reinan la duda, el pelambre, el clasismo y racismo chilenos que Pilar podrá entender mucho más tarde. Cuando ambos desaparecen, se produce la trabazón o nudo que precederá, en muchísimo tiempo, al desenlace, pues el misterio de Marcelo y Helena queda flotando en el aire y sus sombras acosan a la narradora y al lector. El final es una serie de sorpresas, comenzando por la decisión de Pilar de convertir a sus ídolos de los años 60 en falsos detenidos desaparecidos, la irrupción de Claudio Lyon -por lo visto, quedan aun latifundistas, banqueros y jueces decentes, aunque lo dudo-, el anuncio de su matrimonio tardío con una de las chicas más antipáticas de aquellos remotos feriados largos y la decisión definitiva de Pilar: encontrar a Helena como sea, del modo que sea, para conocer su verano sin verano.
    Un relato clásico, depurado, elegante, mínimamente descriptivo, con bellísimos pasajes, y abundantes, tensos diálogos, sin pretensiones estilísticas de vanguardia o sin escritura coloquial a la moda, algo que se agradece mucho en estos días, en suma, una historia absorbente, emotiva, terrible, redimida por la distancia melancólica, divertida de Pilar, ¿o el autor? Me cansaron un poco las disquisiciones jurídicas de Lyon, aunque, después de la reflexión en el sentido de que es imposible hallar en Chile a alguien con ese apellido y mala pinta y tras la humanidad del personaje, me habría incluso tragado una sentencia judicial chilena, que es lo más aburridor e imposible de digerir que se pueda leer. Sobre todo, quedé admirada por la forma de tratar el tema de las peores violaciones a los derechos humanos cometidas en Chile, el genocidio que a tantos nos continuará penando por muchas generaciones más, los detenidos desaparecidos. Creo que nunca había leido un texto de tanto valor literario referido a este tema, aunque solo sea casi como a la pasada, una suerte de excusa para la justificación personal de Pilar como ser humano. Es en esos momentos finales cuando Marcelo y Helena pasan ya a segundo plano y Pilar termina siendo, para mí, la heroína del relato. Tengo la suerte de conocer a varios y varias periodistas y abogados que, como lo dice Lyon, salvaron a este país de ser un pozo séptico y, en parte, he tratado de ser una de ellas. Tal como Patricia Verdugo (quien no alcanzó a vivir para verse reflejada en la narradora), Odette Magnet, Patricia Politzer, Paula Chahin, Pilar, siendo un personaje tan literario, refleja también a quienes arriesgaron sus vidas, sus hijos, sus matrimonios por una causa superior y todo esto en un texto que jamás bordea lo panfletario, nunca se acerca a la denuncia trillada, sino que, por el contrario, es literatura ciento por ciento.

  6. Coincido con una buena parte de la apreciación de Mónica pero para mí la heroína indiscutible es Pilar. Marcelo y Helena (con hache, como la que provocó la guerra de Troya, ése es un toque increíble porque después nos la describe con el físico de una guerrera mapuche)son solo sombras, espectros, imágenes obsesivas en la fantasía de Pilar quien, claro, a pesar de ser mujer, escribe como hombre. Porque hay que decirlo con claridad: la prosa y la forma de escribir de Camilo son demasiado masculinas, excesivamente lógicas, con un humor ciento por ciento de varón, aunque se esfuerce al máximo por ponerse en la piel de una niña que escribe con la perspectiva de una profesional, una escritora madura. Así y todo, me encantaron el amaneramiento y la coquetería de esas chicas sesenteras, pues me recordaron esos tiempos en que yo también participé en cientos de ceremonias secretas para atraer a quines me gustaban, con resultados dispares, claro, y me rei con los trabajos que hacen las mayores para hacerse las interesantes, el fracaso de Pilar en lograrlo, la autoridad matriarcal de la tía Aurelia, los devaneos de Marta, a quien después se le pasa la costumbre de andar con uno y con otro, pero parece que sigue haciéndolo, a juzgar por las confesiones íntimas que entrega a su prima Pilar, todo ese mundo de la niñez y la adolescencia, cuando es un abismo de diferencia tener 14 años frente a los 18 de las otras, o ante la aparente madurez de Marcelo y Helena, los cuales, aun cuando no se nos diga su edad, son mayores, ya veinteañeros, o sea, otro mundo de diferencia entre ellos, los insoportables Coronado, los vecinos ricachones y arribistas que cortejan a Marta y Rosita. Esta última resulta insoportable, de matarla y no me gustó para nada que se agarrara al delicioso gordinflón de Lyon, pero, ¿es posible que ese gordito acomplejado que mira como un ídolo al proletario Marcelo hubiera terminado como segundo marido de una lavandera, una hija de la nana o cualquiera otra chica incluso de clase media? Aunque nunca sepamos los apellidos de casi nadie, salvo el adorable Lyon, Rosita debe haber sido, en el peor de los casos, González Echeverría o Covarrubias y, en el mejor, Santa Cruz, Ross o Pérez Cotapos (recordemos que los Edwards andan cerca). Es literalmente imposible y Camilo lo sabe mejor que nadie, porque en su historia demuestra que conoce a fondo el clasismo, el racismo, la increíble altanería de las clases dominantes, la siutiquería y arribismo de las clases medias (hay circulando un librito del periodista Óscar Contardo sobre el tema, que me pareció burdo en comparación con la sutileza de esta obra literaria; por supuesto, en este país donde nadie lee nada, pero nada de nada, Contardo, que escribe con las patas, es un bestseller). Y en eso concuerdo con Mónica.
    Esta no es la primera vez que Camilo, quien jamás podrá escribir como mujer -aunque no sé muy bien qué es eso, pero nunca le nacerá el estilo tipo María Luisa Bombal o Virginia Woolf- narra como si lo fuera. Ya lo hizo en la segunda nouvelle de “La dictadura del proletariado”, saludada con razón por Elizabeth Subercaseaux como una pieza genial, que tenía un título atroz,larguísimo, imposible de recordar y narraba las peripecias de una presa política, detenida por la CNI, juzgada en una fiscalía militar y finalmente sentenciada por un Ministro en Visita en los comienzos de la transición democrática (aquí, en este verano increíble, las palabras de Pilar con respecto a ese contubernio son para el bronce y las comparto en plenitud). En esa novela corta de la tetralogía “La dictadura del proletariado”, que la tengo en mi cabecera, compuesta en retazos de monólogos, fragmentos de diarios, informes judiciales, y otra variedad de recursos extraliterarios, al estilo de Puig, Camilo lograba algo increíble: hacer divertido un episodio atroz, surgido a raíz del atentado al aeródromo de Tobalaba, reirse de la CNI, insultar en forma elegante o rabiosa a los periodistas de la dictadura militar, denigrar a toda la televisión y la prensa, tratar de la peor forma imaginable a los jueces chilenos, ¡mientras todavía se desempeñaba como abogado de derechos humanos! Nunca he logrado entender cómo no le quitaron el título. Sin embargo, pensándolo mejor, ese tipo de gente no lee, no va al cine, no ve teatro, no escucha música, no vive, así que bien puede decirse lo que se quiera sobre ellos en una ficción y el autor salir impune.
    Como sea, y a pesar de que Pilar no puede librarse del tratamiento que un hombre escritor hace de una mujer -insisto, los empeños de Camilo para feminizar a todas las chicas del relato son dignos de encomio, pero, para mi gusto, son demasiado masculinos-, sí, Pilar es la heroína de este verano sin verano, porque fue ella la que lo vivió y no Helena, fue ella la que perdió de a poco la inocencia en esas primeras vacaciones y en otras posteriores, fue ella la que se casó, pasó por la prisión, tuvo a sus hijos en colegios protegidos y seguramente debió visitar a su marido durante los años que tuvo que pasarse entre rejas. Y es ella quien, desde una infancia muy protegida, sufriendo los sobresaltos de una sensibilidad exacerbada, siendo miembro de una clase social que también supo sacar partido o auxiliarse durante los años negros, horrendos, de la peor época que haya vivido el país, evoluciona hasta comprometerse total, íntegramente con la causa de los derechos humanos y llegar, incluso, a ser militante de un partido de ultraizquierda, que no se identifica, pero imagino debe ser el MIR. Durante todo el relato, me sentí como ella, pensé como ella, pasé las pellejerías de ella, aunque no se describan en detalle. Bueno, los libros, sean virtuales como éste o vengan en ediciones de papel, poseen el poder único de hacer que uno los viva o no los viva, los goce y disfrute o los lea por compromiso, los tome o los deje. Y a mí, que ahora debo tener una edad cercana a la de Pilar, una cincuentona todavía con ansias de conocer y entender a los demás, “El verano sin verano” me retrotrajo a mis vacaciones en un lugar mucho más rasca que el Lago Ranco, en la costa central del país. ¡Como me voy a olvidar de las inolvidables sesiones en que, con mis amigas y parientes, nos preparábamos para los bailes de todas las tardes, de los discos de Timmy Yuro, los Platters, Jackie Wilson, de las idas al baño a retocarse porque parecía que Gonzalo Cifuentes (¿dónde estás? ¿existes aún? ¿leerás estas líneas? ¡jamás de los jamases y es mejor así, porque ahora debes ser un chanchito satisfecho y ganador de platita!), sí, se veía que Gonzalo, que no parecía chileno de tan buenmozo que era -ésto es racista, lo sé, pero no puedo evitarlo-, se había fijado en mí y yo estaba más loca que una cabra por él, la sola idea de que me sacara a bailar, aunque fuese una vez, me ponía como geletina. También conocí a una pareja semejante a Marcelo y Helena, es decir, lo que nosotros, de modo horrible, espantoso, execrable, llamábamos roticuacos. No eran tan literarios como una guerrera mapuche y el sobrino del panadero que quería ser marino mercante, claro que no. Eran la hija de mi empleada, Elba es su nombre, y Eliseo Laguna, el hijo del administrador de la hostería “Pacífico”, ambos veinteañeros, ambos mayores que nosotras y nosotros, ambos, por supuesto, mucho mejores que todas y todos nosotros, en cualquier sentido de la palabra. Y con seguridad, ambos haciendo a gusto lo que ninguna de nosotras se animaba a hacer, porque dejarse correr mano era un crimen y en cuanto a los chiquillos, bueno, para eso estaban, en esos tiempos, las putas, es decir, para proteger la virginidad de las señoritas. Gracias a Dios o a Freud o a Marx, los tiempos han cambiado, pero no tanto, nadie crea que tanto en este país que es el más hipócrita y conservador de América, como lo ha definido la prensa mundial y la propia. Elba y Eliseo terminaron casándose y nunca más supe de ellos pero, a diferencia de lo que sucede en “El verano sin verano”, no se les permitía el acceso a nuestros bailes, nuestras fiestas, nuestras reuniones estúpidas, convencionales, aburridoras a más no poder, salvo por la perspectiva de planificar en detalle cómo agarrar a alguien que nos gustaba, cuáles eran las tácticas infalibles, cómo hacerse la interesante paseándose cerca del objeto de nuestro deseo sin que él se diera cuenta. Así que te sentí como hermana, Pilar y eso pasa con pocos libros, de verdad o de mentira, que uno lee ahora. De aquí en adelante, serás mi amiga para siempre y si quieres, me junto contigo para ayudarte a encontrar a la fome de la Helena, quien, con seguridad, tiene mucha menos gracias que tú.

  7. Hay algo que muchos recuerdan, vagamente, pero pocos saben en la actualidad sobre Camilo, de quien fui compañero como abogado de la Vicaría de la Solidaridad y que este relato suyo me hizo revivir, riéndome a carcajadas, pese a que es una historia con un trasfondo horrible y un final que te deja con la boca abierta. Coincido con Mónica en que muy pocos escritores logran poner el título de sus ficciones justo en las últimas líneas de éstas, pero eso no es nada en comparación con la extravagante, única, pecularísima personalidad de Camilo como abogado. Muchos todavía pensamos que sus mejores textos están en el Archivo Judicial o en la Fundación de la Vicaría y quien desee de veras morirse de la risa, gritar y llorar a carcajadas, no tiene más que buscar estas increíbles piezas jurídicas que, creo, son el máximo aporte de Camilo a la literatura chilena.
    En sus defensas, Camilo escribía cosas tales como que gracias a la CNI, los execrables designios del P. C. no pudieron llevarse a cabo y podemos caminar tranquilos por las calles, porque mi defendido, quien es un alma perdida en las garras del marxismo, quedó tranquilo para siempre luego de la actuación de estos caballeros del orden; o, en la defensa de uno de los procesados por la internación de armas en Carrizal Bajo, escribió y luego dijo en la Corte Marcialalgo así como nuestros grandes hombres de acción, pertenecientes a ese organismo humanitario que es la CNI, impidieron el caos terrorista, pero para este abogado ha sido la peor desilusión de su vida, casi algo letal, descubrir que la chapa de Isidro Gaete, su defendido, es ¡Mickey! ¿Es posible defender a un terrorista con un alias así? ¿Se puede creer que el Ratón Mickey sea un terrorista? ¡Imposible, del todo imposible! Y, a propósito de un Ministrto en Visita, obsesionado con la estructura, funcionamiento, modo de actuar del FPMR, dijo, en una apelación palabras del tipo de: El Ministro Fulano de tal posee tal grado de ofuscamiento, tal nivel de obnubilación, tan profunda de monomanía con ese movimiento minúsculo, al cual todo le sale mal, es decir, el FPMR, que es dable considerar que él mismo terminará siendo uno de sus máximos dirigentes, porque se han dado casos similares. Por supuesto, sé, todos supimos, que los fiscales militares, los relatores, los jueces y ministros se peleaban la lectura de sus escritos y hay muchos colegas míos que escucharon cómo, a puertas cerradas, los funcionarios judiciales aullaban de risa y se quitaban de las manos esas defensas, apelaciones o recursos, que no estaban redactados de la manera que puse, que es solo una imitación burda, poco fina, de algo que el único que hizo, se atrevió a hacer, fue Camilo. En la Corte Marcial, las de Apelaciones de Santiago y San Miguel y la Suprema, era una mezcla de Woody Allen y un señor muy bien vestido y formal, que con seriedad extrema, en forma gélida, decía los disparates que le daban la gana en medio de argumentaciones jurídicas muy sólidas, pero que pasaban a segundo plano gracias a su despliegue de histrionismo. Vi cómo el magistrado Juan Guzmán se apretaba las mandíbulas para no largar la carcajada, saliéndole lágrimas de risa, cómo Milton Juica se paraba con el pretexto de tomar agua y no empezar a carcajearse, cómo Enrique Paillas comenzaba a indignarse para terminar pidiéndole que por favor hablara en serio, ante lo cual Camilo, impávido, proseguía, quejándose porque el oficial de sala no le había puesto una botella llena de agua y un vaso limpios para sus alegatos o deteniéndose un momento para simular que estudiaba el expediente que estaba a su lado y se sabía de memoria o, cuando el juicio seguía en sumario secreto, inventaba lo que le daba la gana para estupefacción de los jueces. Al final, terminaba consiguiendo la libertad de todos los presos, muchas absoluciones o, cuando ello no era viable, considerables rebajas de penas. Yo creo que le temían y, cuando no era así, tenían miedo de ese sujeto totalmente atípico, inclasificable como abogado, que los sacaba de sus casillas cuando golpeaba la mesa, pateaba con furia el suelo o bien los volvía locos de la risa diciendo cosas como que el FPMR era un grupo de nenes con buenas intenciones, un tanto lunáticos (¡había que ver cómo desmenuzaba los partes de la CNI con anexos documentales del FPMR o el Mapu Lautaro), que el peligro marxista podía estar más en el excesivo celo de jueces y agentes que en esos estudiantes o pobladores de almas cándidas y malas intenciones porque, claro, hay que juzgar los hechos y no los deseos de la gente, y que, aun cuando a algunos se les encontraran armas, eran todas inutilizables, pistolas matagatos, artefactos inservibles, por lo que era del todo desaconsejable que los tribunales de justicia perdieran el tiempo con esos hombres y mujeres un poco chiflados y qué decir del gasto fiscal de mantenerlos a costa de todos nosotros, cuando era mucho mejor, por último, darles unos cuantos diazapams o dejarlos circular por las calles con el fin de que el aire puro disipara sus mentes ardorosas.
    Y claro, todos sus defendidos lo adoraban, no solo porque era quizá el único que jamás dejaba pasar una semana sin visitarlos en la cárcel, llevándoles libros o correspondencia, sino porque, de modo invariable, los sacaba a todos libres, nadie se explicaba casi nunca cómo.
    Cuando lo veo en “Hora 25″ me resulta imposible no verlo corriendo de fiscalía en fiscalía, de comisarías a hospitales, de juzgados a cortes, donde hacía algo muy parecido a lo que ahora hace con los libros: desmenuzar las acusaciones y los cargos, ridiculizarlos, volverlos algo inofensivo. Y lamento que lo hayamos perdido como abogado, porque insisto, la literatura habría seguido ganando más con él y sus escritos, con ese personaje tan insólito en ese medio tan siniestro, al que no le tenía ni la sombra de miedo, que ahora que está haciendo crítica semanal, televisiva y escribiendo buenos libros. Sí, me gustan, pero no se comparan con lo que escribió, dijo e hizo mientras fue abogado.

  8. Ya estoy un poco confundido, porque lei el cuento, nouvelle, novela corta o como quiera que se llame, me gustó mucho, como todo lo de Camilo pero no sé si estoy prefiriendo los comentarios. Conozco a Camilo desde los 8 o 10 años, estudiamos juntos en la primaria, nos hemos reencontrado muchos años después y ya le conozco tantas personalidades que no termino de sorprenderme y hasta asustarme. Ha estado en mi casa y todos mis hijos y nietos lo quieren mucho, pero con esta enfermedad de moda, el desorden o síndrome de personalidad múltiple, capaz que, además de todo lo anterior, sea un asesino en serie. Bueno, si es así, por lo menos toda mi tribu, chilena y belga, morirá feliz a manos de él, porque un flacuchento interminable de larguiricho y humanitario como Camilo, no podría sino darnos una muerte y luego una resurrección grandiosa a todos nosotros.
    Me gusta, sobre todo, que en su no tan nueva faceta de literato, no haya abandonado sus posiciones políticas, que para cualquiera quedan claras, aunque él pueda ponerse con absoluta comodidad en la mente de alguien de derecha, de izquierda, de una mujer -y en eso no coincido con Alicia, porque, entonces, los hombres solo podríamos escribir sobre hombres y las mujeres viceversa-, de una señora como la tía Aurelia, de una pareja a quienes les adivina el pensamiento, como Marcelo y Helena, de Lyon, que desde el comienzo me cayó bien porque también fue discriminado por su físico y sus modales afeminados, para terminar, como dice la narradora, dándonos la sorpresa del siglo, todo un juez decente y un ricachón con inteligencia y en todos esos casos Camilo me convenció. Cuando estudiamos juntos, él era de los ricachones, aunque esto le cargue y yo, en cambio, venía de una familia muy pobre. Pero Camilo tiene amigos y amigas ricos y pobres, inteligentes y menos inteligentes, geniales y tontos, feos y bonitos, chilenos y extranjeros, aunque sospecho que no tiene amigos de derecha, por más empeño que le haya puesto. Y con todos es tan buen amigo que mantiene las relaciones durando por 30, 20, 10, 15 años y eso pocos lo pueden decir en un país donde se valora en casi nada la amistad, el cariño, la solidaridad, el afecto como es mi triste Chilito.
    Me sumo a Alicia en un aspecto de su disertación, que aunque no comparta, me gustó casi entera. Propongo un comité de búsqueda para encontrar a Helena, aunque esté oculta en Santiago, la ciudad del mundo donde es imposible encontrar a alguien que desea desaparecer. Y si no nos resulta, pues entonces tenemos que hallar a Helena, la princesa griega que fue secuestrada por Paris, la esposa de Menelao, el rostro que lanzó mil naves al mar. Como es la mujer más bella de que se tenga memoria, aparte de la Helena mapuche, ¿quién nos dice cuánto vamos a ganar si la pillamos?

  9. Bueno, bueno, bueno, Camilo resulta que eres un personaje, todo un personaje, ojalá algún día pueda conocer más facetas de las queaparecen en estos comentarios.. Como lo he dicho en el facebook de “Hora 25″, tengo la suerte de ser su amiga, de conocerlo de cerca, de tener la certeza de que, con todo lo que sabe y quizá por eso, es profundamente humilde y modesto.
    ¡Pero tantas personalidades! Francamente, ¿no haría mejor en escribir su autobiografía que en insistir en la crítica, para hacerse de enemigos gratuitos, y en las ficciones, para hacerse aún de más enemigos, dado el tóxico ambiente literario chileno, que no ve la superioridad cuando se presenta e incluso pretende ignorar la calidad cuando es evidente?
    Un idiotita, de nula preparación, cero estilo, escasa inteligencia, escribió en una revista gorda de papel couché, dirigida a los ricos, que es lo que ese periodistucho quisiera ser, que su novela “La sinfonía fantástica”, que a todos cuantos la han leído les ha entrenido, gustado o, a ratos, con sus razones, detestado, reflejaba odio, resentimiento, rabia. Ese tipo no tiene idea de lo que habla, porque es incapaz de reirse, entretenerse, leer y es aficionado, en cambio, al buceo submarino, a lo que cree son los placeres neoliberales, a las catas de vino -aunque no distinga entre un Santa Rita 120 en caja y un Nuits St. George-, en fin, a nada, porque como periodista es una nulidad, una galleta de agua, sin contar con sus aspectos serviles, complacientes, buscadores siempre de la aprobación de sus superiores. Para qué hablar de la ignara de Las últimas noticias, que no sabe escribir, tiene cero cultura y conocimientos (no distingue entre la 5a sinfonía de Beethoven o un cha cha chá, o entre Van Gogh y Miguel Ángel), acepta cualquier cosa que su editor le proponga o disponga, carece de todo humor e ironía y hace patéticos esfuerzos que resultan en chirigotas, tiene una relación cerril con lo literario, en fin, solo sabe recurrir a la grosería y el ataque personal, siempre escribiendo con las patas, porque odia la cultura, el saber, la sutileza o sofisticación.
    Así que, en mi opinión, creo que Camilo debe empezar ya con su autobiografía, para encandilarnos con sus mentiras y delirios, porque es más mentiroso que Judas y más delirante que el Cristo de Elqui.

  10. Vaya, vaya, vaya, mi queridísimo primito. Veo que despiertas emociones, sensaciones encontradas, polémica, y, sobre todo y eso me alegra hasta el infinito, logras que la gente escriba, aunque sea bien o mal de ti. Me haces inmensamente feliz con esto, pero como te conozco tanto, más que a nadie, no pienso darle a ninguno en el gusto de contarles nuestras fabulosas aventuras de la niñez, cuando eras el líder de todos los pasmados, que te seguíamos aunque nos llevaras al abismo de la perdición. Todos terminamos sobreviviendo, querido Camilito y no sé, de ninguna manera voy a revelar tus gracias o a dejar, no sé, no encuentro la palabra, esto de leer y enseñar español todos los días, no me ha impedido olvidar la palabra que busco, no es asombradas, lelas, como decían mi madre y la tuya, mi querida tía (vi algo de ambas en la tía Aurelia) tampoco patidifusas, que suena como del Siglo XVIII o XIX, aunque sea muy reciente, en fin, por ahora no está en mis cartas dar a conocer algunas de nuestras hazañas. Veo con felicidad que casi toda la gente te admira o te quiere, que produces disputas y controverisas, y era que no, que eres mucho más popular de lo que yo creía, en fin, mis cariños a todos los que te aman y a los otros, bueno, ellos no más se lo pierden,

  11. First of all, I can read Spanish, but am completely unable to writing it. Therefore, I must write either in German, my native tongue or English, but since English is most widely understood, I’ll do it in this language.
    When I saw the front of the book, ie, the way you show it, I found it was beautiful, gorgeous, delightful. Is is the only virtual story presented in a sort of luxury way, so I thought it was going to be a conventional narrative which, in a sort of way, it is. But Camilo’s deep knowledge both of the Spanish language and the history of recent Chile makes it a very, succesfully new, bravely new kind of telling what has been going on in the southernmost part of the world during the las decades. Of course, I have been Camilo’s friend for a long time and I think I know him very well, even more than what he can ascertain. But when I saw the cover picture, that very naive illustration, I was afraid I had to face Camilo’s backwardness, a sort of youthful and narcissistic introspection. And, wow, how wrong I was and what a surprise I again had, since Camilo is the only one to be able to still surprise and astonish people.
    Obviously, I read all the comments before this one and the only thing I can say, apart form the fact that I enjoyed his story and was thrilled by it, is that he continues being a person who will never surrender to dark forces, never will loose his incredible talent, always will face the truth and its consequences, whatever they be. Bravo, Camilo!

  12. Camilito querido, recién termino de leer tu magnífico cuento, más bien novela corta, estoy de acuerdo en que el tratamiento de los derechos humanos está muy bien planteado, no cae en el panfleto ni en la denuncia facilona. No concuerdo con Alicia en que tu modo de escribir sea ciento por ciento masculino, por el contrario, aunque la narradora sea una mujer vista por un hombre, esto se ha hecho en la literatura desde los tiempos de Homero. Además, ¿qué es la escritura masculina o femenina? Creo que las mujeres pueden escribir de los hombres y viceversa y eso no hace que un modo de escribir pertenezca a un género determinado.Pienso que características, tales como la sensibilidad, la emocionalidad, la racionalidad, el pensamiento lógico, analítico, no son privativas de un género u otro. Por lo demás, Camilito querido, prefiero que no trates de escribir como la María Luisa Bombal o la Juana de Ibarbourou porque no te viene para nada y arruinarías tu carrera literaria.
    Lo único malo, lo peor de todo, casi insoportable es que mientras leía prendí el audio, ya que me contaste que el cuento finalizaba con un dúo operático ruso, que seguramente le venía muy bien, y me tuve que tragar una música eterna, horrible, confusa, vaga que me impedía, incluso pensar o concentrarme en lo que estaba leyendo.¿De dónde la sacaron tus brillantes alumnos? ¿es la banda sonora de alguna película intergaláctica? ¿Cómo es posible que habiendo 500 años de música grabada no hayan escogido algo más adecuado?
    De todas maneras disfruté mucho “El verano sin verano” Y me uniré al comité de búsqueda de Helena.

  13. Creo que sí existe una forma de escribir masculina y otra femenina, así como también hay escrituras gays, lésbicas, de negros o árabes, de otras minorías, y, claro, hay tantos estilos literarios como personas que intentan de cualquier forma trabajar con las palabras, desde la poesía, el teatro, la prosa poética, el informe documental y muchas otras maneras de volcarse a lo literario. Este relato es literario por donde se lo mire, de eso no tengo ninguna duda y eso es independiente de que haya sido escrito por un hombre, una mujer o un alienígena.
    Sin embargo, cuando Camilo describe la ropa de Pilar, de Helena, de otras jóvenes o viejas, cuando habla de peines, adornos, joyas, la forma de arreglarse el pelo, la manera en que está hecha una cama, los dobleces de un vestido, no sé, estoy viendo el modo en que un hombre escribe sobre esas cosas. Y me parece muy bien que lo haga. Por ejemplo, ese precioso capítulo sobre el collar de abalorios rojos de Helena, rojos como la sangre, como rubíes que se pegan a su piel y que son cuentas de vidrio vulgares y silvestres, pues me conmovió, porque ahí se manifiesta una sensibilidad estética, casi un placer por el color que llega a ser táctil, y llegan casi a olerse los árboles, la vegetación, las plantas que rodean el último encuentro entre Marcelo y Helena, cuando ella desaparece y Pilar sale a buscarla, para quedarse con la bala pasada por el resto de su vida.
    No creo que sea una idea muy buena formar un comité de búsqueda de Helena, aunque de todos modos yo participaría en él. A estas alturas, y después de lo que pasó, tiene que haber enterrado su pasado, de modo que partir para recordárselo y hacerla revivir todo el horror que protagonizó me pareceen, cuando menos, de mal gusto. Pilar, la heroína, debe hacerlo y quizá es su deber, porque Marcelo y Helena la marcaron para siempre y ella es una periodista que se dedica a investigar, entre otros asuntos, las vidas de los demás. Y como Pilar es una reportera con experiencia, la ubicará en alguna comuna de Santiago que no será, claro, Vitacura ni Las Condes, pero puede estar llevando una tranquila existencia en Puente Alto o San Bernardo, bastante pasadita en años, por supuesto. Más interesante me parecería dar con el hijo o la hija de ella y Marcelo, a quienes Pilar imagina como jóvenes bellos y con los mismos rasgos del padre o la madre. Ahora, ¿por qué si es hombre tiene que parecerse al supuestamente irresistible Marcelo y por qué, en caso de haber salido mujer, tiene que tener el físico de una lanza, de una guerrera mapuche? La verdad es que, en el fondo, y a pesar de que sigo pensando que Pilar es la mejor narradora posible, me encantaría conocer al macizote, bondadoso, madurón juez Lyon. A él si que me alegraría sacarle el jugo, aunque se case con la pesada de Rosita. Tipos así se dan en pocas partes, sobre todo en Chile. Ese gordinflón segregado que estaba locamente enamorado de Marcelo casi me hizo salir las mismas lágrimas que a Pilar. Esa insistencia de Pilar, o del autor, en que no había ni asomo de homosexualidad en su amor me pareció algo cargante, porque para mí, Claudio, aunque fuese de manera platónica, estaba loquito por Marcelo. Claro que si eso sucedió en el Chile de los 60, Dios nos pille confesados. Aunque en el Chile de hoy, con ese falso destape, esas teleseries para oligofrénicos, ese culto por el físico que roza la total imbecilidad, tampoco tienen mucha cabida los gordinflones que se sienten atraídos por futuros marineros fracasados, como el tal Marcelo. Así que vive tu vida como quieras, Claudito que fuiste medio feucho, menos para la inteligentísima y sensitiva Pilar, terminando en un caballero elegante y progresista y vívela a concho por lo que te quede, que contarás siempre conmigo. La verdad es que, entre Pilar y Lyon, casi me quedo con este último, a pesar de que me carga su apellido. Pero tú no tienes la culpa y eres una gran persona, un gran personaje.

  14. Nunca se me había ocurrido que se pudieran dar tantas vueltas a un cuento o novela corta, pero me alegra que haya muchas personas que lo están leyendo, porque a mí me conmovió, por muchas razones, tal vez distintas de los que han opinado antes, tal vez parecidas. Camilo conoce la represión, la ha vivido, estuvo exiliado, se libró varias veces de caer preso, trabajó años, décadas en derechos humanos y no sé de dónde sigue sacando fuerzas para dedicarse ahora a escribir. Me alegro por él y por todos los que leen sus libros, sus críticas o los que ahora lo ven y oyen gesticular como poseso en Hora 25. Para mí, “El verano sin verano” son varias historias en una sola: la historia de Pilar, que es el hilo conductor de la novela, la de Marcelo y Helena, que nunca conoceremos, la de Claudio Lyon, que sabremos solo en parte, pero sí podemos adivinar tras su fachada de prestigio que oculta mucho sufrimiento, dolor, pena, la de la tía Aurelia, una señora de la que no se nos informa ni su estado civil, ni su edad, ni muchas otras cosas, pero que nos queda dando vueltas en la cabeza, las de los primitos chicos, la de Marta y Rosita, y todo esto en bien pocas páginas. Claro, son pocas, pero en ellas está la historia de Chile de los últimos 50 años, la oficial y la otra y es esta última, la otra, la escondida, sepultada, en la que debemos pensar mientras nos precupamos por lo que habrá pasado con Helena y su hijo o hija. Por desgracia, la belleza y plenitud de los años 60 y 70 no volverán, la juventud se perdió, la inocencia quedó atrás. Sin embargo, si logramos recuperar algo de todo eso, tal vez nuestros hijos y nietos sean menos duros con nosotros. No estoy segura si me gustó más el final o el comienzo de la novela, porque lo que empieza como una sinfonía pastoral y finaliza en los macabros hallazgos de detenidos desaparecidos me deja con una sensación de impotencia, pero también con la dicha de haber leído algo tan bien escrito.

  15. Al comienzo, no me gustó nada,pero nada de nada eso de meter detenidos desaparecidos en una novela medio romanticona, medio nostálgica, donde lo que importa son las sensaciones y estados de ánimo, a veces muy vehementes, de Pilar, pero lo otro está y creí, digo creí, que debería estar ausente del relato. Sin embargo, de pronto todo se me hizo lógico, todo encajó y lo encontré casi, casi perfecto. Bueno, nada ni nadie es perfecto, aunque “El verano sin verano” se acerca mucho a lo mejor que he leído sobre la obsesión, la contemplación del deseo ajeno, vivirlo en vorma vicaria, para culminar en el estallido vengativo de Pilar. Sí, Pilar, porque al meter a Marcelo en un saco donde no guarda relación con nadie, has vengado a miles de miles que sufrimos represión persecución, tortura, exilio, y muchas otras formas horribles de tormentos, sin que jamás nadie nos haya reconocido nada. Te pasaste Pilar, te pasaste Camilo.

  16. Mi mujer es detenida desaparecida y yo estuve en un centro de la DINA, para luego pasar a un campo de concentración y salir del país para siempre. Nunca he leído nada sobre el tema que posea un valor de relato literario, de historia, de buena trama y que trate el tema con la dignidad que se trata aquí. Claro que es un fraude, algo chamullento, como lo dice Pilar, meter a su ídolo en las listas, cuando murió en otras circunstancias. Pero tal como le insinúa un juez, y estoy pensando en uno en particular que no se llama Lyon, ¿qué significa un nombre más en medio del horror, las atrocidades, la cobardía, el ejército y las fuerzas armadas más poderosas del continente dirigidas contra la población civil inerme, indefensa, paralizada por el miedo? Al final, a Pilar se le sueltan las tenzas y lo mismo le ocurre a Lyon, cuando, por una sola vez, “El verano sin verano” adquiere una dimensión política: ambos largan sus respectivos discursos, pero eso para mí no entorpeció el relato, sino al revés, le dio más fuerza, coronó el final, logró conmoverme, como creo que le ha sucedido a todos los que han escrito y/o leído antes que yo.

  17. Estoy asombrada ante la cantidad de comentarios, todos parecidos, todos diferentes, sobre “El verano sin verano”. Así como Flaubert dijo “Madame Bovary c’est moi!”, Camilo bien podría decir Pilar soy yo. Como lo conozco mucho, los estoy viendo, oyendo, riéndome con él en cada pensamiento, cada frase, cada diálogo de Pilar. Y también me parece que sigue los pasos de la fugitiva Helena, que ha sido testigo de la fomedad de Lyon, quien debe haber sido amigo suyo, hasta convertirlo en el que se roba la película (para mí, un gordito acomplejado de chico, que después se convierte en un caballero como para suspirar por él, es simplemente irresistible y debe ser porque mi vida ha estado llena de patitos feos), que es uno de los sobrinos de esas tías maravillosas, autoritarias pero llenas de cariño que todos hemos tenido, como es la tía Aurelia, que pudo ser uno de los tontorrones Benavides que tomaban lecciones de navegación con Marcelo, que fue a visitar al marido de Pilar a la cárcel, que hizo todo lo que una media persona de docenas hacen en una narración ni tan corta ni tan larga, aunque contiene las vidas de dos generaciones y media. Encontré casi genial que no se molestara en describir a Marcelo, a quien imagino como una especie de Nicholas Cage en la película “Peggy Sue”, el típico mocetón latero y sin intelecto, solo bueno para bailar y hacer deportes, del que todas nos volvíamos locas. En cambio, Helena me quedó y quedará dando vueltas para siempre porque apenas habla, solo se limita a mirar el agua sin fondo y a pensar qué es lo que puede hacer en su situación, pero me estoy yendo por las ramas, todo eso es pura literatura y ahí está la gracia de este relato.
    No me molestaría tanto como lo hace Cecilia con los críticos de tercera clase. ¿Para qué? A propósito de lo que alguien dijo sobre la crítica de Elizabeth Subercaseaux a “La dictadura del proletarido”, resulta que la leí y ahora la tengo a la mano. Ella, al comienzo, quiere hacer pedazos el libro y lo dice con todas sus letras: Camilo no la ha tratado bien, así que ahora es mi turno. Pero, acto seguido, reflexiona: es imposible que alguien que hace sus críticas escriba mal, porque él se da el lujo de defender lo indefendible o atacar lo que es digno de sus diatribas. Claro, una persona que lleva más de 20 años en ese oficio, no puede largarse a escribir malos libros. Y estas páginas virtuales, que espero salgan en otro formato, porque, perdón, la iniciativa me parece brillante, pero sigo prefiriendo el olor de las páginas de papel, las portadas de cartulina o cartón o hilo, el encuadernamiento. En una entrevista, Camilo dijo que ésta era la primera parte de una trilogía. Bueno, ¿cuándo sale el resto?

  18. Vuelvo a lo que dije hace dos o tres días: para mí, Pilar es la testigo privilegiada y luego una actora, también privilegiada, en un medio privilegiado -debe haber sido el diario “La Época”, donde Camilo hizo crítica por 10 años- de dos vidas que se le escapan: Marcelo, de quien estamos casi seguros de saber su destino final -término horroroso con el que se desgina la suerte de los detenidos desaparecidos- y Helena, la fugitiva. ¿Quién no ha conocido a esas parejas en que ambos parecen hechos el uno para el otro, esas bellezas juveniles a quienes mirábamos de lejos porque nos parecían imposibles, como dos estrellas de cine en el Lago Ranco? Y resulta que no hay nada de eso, porque es todo imaginación de Pilar. Él es un egoísta consumado, como todos los hombres, que solo está pensando en viajar por el mundo e inventándose historias sobre su padre, que son imposibles de creer, dado que es el sobrino del paradero, salvo por el inocentón de Claudio que lo reverencia y Helena termina pagando el pato. Pero antes de hacerlo, se toma su venganza, demasiado terrible, un poco exagerada para mi gusto, pero resulta que la comprendo a la perfección porque en su lugar, yo habría hecho lo mismo, si me hubiera atrevido, claro. Bueno, en mi familia lo que se usaba en esos casos era hacer pasar a los hijos naturales de las hermanas menores caídas en desgracia por hijos de los propios padres. Entiendo que todavía se practica esa monstruosidad en Chile: tu hijo o hija pasan a ser tus hermanos. Pero eso solamente puede hacerse entre la gente adinerada o de clase media. Helena no tenía esa alternativa, no tenía familia o, por lo menos, nada o muy poco se nos dice al respecto en “El verano sin verano”. Quizá su venganza arrebatada, sin ninguna premeditación, fue un acto de furia salvaje, pero ¿podemos culparla si el mocetón solo estaba obsesionado con entrar a la marina mercante y, en una de ésas, a la gloriosa armada chilena, que torturó y asesinó como pocos? Yo, tal como Pilar lo hace enseguida y Lyon lo había pensando antes que ella, la absuelvo totalmente. Así que mi próximo crimen lo voy a cometer estando muy, muy segura de que el juez Claudio Lyon será quien me procese, porque lo voy a hacer llorar a mares contándole todas mis cuitas.

  19. El libro me gustó mucho, como periodista que soy y también, claro, porque conozco a Camilo desde hace muchísimo tiempo y lo estoy, como dicen muchos aquí, oyendo hablar, gesticular, estirarse, despeinarse, desmelenarse, revolcarse, gritar, mientras leo la historia de Pilar y sus amigos que se le escapan. Todos mis amigos periodistas son como Pilar, yo mismo tengo algo de ella, aunque tuve que salir de Chile en 1973, por razones demasiado obvias de explicar ahora. Y los periodistas de la dictadura, los médicos, los abogados fueron los más infames de todos. Así que le agradezco a Camilo, además de su excelente historia, que nos reivindique, a los periodistas en Pilar y a los leguleyos en el juez Claudio Lyon. No entiendo tanta discusión acerca de la idolatría que sentía por el futuro marino mercante que se quedó con los crespos hechos, perdón, apenas con los huesos. Todos hemos tenido y tenemos ídolos e ídolas y si eso es homosexualidad, heterosexualidad, pedofilia, pederastia o necrofilia, me da absolutamente lo mismo. En la relación de esos chicos, uno bastante mayor que el otro, Marcelo y el gordinflón que lo seguía a todas partes, Lyon, hay algo más común y corriente que el pan con mantequilla: ambos se necesitan, ambos se sirven el uno al otro, él es el único que no se ríe ni burla del gordito amariconado, este último recurre al panadero porque es la única persona que le da boleto, aparte de Pilar, que es incapaz de enseñarle a bailar. Ahora los dos están bailando o cantando, Pilar cosas de Silvio Rodríguez o Víctor Jara y Lyon, de seguro,abraza a las mujeres con tangos que dan miedo. Sí, los dos patitos feos terminan convertidos en cisnes de cuello negro, mejor dicho, algo semejante, porque han matado a todos los cisnes del sur de Chile. Digamos que finalizan siendo hermosas aves que ascienden y ascienden, como la alondra de Shelley, en el epígrafe, que se elevan y se elevan en el azul profundo. Y Rosita se pesca al trofeo máximo después de haberle hecho la vida imposible. Seguro que ahora lo debe manejar como quiere, porque esas mujeres nacieron para controlarnos, manipularnos, darnos órdenes todo el día. Pero seguro también que Lyon se lo buscó y algo de bien debe estar pasándolo. Es imposible que habiendo sido un niño tan inteligente, no se diera cuenta de las burlas de Rosita la malvada. Si me consiguen una invitación para el matrimonio, voy altiro para ver cómo ella se derrite por el caballlero pintoso y su plata y él se toma su desquite dejándose querer.

  20. Quizás sea injusto hablar tanto de este veranito de San Juan cuando hay 13 libros o cuentos que lo preceden, pero Uds., los libreros de mentira, tienen la culpa, porque estuvieron más de un mes anunciando: próximo lunes, “El verano sin verano”, de Camilo Marks. Y resulta que ni siquiera salió un lunes, sino un miércoles. Lo que pasa, seguramente, es que, aparte de que muchos de los que aquí escribimos conocemos a Camilo, el tema de los derechos humanos nunca jamás ha tenido un tratamiento literario decente. O son panfletos, o son historias macabras y horribles o son cosas difíciles de creer. Esto es muy, pero muy distinto, porque lo que comienza como la añoranza y nostalgia de unas vacaciones, se salta bruscamente en el tiempo, como se saltó para muchos de nosotros todo después del golpe militar del 73. Los demás cuentos son algunos buenos, unos pocos decentes y otros francamente prescindibles, por no decir malos. Pero éste, aparte de estar tan bien escrito, ser tan entretenido como es Camilo, poseer una factura técnica impecable, trata un tema que nunca lo había visto desarrollado en forma tan literaria, a pesar de las disertaciones jurídicas del juez que a lo mejor fue maraco y a lo mejor no, que se enamoró de Marcelo y después se casó con una dama de nombre desconocido, para terminar con la bella, porque, claro, un tipo que viste con corbata y calcetines que coinciden solo puede casarse con alguien elegante como Rosita, estupenda como Rosita, bueno todos esos detalles, ninguno demás, perfectamente medidos, hacen que a uno le guste escribir o hablar sobre esta historia. Las otras pueden ser de calidad, puede que no, no soy experto en literatura, pero a mí “El verano sin verano” me dará tema para mucho tiempo. Y como lo pide Jovana, espero termines tu trilogía, Camilo, porque, como todo lo que escribes, me lo voy a devorar. Y cuando nos veamos nos tomaremos junto a Pilar, mi actual señora, dos botellas de grappa y tantas botellas de vino hasta que me termines contando qué diablos pasó con Helena.

  21. Yo ya he formado el comité de búsqueda de Helena, les guste o no y toda mi familia, amigos y parientes están embarcados en la aventura. Así que prepárate, Camilo, porque si no nos dices donde está la formidable guerrera mapuche, te vamos a apretar las clavijas hasta que nos lo tengas que decir.
    Y a propósito de Lyon, ¿es que todavía siguen haciéndose rollos en ese país tan chiquitito sobre si le gustaron los hombres o las mujeres cuando era chico? Yo estoy casi 100% seguro que nunca me han atraído los hombres, pero, después de haber vivido tantos años afuera, en un país donde incluso esa llamada desviación se estima una ventaja, me parece increíble que se discuta o se armen enredos en esta materia. A lo mejor, resulta que Lyon tiene a Marcelo trabajando en uno de sus fundos, el hallazgo de sus restos es falso y se casa con Rosita porque, tarde en la vida, se enamoró de ella, mientras el tarado de Marcelo se dedica a criar 30 chiquillos que ha tenido con todas las campesinas a su alcance. Ese tipo de machos campesinos chilensis se caracteriza por ser gente hipermachista, contraria al control de la natalidad, católica recalcitrante, pechoña, reprimida y seguro que, a estas alturas, se queda dormido antes de pensar siquiera en irse a la cama con una mujer.
    Miren a lo que nos lleva un buen relato, porque es literario, político, costumbrista, y tiene cosas impagables, como la canción de Timmy Yuro o la de los Platters, el collar de abalorios rojos, el enojo de la tía Aurelia porque se quedó sin pagar el sueldo o el del panadero que cree que su sobrino volverá cuando necesite plata, las reflexiones de Pilar sobre el periodismo femenino y feminista, la decisión de ella de conversar a fondo con su amigo de la infancia, la sorpresita que se lleva, todo es inesperado, todo es conocido por todos, tan pero tan chileno y tan pero tan de cualquier parte del mundo. Así que a buscar a Helena se ha dicho y, en su defecto, a matar a Camilo si no nos dice dónde está.

  22. @Jorge Pina

    La verdad es que estamos muy contentos con el número de posteos que alcanzó el libro de mentira de Camilo Marks. En menos de una semana superó el record de comentarios que tenía Alberto Fuguet y las lecturas que tiene el libro son muchas. Pedimos disculpas por el atraso de la publicación, pero, en su momento, le avisamos al autor que el libro nos tomaría más de lo presupuestado.

    Nos parece formidable que la mayoría de ustedes comenten la historia sin reparar en que es un libro que no existe, que lo leyeron en el computador… en fin, al parecer estamos logrando nuestro objetivo principal.

    Quiero hacer una invitación a que se registren en la nueva sección de Librosdementira http://www.foro.librosdementira.com.
    Hemos abierto un foro de discusión en el que cualquier usuario registrado puede abrir temas, pedir libros o subir sus cuentos y poesías.

    Los esperamos!

  23. Creo que los derechos humanos perdieron un buen abogado, pero al final todos salimos ganando, porque la dedicación de Camilo, tanto a la crítica como a las narraciones ha aportado mucho a la literatura reciente. No estoy muy al día de lo que hoy se publica en Chile, bueno, no estoy para nada al día y debe ser porque apenas veo las listas de bestsellers o los libros más vendidos en el país, me dan ganas de no mirar nunca más un diario chileno ni volver a entrar en una libería. Francamente, somos un país de idiotas en lo político, lo económico, lo artístico y literario, porque cómo va a ser posible que la gente se precipite a comprar las tonterías increíbles de Ampuero o Rivera Letelier, los manuales de autoayuda, las encuestas sobre las supuestas fantasías sexuales de chilenos o chilenas. Eso es pura porquería y escuché un programa de radio donde entrevistaban a Camilo y luego lo vi en una larga conversación televisiva y no me acuerdo dónde ni cuando dijo que en unos años más los libros y la lectura serán borrados de la faz de la tierra en Chile. Y le hallo toda la razón, porque lo que la gente lee no son libros, sino porquería, basura, imbecilidades. Debe ser terrible ser crítico literario y enfrentarse a esa realidad todas las semanas y peor todavía debe ser escribir como él lo hace para que lo lean sus amigos, los críticos lo celebren, como ha pasado con su última novela y todo eso para nada, porque la literatura ya ha pasado a ser no el reducto de una minoría, sino un espacio donde reinan la frivolidad, la calidad inexistente, la nada, el vacío. Por suerte, tenemos este relato que está muy bien escrito y uno lo lee de comienzo a fin sin sobresaltos, desafinaciones ni molestias.

  24. Cuando vi todos los comentarios, ¡uuuuuuffff! Francamente, no soy capaz de leerlos todos, lo dejo para otra vez, cuando tenga calma y buena letra. No soy una lectora empedernida, ergo, la crisis del libro y la lectura no pasan por mí, porque sencillamente nunca adquirí la costumbre de leer por hábito. Prefiero el cine, el teatro, la música, los espectáculos vivos. Con Camilo es muy distinto porque lo conozco, es una figura paterna para mí, es amigo de mis padres, entonces sus libros me gustan porque es como conversar con él. Miren la novedad que estoy diciendo cuando casi todos dicen lo mismo antes que yo. Camilo es la persona más accesible, mas adaptable a los demás, más cariñoso y dulce que he conocido y eso se refleja mucho en este cuento precioso. Como trabajo en un organismo de DD HH también me afectó mucho por ese lado. Voy a hacer el esfuerzo de leer los demás cuentos falsos y sin papel que hay aquí, pero les confieso que será difícil. Empecé el de Fuguet, no pude seguir más allá de la segunda página y pienso que después de Sobredosis y Mala onda no ha escrito nada que valga la pena, sus películas son para dormirse a los primeros cinco minutos y eso de que llene todo con palabras inglesas o yanquis es grupiento, charcha, a veces parece chiste. ¿Por qué no se va a vivir a Los Angeles? Hace una semana escribió un artículo sobre esa ciudad, me di el trabajo espantoso de leerlo y quedé con jaqueca y con ganas de nunca irme a meter al downtown de Los Angeles, además me han dicho que te demoras de dos a tres horas, en autopista, en llegar a un lugar y por último, Fuguet parece vivir por y para los sitios caros, cool, de moda, lo que encuentro espantoso. ¿Qué tiene que ver eso con nostros, por Dios Santo? Nadie le pide que escriba sobre los trabajadores del cobre, pero su cuento es como si lo hiciera uno que se las da de cuico pero que no lo es, que se acompleja y vuelve a los dichos y las manías de esa gentuza que arruina el país, sean jóvenes o tipos mayores, porque para qué estamos con cosas, Fuguet ya debe andar por los 50? A lo mejor algo menos, aunque sigue escribiendo como si tuviera 15 años. En cambio, me gustó mucho el de Zambra, eso es realidad, está bien hecho.
    Así y todo, de lo poco que vi a la carrera entre los comentarios, tengo la impresión de que Camilo ha impactado por el tema, porque en ningún momento aburre o cansa, porque sabe de lo que habla y porque todos los escritores chilenos, salvo él quizá, bueno, debe haber otros, yo no tengo idea, viven pendientes de sus ombligos, dan rienda suelta a sus morbos, se revuelcan en su vanidad infinita, están desesperados por ser conocidos, sacar premios, qué sé yo. A Camilo nunca le darán ni siquiera el premio a la paciencia o un galvano por todo lo que ha hecho, pero todos los que lo leemos y lo conocemos le hemos dado el premio de nuestro cariño y aunque, como yo, que apenas leo, el premio de no dejar pasar nada que escribe. Me gustaron todos los personajes, no hago diferencias, me gustó la historia, voy a volver a leer el cuento de nuevo y haré un esfuerzo por leer los demás, pero si enseguida me encuentro con que no me dicen nada, ¿para qué hacer esfuerzos inútiles? Con Camilo no hubo ningún esfuerzo y eso creo que se aplica a los que lo leen porque lo conocen y a los que nunca han oído siquiera hablar de él.

  25. He leeído todas las ficiones de Camilo, desde “La dictadura del proletariado”, pasando por “Altiva música de la tormenta” que positivamente me encantó, la encontré depuradísima y muy entretenida, como todo lo que hace él, hasta “La sinfonía fantástica”, que me tiene alucinada y al borde del colapso. Y esta nouvelle me lo confrima como uno de los mejores escritores que tenemos,pero no quiero entrar a calificar, a poner jerarquías, notas, escaleras de arriba abajo o en sentido contrario, porque detesto los premios, las condecoraciones, las ceremonias de acceso al poder, toda esa parafernalia de figurar, que no tiene nada que ver con Camilo quien, dicho sea de paso, es primo mío por parte paterna y lo conozco desde 1789, cuando participamos juntos en el asalto a la Bastilla.
    ¿Cómo no va a ser inevitable que este cuento haya llamado la atención más que los otros? Y no voy a decir que se debe a que sea el mejor -sí lo es- o el más entretenido -también lo es- porque, lo reitero, los rankings, los ratings no van conmigo. Entre la decadencia urbana, la pose de la escritura coloquial, las presuntas audacias sexuales que son más anticuadas que el arroz con leche, la lata infinita de la mayoría de los escritores chilenos, Camilo nos propone algo mucho más sencillo, de apariencia convencional, aunque de verdad original. Y claro, noto que todos o casi todos los que aquí hemos escrito lo conocemos, en persona o de referencia y todos o la mayoría, seguimos entendiendo la historia del país como una herida abierta, estamos desconformes con el modelo pero somos incapaces de hacer nada por cambiarlo, vivimos en un desencanto permanente frente al país, sus instituciones, todo, todo lo que pasa en él. Y “El verano sin verano” no nos entrega optimismo, pero sí fuerza, energía, vitalidad, muchas ganas de seguir pensando en lo que somos, lo que fuimos y lo que ojalá no lleguemos a ser, aunque vayamos derechito a eso: un pozo séptico, tal como lo describe el encantador, el sublime juez Lyon.

  26. Bueno, bueno Camilo, te pasaste, como dicen por allá, o eres chévere, como siempre lo he dicho yo. Aparte de ser el crítico más extravagante de Chile, como te bautizó Ribas en Ajo Blanco, eres un escritor de tomo y lomo. Para mí, la literatura chilena terminaba en Lemebel y ahora resulta que me has dado esta sorpresa. ¿Cuándo nos vienes a ver para deleitarnos con tu flaca y divertida persona?
    En realidad, tu forma de escribir no va totalmente conmigo, pero después pienso que si escribieras tal como eres, ¡guau! Así que está bien que te refrenes un poco, porque ya tenemos demasiadas estrellas locales y continentales que se deleitan contando cosas que no entiende nadie.

  27. Rectifico: Ribas no escribió en Ajo Blanco y dijo antes que eras el crítico más extravagante de Chile, sino de toda América Latina y España. Y aunque en lo escrito no pareces así, en lo verbal y en tu personalidad, ¡vaya que sí lo eres! Dejaste vueltos locos al profesor de educación física y a todos los niñitos el año pasado en Mérida cuando te metiste a hacer gimnasia en medio de ellos y nos dejaste a todos alucinados en las fiestocas nocturnas que teníamos todos los días, de las que puedo decir que eran muy buenas, nada más que eso, por la censura y los códigos penales. Y te veo escribir como un british chileno, sin revolcones ni contorsiones, entonces tu imagen no me cuadra. Pero es mejor que la idea que tenemos de las personas sea diferente a lo que ellas hacen o escriben, ¿sí o no?

  28. Por lo visto, das que hablar y haces correr ríos de tinta o de tecleo virtual, Camilo querido. Nunca te creí eso de que la nueva narrativa chilena tenía cosas de calidad, nunca me tragué algunas de tus críticas, salvo cuando tratabas pésimo a alguien, sigo siendo escéptica de la literatura chilena actual, a pesar de que tú, el experto, crees que a veces es buena o muy buena. Tu relato, al igual que ha pasado con los que han escrito aquí, me llegó al alma y no voy a empezar a decir por qué, pues entonces me largo a llorar, además, ando muy sensible. ¿Cómo no va a despertar mucho más interés algo tan bien escrito, una historia tan buena, entretenida, a ratos hilarante a pesar del macabro trasfondo? El final, a diferencia de otros que han opinado, me dejó gusto a poco, aunque reconozco la maestría de explicar el título en las cuatro últimas líneas. ¡Pídanle eso a cualquiera de los demás participantes en esta librería virtual! ¡Y pídanles también, por favor, más vida, más energía, más ira contenida y soterrada, más pasión y emoción! No la encontrarán, porque la mayoría, con pocas excepciones, parece tener horchata en vez de sangre en las venas, parece que nunca lo han pasado mal ni bien, parece que escriben porque todavía creen que eso les dará glamour. Algunos se las dan de comentaristas culturales en los medios y es patético hasta el infinito verlos sacar mamotretos sobre Tolstoi, Flaubert, Proust, que, de seguro, los hicieorn con pegotes de la wikipedia. No tienen ni vida ni cultura reales. Tú las posees de sobra, pero no pienso seguir en esta vena para que no empieces a sobrarte. Sin embargo, de inmediato me corrijo: contigo no hay ningún peligro de que te pongas engreído, de que se te suban los humos a la cabeza o de que te tomes en serio. Lo has dicho y escrito muchas veces y es así. Tal como lo dice antes Cecilia Palma, los que te conocemos sabemos lo modesto, lo humano, lo inverosílmente humilde que puedes llegar a ser. Gracias, una vez más, por este hermoso relato,

  29. Precioso tu cuento, querido Camilito. A la Loreto, tu madre y mi mejor amiga, le habría gustado muchísimo. Qué bueno que sigas escribiendo, ojalá que no pares más, porque a ti te hace mucho bien y a los demás nos encanta.

  30. Igual que a mi mamá, también a mí me gustó y me conmovió tu cuento, Camilo querido. He leído todo lo que han escrito las personas antes, estoy de acuerdo con muchas cosas, con otras no, pero bueno, así tiene que ser, ¿no? Mira, a mí la literatura chilena me parece de lo peor, de los demás cuentos que estos chicos han publicado prefiero no hablar ni explayarme. Claro que los felicito, como no para de hacerlo nadie, si para felicitar y dar sobajeos en la espalda estamos mandados a hacer en este país. Sin embargo, la mitad de los cuentos, y quizá más, de esta biblioteca de mentira, me pareció eso, una mentira, porque no son historias, no hay asunto, no pasa nada. No voy a individualizarlos, sería un error de mi parte, pero en la internet puedes, si quieres leer a Chejov o Katharine Mansfield, llegar y bajarlos, así como también a los siútiucos norteamericanos de las escuelass de literatura creativa de allá que aquí matan por haber sido borrachos, homosexuales frustrados o dárselas de malditos, como Carver, Coover, Cheever. Para mí no va la literatura de laboratorio y por eso me gustó tu veranito sureño. Por supuesto que te tienes que haber dado mucho esfuerzo, pero eso ni se nota, es como un soplo, y además, tocas las cosas que a todos nos tocan, a diferencia de casi todos los demás. Muy, muy bueno tu cuento.

  31. La primera parte me pareció un viaje en el tiempo a esas historias de “realidades” que hoy son tan “irreales” y, por lo mismo, ciertamente mágicas. Veranos como los de Tom Sawyer… niños descubriendo el mundo en un tiempo sin tiempo.

    La segunda parte me llevó de inmediato a “Sin embargo ella nunca pudo desvincularse de su antiguo querer” (de La dictaura del proletariado); leo los comments y veo que a varios les pasó lo mismo. Me detengo en el título de esa novela y creo que Helena tampoco pudo desvincularse… (estoy mezclando mucho?, probablemente… debe ser la hora, jaja).

    Me gustó como, en pocas páginas, se instalan temas que todavía no se resuelven, ni en los corazones de mucha gente, ni como país. y eso es porque a mi me gusta cuando la literatura no es sólo una historia entretenida, sino además es un espejo.

    Al margen de todo esto, me quedo con dos frases que me dejaron pensando un rato:
    “¿Es posible encontrar en Chile a un Lyon con mala pinta?” Uuuuf que se encierran cosas en una sola breve pregunta como esa…
    “El milagro de las ondas sonoras”… es que todavía hay en Chile, por increíble que nos parezca a quienes tenemos el “terrible-privilegio” de vivir en Stgo., lugares donde la visita de un artista y el envolente sonido de la música en vivo pueden generar el milagro de encandilar ojos y corazones.

    Un abrazo para Camilo Marks y mis más sinceras felicitaciones a los cerebros detrás de estos “libos de mentira” que espero hagan “leer de verdad” a muchas y muchos!!!!

    Leticia Mery

  32. El dato me lo dio Doris y aunque me costó abrir las páginas y toda esa cosa tecnológica que dicen es tan amigable, qué palabra más horrible, cuando hay tantas otras, bueno, me resulta muy raro leer una novela corta o cuento largo en computador. Y no voy a continuar con lo que parecen ser la mayoría de los comentarios, es decir, casi como una correspondencia unilateral a Camilo, de la que él no debe tener idea, porque seguro que ni sabe cómo leerlos. Tampoco voy a ser la única original y decir que no me gustó, porque sí que me gustó y muchísimo. La frase a que hace alusión Leticia es una entre muchas que pueden sacarse en casi todas las páginas de esta historia extraordinaria. ¿Quién sino él puede recordar a Timmy Yuro y esa canción desesperada o a los Platters y esa balada romántica, El gran simulador, superada solo por el nombre de otro cuento de esta colección: Only you. El solista de ese conjunto melódico, Tony Williams, en la segunda estrofa, hace un quiebre vocal, junta las cuerdas en algo así como un corto llanto seco: ha, ha, ha, haaaaaaonly you….etc. En la época de la música tecno, esto debe parecerse quizá a la música de la prehistoria, al conjunto Cuncumén o a Lucho Gatica.
    Personalmente, no me gusta la actual literatura chilena, ni la practicada por los mayorcitos que van quedando de la Generación del 50, ni menos la que se llamó nueva narrativa y lo que vino después. No soy crítica literaria, así que hablo por mis gustos y mis emociones. Por lo tanto, muchas veces disiento de las críticas de Camilo, porque ha tratado muy bien a escritores que debería haberlos matado y él tuvo la culpa del renombre de muchos y muchas que ahora figuran en los rankings. Pero mejor no hablemos de eso, porque dan ganas de crear un nuevo delito en el Código Penal para meter a la cárcel a los que hacen esas listas de libros más vendidos y que me dan una vergüenza atroz. Sí, vergüenza como lectora y vergüenza nacional, como país.
    Por suerte, Camilo escribe de modo tradicional, aunque, si lo miramos a fondo, es cero conservador en sus temas, en el tratamiento que les da -los que no piensen como yo, lean su último mamotreto, que me mató de la risa y a ratos casi me hizo llorar, sobre todo al final de la segunda parte- y en este mismo verano como los de Tom Sawyer, usa los racontos sin aviso previo, repasa 25 o 30 años, en sus propias palabras, en un solo párrafo notable, cuando Pilar relata lo que ha sido su espantosa vida como periodista antes de encontrar un nicho en la sección derechos humanos de un diario, o por último, se da el lujo de narrar una excelente historia, bien contada, sin que le falte o le sobre nada, ni una coma, ni un punto, ni una palabra o frase demás. Los razonamientos jurídicos del ex gordinflón Claudio, porque debemos entender que ahora es un caballero muy pintoso y adinerado, no me parecieron excesivos ni alargados. Simplemente le está explicando a Pilar cómo ve él la situación de Helena, mientras la anima a que incluya a ese maldito entre las víctimas y todo eso después de haberse pegado un sollozo de emoción al encontrar a su única amiga, la única que lo quería entre tanto mocoso imbécil. Ese pequeño pasaje nos hace creer en Lyon, aunque el apellido nos de urticaria. Un juez con tantos años de servicio debe hablar como leguleyo ante su amiga periodista que, además, se da el lujo de contarnos que cada vez que los abogados sacan su jerga, ella se impermeabiliza ante tal clase de cháchara, pero ahora es diferente, porque después de todos sus terminachos, Lyon sale con su domingo siete: cualquier caso relacionado con derechos humanos que caiga en sus manos, él lo va a reabrir y se va a encargar con ahínco de que, en todo lo que él haga, nadie quede impune, aunque le cueste la remoción de la excelentísima y asquerosísima corte suprema. Eso es puro Marks ¿o debo decir Marx? El avisito de Pilar, en el sentido de que muchos de sus amigos de las vacaciones de la infancia son criminales contra la humanidad, narcotraficantes, altos dignatarios o nuevos ricos con millones de millones es otro toque típico de Pilar, ¿o de Camilo? Aunque la prosa en las ficciones de este crítico esté lejos de la de González Vera, uno de mis autores preferidos que dice mucho en poquísimas palabras, este cuento se le acerca en eso de que se puede contar casi toda la historia reciente del país en pocas páginas.
    Otra variación notable en el tema del patito feo, en desarrollar un relato en que los dos chicos más solitarios e inteligentes terminan siendo personas de selección.
    Y esto me llevó a la primera novela de “La dictadura del proletariado”, llamada precisamente así: el protagonista, de quien todos se burlaban, Alberto Torrijos, cuyo nombre incluso producía chistes, al final aparece en la fiesta a la que lo invitaron, todos creen que llegará vestido como pelusón y que pedirá té aguado con leche y galletas y resulta que ha cambiado tanto que nadie podría haberlo reconocido, hasta el punto de usar relojes y ropa de marcas tan exclusivas que aquí ni siquiera se conocen (en estos y tantísimos otros detalles, Camilo les puede enseñar enciclopedias completas a los actuales autores chilenos, sin hacer alardes de cultura, porque le sobra y negarlo refleja envidia o tontería). Pero ahí el pobre Torrijos ha cambiado para mal, porque es un ser odioso, frío, calculador, que va midiendo lo que dice con cuentagotas, hasta destruir sistemáticamente a sus ex compañeros de colegio, sobre todo al de apellido alemán, a esas alturas un alcohólico con una mujer ídem y unos hijos estúpidos, que han tenido todo lo que los hijos de los ricos tienen, pero que, tal como su padre les debe haber enseñado, solo saben despreciar a los demás. Y como opina Leticia, creo que Helena y Pilar tampoco pudieron desvincularse de Marcelo, la primera porque le va a penar toda la vida y Pilar por la sencilla razón de que, aunque sus ídolos de infancia sean medio asesinos, los va a reivindicar como sea. Ese es su triunfo, aunque sea, como ella misma lo pone y en sus propias palabras, algo chamullento, un fraude, un engaño. Pero ¿es que no es un engaño todo lo que vivimos y vemos a diario en este país?

  33. Mi queridísimo tío Camilo: ¿ves que no puedo dejar de decirte tío, tú, el mejor amigo de mis padres y que dedicaste a mi mamá tu última novela, después de haber hecho una maravillosa y verdadera referencia a ella en la entrevista que te hicieron en El Mercurio la semana que apareció tu novela?
    Te agradezco este cuento, lo he leído como 20 veces, me he reído, he echado mis lagrimones, te he estado escuchando mientras lo seguía porque era como estar contigo cuando Maurio y yo éramos niños y te adorábamos. Mi mamá dijo que nunca había conocido a nadie que jamás la hubiera aburrido un solo segundo, salvo tú, tío Camilo. Y cada vez que te leo ahora, me pasa muchas veces que no puedo avitar el llanto porque te veo hablando sin parar con mis papás, discutir con ellos, escucharlos, ver películas juntos, conversar, fumar, tomar café sin parar. Helia tiene razón en que esto no debe ser una serie de cartas dirigidas a ti, pero ¿qué voy a hacer si no puedo evitar recordarlos y sentir cuánto se han perdido con los libracos y libritos que se te está ocurriendo sacar? Ojalá te de el tiempo, las ganas, las fuerzas para seguir haciéndolo. En lo personal, he sacado varias copias de este veranito de San Juan para repartirlas donde vaya, así que ustedes, los que tuvieron la idea de pedirle este relato a mi tío Camilo, por favor pídanle más, porque se pasarían de egoístas con uno solo. Igual los felicito por la idea.

  34. Yo también los felicito por esta libería virtual y por la narración de Camilo Marks. Pocos saben lo que acerca de derechos humanos y pocos saben lo que él sabe de tantas cosas. A mí, al comienzo, me chocó el final y casi me pareció como una burla a las listas de detenidos desaparecidos. Pero como he tratado de superar mi etapa de beatería, terminé pensando como otros lo han expuesto aquí y me pareció una de las mejores salidas para una historia a la que no le veía salida por ninguna parte. Es una sorpresa que se va acumulando, que poco a poco va en progreso, hasta las palabras finales de Pilar, que explican el título del cuento. Ese es un golpe técnico que no voy a calificar con epítetos positivos hasta la majadería, porque la literatura está hecha de buenas ideas, pero también de recursos, efectos, técnicas, procedimientos. Y lo que en cualquiera habría salido chabacano, en Camilo resulta de una naturalidad absoluta, como si estuviera hablando, como si lo estuviéramos oyendo contar esta narración, como si la estuviera diciendo Pilar para nosotros. Parece que la hubiera escrito en un rato, pero con seguridad le debe haber tomado años de preparación, en su cabeza y en su pluma.

  35. Veo que de la discusión sobre género y escrituras masculinas o femeninas, hemos derivado al tema de los derechos humanos. Debo confesar, hidalgamente, perdón, femenilmente o como dama de compañía de la princesa Ana, que llegué hasta el informe Rettig o quizá un poco después, el informe Valech. Y debo decir, con absoluta sinceridad, que jamás me he creído ni una coma, ni un punto de la jota como se dice aquí, que Chile ha dado una lección al mundo en la solución de esta deuda histórica. Aparte de sus méritos literarios, de su estilo masculino, ambidextro o alienígena, que, aunque algunos descarten o menosprecien, me parece un aspecto importante de destacar, este relato nos demuestra, una y otra vez, que todo en Chile se hace mal, a medias, a escondidas, en voz baja, como el nombre de un cuento de Andrea Maturana, para callado, debajo de la alfombra. ¿Y cómo podría ser de otro modo si aceptamos la Constitución de Pinochet, nos sometimos a las reglas del juego de él, de los empresarios y de los partidos políticos que se repartieron la torta, si aceptamos la frase para el mármol de Aylwin de justicia en la medida de lo posible, si acto seguido nos gobernó un tecnócrata cuya mujer vendió sus joyas para la reconstrucción nacional después del golpe, si Lagos hizo otras reformas a la Constitución militar a puertas cerradas, si Bachelet iba a ser tan inclusiva que va a la misa de los niños del colegio Las Cumbres y antes da un funeral de estado a un general de carabineros que se mató por torpeza o quién sabe por cuál causa?
    Me cuento entre los y las imbéciles que, muy al comienzo, se creyeron el cuento de la transición pacífica a la democracia. Pero tengo la atenuante de haber vivido muchos años afuera, de que soy fácil de convencer y de que, muy poco después del plebiscito de 1988, cuando la bendita concertación desmovilizó todo el potencial democrático que había creado, dejé enseguida de creer en la farsa y el contubernio a los que Pilar, con palabras tan adecuadas, se refiere en la última parte de esta novela corta.
    Sin embargo, aparte de todas estas razones políticas e ideológicas, que se deslizan de forma sutil, pero tajante en “El verano sin verano”, también me sigue pareciendo interesante discutir la forma en que Camilo escribe, la relación infantil entre el chico afeminado con cara de mazamorra y el muchacho irresistible, la obsesión de Pilar por Helena y su parejita, el ambiente de su familia, tan patriarcal, a pesar de que la tía Aurelia sea la dueña del pueblo, las breves referencias a sus padres, que deben ser enfermos de machistas y conservadores, así como a los de Marta -no olvidemos que algo tienen que ver con la FACH-, los deslices conyugales de ella, que los justifico, porque seguro que se casó con un imbécil que ha trepado en el actual gobierno. Todos estos subtemas nos hacen pensar que nunca ha habido reconciliación nacional, que Chile sigue tan dividido como hace 35 años y que el origen de la división, aunque pueda venir de muy atrás, está en esa fecha que a mi generación marcó para siempre: un martes 11 de septiembre de 1973. Y por más que pretendamos ignorarlo, va a seguir dividiéndonos por muchísimo tiempo más. Todo lo que se diga en contrario es pura mentira y este verano a lo Tom Sawyer lo demuestra.

  36. Cuando leí este cuento me precipité a una librería para comprar “La sinfonía fantástica”, pero no estaba. Seguiré buscando. He oído que muchos jueces, incluidos ministros de la suprema, lo tienen en sus veladores. Muchos me han dicho que ahí Camilo los deja como chaleco de mono, pero como ya no ejerce, para desgracia nuestra, qué van a hacer los pobres. No se equivoquen: algunos jueces y juezas, ministros y ministras leen y bastante más de lo que parece. Y aunque yo tampoco me crea su actual faceta democrática (por algo son la segunda institución peor evaluada del país) es un craso error ceer que todos son tontos y tontas. Tienen que vivir en un ambiente claustrofóbico, tienen que haber pasado las peores pellejerías y humillaciones para llegar donde llegaron, tienen que haber sido muy disimulados, muy falsos y malignos para aguantar tanto y ahora darse el lujo de un trabajo escaso, relajado, con auto y chofer. Sin embargo, conozco a algunos y algunas que son bastante inteligentes, que, quizá debido a la escuela por la que tuvieron que pasar, han logrado un grado de humanidad. Por favor, no los estoy defendiendo. Pero hay que ponerse en el lugar de toda la gente y, como no soy literato sino abogado, y debo hacer eso a menudo, creo que Camilo, en sus libros, logra hacerlo. Y muy pocos escritores lo consiguen.

  37. Hemos pasado de la literatura a la política, de lo judicial al espinudo tema de los derechos humanos, del valor literario de una obra a consideraciones completamente extraliterarias, de una cosa a otra. A veces me impacientan algunos comentarios, pero es culpa mía, nada más que mía. Y por eso, no voy a decir cuáles ni de quienes. Me doy cuenta que muchos conocen a Camilo personalmente, en tanto otros quizás deben haber oído hablar de él, saber por referencias, tener una idea de quién es por decirlo de una manera, pero ¿sabemos quién es Camilo? Yo creo que el está 100% en lo que escribe, y también 100% en varias otras cosas. Confieso que esto de que sus primos o primas, sus sobrinos, sus familiares le envíen escritos como cartas no me gusta mucho. ¿Por qué no le mandan sus manifestaciones de amor tan ardientes a su correo electrónico? Si esto es un sitio literario, debemos hablar más de literatura que de la persona.
    Como sea, confirmo lo que dije la semana pasada porque volví a leer “El verano sin verano”, ahora con lentitud, de a poco, sin apresurarme y fui descubriendo aspectos que dan la razón a algunas interpetaciones que aquí se han dado, mientras otros me parecen casi fantasías delirantes. Y aunque quisiera quedarme solo en el terreno de lo literario, no puedo dejar de pensar en que la historia sobrepasa eso para, en cierto modo, convertirse en un juicio a la historia reciente de Chile. En esto concuerdo con varias personas pero, ojo, es un juicio muy bien escrito y por eso queda subsistiendo la excelencia de la historia ya que, de lo contrario, sería un panfleto. Y hace mucho tiempo que cuando veo proclamas, pancartas o folletos políticos, sigo de largo.

  38. Encuentro el cuento estupendo, bien escrito, entretenido, de mucho oficio, pero discrepo en algo, por lo menos para mí,que es esencial .Para Camilo Marks también tiene que serlo, puesto que ambos somos abogados de DD.HH. y sabemos perfectamente bien que la violaciones de DD.HH.,concretamente las más atroces de todas, esto es las desapariciones forzosas de personas, fueron investigadas y corroboradas minuciosamente por los organismos humanitarios y los tribunales de justicia, que comprobaron la veracidad de todas las denuncias, no dando posibilidad de fraude o engaños períodísticos u otros. Por lo tanto, si bien el final puede ser ser efectista o valioso desde el punto de vista literario , puede inducir a error al lector incauto que no está al tanto del desarrollo de estos acontecimientos y hacerle creer que se podía pasar fÁCILMENTE GATO POR LIEBRE.
    Como abogado que trabajé michos años en procesos de esta especie me consta que era por completo imposible meter nombres de ívíctimas que no fueron tales . Reitero que la literatura tiene una dualidad que muchas veces choca con lo real y los escritores tienen todo el derecho a ficcionalizar, si lo hacen bien, estos temas. Sin embargo creo que con los DD.HH. hay que ser especialmente cuidadosos y esto vale para artistas, escritores, profesionales,periodistas, y toda clase de personas que aborden el tema. Por ejemplo, si yo fuera la madre de un detenido desaparecido, me entretendría leyendo este cuento, pefro quizás me causaría mucho malestar un desenlace tan ambiguo y enqañoso.

  39. Leí un comentario de una abogada de DDHH que se borró, lo que indica que algo está funcionado mal porque salió hoy en la tarde, no fue un comentario de mentira y, bueno, es una lástima lo que ha sucedido, porque decía cosas bien interesantes y bien discutibles. Me parece recordar, entre otros temas que tocaba y afirmaciones que hacía, que era imposible hacer figurar como víctimas de la represión a quienes realmente no lo fueron y que, en cuanto a los detenidos desaparecidos, las investigaciones habían sido exhaustivas y los nombres se corroboraron de tal modo que el fraude o el engaño estaban fuera de toda cuestión. No estoy tan seguro de que así sea porque, por ejemplo, me consta que en la Comisión Valech se saltaron a miles de personas bajo el pretexto de que no habían sido torturados o presos por motivos políticos y no veo por qué no puede haber sucedido lo mismo con el informe Rettig y los documentos que le siguieron.
    Sin embargo, había otro argumento mucho más cuestionable y por eso deploro que esas palabras no hayan quedado fijadas. La profesional reconocía los méritos literarios y admiraba el relato, pero no le gustaba para nada el final debido a que daba argumentos a quienes siguen insistiendo que las violaciones masivas a los dd hh fueron un invento político y, en concreto, a los que aun creen que los detenidos desaparecidos son una exageración. En mi opinión, si hay gente en Chile que piensa así, que la debe haber, su criterio no va a cambiar un ápice por la lectura de “El verano sin verano”. Por lo que he constatado, este tema interesa cada vez menos en el país, aunque, así y todo, va a seguir penando por muchísimo tiempo más. Y un escritor, que además también es abogado de dd hh, tiene todo el derecho del mundo a darle vueltas al asunto si su historia es convincente. Y para mí lo fue en todo sentido. Y sobre todo, me conmovieorn las palabras del juez Lyon cuando le dice a Pilar más o menos algo por el estilo de qué importa un muerto más o menos en medio de la atrocidad, la cobardía, el genocidio planificado de los militares. Si él, que está en una posición de poder para decidir esto, declara algo semejante, entonces ¿cómo podemos criticar a Pilar por incluir a su ídolo de la niñez en medio de las víctimas? Ella también nos recuerda que Marcelo y Helena sufrieron represión, maledicencia, calumnias, segregación, ostracismo años antes. Y le parece un acto de justicia elemental favorecer al hijo o hija de ellos con la miserable pensión que los gobiernos concertacionistas han otorgado a los familiares y deudos de quienes experimentaron las más horrendas formas de muerte, apremios, torturas, prisión, exilio, relegación y tantos, tantos otros horrores. Y a mí, que viví eso y que tengo a mi mujer desaparecida hace 34 años, me parece un acto de justicia poética.

  40. Por lo visto, este verano que ocurrió a comienzos de los 60 para alargarse hasta hoy día, sigue dando tema. Me alegra mucho, porque la inmensa mayoría de las obras que leo, sean buenas, mediocres o malas, sean nacionales o extranjeras, por lo general me dejan completamente frías. Y eso me pasa especialmente con los autores chilenos que a veces pueden sacar algo bien escrito, algo decentito, algo pasable, quizá incluso de calidad. Pero muchos de nosotros, en especial los escritores, hemos dicho, una y otra vez, que además de la deuda pendiente en derechos humanos, que seguirá pendiente mientras no se sepa la verdad y no se castigue a los culpables, existe otra deuda, de carácter literario y muy relevante, con respecto al tema de los derechos humanos. Desde que comenzó la eterna transción a la democracia, que ya parece chiste, porque hay elecciones y mucho aparataje semejante, pero yo y, creo que la mayoría del país, sentimos que estamos cada vez más lejos de alcanzarla, la literatura ha rehuído este asunto de modo sistemático, ha escapado de él como si fuera la peste. Nuestras narraciones pretenden ser cosmopolitas, sofisticadas, de ambiente internacional, hay sexo y drogas a granel, a algunos les ha dado por la ciencia ficción, a otros y otras por lo policial, siempre con resultados discutibles, pero nadie ha abordado en forma seria y verosímil las violaciones a los derechos de las personas. No sé si alguna vez se escribirá una buena novela sobre la dictadura, no sé si tendremos textos de valor que vayan más allá de las pataletas de pacotilla. “El verano sin verano” si no es el mejor relato que toca el tema, aunque lo haga de modo brusco y al final, es una historia excelente, donde lo no dicho cobra tanta importancia como lo que se expresa abiertamente, donde hasta podemos sentir el clamor de los familiares junto a Pilar, mientras se descubren los hallazgos de osamentas de personas asesinadas por verdugos viles, abominables, sin compasión, sin humanidad. Por mi parte, lo recomendaré a todos quienes conozco que sepan apreciar una buena ficción y a todos cuantos les interese o no el tema de los derechos humanos.

  41. @luis muñoz

    El comentario de Ingrid Domke Cadiz sigue estando ahí. No se ha borrado ningún comentario.

    les recuerdo que pueden registrarse en el foro: http://www.foro.librosdementira.com

  42. Yo también alcancé a leer las opiniones que se borraron de una abogada notable, a quien conozco y cuyo trabajo admiro. Estoy casi en todo de acuerdo con ella, porque alaba la calidad de la novela corta, declara haberla leído con placer y le parece que coincide en valor con otras obras de Camilo Marks. Pero su observación en el sentido de que hay que tener ojo con los derechos humanos y la forma cómo el tema se trata me parece muy legítima. No es que ningún dinosaurio vaya a cambiar sus puntos de vista o a afirmarse más en sus prejuicios por leer “El verano sin verano”, pero es bastante peligroso celebrar el fraude y la mentira del desenlace, sobre todo si viene precedido por algo que hasta parecía un idilio pastoral con toques de suspenso. Eso a mí me dejó, por decir lo menos, muy confundido y al releer el cuento, mi confusión ha ido en aumento. Me ha gustado mucho más, pero también mucho menos, porque, por un lado, pienso que está excelentemente armado, muy bien escrito, pero, por el otro, encuentro chocante la ambivalencia del final. Ya sé que los escritores reclaman libertad creativa, un campo irrestricto para su imaginación, un ambiente propicio para que sus libros se lean, se discutan o se aprecien. Supongo que tienen toda la razón, pero sigo prefiriendo a alguien que ocupe esas libertades y facultades en opciones dignas, sin dar armas a quienes favorecieron lo que pasó en Chile y a quienes siguen en la impunidad. Si yo fuera el padre de un detenido desaparecido, creo que no me gustaría el final de este cuento que, en todo lo demás, es muy bueno.

  43. Para qué nos vemos la suerte entre gitanos. En Chile nadie lee nada y, aunque haya unas pocas excepciones, los abogados de derechos humanos se ceuntan entre el público general. En cuanto a los familiares de las víctimas, jamás he visto a nadie con un libro en la mano. Hace unso cuantos años, leí una novela increíble de Germán Marín, que se llama “Cartago”. El protagonista un día visita la Villa Grimaldi, encuentra un brazo de mujer entre unos matorrales, se lo lleva a su casa y entabla con él una tempestuosa relación amorosa. El brazo lo masturba, da golpeteos furiosos de celos desde el segundo piso si siente que alguien visita a su amante, practica la más variada gama de actos eróticos con el narrador. Entonces pensé que las agrupaciones y organismos de derechos humanos iban a linchar a Marín, uno de nuestros mejores novelistas vivos, pero no pasó nada, nadie se dio ni siquiera por enterado. Y el caracter transgresor del relato está tan a la vista que, quizá por eso, el lector, que no para de reirse mientras lee la obra, es incapaz de percibirlo. Lo subversivo de “El verano sin verano” no es el acto de pasar gato por liebre a las autoridades en que incurre Pilar, ni su discurso contra el contubernio, ni las palabras de Lyon, que traiciona a su clase con ellas. Lo irreverente e iconoclasta para mí fueron el tono general y el distanciamiento de Camilo Marks hacia los hechos. Por una parte, hay un desprecio y un malestar tan grandes hacia las autoridades en los dichos y hechos de Pilar y, por la otra, se nos narran aventuras infantiles a lo Tom Sawyer, como si todo lo que pasara fuera un romance malogrado con una repentina venganaza de la narradora. Y todo está escrito con una transparencia, una claridad, un lenguaje de tanta precisión como diciéndonos: miren, no se engañe nadie porque esto es un engaño, esto es una mentira, esto es un verano falso, unas vacaciones infelices, que se viven en un país donde todo es apariencia, todo es puro discurso vacío. Ojalá que Camilo continúe escribiendo estas ficciones. Yo la voy a recomendar dondequiera que vaya.

  44. A propósito del final, si “El verano sin verano” tuviera pretensiones de ser un informe de hechos verídicos, encontraría completamente justificadas las críticas a su desenlace. Pero la literatura, nos guste o no, para desgracia o buena suerte nuestra, está compuesta de mentiras, engaños, disparates. Entonces un final soprendente, con dobles y triples juegos, que deja en el aire mucho y lo deja a uno medio pasmado, está lejos de caer en una burla a las listas de las víctimas de violaciones a los derechos humanos.

  45. El dato me llegó por una vía inesperada y me precipité a leer “El verano sin verano” ¡Los felicto de todo corazón! Juro que leeré todos los demás, pero qué quieren que les diga, me interesó, antes que ningún otro, este verano maravilloso, tierno, dulce, amargo, tormentoso, con Pilar, quien será para siempre mi amiga, Claudio, el hombre que ahora ando buscando y no encuentro -tengo uno, claro, y jamás de los jamases le haría una cochinada, pero, ¿y si se me muere?-, Helena, la guerrera mapuche silenciosa, alta y fuerte como un hombre sin ser masculina, Marcelo, el hijo de Armando el panadero, Rosita la estridente y chillona a quien le sarió el tiro por la culata, Marta, la prima desencantada de los hombres y que debe soportar a sus hijos mamones instalados en la casa, la tía Aurelia, ¿quién no ha tenido una semejante? A propósito de Claudio, ¿se han fijado que la gran mayoría de chicos y niños afeminados son cero gays, en cambio, los machotes recios terminan, muchos de ellos, enamorados de las personas de su mismo género? Para mí eso resulta evidente ahora que soy adulta, pero cuando era niña estaba convencida de lo contrario.¡Y todo esto, todas estas meditaciones surgen a raíz de un cuento de 64 páginas, ¿no es increíble?
    No me ha dado el cuero para leer todo los comentarios anteriores, sencillamente ahora no me alcanza el tiempo. Si hay polémica, que la haya, me parece que eso es la democracia, que debe regir en la literatura tanto como en los gobiernos y los sistemas políticos, si hay críticas, positivas o negativas, tanto mejor, pero, claro, aunque, repito, ahora voy saliendo y leeré todo lo anterior más tarde, se me ocurre que todos deben conocer a Camilo, de oídas o en persona. En persona, es mejor que en Hora 25, mucho mejor, mejor que cuando escribe, mejor en todo el sentido de la palabra. ¡Felicitaciones a Uds. y a Camilo por este regalo!

  46. Una advertencia a los administradores de estos libros de mentira que cuentan verdades a medias, engaños, fraudes, hacen pasar gato por liebre y revelan que solo les interesa la literatura estafadora, delictiva, que enseña malos hábitos, según lo que he venido leyendo: es difícil acceder a la página de Uds., por más que den instrucciones que lo hacen aparecer como para internet for dummies. Al hacer click en google luego de escribir las palabras librosdementira.org aparece una página con muchas leyendas y uno no sabe a cuál ir para que se abra la biblioteca virtual. Luego, cuando ello sucede, nos encontramos con una especie de tela que anuncia un concurso y ahí, la primera vez que intenté leer el cuento de Camilo, porque me habían avisado que al fin salió, simplemente no sabía qué hacer. Tuvo que venir alguien para sacar esa maldita cubierta, como un telón que ponen en el Teatro Municipal en los intermedios de las óperas, porque a ella, la amiga que acudió en mi auxilio, se le ocurrió que había que ir a la palabra cerrar y entonces dejar la biblioteca disponible, …¡al fin! así que esto no es tan friendly o amigable, horrenda palabra que se emplea para decirle a todo el mundo que la internet es a prueba de balas, cuando no es tan así e incluyo a personas habituadas con esta tecnología hace mucho tiempo. ¿No podrían sacar esa leyenda del concurso encima de la estantería y ponerla en otra parte, porque la gente se puede quedar trabada ahí? Por favor, decidan lo que quieran,pero no me respondan. Y tengan cuidado con la privacidad de algunos comentaristas que han escrito aquí, porque yo uso el hotmail, otros el gmail, pero me he dado cuenta que varios tontorrones o tontorronas están empleando las horas de trabajo con servidores de la administración pública, y si los pillan los echan. Así están las cosas ahora en Chile, sé que revisan los correos que les mandan a los ministerios y reparticiones, pero no los que mandan ellos afuera.
    Y unas palabras más sobre este verano que me tiene pensando mucho, sobre todo y de verdad no sé por qué, en Claudio Lyon, al igual que lo hace más arriba Patricia. Para mí, él es quien se reivindica más que nadie en la historia, incluso más que la propia Pilar y más que Helena y Marcelo, amantes desdichados de unas vacaciones dulces, funestas, con mermelada de mora, tostadas con mantequilla, leche al pie de la vaca, baños en el lago Ranco, bailes en los que se luce la guerrera mapuche y el imbécil que quiso ser marino mercante y miren cómo terminó. Sí, ese gordito afeminado que resulta un hombre hecho y derecho terminó por conquistar mi corazón de femme fatale. (Me da lo mismo que después de casarse con Rosita, tenga aventuras gays con algún abogado joven guapetón a su servicio y no sé si Pilar tendrá razón al decir que a ella le encantaría que así fuera, pero que él es tan fome -usa otra palabra- para estas cosas). Porque es Lyon, ahora todo un señor, quien adivina la idea de Pilar, le da la pasada, después la celebra y lo único que le pide es que no mencione a Helena en su reportaje, por el infierno que debe haber pasado la pobre. ¿No es eso grandioso? Él, que quiso a Marcelo como nunca iba a querer a nadie, que lo contemplaba como a una divinidad, ahora, en lugar de odiar a Helena, que lo tenía para ella sola, se preocupa tanto por la empleada doméstica de la tía Aurelia que hasta le parece bien que su hijo o hija reciban la paupérrima pensión del primer gobierno de la transición democrática. Perdón, del primer gobierno que perfeccionó hasta hacerlo irreversible, el modelo socioeconómico más perverso que se ha conocido en la historia y que en Chile ha triunfado más que en ningún país del mundo. ¿Por qué será? La respuesta está en este verano sin verano.

  47. Aunque soy un macho recio, un poco debilucho nomás, me uno a este club mayoritario de damas que están leyendo, discutiendo, comentando “El verano sin verano”, gran cuento gran o gran nouvelle gran o gran novela corta gran de Camilo Marks. La polémica me ha parecido de muy buena calidad y, cosa rarísima en la internet, sumamente respetuosa. Nadie se ha insultado, nadie ha ridiculizado a otro u otra por diferir de opinión, a nadie parece habérsele pasado porla cabeza la idea de insultar, vejar o decir gorserías por el puro gusto. Y eso, qué quieren que les diga, libreros de mentira o libreros mentirosos o autores de la biblioteca virtual más mendaz de todos los tiempos, me tiene maravillado. Me consta, porque lo he leído y escuchado, que a Camilo Marks lo han insultado de forma gratuita, ha aparecido cualquier idiota en la Clinic diciendo que es un estúpido y ha sido objeto de envidia, pica, resentimiento y pura sorna o sarcasmo barato. “El verano sin verano”, en cambio, no ha motivado mada adverso en contra de él y aunque algunas personas piesen que el final debió ser distinto, esas mismas personas han admirado y celebrado la histria, lo que me parece muy, pero muy encomiable y muy, pero muy poco chileno. A lo mejor, si yo tuviera un pariente directo detenido desaparecido no me gustaría el final, a lo mejor me alegraría por esa manipulación entre el corpulento Lyon y la hippienta Pilar, en verad, no lo sé. Pero que es un final de antología, sí que lo es.

  48. Me ha resultado imposible ponerme al día en todos los comentarios previos al mío, pero prometo que lo voy a hacer. Vengo llegando de una cena suculenta y fina, con ostras y champaña Bollinger, es decir francesa. Perdonen la farsantería o el engrupimiento, como deben decir estos libreros mentirosos, pero esto sí que es cierto: nadie paró de hablar del novelón de Camilo, todos citaban las cartas de Eugenio Adalberto Órdenes, nos reíamos a grito pelado, por suerte era una casa con patio, donde agonizamos de frío, pero podíamos darle al trapiche sin molestar a los vecinos. Y a todos les dije que había aparecido…¡y gratis!, “El verano sin verano”. Claro que a nadie, absolutamente a nadie le conté ni un asomo de lo que se trataba, porque si no, habría arruinado el efecto acumulativo de la historia, ¿no creen? Ahora, con unas pocas copas y, por lo tanto, con extrema lucidez, lo he vuelto a leer y, de paso, vi lo que escribió Mónica la semana pasada en el sentido de la estructura clásica: exposición, nudo, desenlace. Me contaron que muchos habían alegado porque Pilar, quien es desde ahora mi amiga y el divino gordito Lyon, al que adoro sin reservas, cometían un fraude de proporciones. Yo no lo veo para nada así: este país es entero un engaño, un fraude, una estafa. Y una pequeña mentira entre los libros de mentira para sacarle una pensión al hijo o hija del desgraciado de Marcelo y la desventurada Helena de Troya me parece lo mínimo que esas dos almas grandiosas podían hacer. Quien no esté de acuerdo conmigo que tire la primera piedra.

  49. Yo acabo de terminar de ver una película espantosa de los años 60 sobre el Che Guevara, con…¡Silvester Stallone! Y a diferencia de Patricia, me he tomado tres cuartos de whisky Knockando. Se los recomiendo porque no cura, ni da dolor de cabeza ni causa efectos secundarios, salvo algunos colaterales, como ver el mundo y la vida con más claridad. Y he releído “El verano sin verano” con renovado interés. Vuelvo a aplaudir el nivel de estos comentarios, porque nadie, aunque sea por esta única vez, ha atacado a Camilo ni a su novela, sino que unos cuantos apenas han disentido acera del final. A mí, claro que después del bodrio que vi, me pareció soberbio, literario, clásico, un final de película, un final de finales, como uno de los buenos campeonatos mundiales de fútbol que duraron hasta fines de los 80. Y aunque yo habría desarrolado más la relación entre Claudito, el delicioso gordito amariconado y Marcelo -sí, aunque soy cero gay, me interesan mucho esos vínculos homoeróticos o lésbicos que se dan en la infancia y que después nunca más se repiten, porque este mundo cruel nos castra y nos mutila-, quizá sea mejor que uno sea el ídolo y el otro el niñito platudo que lo contempla contentándose solo con eso. Debe ser maravilloso tener a alguien en un pedestal y contemplarlo o contemplarla porque sabe manejar las velas, es diestro con los remos, se engrupe a todos los vecinos ricachones que le creen todas sus fantasías marineras. Para mi eterna condenación, nunca tuve un ídolo o ídola en la niñez, salvo, quizá, un cura súper revolucionario que nos mostró las horribles diferencias entre ricos y pobres en Chile. El padre Julián, que no era en absoluto pedófilo -de hecho, después colgó la sotana y se casó con una abogada o periodista-, se debe haber parecido a Marcelo, porque era muy bueno para contarnos historias de su familia española, todos republicanos exiliados en México, entre ellos una hermana que vivía en una comunidad tarahumara y un primo que hacía cine en el Distrito Federal. La hermana había dejado a su familia para irse con los indios y el primo empezó cortando boletos hasta terminar de cantante en un conjunto de mariachis. El padre Julián le cortaba la respiración a las profesoras y a todas las mujeres, quienes se lamentaban de la pérdida que sufrían al no poder agarrárselo, sin saber que lo aguardaba la periodista o abogada. Y eso me hace pensar en las mujeres que se quejan cuando un hombre buenmozo es gay, como si fuera para ellas un desperdicio. ¡Pobres! Al que le guste el maní, que lo coma y a la que le gusten las faldas, que se las ponga. Dejemos a los patitos feos que decidan la vida que quieran llevar y felicitemos a Pilar y a Lyon por las elecciones que tomaron.

  50. Estoy con insomnio, he leído todo lo anterior y no cacho nada de nada. O quizás debería decir que es demasiado, demasiado, demasiado bueno para ser cierto. Me encnata que se discuta tanto sobre un cuento o novela corta o nouvelle, me fascina que le den tantas vueltas al gordinflón y al super macho de Marcelo, me entusiasma que encuentren que el final es bueno, malo, equívoco, ambiguo, inesperado, mentiroso, fraudulento, nunca había visto que alguien se pusiera en el lugar de un familiar de detenido desaparecido en ninguna narración chilena de los últimos 30 años, encuentro increíble que le den tantas interpretaciones a los recuerdos de una mujer madura, casi menopáusica, me parece genial la comparación con Tom Sawyer, hallo fabuloso que odien el matrimonio del ex gordo y ahora pintoso Lyon con la inaguantable Rosita que lo trataba de mariconcete, en fin, mañana voy a leer el cuento de nuevo, porque si sigo, no lograré dormir nunca más en mi vida.

  51. Es muy extraño lo que ha sucedido con este verano sin verano porque nos está llevando a juzgar la transición democrática o pactada con militares y empresarios, la moral chilena, las costumbres del país y muchas otras cosas, todo a raíz de una historia en apariencia sumamente simple. Quiero agregar que los versos del epígrafe, sobre la alondra que vuela y vuela cada vez más alto, me parecieron adecuados, excelentes, solo alguien que conoce muy bien la literatura como Camilo pudo haber encontrado inspiración en un poeta inglés, desconocido entre nosotros como Shelley, para encabezar su novela corta. Claro, algunos se preguntarán por qué no eligió a Neruda, que escribió tan bellamente sobre los pájaros de Chile, a Gabriela Mistral, a otro chileno o latinoamericano, pero no, Camilo piensa quizá cuánto rato, y escoge justo los versos precisos para el cuento que va a venir a continuación. Al leerlos, uno se imagina altiro que viene algo idílico, paisajes hermosos, el campo, alguna zona de la costa donde hay árboles, cerros, bosques y en cierto modo es así, porque todo comienza como unas vacaciones a lo Tom Sawyer, como alguien lo dijo antes tan acertadaemnte. Sin embargo, creo que también hay algo un poco perverso en la elección del canto a una alondra de Shelley, porque la pureza de sus palabras no corresponde por completo con el mundo infantil y adolescente de los años 60 en Chile. Pilar apenas entiende lo que pasa, las mayores entienden mucho más y se dedican a sus jugueteos eróticos con esmero, Marcelo y Helena están pecando de lo lindo y detrás de todo ello están el clasismo, el arribismo, los ritos de nuestras clases medias y altas, la división tan tajante entre rotos y gente decente, el aislamiento al que someten a Claudio, o sea, de idilio rural, bien poco. Y por si fuera poco, la madre de Pilar detesta esa vegetación porque está llena de mosquitos, arañas, bichos que pican, cuando Pilar y Helena van a los riscos, las aguas son oscuras, peligrosas, mortales, la armonía es pura apariencia, la felicidad pura mentira, el verano pura mentira. Y todo concluye en la mentira más grande de todas que, a lo mejor me estoy yendo por las ramas, es la que predomina en este país.

  52. A mí el cuento me gustó mucho y punto. Claro, da como para interpretar lo que uno quiera y esa es, precisamente la gracia: ¿cómo un relato corto o una novela breve, con una historia en apariencia tan sencilla dan para discutir y elucubrar en torno a tantas ideas? No voy a decir la novedad del año cuando exprese que, a diferencia de los demás relatos de esta colección virtual, este es el único que toca un tema que nos va a seguir penando por varias generaciones más. Díaz Eterovic escribe como siempre, de medianito a decente y eso, Zambra es bueno, otros no tanto, pero todos, sin excepción, parece que nunca hubieran oído hablar de Pinochet, de los detenidos desaparecidos, de los torturados, de los presos políticos, de los exiliados, en fin, de los cientos de miles que vieron sus derechos básicos conculcados, pisoteados a diario, atropellados en forma sistemática o que vieron cómo eso sucedía con sus amigos o familiares. Y eso que el tema aquí apenas se toca, y muy de refilón y solo al final, como una sopresa digna de una buena novela policial. Ojalá que Camilo Marks escriba más sobre esto, porque conoce más que nadie el tema y es el único con capacidad literaria como para saber tratarlo.

  53. Lo que a mí me sucede es bien raro o no sé si tanto, pero en todo caso se acerca más a los primeros comentarios que se hicieron sobre esta novela. El tema de los derechos humanos me parece un golpe magistral, haber planificado un final así, tan sorpresivo pero, a la vez, tan lógico, tan inevitable, lo encuentro sencillamente fuera de serie, pero me siguen acosando, embrujando, hechizando esas vacaciones de verano, esos días felices detrás de los cuales se esconde tanta crueldad, que es la cruedad de los niños y de la división social del país, esos paisajes maravillosos que son el telón de fondo para una tragedia terrible y, más que nada, los personajes. Pilar, la narradora, es excepcional: lúcida, irónica, con capacidad para reirse de sí misma, supongo que atractiva, aunque no se nos diga una sola palabra acerca de su físico, Marta, algo loquita con los jóvenes, como muchas lo fuimos a su edad, Rosita, espantosa y a lo mejor no tanto porque si decide atrapar al gordito lindo debe tener su corazoncito, los chiquillos Coronado, una peste ambulante, como los define Pilar con apenas una frase y que deben haberlo sido, como son los niñitos a esa edad, los Benavides, arribistas como ellos solos, pero deseosos de impresionar a sus vecinas, y presdiéndolos a todos, la pareja que para mí es mágica, es irresistible, porque tanto Marcelo como Helena cortan el aliento solamente con verlos. De ella, sabemos que es alta, fuerte, delgada, pero de él, y he aquí el toque maestro, no se nos indica ni un solo rasgo, de modo que todas y todos podemos imaginarlo como el ideal masculino de belleza de los años 60 o el ideal de belleza viril de un joven de todos los tiempos. Eso es lo que más me quedó: una impresión perturbadora, amenazante, acechante, ideas, sombras de ideas que nos persiguen siempre. Y creo que buena parte de la literatura es consiste en dejar ese tipo de huellas.

  54. He leído todo lo anterior y es completamente imposible responder cada uno de los temas y subtemas que han ido emergiendo. Sin embargo, en la semana, cuando esté en mi oficina -porque en mi casa no tengo la tranquilidad necesaria-, en algún mometno de calma y gracias a que dispongo de un privado, responderé varias interrogantes que me han ido surgiendo y que ahora simplemente no puedo hacer. Pero insisto: “El verano sin verano” es, en primer y último lugar, antes que nada y sobre todo, un texto literario y se debe juzgar bajo esos parámetros. No soy de las que piensan que el arte es por el arte -art for art’s sake- y, naturalmente, las consideraciones políticas, ideológicas, filosóficas me parecen muy valederas. Sin embargo, antes que nada está, en una novela, cuento, poesía, el valor literario, es decir, cómo está escrita la obra, qué tecnicas usa, de qué manera llega al lector y por qué, en este caso, llega enseguida, te pesca y no te suelta. Eso es literatura, lo demás puede ser un docuemnto del P C o un instructivo para militantes.

  55. estoy total y absolutamente de acuerdo con Mónica, aunque yo sepa bastante poco de literatura y de teoría literaria. Pero, por lo que le entendí, “El verano sin verano” posee cualidades, valores, méritos que hacen de la novela una especie de creación autónoma, algo así como una obra musical o una pintura, que cuando uno escucha o ve, le gusta o le repele. A mí me encantó desde el comienzo hasta el final y también volveré a discutir sobre el tema de los dd hhh, porque resulta que lo conozco, pero sigo pensando, si es que comprendó bien, de lo que no estoy segura para nada, que así como las películas, por ejemplo, nos gustan o no nos gustan porque só, porque son buenas o malas y frente a eso no hay apelación, lo mismo pasa con esta novela. Ay, me enredé, mejor no sigo.

  56. Ni se sueñen con que voy a leeer de punta a cabo todo lo que se ha discutido, con mucha altura de miras, que parece que en Chile no existe -tampoco la hay en Venezuela, para el caso- acerca del relato “El verano sin verano”, escrito por el personaje más literario que he conocido en mi vida, una mezcla de don Quijote más Hamlet, más doña Bárbara, más el subnormal que habla en primera persona en “El sonido y la furia” de Faulkner, más unos cuantos más y más Camilo, por supuesto. Sé lo que pasó en Chile durante la infame dictadura de Pinochet, lo sé porque tuve amigos chilenos, hijos de exiliados que vivieron en Caracas o en el interior de Venezuela, y no tengo idea de lo que pasa con la literatura chilena del momento porque, como ya lo dije, llegué a Lemebel y quedé ahí, cuando colaboró en la preciosa revista “PLátano Verde”, donde formamos un equipo de perioidistas y gente de letras fabuloso, pero fuimos incapaces de caer en una quiebra peor que la de Wall Street. Este novela me hace arder en deseos de leer las demás ficciones de Camilo pero como estamos en la era de la globalización, ellas no se exportan a este país. Porque, para qué estamos con cuentos y eso lo he leído en una de las críticas de Camilo -las publican, muchas veces, en “El Universal”, de Caracas-, los bolivianos leen a los bolivianos, los mexicanos a los mexicanos, los argentinos a los argentinos y nosotros estamos obligados a tragarnos la mierda que se publica en la república bolivariana y a veces la de Colombia. Pero sé, porque Camilo lo ha escrito y lo ha dicho y porque lo he cotejado con otras fuentes, que en Chile hay una narrativa de mucha calidad, que tampoco nadie lee allá, como ocurre con Jorge Marchant Lazcano, Carlos Tromben, Germán Marín, Marcelo Simonetti, José Gai, Alejandra Costamagna, Juan Forch, Diamela Eltit, Patricio Jara y otros y otras que se me deben escapar y que aquí ni siquiera conocen de nombre. En cambio, a los congresos vienen los menores de 30, los menores de 40, los menores de 20 que se dedican a unos engendros que algunos llaman ciencia ficción o a escribir novelitas de 15 carillas, y nosotros, los huevones como les dicen ustedes, vamos a sus lecturas que, realmente, son para quedarse dormidos a los 2 minutos.
    “El verano sin verano” es excelente desde todo punto de vista y si a algunas personas les pareció mal el final, porque no le gustaría a un familiar de detenido desaparecido, lo siento en el alma, pero a mí me resultó una forma sutil, delicada, directa de tratar ese espinudo tema. Claro que en el diálogo final entre el macizo juez y Pilar se habla de restos óseos, de la data de la muerte, de la manera en que Marcelo probablemente murió y todo es sin remilgos, natural, fuido, pero a la vez tenso y casi como que se puede sentir en el aire, por una parte, la emoción del reencuentro de esos dos amigos de la infancia, y, por la otra, los temores fundados de Pilar, que el grandioso Lyon disipa enseguida. Eso es un toque maestro que me ayuda a entender a ese país tan raro que es Chile y a asumir tantas cosas que he escuchado sobre el clasismo, el racismo, la hipocresía de las clases altas. Y aprendí algo que nunca hubiese aprendido en otro texto: Lyon es un apellido de alcurnia en ese territorio tan extraño que tiene entre forma de escopeta, culebra o pasillo. ¿Se puede pedir más?

  57. Mi especialidad no es, en la actualidad, la literatura, sino el periodismo cultural, pero tengo un magíster en lo primero que no me ha servido para nada, ni siquiera para hacer clases de español a extranjeros. Entonces desearía volver al terreno literario para enjuiciar “El verano sin verano”. Las tres partes en que está estructurada la novela corresponden, como lo dije al comienzo, a una suerte de edificación clásica, de corte policial. Pilar reemplaza a Sherlock Holmes, Hércules Poirot, el comisario Maigret en la pesquisa por el destino final -horrendo término- de los detenidos desaparecidos, para transformarse, como era su propósito incial, medio inconsciente, en la investigadora de lo que de verdad ocurrió con Marcelo y Helena. La novela, claro, pudo haber sido mucho más larga, al estilo de “La sinfonía fantástica”, pero Camilo escogió el difícil, dificilísimo género de la novela corta, que no es cuento ni es novela, donde no caben las disquisiciones o ensayos, pero que permite divagar un poco más de lo que se puede hacer en un género tan difícil, cerrado, conciso como es el cuento. Pensemos en “Bartleby el escribano” o “Benito Cereno”, de Melville, en “Los papeles de Aspern” u “Otra vuelta de tuerca”, de James, en “Carmen” o “Colomba”, de Merimée, o en las crónicas italianas de Stendhal. En todas ellas se nos expone, a veces una vida entera, otras el desenlace de una búsqueda que ha durado toda la vida, la traición femenina por despecho y amor no correspondido, que llega incluso al asesinato -”Vittoria Accoramboni” o “Vanina Vanini”, de Stendhal-, la muerte inminente de un sargento que se arrancó con una gitana a quien terminó acuchillando -”Carmen”- en fin, digamos que es un tipo de narración muy poco practicado en la literatura española y latinoamericana o, en ocasiones, escrito sin mayores éxitos literarios (en Chile exceptúo a González Vera con “Vidas mínimas” y “Alhué” o María Luisa Bombal en “La amortajada”).
    Y he aquí que Camilo escribe una nouvelle o novela corta clásica, con todas las de la ley, sujetándose en todo momento a las estrictas reglas del género: no irse nunca por las ramas, agarrar del pescuezo al lector y no soltarlo hasta el final (ya sé, estoy utilizando la definición de Isabel Allende para sus novelas, pero en este caso me parece por completo acertada), dejar que sea el propio lector quien complete los vacíos de la historia, darle la libertad para interpretar las acciones u omisiones de los protagonistas, obligarlo a imaginarse el desarrollo de las vidas de todos los que quedan en el camino. Y son muchos: los vecinos de Pilar y Marta en el Lago Ranco, el panadero Armando, el dueño de la lancha de apelido alemán, los chicos germánicos que iban a tocar sus intrumentos en la hostería de Futrono, la tía Aurelia, los familiares de Marta y Pilar, Rosita -¿qué habrá hecho ella a lo largo de una generación y media y cómo se las arregló para capturar a Lyon? ¿Es que se siguieron viendo como amigos algo después de esas vacaciones que para el pobre Claudio habrían sido un tormento si no fuera por Pilar y Marcelo? Desde luego, ella se ha casado, ha tenido hijos y se ha anulado, en la epoca en que no existía el divorcio en Chile (o sea, hace poco, poquísimo tiempo) y Claudio, por su parte, aunque no dice nada de nada, salvo exclamar, muy a la pasada, que será, espera su segundo y último casamiento, también debe tener hijos, a quienes no se nombra, de su anterior esposa, otro personaje innominado, entre tantos, tantos personajes.
    O sea, hemos llegado a las vidas de casi medio centenar de personas en apenas 60 páginas. Si eso no es difícil de lograr, en términos literarios, pues bien, díganme qué otra cosa puede ser más difícil. Bueno, sí, tal vez escribir de nuevo las Alturas de Macchu Picchu o “La muchacha de los ojos dorados”, de Balzac, otra nouvelle increíble, maravillosa, de la que se hizo una película francesa notable en los años 60, donde la relación lesbiana entre la heroína y su contraparte aparecía con total claridad, sin estridencias, con sofisticación extrema.
    Pero hay algo más: no todo queda en el aire y ahí está lo mejor y magistral, no exagero nada con esta última palabra, de “El cverano sin verano”. Pilar despacha en una página años y años como periodista en revistas y diarios de la dictadura, sin quejarse, repasando, con ironía y dulzura, la relación, al parecer feliz, con Gastón Vargas, su marido, los colegios de sus hijos, los problemas de Marta y las actuales profesiones u oficios de muchos de sus ex amigos de infancia: narcotraficantes, criminales genocidas, empresarios riquísimos gracias al modelo económico neoliberal, que en Chile ha triunfado de manera irreversible, más que en ningún otro país del orbe, o sea, seres abominables de los que, por higiene física y mental, hay que mantenerse a cientos, miles de kilómetros de distancia.
    Y lo repito: todo esto en una narración que a ustedes les puede haber resultado larga al traspasar a su biblioteca de mentira, tan verdadera, pero que en libro serían, ¿las mismas 64?, ¿50?, ¿70? ¿o algo más o menos?
    Entonces aquí, además de un relato superior, hay una excelente lección de literatura. Pero ¿tienen sentido las lecciones de literatura en un país donde nadie lee nada y donde el libro y la lectura no están en crisis sino extintos? La respuésta es, por fuerza, negativa: no tiene ningún sentido. Cuando veo las listas de libros más vendidos, es decir, de bodrios, basura, estupideces de aromaterapia, fantasías sexuales, autoayuda y esas ficciones excecrables de escritores de la peor categoría, siento una vergüenza atroz y vuelvo a repetirlo: la lectura y el libro han desaparecido en Chile. Cuando me entero, via Hora 25 y otros artículos, del increíble, cretino maletín literario, me reafirmo en que nadie lee nada. Y, para finalizar, cuando recuerdo la encuesta del INE, según la cual, en el 85% de los hogares chilenos hace 20 años que nadie compra ni lee un libro, ¿qué puedo decir? Bueno, al menos nos queda la esperanza de leer algunas piezas de esta colección virtual -por favor, ciertos títulos y autores son pésimos, no sé de dónde los fueron a sacar, no sé dónde tienen el gusto- y espero que el texto de Camilo vea luego la forma de libro real, para poder disfrutarlo mejor.

  58. Totalmente de acuerdo con lo anterior, al menos con el final. Hubo algunos cuentos que simplemente no pude leer de malos que eran pero no les echo la culpa a Uds. Mal que mal, en Chile la mayoría de los novelistas escriben con las patas y solo unos pocos saben hacerlo bien, con estilo, gracia, con una buena historia para contar, como es el caso de “El verano sin verano”.
    Así que suerte y a todos y todas les vuelvo a recomentar esta novela corta que es una lección como trama o argumento y una verdadera clase de literatura. Pero de esas clases en las que se aprende leyendo y no escuchando todas las estupideces sobre teoría, retórica, estilística germánica, deconstrucción, postestructuralismo, en fin, toda la lata que se enseña en las escuelas de literatura con el fin de matar, extinguir, aniquilar para siempre el gusto por la lectura de tantos jóvenes.

  59. Bravo Camilissimo caro, estás dando que hablar y eso que parece que pocos te han visto los numeritos que haces en Hora 25. Mejor así. Siempre he pensado que eres un escritor de lujo y el ejercicio de la escritura es solitario, doloroso, como un parto, a veces más doloroso todavía. Pero esta criatura que sacaste bien vale su precio en otro, como París bien valió una misa.

  60. Me uno al coro y al corro de lectores de “El verano sin verano” porque recién hoy en la tarde me llegó la noticia de su aparición en los libros de mentira. Sinceramente, los felicito por su notable, excepcional trabajo. Y felicito a Camilo por uno de los mejores textos que ha escrito. Me extraña, eso sí, que nadie haya mencionado su novela “Altiva música de la tormenta”, para mí, lejos lo mejor que ha escrito y que ha pasado inadvertida entre su primera colección de nouvellles llamada La dictadura del proletariado y la enorme novela que acaba de publicar. Bueno, no tanto porque apareció hace ya como tres meses. En la novela que a mí más me ha gustado hasta la fecha, escrita de modo esmerado, pulcro, limpio y límpido como pocos textos ficticios recientes -claro, no tan reciente, porque es del año 2003 o 2004, pero, ya sabemos, el valor de lo literario, y Camilo lo ha dicho y escrito mil veces, se mide en 50 a 100 años-, en “Altiva…” hay una disección implacable al proceso del plebiscito de sucesión presidencial de 1988. Una historia más o menos breve, pero que reúne a una docena de personajes, todos delineados a la perfección, que transcurre durante un día, pero evoca los cien años de “Manhattan Transfer”, de Dos Passos, constituye la mejor radiografía urbana chilena de los últimos años que he visto y leído, con el trasfondo de una relación de amor ya fracasada y que no puede rearmarse, pese a los heroicos intentos y al autoengaño total de la protegonista, Ester Villanueva, porque su amado Bernardo está tan caído al frasco que apenas si la puede reconocer en la fiesta que los apitutados dieron al día siguiente de aquel histórico día en la Casa del NO (pero, ¿no son todas las historias de amor historias de autoengaño y mentiras?). A ese acontecimiento acuden un ex preso político recién liberado, una amiga que acaba de conocer en la calle, la actual pareja de Bernardo, una ricachona que usa ropa y perfumes de marca y en medio de escenas hilarantes, en las que participa algo así como un ppd que ya se está ubicando en el aparato del estado, más el resto de los personajes, le siguen distintas secuencias, como el encuentro de Ester con su hermano, un disidente de la izquierda alternativa, para desembocar en un final tan soprendente como el de “Manhattan Transfer”, con la diferencia de que Bernardo no abandona Nueva York con rumbo desconocido poco antes del crack de 1929, sino que toma, de súbito y sin intención de regresar, un bus con dirección a Iquique. Ese final es de película, tal como el de “El verano sin verano”, pero siempre he opinado que la elección de Iquique como la ciudad salvadora de la mugre de Santiago fue, por decir lo menos, extravagante. Pero Camilo debe ser uno de los escritores más extravagantes que hay en el presente en Chile, porque aparte de escribir ficciones de primera clase, nos deja siempre con la boca abierta e invariablemente, en todos los finales de sus libros nos quedamos con los crespos hechos.

  61. Estoy de acuerdo con alguien que antes dijo que esto parecía un club se señoras en lugar del club de Toby, donde no se admiten mujeres. Y, obviamente, se debe a que las mujeres leemos mucho más que los hombres, así que espero más plumas masculinas, no en el sentido que antes les dio Alicia, pero sí para que no seamos una mayoría tan abrumadora de damas. Además, las mujeres trabajamos el doble o el triple, porque aparte de las 9 horas diarias en la oficina, la fábrica o la empresa, estamos todo el día a cargo de la casa, de los hijos, de los nietos, de otros parientes. Entonces, ¿cómo no sacan algo de su precioso y escaso tiempo los hipermachos chilenos para escribir un poco de vez en cuando, sobre todo en torno a un texto que los deja, a casi todos, con excepción del juez Lyon, bien mal parados? El dato me llegó por la vía más inesperada y, claro, no pienso decirles de dónde fue, porque perdería la gracia, ¿o no lo creen? Porque si lo supieran, se quedan todos con la boca abierta y las mandíbulas desencajadas por el resto de sus días y de sus vidas. Me gustó mucho, muchísimo “El verano sin verano” y me daré, algo más adelante, el tiempo necesario para leer los demás cuentos o novelas, pero dudo que alguna supere a la de Camilo. Y aunque me cargan los premios, los concursos, los oscares de Hollywood y todo ese aparataje de cuál es el mejor film, el mejor director, el mejor guión adaptado, la mejor música, tengo que decir que una de las mejores prosas que recientemente he leído se encuentra en esta hermosa evocación de unas vacaciones infantiles que desemboca en el apabullante final. Si yo fuera la madre o esposa de un detenido desaparecido, creo que no me parecería nada de mal el desenlace. Aunque esto es muy hipotético, porque me consta que la gente que trabaja en derechos humanos ni siquiera lee los bestsellers o los textos de autoayuda o los bodrios de Coelho que andan circulando. Así y todo, conozco a muchas de esas personas y todas, sin excepción, han demostrado tal generosidaad de espíritu, tal amplitud de criterio, tanta grandeza en sus vidas y sus hechos que, estoy segura, segurísima, el final les parecería lógico, devastador, impactante, tal como me pareció a mí.

  62. Ya que quieren voces masculinas, aquí va la mía que, aunque sea algo juvenil, proviene de alguien con los pantalones bien puestos, aunque no tanto como el mariconcete de Lyon, que demuestra ser un verdadero hombre en el correcto sentido de la palabra o Pilar, que anda con jeans deshilachados y tenida hippie más pasada de moda que las películas en blanco y negro, pero demuestra ser una mujer hecha y derecha, de tomo y lomo, con un terrbile pasado a cuestas, pero sin dejarse vencer, dispuesta a luchar por la verdad hasta el fin de sus días. Claro, en “El verano sin verano” se larga la mentira del siglo, pero ¿qué son la verdad o la mentira en este país donde nadie sabe nada, donde nadie lee nada, donde todo el mundo esconde la mugre debajo de la alfombra, donde todo es apariencia, fraude, impostura, falacia, disimulo? He dicho.

  63. En lo personal, la música de los años 60 y 70 no va conmigo, así que me he puesto a buscar la canción de Timmy Yuro, la encontré y me dejó boquiabierta. Los Platters son del gusto de mis padres, pero no van conmigo, así que por ahí no va la cosa. Pero, claro, el cuento de Camilo tenía que tenr música de esa época y no de los 80 o los 90 que es la que se acerca a mis preferencias. Pero he empezado a preguntarme cómo sería la que tocaban esos alemanes que iban a la hostería de Futrono, ¿marchas militares, himnos, canciones medio nazis? ¡No, por Dios santo! Y ¿por qué y cómo bailaban tan bien Marcelo y Helena? Su forma de hacerlo está tan bien descrita que me los imagino, los he seguido viendo, es una sensación casi táctil. Seguro que tampoco eran la octava maravilla del mundo, pero si contemplarlos dejaba a Pilar sin aliento, verlos a los dos convertidos en uno era un espectáculo que nunca se le borró de la memoria, desear que alguna vez le tocara una pareja para hacerlo tan bien como ellos fue una de sus máximas aspiraciones debe ser poque para ella fue una imagen imborrable. Ahora se baila tan mal, la gente lo único que hace es sacudirse, darse vueltas sin ton ni son, en fin, ¿cómo habrá sido para el zangoloteo el marido de Pilar? Así que vean las reflexiones que produce esta historia que da para tanto.

  64. Para mí, todo está junto, reunido en un todo armónico, armado como una pieza arquitectónica en “El verano sin verano”. Los recuerdos entrelazados, la música, el paisaje, los diálogos, naturales, fluidos, espontáneos y completamente creíbles, en un español que puede entender cualquiera, sin ser en ningún momento afectado, y predominando sobre todo ese armado, una trama bien expuesta y desarrollada, como lo he dicho varias veces. Es muy difícil, hoy por hoy, encontrarse con obras en las que el argumento calce tan perfectamente con el estilo, porque la literatura se ha profesionalizado hasta el punto de llegar a lo estéril, lo árido, lo inerte. En esta narración, nada sobra y nada falta. Pero no, quizá falta algo, porque a mí, a la larga, se me hizo demasiado corta y eso que es la más extensa de la colección. He pasado por alto felicitarlos por esta iniciativa, notable, única en Chile, hasta donde sé y que incluye tal vareidad de autores y relatos. El problema es que, después de leer “El verano sin verano”, los demás pueden ser buenos, algunos incluso bastante buenos, pero éste es más vivo y distinto en varios aspectos: por una parte, un método narrativo en apariencia muy convencional y, por la otra, una intriga que es entera, absoluta y totalmente original. A lo mejor ya estamos cansados -por lo menos yo lo estoy- de tanta experimentación, de tanto lenguaje hipercoloquial, de tanta, pero tanta cháchara cacofónica, ordinaria, grosera, vulgar, obscena porque muchos de los que han opinado, sin decirlo, obviamente se han encantado de un retorno a cierto clacisismo que es mucho más moderno y contemporáneo que los tiritones verbales y la burda imitación del habla diaria. Tal vez ahí resida uno de los tantos méritos de esta novela inolvidable, que me dejó gusto a poco porque quise que fuera mucho, mucho más larga. Pero entonces, quizás, habría tenido otro final y no el devastador desenlace, así que me conformo con el resultado, demasiado bueno para ser cierto.

  65. He seguido todos los comentarios, pero ya estoy con la cabeza como remolino. Me has dado otra alegría, Camilo, al comprobar las reacciones que produces en todo y en todos. Sí, estoy de acuerdo, esto no debe transformarse en una serie de cartas de alabanza o incluso de crítica a Camilo, pero no puedo evitar la exteriorización de mi contento cuando veo que la gente te lee y nadie queda indiferente, nadie se aburre, todos tienen algo que decir. Mónica tiene toda la razón del mundo en su rechazo a la vulgaridad en que ha caído el lenguaje en los textos prosísiticos o poéticos que se publican en la actualidad. Yo comparto en su totalidad esas apreciaciones. ¿Y qué otra cosa es la literatura sino intercambiar opiniones sobre lo que uno lee? También los felicito por esta inaudita iniciativa y ojalá sacaran unos 50 cuentos buenos más, mientras más mentirosos mejor.

  66. Yo estudié literatura y la verdad es que algo pasa en esas escuelas, que Camilo Marks describe muy bien en “La sinfonía fantástica”: o bien matan el interés, hasta la pasión por leer, leer por el placer de hacerlo, por ese intermcambio que establecemos con los demás y por la identificación que se produce entre nosotros y los personajes o el escritor o bien te repletan la cabeza de datos inútiles porque, francamente, a mí, Derrida, Saussure, Jakobson, Barthes y tanto, tanto viejo latero me dejaron hasta la tusa y no quiero volver a oir hablar más de ellos. Ninguno de estos autores y de los ramos en que se pasaban me dejó nada, nada de nada. En cambio, cuando algunos pocos profesores -no voy a nombrar a uno, porque todos adivinarán en quién estoy pensando- nos hacía leer y dramatizar obras de teatro, nos daban a conocer a autores europeos poco divulgados e incluso llegaban a la osadía inaudita de incluir en el programa de lectura a bestsellers de calidad del pasado, entonces renacía en mí el deseo de leer. “El verano sin verano” me produjo, precisamente, ese efecto incalificable, esa onda expansiva, el anhelo de leer algo bien escrito, ben construido, con una prosa sin baches, fuida, precisa y a la vez evocativa, todo, por supuesto, gracias a la estupenda historia que se cuenta.

  67. Hasta que me dieron el dato de esta biblioteca virtual, por la que los felicito, pero con felicitaciones sentidas y un tanto moderadas, porque no es para que se sientan los reyes de la creación por este inventito, sólo ubicaba a Camilo Marks por sus críticas dominicales en “El Mercurio” y sus desopilantes e histriónicos comentarios en “Hora 25″. ¿A qué niveles de descenso en la calidad y la cantidad de lectura habremos llegado que ni sospechaba que había publicado tres ficciones, una antología del cuento chileno y otro libro del que no me acuerdo el nombre, porque es muy raro? Digo hasta qué punto habremos llegado porque no es una exageración decir que nadie lee nada en este país y ello se debe, claro, en primer lugar a que los precios son prohibitivos pero también a que las personas han perdido todo interés, toda atracción por la forma más superior que se ha conocido de adquirir conocimientos, de conocer a los demás, de entretención, de placer sano y de alta jerarquía.
    “El verano sin verano” me sobrecogió y me dejó con ganas de seguir leyendo a este crítico que, parece, es el único que ejerce ese oficio en Chile y además, como si eso fuera poco y no le quitara horas y días de trabajo, se dedica a escribir ficciones. Cuando supe que Marks era el autor, en realidad, y siendo bien francos, estaba segura de que el cuento o novela corta iba a ser malo, malito, una cosa sin ninguna relación con sus ácidas, irreverentes, destructivas, pero también entusiastas, vehementes, apasionadas críticas literarias. Y, por suerte para mí, estaba muy equivocada, porque es un relato excelente, de factura impecable, de prosa límpida, segura, coherente, lírica y mordaz a la vez, tal como son sus críticas. Al dar vuelta la primera página, cuando Pilar, como periodista investigativa, dice que su vida está signada por los hechos -un ritornello al que vuelve una y otra vez, totalmente equívoco, porque sus emociones la gobiernan más que la mera realidad-, olvidé enseguida que estaba leyendo la novela corta de un crítico literario. Sin embargo, no me quedó más que recordar ese oficio cuando despacha a la colonia alemana del sur, provinciana y cerril, que nada ha aportado en la cultura y desarrollo del país, cuando Lyon habla de la excelentísima y podridísima Corte Suprema -no sé si son sus palabras exactas- o cuando Pilar que, querámoslo o no, es el portavoz de Camilo Marks, declara que la transción pactada con los militares ha sido un contubernio para, poco después, dar somera cuenta de sus ex amigos como delatores, soplones, criminales contra los derechos humanos, nuevos ricos, narcotraficantes y lindezas similares. Ahí encontramos al crítico literario de veras, que no solo se limita a valor el carácter literario de una obra, sino que se ha aventurado, con valentía y riesgo, en el pútrido clima político, moral, asquerosamente hipócrita de este país en el extremo más austral del mundo y que ha preservado una de las sociedades más hipócritas y conservadoras del orbe.

  68. Me produce un alto nivel de gratificación personal ver el rumbo, mejor dicho, los diversos rumbos que han tomado estos comentaros y esta discusión en torno a la nouvelle de Camilo. Yo aún sigo incrustada, clavada, quizá tontamente petrificada en sus ambigüedades sexuales, pero lo que he leído me ha servido, por una parte, para valorar su texto desde otros ángulos y, por la otra, para reafirmarme en las primeras declaraciones que hice. Esa prosa tan masculina, no al estilo telegráfico de Hemingway o a la forma fluvial-acumulativa de Faulkner, sino, por el contrario, clara, clarísima como el agua, deja detrás de cada personaje y de cada escena o pasaje un aire, casi un perfume de esa ambivalencia. Y a mí me gusta mucho ese perfume: la testosterona de Marcelo, las colonias de la prepúber Pilar, los cosméticos y menjunjes de Marta y Rosita, la transpiración de Claudio, el aroma carísimo que debe usar la tía Aurelia y los parientes mayores, la espantosa fragancia a zapatillas, poleras, pelo mojado de los niñitos insufribes, los Coronado, la dulce y algo silvestre estela de Helena, el olorcito de los esfuerzos de los Benaavides para aprender a navegar a vela en chalupas primitivas, siguiendo las instrucciones cargadas de androsterona de Marcelo, todos esos cuerpos de niños, jóvenes, adolescentes, mayores y viejos unidos en un solo perfume, en el recuerdo imborrable de la vaharada que es “El verano sin verano”.

  69. Soy total y absolutamente incapaz de expresar con palabras adecuadas lo que he sentido al leer “El verano sin verano”, de Camilo Marks. En lo personal, estoy lejos, quizá por culpa mía, de las apreciaciones políticas y humanitarias que esta nouvelle ha suscitado. Sin embargo, algunas han calado hondo en mí, otras no tanto. Es que Camilo tiene tantas facetas que esta historia, tan simple, sencilla, directa a la vez, me ha dejado maravillada, triste, con rabia e impotencia y, cosa extrañísima, también con un sentido de realización personal, la de Pilar y Claudio Lyon. Habla muy en favor del novelista que, mientras sus héroes sí toman partido -Pilar de seguro en la izquierda extraparlamentaria, Claudio en el ala moderada de la Concertación-, él se las arregla, nadie sabe bien cómo, para tomar distancia. Y es lo único que cabe hacer en términos literarios, porque es una distancia irónica, pero amable, un tono divertido, nada de solemne, pero que saca las afiladas garras cuando hay que hacerlo, un estilo y un punto de vista que, aun cuando nunca abandonen la perspectiva de Pilar, están siempre recordándonos que detrás de sus dichos y sus palabras hay mucho más. Lo no dicho, lo oculto, la información que se entrega en ráfagas son tan importantes como los enfrentamientos cara a cara: el gordito Claudio, sufriendo horrores por su físico poco agraciado de niño, con el único apoyo de Marcelo y la amistad de Pilar, las locuelas de Marta y Rosita, cuyo único interés son los chicos, la alusión a la única compañera de curso de Pilar que se atreve a decir las cosas por su nombre, o sea, cuando un hombre y una mujer, aunque sean muy jóvenes, están en las preliminares del acto amoroso, el matrimonio mal avenido de Marta, sus hijos que son una peste y siguen, muy mayorcitos, viviendo a sus expensas y todos los otros que aparecen y reaparecen en esta memorable historia. Claro, nunca sabremos qué pasó con el primer matrimonio de Claudio y sus hijos -de seguro los tuvo-, con Rosita, que, eso lo juraría, se ha casado unas seis veces antes de agarrar al premio de su vida, para no hablar de los amantes que debe haber tenido, y de sus hijos, que deben ser creciditos, amén de la voluntad de casarse por la Iglesia con vestido blanco, tan típico de tantas mujeres, mayores y menores, y que hemos visto en Chile tantas veces, y la formidable tía Aurelia, que debe ser solterísima, pero impone su autoridad y prestigio dondequiera que vaya. La breve nota en que se nos indica que ni ella ni los familiares de Pilar apoyaron su carrera, pero sí la respetaron, me pareció genial, porque me consta que hubo o hay personas de derecha que se portaron en forma muy decente con sus hijos y familiares que tomaron otras opciones. No es casualidad que uno de los dirigentes de los pingüinos, hace un par de años, haya dicho que mientras en la Concertación había gente detestable, en la opisción había personas admirables.

  70. I have read all the comments above and am really astounded by the passion, the variety, the supreme quality of the words of all those who have read “El verano sin verano” and carry out different interpretations about the story. I can only add that Camilo’s great piece of beautiful writing makes me recollect James, Stendhal, the short stories by Flaubert, all those masters that perfected this most dangerous and difficult genre, ie, the short story or nouvelle. And I am ceaselessly, increasingly intrigued by all the viewpoints here expressed, which in my opinion reveal that problably the most valuable literature in the world is nowadays that which is written in Spanish. This may sound a bit preposterous, but I feel more and more ill at ease with the dominant language in the world in respect to literature: the English language, let alone the French and German languages, at present plunging deeply, ever so deeply into rancid, rotten, lifeless waters. On the contrary, “El verano sin verano”, with its directness, its ambiguity, its complete lack of pretensions in order to be a great book, its total humility as a fragment of pure invention, be it real, factual o literary invention, conveys all the past 50 years in Chile in a few 60 pages. What a prowess! If this is not a great fiction, there are no fictions any longer. Because, in some of the most vivid writing I have como to terms with in the last years, I have also come to terms with a country that I thought was lost, drifting apart in a sea of trivia, without art, culture, imagination. When I referred to Stendhal and James it was, in a way, a far fetched comparison, but it certainly was a deliberate one. Camilo is writing in the way Stendhal would have written had he lived into the 21st century. Of course this is not a romantic tale but in a certain fashion it is, it is neither a denunciation of humans rights abuses nor the awakening of two younsgters -Pilar and Lyon- into adulthood, but we have to guess what ordeals they have endured to become a woman and a man, each in her o his own way. Camilo succedds in letting us know how and why this was brought about though most important of all, he fulfills the reader’s expectations in a wonderful, vigorous, abolutely delightful sory.

  71. “El verano sin verano” es grande, la escritura es grandiosa, grande Camilo

  72. Durante tres años he visto y oído gesticular a Camilo Marks mientras se grababa Hora 25. Recuerdo varias ocasiones memorables. Cuando habló sobre Don Quijote, se comenzó a producir un silencio en todo el café, la gente se paró de las mesas, los mozos dejaron de trabajar, los que estaban en el bar comenzaron a acercarse a Camilo mientras hablaba de Cervantes y vi cómo a muchas mujeres y creo que también a algunos hombres, se les caían las lágrimas mientras Camilo comparaba el final de la novela de Cervantes con el comienzo de El Evangelio Según San Juan. Cuando hizo pedazos a Rivera Letelier todos empezaron a reir, de a poco, después tan alto que los técnicos tuvieron que solicitarles que se callaran porque interferían en la filmación. Cuando habló largo y tendido sobre el Kamasutra, sin siquiera hacer un solo gesto obsceno o de naturaleza erótica, como si estuviera rezando, todos comenzaron a aproximárseles para tener una preview de Hora 25. Cuanto trató la Biblia como obra literaria, todos los presentes parecían estar en misa, no sé si en una misa negra mientras se refería a la destrucción de Sodoma y Gomorra o una eucaristía cuando hablaba de las epístolas de San Pablo. O cuando desmenuzó un bodrio de Roberto Ampuero comparándolo con la excelente novela policial “Las manos al fuego”, declarando que al primero no lo conocían más allá de la Línea de la Concordia o de Mendoza y al segundo harían bien en leerlo para saber lo que es un buen texto detectivesco, todos estábamos literalmente boquiabiertos ante sus conocimientos del género de la novela negra y también todos quedamos estupefactos cuando recitó, en inglés y español, la serenata matutina de “Romeo y Julieta”. Y aquí tenemos una novela corta pastoral, bucólica, con un final que deja en suspenso, porque la vida de Pilar continuará hasta que encuentre a Helena y debo decir que me la leí de punta a cabo, sin parar, porque me habían advertido que uno podía suspender el acto y dejarlo para después, pero me resultó completamente imposible hacerlo.

  73. Me acabo de enterar de que existe este cuento de Camilo, de quien fui amiga desde muy chica y cuyo padre y el mío compartieron una prolongada y afectuosa relación por muchos años. Más arriba muchos dicen que esto parece una correspondencia dirigida a Camilo y otros me han informado que apenas sabe usar el computador (lo que debe ser falso de falsedad absoluta si ha escrito cinco libros cuando ya no existían máquinas de escribir Olympia, como la de su madre en la universidad Austral de Valdivia, donde esa mujer de inteligencia y belleza increíbles, Loreto Alonso, creó, sola y por su cuenta, la sección títulos y grados). Y me agregan, además, no lee los comentarios, debido a que es incapaz de llegar a ellos. En realidad, este sitio no es ni muy amigable, ni muy amable ni nada de fácil, pero ya que logré aterrizar en él, aprovecho para felicitarlos por la idea y felcitarme a mí por haber conseguido, tras arduos esfuerzos, llegar a “El verano sin verano”. Claro, ya lo dije en un blog -he sabido, también, que Camilo no sospecha lo que son, ni muchos menos un facebook y esto habla increíblemente bien de él.- Y lo vuelvo a repetir aquí: me gusta mucho más como crítico literario en Hora 25 que en las páginas que escribe en El Mercurio y debe ser porque en la pantalla chica da rienda suelta a su irreverencia, su talento, su histrionismo de buena ley, su cultura e inteligencia. En todo caso, este cuento me gustó mucho, me volvió a Valdivia y el Lago Ranco, donde creo haber estado junto con la familia de Camilo y a los años de la dictadura y la actual eterna transición a la lata, el aburrimiento, el hastío eternos. Excelente relato, impactante final.

  74. Me muero de sueño y mañana voy a estar todo el día con jaqueca, stress, al borde de un ataque de nervios y tomando fuertes dosis de migranol, pero no puedo irme a hacer tuto sin haber leído todos los comentarios que han ido apareciendo y que cada vez me alegran más la vida. Los felicito de todo corazón, porque, será por el buen nivel que aquí se ha mantenido o será por la calidad de las personas, no han pedido “moderación”, como lo hacen en Radio Cooperativa con quienes hemos admirado el trabajo de abogado, el de crítico y el de escritor de Camilo y a quien quieremos tanto como ser humano y como intelectual de lujo en este país ratonil. Pero ese es otro tema y solo me resta sumarme al coro y el corro de personas que siguen viendo ángulos distintos, nuevas perspectivas a “El verano sin verano”. Como estoy reventada, la originalidad y la inteligencia me fallan por completo, de modo que llego hasta aquí y, de nuevo, felicitacionesa todos, en particular a la eminecia que lee en español y escribe en un british que es de lujo.

  75. ¿Qué puedo decir de nuevo que ya no se haya dicho? Que Camilo es una constante caja de sorpresas, un bicho raro -a mí me encantan, me fascinan los bichos raros, a mi mujer ídem y a mis hijos y nietos más aún-, que parece haber vivido todos los días del mundo desde que, un 14 de julio de 1789, el pueblo francés se tomó la Bastilla o un 25 de octubre de 1917 el pueblo ruso asaltó el Palacio de Invierno de San Petersburgo. Porque le han tocado revoluciones, dictaduras, preludios europeos prolongados, vivir en países extranjeros desde niño, trabajos desgastadores, de los que yo habría salido enfermo del mate y parecería que toda su trayectoria hubiera estado determinada por lo que iba terminar siendo: un escritor. ¡Y qué buen escritor! Por favor no me lo comparen con algunos colaboradores de sus libros dementira, porque resulta que es, lejos, lejísimos, el más mentiroso de todos, el que sabe fabular mejor, el que dora la píldora hasta el punto de confundir, dejar enmudecido o volver loco al lector. ¿Quién hace eso hoy día? Nadie sino él. En la Revista de Libros de El Mercurio del pasado domingo 5 de octubre apareció una crítica a su última novela, frimada por Roberto Hozven, uno de las pocas personas que en Chile pueden llamarse humanistas, no solo por la amplitud portentosa de su cultura, sino por el origen del término: la preocupación del hombre por el hombre. Y he aquí que Hozven da una vuelta de tuerca magistral a “La sinfonía fantástica”, demostrándonos que la obra es un ataque al prejuicio del amor carnal y camastril, una celebración del amor no como realización sexual sino como sueño, una variación de las canciones de los trovadores galantes de la Edad Media y una crítica a la obscenidad del lenguaje, al truco folletinesco, al aturdimiento audiovisual y al panico que tenemos acerca de lo que hablan los Otros, porque ellos nos revelan, más que nada o nadie, la naturaleza íntima de nuestros deseos y ensueños. Llego hasta aquí, porque podría seguir eternamente con esta crítica, que es leer esa novela trepidante de nuevo, bajo un ángulo radicalmente diferente. Ojalá que las críticas a “El verano sin verano” mantengan la altura que han tenido.

  76. Aprovecho que todavía dura la hora de colación -claro, ahora estoy en la administración pública- para coincidir con Sergio Rojas acerca de la admirable reseña del domingo pasado en El Mercurio, Revista de libros, a cargo del extraordinario Roberto Hozven. Para mí, “La sinfonía fantástica” consistió en una serie de episodios, excelentemente narrados y escritos, con un vocabulario que se quisieran hasta Neruda o Borges, sin ser por eso rebuscado, que, en el fondo, nos revelaban a una docena de personas principales y otros secundarios cuyas vidas, como reza la contratapa, están determinadas por los libros, las películas, las obras de teatro, las óperas, que se convierten en otra dimensión, una más real que lo que llamamos realidad y que es, por emplear un término a la moda y que me carga, la hiperrealidad de lo literario, que supera en creces a la verdad o la mentira de nuestro quehacer cotidiano. Todos los personajes, quien más, quien menos, viven inmersos en lo que leen, hablan sobre eso y sus actos están, de alguna manera, determinados por sus héroes novelísticos, poéticos o del celuloide. Y he aquí que Hozven, sin dejar de reconocer eso, busca la esencia en el lenguaje, en sus representaciones, en las mentiras de las verdades, en el pánico que tenemos de saber los que los otros piensan de uno. En “El verano sin verano” sucede otro tanto: Pilar habla por cuenta de todos, pero vive, por y para lo que piensen de ella Marcelo y Helena, Rosita y Marta se acicalan para impresionar a sus vecinos, a la tía Aurelia parece importarle poco lo que piensan los otros y, sin embargo, en su conversación con el panadero Armando, demuestra que vive del parecer ajeno. ¿Y quién es el que más vive pendiente de esa sombra espectral, de ese vacío especular que es la idea de los otros? Pues el gordito patito feo que llegó a cisne: Lyon, primero por razones profesionales, ya que un juez es el que más está expuesto al juicio ajeno, porque él mismo pronuncia juicios sobre las conductas de los demás y , eso lo tenemos que adivinar, pero está más claro que el agua, ha pasado toda su vida tratando de labrarse una imagen que supere a la del chico afeminado de la infancia. ¡Qué terrible! ¡Qué país de pesadilla es este!

  77. No puedo dejar de sumarme a este alud de comentarios, aunque estoy en desventaja: aún no leo “La sinfonía fantástica”, pero es una tarea pendiente apenas regrese a ese país detestable, tan bien descrito por Camilo. En cuanto a este joya dentro de lo que es el dificilísimo género de la nouvelle o novela corta y que antes Mónica Riveros explicó con mejores términos y más claridad de lo que podría yo hacerlo, todos mienten, todos callan, todos se hacen los lesos, salvo, claro, y esto solo al final, Pilar y Claudio. Pero ni aún en ese momento de reconocimiento -la anagnórisis de la tragedia griega- llegan a decir la verdad de la verdad. Pilar promete ir a su matrimonio y, por supuesto, no lo hará. Y él jura que va a reabrir todos los casos de violaciones derechos humanos que lleguen a sus manos y no dejará títere con cabeza. ¿Hay alguna razón para no creerle a este ex mariquita, ahora todo un caballero? Ninguna, desde luego, salvo la realidad: un magistrado que, apenas iniciada la farsa de la transición al capitalismo más salvaje de todos los tiempos, da a conocer tan abiertamente sus opiniones va a ser, en esos tiempos, sacado de todas las causas en que pueda castigar a los culpables, porque está meridianamente claro que Lyon se está transformando en un peligro para los peores verdugos chilenos, o sea, los jueces. Entonces, su fervorosa declaración a Pilar es otra mentira de estos libros de mentira.

  78. Estos comentarios son una de las cosas más estimulantes que he leído en medio de toda la basura que se lee en la internet y me siento orgullosa de haber tenido a Camilo de profesor y de que haya escrito este magnífico relato. No voy a seguir enumerando los méritos de él, que sobran y exceden todas mis expectativas ni tampoco caeré en más alabanzas hacia su persona y sus excentricidades, probadas en los medios, en las aulas, en la televisión y creo que hasta cuando se ducha. Pero me llena de alegría, me reconforta, me produce genuina dicha que se hayan escrito palabras tan inteligentes, todas distintas y de personas muy distintas, ¡hasta en inglés!, sobre “El verano sin verano”. Y los felicito a ustedes, los autores de esta biblioteca virtual, por la idea, por la forma en que la llevaron a cabo y, claro, por haberle arrancado, usando quién sabe qué instrumentos de tortura, este extraordinario relato a Camilo Marks.

  79. Yo también me sumo a los seguidores de este relato espectacular y a los quizás, mejores comentarios que el libro mismo. No quiero con esto ofender la calidad de “El verano sin verano”, desde luego que no, porque si no fuera por ella, no se habría derramado tanta tinta, perdón, escrito tantas palabras inteligentes, pero me resulta increíble y me hace retornar en parte el optimismo, que en un país con cero cultura y cero literatura como es Chile, las personas tengan tanta necesidad de expresarse. Como soy psicólogo y de una escuela muy estricta, tengo que recurrir a mi ciencia para tratar de explicar el fenómeno: quizás “El verano sin verano” ha sido una válvula de escape, pero una muy sana, para expresar lo que tantos sienten y no tiene cómo hacerlo. Indudablemente, este relato abrió las compuertas a algo muy valioso, demostrando que todavía quedan personas iteligentes, libres, pesantes, desprejuiciadas, de mente despejada en Chile.

  80. Quiero agregar algo, una pequeña cosita: no me parece mal que a algunas personas vinculadas con los dd hh no les haya gustado o bien les pudiera haber chocado el final. Mal que mal, pasar gato por liebre en algo tan delicado puede inducir a engaños malos, a mentiras malignas, a falsedades dañinas y no a los fraudes sabrosos de estos libros de mentira. Sin embargo, dada la trayectoria de Camilo Marks en la materia, que, por lo demás, un colega suyo nos la recuerda con gracia y anécdotas espectaculares, él puede darse el lujo de añadir otro embuste más a lo que no ha dejado nunca de ser una falsedad: la solución a este problema eterno, a esta herida que continúa y continuará abierta, y el giro que toma el relato, sobre todo cuando el juez Lyon dice, ¿qué importa un muerto más entre tantos, tanta brutalidad y cobardía?, bueno, ese giro es, sencillamente, un toque maestro.

  81. Yo soy ese abogado del que se acaba de hablar y, como tal, tiendo a deplorar los fraudes, las mentiras, los engaños y estafas, pero en un país que ha vivido una defraudación permanente, ¿qué más da una más si sirve para paliar el dolor de víctimas de una represión más antigua, pero que todavía persiste en Chile? Por otra parte, si fuéramos Alemania o Japón, que pagaron carísimo sus crímenes de guerra y que los siguen pagando hasta el día de hoy, con indemnizaciones millonarias a las prostituas coreanas en el segundo caso y a las víctimas del nazismo en el primero, bueno, entonces tal vez tendríamos derecho a poner el grito en el cielo. Pero resulta que en Chile las pensiones de jubilación son miserables, los viejos se mueren de hambre, de frío, de necesidad, los hospitales están abarrotados y aunque muchos hablen maravillas del plan auge, he constatado que sirve a muy pocos, hay una medicina de primera, segunda, tercera, centésima calidad, las asignaciones a las víctimas de la represión son una burla, la desigualdad social va en aumento de progresión geométrica, la diferenciación en los ingresos es escandalosa, el acceso a la justicia es un chiste, la cultura desapareció y suma y sigue. Entonces, ¿por qué no darle unos pocos pesos al hijo o hija de Helena y Marcelo que tuvieron que actuar a escondidas, en circunstancias que ella tuvo que, literalmente, desaparecer de la faz de la tierra para tener a su guagua, por qué negarles algo para que puedan comer si al mismo juez Lyon le parece correcto y él es el intérprete y administrador de la ley? A propósito, cuando era chico y gordito fue un segregado por ser apollerado, afeminado o qué sé yo, y debe haber cargado durante décadas de décadas con esa cruz, hasta convertirse en lo que aquí entendemos por un hombre, es decir, un caballero bien vestido del que no se puede hablar mal porque tiene poder y plata. Entonces seamos menos crueles con Helena y su hijo o hija que, a lo mejor, están causando estragos en alguna universidad, carreteando un fin de semana largo, pero con muy poca plata, así que démosles la oportunidad para que algo reciban.

  82. Me sumo al club de la pequeña Lulú, porque los varones, como siempre, escasean. Sin embargo, no es tan así, porque hay varios caballeros recios que han dado opiniones muy buenas, inteligentes, dignas, respetuosas, lo que me tiene casi, casi maravillada. Por ejemplo, la forma de tratar la supuesta atracción homosexual de Claudio hacia Marcelo, aunque se empleen palabras que no me gustan -maricón, mariconcete- se hace hasta con cariño, y, desde luego, con profunda simpatía hacia ese gordito divino que al final se termina robando la película. Porque para mí, él es el verdadero héroe, más que Pilar, la narradora o Marcelo y Helena. Aunque el final sea de película y aunque las apariciones de Lyon sean escasas, siempre brilla con luz propia: al comienzo, con la sombra del complejo, de las burlas, de sentirse mirado en menos, pasado a llevar, de tener cero gracia para bailar, de ser poco atractivo en medio de chicos y chicas guapos (aunque Pilar dice que siempre lo encontró buenmozo y puede ser cierto: pudo tener cara blancucha y ser un poco rollizo, pero hay gorditos de comérselos) hasta, finalmente, emerger en todo el esplendor de un hombre maduro, victorioso, seguro de sí mismo, aplomado, con los pies bien puestos sobre la tierra y no solo debido al dinero que posee en cantidades industriales, sino, sobre todo, porque él mismo ya sabe lo que quiere, quién es, ha encontrado su identidad. ¿Se han fijado que todos los matones, muchos jóvenes que fueron bellos, tantos triunfadores juveniles, yo diría que la gran mayoría, terminan de adultos hechos unas bolsas, unos fracasos, unas plastas y unas latas como seres humanos? Bueno, lo mismo se aplica a tantas mujeres parecidas a quienes la belleza les pudo ayudar, y a lo largo de la vida, se arruinan como seres humanos. Mis reflexiones no son muy literarias, pero creo que ésa es la gracia de “El verano sin verano”: se presta para reflexionar y meditar tanto. Y, por supuesto, los felicito por esta iniciativa notable.

  83. Sí, yo también creo que Lyon se roba la película, al igual que Alberto Torrijos en “La dictadura del proletariado”, el primer libro de Camilo. Ambos tienen en común el hecho de ser infelices o pasados a llevar en la infancia y ambos maduran y resultan victoriosos en eso que se llama la lucha por la vida. La diferencia, claro, es enorme, porque Torrijos pierde la inocencia y se convierte en un ser frío, malvado, absolutamente seguro de sí mismo y con un plan preconcebido para destruir las vidas de las familias a quienes tiene frente a sí, cuando a su ex compañero Stolzenbach se le ocurre la malhadada idea de invitarlo a la fiesta en que todos los ex amigos de ese internado se reunían. Si bien la venganza de Torrijos contra quienes lo humillaron y se burlaron sin cesar de él cuando chico es muy justificada, ella se extiende también a las esposas y a los hijos de esos mismos compañeros y a mí me pareció espantoso, sobre todo, ese desenlace magistral, cuando se descubre que uno de los chicos se suicidó por culpa del alemán de quien estaba enamorado. Lyon es harina de otro costal y la gracia de Camilo o de “El verano sin verano” es que logra convencernos de que entre la gente rica, riquísima, hay también personas decentes, valientes, dignas, con coraje espiritual e incluso físico. Me hubiera gustado mucho que ese gran personaje se desarrollara más, que hubiera participado en más hechos, pero los hechos, que marcan la vida de Pilar, una periodista al fin y al cabo, solo incluyen a Lyon al comienzo y en el fantástico final. No me dieron nada de lata sus discursos jurídicos, porque los pude entender y creo que cualquier persona los entiende bien. Al fin y al cabo, vivimos en uno de los países más legalistas del mundo: creo que es el único donde en la calle y en los quioscos de diarios se venden leyes y la gente las compra. Así que esa página y media o ese par de páginas con las disq

  84. disquisiciones del magistrado, para mí fueron incluso entretenidas. Y, claro, cumplen una función, de la que no sé si Camilo fue o no consciente mientras escribía su relato: aflojan la enorme tensión que se genera durante el encuentro de los viejos amigos de la infancia, cuando Pilar no sabe qué terreno está pisando y Lyon se lo aclara en plenitud. Bravo por este verano y bravo, bravo, muchas veces bravo por esta iniciativa.

  85. “El verano sin verano” me encantó, pero creo que olvidé decir algo esencial: por supuesto, prefiero los libros en su soporte natural, el olor de las hojas, las tapas, las encuadernaciones, todo lo que va asociado con ese objeto precioso. Pero Uds. han hecho, por lo menos para mí, por primera vez agradable, hasta apasionante la posibilidad de leer en la pantalla. Son tantas las imbecilidades que, por obligación, debemos esforzarnos en leer, hasta quedar sin vista y he aquí que nos ponen literatura, y de la buena. Muchas felicitaciones.

  86. Concuerdo plenamente con lo anterior y dejo constancia de ello: ¡muchas, muchas felciitaciones y que les vaya muy, pero muy bien con este proyecto! Lo quepasa es que, como conozco a Camilo desde la infancia o, mejor dicho, la juventud temprana y, claro, aunque sabía que leía mucho, que su madre también lo hacía, nunca sospeché que llegaría a ser un crítico literario, tal vez el más importante de Chile y menos que también se convertiría en un notable narrador. Eso ha sido una sorpresa grandiosa, no totalmente inesperada, pero sí una gratísima sorpresa. De nuevo, felicitaciones y continúen adelante, porque van a tener todo el apoyo del mundo, que se lo merecen.

  87. Bueno, ya han recibido tantas felicitaciones que una más, la mía, no les va a venir mal, supongo. Pero me gustaría referirme, brevemente, a dos aspectos que aquí se han tratado con profusión: el tema de los dd hh y el de la desigualdad social, junto al prejuicio, el racismo, el clasismo chileno. “El verano sin verano” aborda ambos temas con total claridad, sin ningún equívoco, diciendo las cosas como son, pero, claro, como ficción literaria, deja muchas cosas en la sombra y la duda: Helena y Marcelo son vistos solo bajo los ojos de Pilar y, muy a la pasada, de otra gente que dice cosas sobre ellos, que a la narradora le rebotan, hasta que termina perdiendo la inocencia, Lyon, el objeto de las burlas de chicos y chicas por ser afeminado (¿qué es ser afeminado, a todo esto? : en Uruguay, cuando fui una vez de chico, decían que, cuando una persona hablaba de una determinada manera, o era chileno o era maricón, o sea, a todos los chilenos nos encontraban maricones, ¿Y qué?); el marido de Helena, que tiene el mismo nombre de un ex preso político con quien compartí prisión, otro enigma, Marta, muy coqueta de niña y totalmente insegura de grande, y, claro, la guinda de la torta, Rosita: ¿es tonta, es inteligente, es bella, es simpática o insoportable, qué o quién es Rosita? Porque, para haberse agarrado al gran Lyon, que de tonto no tiene un pelo, alguna gracia debe tener. Le voy a inventar una historia: fracasó en uno o dos matrimonios, se volvió progresista por culpa de sus hijos y ahora debe ser una dama ecologista, opuesta a las represas, simpatizante de los mapuches, enemiga de las transnacionales que se están llevando medio país mientras destruyen el medio ambiente. ¿Por qué no? ¿Es acaso remotamente posible que Lyon se case con una tarada? Del todo imposible, porque alguien como él no se puede dejar engatusar por una tontorrona, a quien le gusta la vida social y las bodas por la Iglesia pero que, de seguro, tiene ideas propias.

  88. No me atrevo a hacer vistazos panorámicos, me cargan las encuestas, detesato las generalizaciones, pero este pequeño espacio dentro de la vasta conjura de la internet, debe ser uno de los pocos donde se dicen cosas inteligentes, con altura de miras, agudas, originales, bien escritas y expresadas. Eso se debe, por cierto, a la calidad de “El verano sin verano” y a la notable inciativa que han tenido. Prometo leer todos los demás cuentos, todos, sin excepción (la verdad es que ya pesqué un par, los empecé y no tuve paciencia, pero la sacaré de alguna parte). Ahora, que el texto de Camilo haya tenido más repercusión es natural: Uds. son los principales responsables, ya que lo estuvieron anunciando un mes y las demás razones se han dado aquí, de modo que no las voy a repetir.

  89. Por mí, seguiría escribiendo como si me dirigiera a Camilo, pero como él es una nulidad y no debe haber leído nada de lo que sale aquí, voy a hacer una acotación extra al relato: creo que Claudio Lyon está inspirado en algunos pocos jueces decentes que hubo durante la dictadura: Carlos Cerda, Milton Juica, Marcos Libedinsky, Juan Guzmán, aunque este último mostró su real personalidad con la llegada de la transición democrática. Sin embargo, el toque de su infancia desventurada, de ser objeto de burlas, hasta calificársele de “mariposón” por la misma mujer que después caería en sus garras o él en las de ella, para salir victorioso y darnos, como dice Pilar, la sorpresa del siglo, es típico de Camilo y de nadie más que Camilo. Y, por supuesto, muchas felicitaciones.

  90. A mí me es completamente imposible hablar con objetividad de este relato porque adoro a mi tío Camilo, es una de las personas que más quiero en el mundo, así que, por favor, no me exijan lo imposible. Sin embargo, creo que se puede ser justo y objetivo queriendo a alguien y hay mucha justicia en todo lo que aquí se ha expresado acerca de “El verano sin verano”, mucha verdad, mucha inteligencia y talento. Yo no viví el horror que vivió Camilo y los de su generación, pero la dictadura de Pinochet me resulta una de las cosas más repugnantes de que haya tenido conocimiento. Y en esta novela corta o cuento largo está detrás de todo y de todos: parece que esas vacaciones a lo Tom Sawyer no terminarán nunca y resulta que fue a los pocos años -porque 8 o 10 años no son nada, absolutamente nada en la historia- cuando el horrror total llegó a Chile, parece que los chicos están viviendo en una postal perfecta y terminan todos destruidos -los genocidas o delatores, los narcotraficantes, los polìticos corruptos- mientras solo se salvan unos pocos, en concreto dos: Pilar y Claudio. Claro que Pilar continuará pasando pellejerías económicas mientras Claudio nunca las va a conocer. ¿Por qué no se casaron los dos? Bueno, Pilar tiene una pareja, a la que parece querer y también dos hijos, de los que apenas sabemos algo, pero lo suficiente como para adivinar que hay algo férreo que los une, tal vez sea el cariño unido a que todos piensan parecido (porque si hay cariño pero uno es fascista y el otro u otra comunista, no creo que duren mucho). Como sea, me siento feliz de haber escrito algo que no sean puras loas a Camilo.

  91. Acabo de leer y escuchar las opiniones de Camilo a propósito del reciente Nobel. Sé que no tiene nada que ver con esto, pero, de cierta forma, hay algo: la justicia: ¿cómo va a ser posible que una academia de un país de 8 millones de habitantes que hablan un idioma que solo ellos entiendan decidan todos los años cuál es el mejor escritor o escritora dle mundo? ¿Cómo es posible que a 20 años de iniciada la transición democrática no se separa el paradero de los detenidos desapaarecidos, a pesar de gente decente como el juez Lyon de este relato, de periodistas cuyos maridos estuvieron presos como Pilar, del trabajo de miles de personas anónimas por encontrrar los restos de sus seres queridos, sean secuestrados o ejecutados sin juicio? Definitivamente no hay justicia en el mundo, la literatura es una porquería, salvo algunas buenas cosas que aparecen de vez en cuando, los suecos son unos ignorantes, el mundo está patas arriba -si no están de acuerdo, ¡miren lo que pasa en EEUU, que ahora se ha vuelto socialista!- y “El verano sin verano” me ha vuelto a hacer revivir todo esto y mucho más.

  92. Por supuesto, el único, absolutamente el único en Chile que sabía quien es el Sr. Le Clezio es Camilo Marks. ¿Es eso extraño? Claro que no, porque nadie, nadie sabe tanto de literatura, de la excelsa, la buena, la entretenida, la mala, y la peor de todas, esa que es generalmente premiada, como ocurre con este caballero. ¿Pero por qué nos extraña tanto que los suecos, que no saben ni siquiera dónde se encuentra Noruega, que es su país limítrofe, carezcan de las más elementales nociones de literatura? Si Camilo estuviera en esa academia, de seguro que le daría el premio a “El verano sin verano”, para acto seguido, disolverla para siempre. Ah, antes que se me olvide, muchas felicitaciones por esta iniciativa.

  93. Escuché una entrevista a Camilo a propósito del reciente Nobel y tuve que restregarme los ojos, rascarme la espalda, sacudirme entero para creer lo que oía. Pero como siempre, detrás de su vehemencia, su pasión, su anhelo de justicia, está la verdad, aunque sea la mentira de lo verdadero y el peligro de “El verano sin verano”.

  94. He leído lo anterior y puedo asegurar, desde donde estoy provisoriamente visitando a mi hijo, en Camden Town, Londres, que Le Clezio es un trasnochado que usó técnicas surrealistas, recursos de vanguardia trasnochados, una prosa plúmbea, un estilo comatoso en libros que nadie, pero nadie recordará, porque a ese caballero ni siquiera lo conocen en su casa a la hora del desayuno. En cambio, “El verano sin verano”, en su estructura clásica, algunos dirán reaccionaria, otros, tan inteligentes como Roberto Hozven, quien el domingo pasado, en la Revista de Libros de El Mercurio hizo la mejor crítica literaria que he leído en décadas y que se refería, por supuesto, a “La sinfonía fantástica”, ña grasnsiosa novela de Camilo Marks, calificarán como el lenguaje del Otro, ese idioma que todos conocemos pero no queremos reconocer, ese lenguaje invisible que nos rodea, el de la obscenidad, la vulgaridad, lo folletinesco barato que rodea nuestras vidas. “El verano sin verano no desarrolla el estilo panfletario ni es tampoco una crítica ideológica, sino algo mucho más profundo, mucho más sentido, hondo, que cala en nuestras emociones y sentimientos, porque la historia nos concierne a todos, es de todos, ha sido parte de nuestras vidas durante los 17 años de pesadilla dictatorial y durante 20 años de transicón…¿a qué? A lo mejor a ser los desechos de la debacle de Wall Street, a las colas eternas de desocupados hambrientos, a la fuga de capitales “chilenos” -que de chilenos no tienen nada- a las islas Caimán. Así y todo, Pilar y Lyon nos salvan, aunque sea a la pasada, porque nada ni nadie nos salvará de lo que viene a continuación, para lo que nadie está preparado. El matrimonio del mariconcito estupedno y la astuta Rosita es una mentira más de estos libros de mentira, por lo que me sumo a las felicitaciones.

  95. He aullado de risa cuando Camilo despachó, en la mañana por radio y en la noche en el noticiario central de TVN, a Le Clezio como una de las latas más grandes del siglo XX, para después dejar al Nobel a la altura del concurso Miss Universo o los Oscares de Hollywood. “El verano sin verano” no tiene nada de eso, es una historia digna, sencilla, emotiva, con elementos policiales que se derivan, y eso es obvio, del profundo conocimiento de Camilo Marks acerca de ese género. Y para ser otro majadero, me sumo a las felciitaciones que han recibido por esta notable inciativa.

  96. Bravo Camilo, dejaste al Nobel, a los suecos, y a la literatura “oficial” de todo el mundo como chaleco de mono. ¿Qué otro sino tú puede hacerlo? Nadie en ese país de mentecatos, tontos e ignorantes. Y tu verano eterno, lánguido, y al final, violento, brillante, emotivo, creador, surgirá incólume al lado de las bazofias de las que se preocupan los periodistas literarios.

  97. Gracias por la tarde de hoy, Camilo querido y gracias por darme el dato de esta nouvelle espléndida, maravillosa. Me siento absolutamente en deuda por no haber leído tus anteriores libros, pero “El verano sin verano” terminó por convencerme de lo que he venido oyendo de mucha gente hace mucho tiempo: eres el único que conoce a fondo el tema de los dd hh y puedes darle un tratamiento literario, lejos del panfleto, eres uno de los mejores narradores que tenemos y, claro, eso no es novedad, lejos, pero lejísimos, el mejor crítico del pais y quizá de Sudamérica. ¿Pero es esto novedad cuando lo sabe todo el mundo? No, claro, la novedad es este relato tan bien escrito, tan bien estructurado, tan excelente, tan magistral y me paro aquí porque no soy de las que se derriten en cumplidos ni me sumaré a las felicitaciones de tus brillantes alumnos que han tenido esta idea luminosa. Gracias a todos, como sea..

  98. Camilito querido: ni se te ocurra darte una vuelta por Suecia, porque te matan. En verdad, esto es una broma, porque el Nobel les importa menos a los suecos que a nadie, les da lo mismo, no es noticia, es la nada misma. Y, claro, he releído tu relato, me gustaría imprimirlo para mis alumnos de español, porque tu empleo de nuestro idioma es perfecto, pero, por desgracia, no se puede. Aunque les advierto a los autores de los libros de mentira que ya encontraremos un método de hacerlo. Mientras tanto, espero que muchos y muchas sigan leyendo este verano que sigue penándonos y nos seguirá obsesionando por el resto de nuestras vidas.

  99. bRAVO POR LA ALONDRA QUE SE ELEVA Y SE ELEVA EN EL Azur infinito, que se acerca cada vez más al fiirmaMENTO, que gira en el aire desafiando las tormentas, los vientos, las tempestaades, el frío, las nevazones. ¿Son Pilar, Lyon, Macelo Urbina, Helena sin apellido pero causante de la guerra de Troya, o somos nosotros, los lectores, que, gracias a la magia de estos versos y a la prosa límpida de “El verano sin verano” le encontramsos un sentido al sinsentido de la vida actual, tan estéril, tonta, ruidosa, llena de mugre y horror? Naturalmente, el relato es maravilloso, pero la idea de tus estudiantes también lo es.

  100. Por lo visto, me he equivocado medio a medio con mis apreciaciones en torno a la falta de ideas, ausencia de argumentos, fomedad, carencia total de iniciativas, mediocridad supremas que reinan en Chile. Por lo menos, “El verano sin vcerano” ha dado lugar a un inrtercambio como no veía hace mucho tiempo y que, sinceramente, espero continúe un buen tiempo. Gracias por esta maravillosa oportunidad de creer que en mi país nativo no reina solo la estupidez suprema.

  101. Estoy leyendo “La sinfonía fantástica”, que es exactamente lo que su nombre indica, un edificio en prosa con música, vida y lenguaje. Pero como me llegó el dato, acabo de dar con este sitio y, perdonen los demás escritores y los creadores de este brillante proyecto, me lancé, literalmente me abalancé y me sumergí en “El verano sin verano”. No he querido ni mirar nada de lo que hay más arriba porque deseo estar lejos de cualquiera opinión o comentario de los que se han manejado en torno a este bellísimo, triste, desgarrador, desconcertante, sopresivo relato. En una entrevista, no recuerdo cuál, porque ahora parece uno de los personajes más entrevistados de Chile, Camilo dijo que la novela corta le venía mejor que aquella de amplia extensión, como la última que publicó. No estoy para nada de acuerdo con él, pero igual esta historia está tan bien escrita qeu simplemente uno no lo puede creer. Pertenezco a la primera generación de estudiantes de periodismo de la Usach y Camilo es, fue uno de esos profesores, esos poquísimos profesores que a uno le dejan una huella honda e imborrable, por muchas, por tantas cosas que enumerarlas sería la materia de otra novela. Sin embargo, nunca leí sus críticas literarias y, claro, cuando apareció en Hora 25 empecé a seguirlo más de cerca, hasta el punto de querer ahora leer todo lo que ha escrito. Y lo que les ha entregado a Uds. es notable, verdaderamente estupendo. Los felicito, por él y por la iniciativa de poder leer gratis. Prometo darme tiempo para el resto de los cuentos, aunque, por ahora, me quedaré saboreando este verano dulce y amargo, triste y feliz, extraño y tan normal como las vacaciones de todos nosotros cuando fuimos niños.

  102. Parece que nada de lo que hace o diga Camilo pasa ahora inadvertido y debe ser una lata para él, porque me consta que, aun siendo tan histriónico, odia eso que se llama fama, celebridad, reputación, lo que sea. Ayer y hoy día fue por el, aparentemente, desastroso Nobel al justamente ignorado Le Clezio, pero yo quiero volver a referirme, en un par de líneas a “El verano sin verano? ¿Es posible tratar una historia familiar, personal, íntima, con tanta finura y es posible finalizarla con esa sorpresa que nos remite a las peores violaciones de dd hh cometidas en el país? Yo pensaba que era imposible, pero esta novela corta o nouvelle ha contradicho todo lo que creía y ha sacudido mis más asentados juicios y opiniones. Felicitaciones por el relato y por la inciiativa de poder leer gratis, aunque sea en pantalla, que no es mi forma habitual de hacerlo.

  103. Me he informado por ahí, ya no recuerdo de dónde, que “El verano sin verano” formará parte de una trilogía relacionada, de una u otra forma, con el tema de los detenidos desaparecidos. Espero que aparezca luego, aunque con los criterios editoriales chilenos, más raros que el clima actual, nunca se puede saber.
    Y para mantener el clima de respeto y mutuo intercambio, a veces muy vivaz, que se ha generado a partir de esta novela corta, diré que estoy en completo desacuerdo con quienes se sienten choqueados por el final y el gato por liebre que se mete entre las listas de víctimas de la dictadura. Me consta que muchos no fueron calificados en el Informe Rettig por criterios conservadores o antojadizos con respecto al tema, y lo mismo sucedió en sucesivos informes de sucesivas comisiones, en tanto las personas que murieron por acciones de la oposición, en actos violentos a mi juicio justificados en la legítima defensa de un pueblo o unas personas que todos los días eran atropellados por los militares, sí formaron parte de los listados de esa comisión y otras subsiguientes. De modo que sí hay personas excluídas de las listas oficiales de víctimas a sus derechos básicos. Y esto se debe a que las personas que formaron parte de esas comisiones o bien ignoraban un requisito esencial acerca de lo que son las violaciones a los dd hh, o bien se quisieron acomodar con elementos derechistas y ultramontanos. El titular de los derechos humanos es el estado y no los particulares o las asociaciones de individuos. Eso significa que si mato a alguien, cometo homicidio, pero no violo sus dd hh e incluso si llevo a cabo un horrendo crimen terrorista, estoy efectuando un crimen grave, pero no violo los dd hh de las personas. Porque solo el Estado y nada más que el Estado puede hacerlo. Esto, que parece tan simple de entender, es sistemáticamente ignorado en Chile y otras partes del mundo. La Gestapo y los SS de Alemania, la Dina y la CNI, en Chile son los organismos que conculcaron sistemáticamente los dd hh en nuestro país y no los particulares. No es el tema de esta nouvelle, pero aclararlo me parece muy importante.

  104. Tanta tinta vertida, o tanto tecleo a raíz de este nouvelle “El verano sin verano” me hacen renacer, aunque sea por poco tiempo, las esperanzas en el futuro de la literatura chilena. No es que Camilo sea el mesías ni el salvador, pero por algo su historia ha servido para sacar al aire los fantasmas que por tanto tiempo nos han acechado. Felicitaciones de nuevo, a él y a Uds.

  105. “El verano sin verano” es, simplemente, poético, precioso, emocionante, me llegó al alma, al corazón, lo sentí, lo olí, lo estuve tanteando con las manos, brotaron miles de memorias y recuerdos sepultados a raíz de su lectura y eso es notable y merece una lista de adjetivos que no voy a dar para abstenerme de caer en la alabanza cargante.

  106. Me voy a dedicar un par de horas del fin de semana a leer todo lo que se ha escrito aquí a propósito de “El verano sin verano”. No me resulta extraño, porque Camilo es capaz de concitar adhesón, polémica, rechazo, gratitud, simpatía, muchos sentimientos contradictorios y, a la vez, genuina admiración por sus ilimitados conocimientos, literarios y los otros. Por eso, este relato ha sido una especie de minifenómeno delque encuentro que tanto su autor como Uds. deben sentirse orgullosos.

  107. Ni aunque me paguen en yenes o euros, dada la caída del dólar, leería de una sentada todo lo anterior, pero también me daré el trabajo de hacerlo, poco a poco. Los felicito por haber publicado un relato de tanta calidad y que, sin proponérselo el autor, de eso estoy 100% seguro, ha producido tanto revuelo, tantas opiniones divergentes, paralelas, convergentes. “El verano sin verano” es literatura, pero también traspasa las barreras de lo literario y quizás ahí está su mayor gracia.

  108. Me dan ganas de escribir un largo ensayo sobre las, hasta ahora, inexistentes relaciones entre literatura y dd hh, porque creo que, al fin, alguien en Chile está escribiendo sobre el tema, aunque sea a la pasada, aunque sea de refilón, de modo latreral, como que no quiere la cosa, dándonos la sorpresa del siglo, como dice Pilar que se la dio Lyon, con esta historia donde hay vida, emoción, pasión, contenida, claro, pero pasión al fin y al cabo y una media docena de personajes inolvidables. ¡Qué diferencia con la mayoría de las latas que se publican en Chile, en el mejor de los casos, escritas con gusto a galletas de agua con quesillo, en el peor, bodrios ilegibles. Bravo por este verano que nos sigue dando vueltas a todos los que lo hemos conocido.

  109. No puedo dejar de expresar, otra vez más, lo que me emocionó este relato o novela corta o como le llamen los especialistas en calificar o clasificar los géneros literarios. Para mí da lo mismo eso, porque lo importante es el fondo: una historia original, cargada de sentido, sensible hasta el punto de casi, o no casi, sino hacerte caer las lágrimas. Bueno, y también es muy importante la forma, aunque ambos no puedan separarse: tres partes de extensión similar, cada una relacionada con la otra, desde la exposición hasta el desenlace. Felicito a mi tío y los felicito a Uds.

  110. Ya lo he leído varias veces y siempre le encuentro un sentido y un significado distintos. Me he dado cuenta que lo que pensaba al comienzo, que el relato no pudo haberse escrito en ningún otro lugar que no fuera Chile, bien puede originarse en Sudáfrica, Argentina, Uruguay, Brasil o Rusia. Sí, el campo descrito, aunque sea tan del sur de Chile, tiene algo parecido a las aldeas de Turgueniev, a los pueblos de Dostoievski, de Tolstoi o Lermontov donde la vida discurre con placidez hasta que se desencadena una tragedia. En este caso, es una revelación y una suplantación, pero viene siendo lo mismo, ¿o no?

  111. Estaba trastornada mientras duró vuestro desperfecto, menos mal que se arregló, voy saliendo. ¿Es posible hacer un paralelo entre esta historia sublime y las desopilantes, descaradas, únicas, originales, verídicas declaraciones de Camilo hechas la semana pasada a propósito del Nobel, que dieron la vuelta al mundo y que le valieron incluso una entrevista en la radio más importante de Colombia?

  112. Los felicito por su iniciativa, porque estoy un poco marginada de la actual literatura chilena. Y, desde luego, los felicito sobremanera por haber conseguido el espléndido, excepcional relato o nouvelle que es “El verano sin verano”. No viví los años de dictadura aquí, pero me he tragado algunas, mejor dicho demasiadas, en Bolivia y la historia refleja, por un lado, lo que parece haber sido un país idílico, claro, con todas esas cosas romanticonas que los chilenos tienen acerca de su glorioso pasado republicano, pero hay algo de cierto en ello, y, por el otro, la brutal interrupción de una de las más antiguas y prestigiosas democracias del mundo por el bestial qolpe que asesinó a Allende en 1973. Y lo mejor de todo es que se hace con una prosa impecable, un estilo depurado y, lo más importante, una buena historia que contar. ¡Qué difícil parece hoy en día tener buenas historias para contar! A lo mejor por eso Isabel Allende tiene tanto éxito, será facilona, será medio cursi, será sentimentaloide, pero tiene historias por miles debajo de la manga. Y parece que el crítico principal de Chile también las tiene, vaya qué sorpesa y qué gran sopresa.

  113. Terminé de leerlo hace poco. Me ha parecido extraordinario. Cómo puedo decir lo que me pasó con las personas, porque no solo eran ellas, sino también dónde estaban y qué hacían. Poco a poco se amalgamaron personas, paisajes naturales. Y hechos, hechos, como un fondo, un telón que era soporte de ese tejido. Las cuentas rojas del collar aparecieron y se quedaron para todo el resto del tiempo. Esa imagen es preciosa, como la mancha de color en una pintura. También el presagio. Me gustó mucho cómo se presentaban los personajes y la naturalidad, la natural, surgieron diferentes años después, pero seguían siendo los que conocimos al comienzo y sobre los que había tantas preguntas. Y una emocionante humanidad. Es difícil mezclar acontecimientos que se encuentran en dimensiones diferentes (aparentemente), como aquellos tan aparentemente pequeños, tan familiares y acotados como los que ocurren en un verano, con anécdotas tan concretas y por otro lado engranarlas con un contexto nacional. Está tremendamente bien contado.

  114. Me fascinó el comentario anterior, que los académicos que no saben nada de literatura en este país, pese a sus doctorados en universidades de 20ª categoría, calificacarían como “impresionista”. ¡Pero qué bien expresadas esas impresiones, esas meditaciones introspectivas, qué bien y cuánto mejor resumen este bellísimo relato que lo que hacen, repito, los prfesores de literatura, especialmente los universitarios, que matan para siempre el interés por leer en sus alumnos! Aquí hay emoción, sentimiento, humanidad y eso es lo que vale. Los felicito de todo corazón y felicito con ardor a la autora de la anterior reseña.

  115. Estoy de acuerdo con quienes han dicho que esto no debe, por ningún motivo, trasnsformarse en una especie de cartas de amor a mi queridísimo Camilito, pero he vuelto a leer su relato, y no he podido parar de llorar al sentir cuánto le habría gustado a Loreto, su madre, quien fue mi mejor amiga, mi hermana en verdad. Me ha impactado el entusiasmo que despierta, el cariño que le tienen miuchos que ni siquiera lo conocen y eso se debe, con seguridad, a su manera de escribir, que es tan buena y tan humana a la vez, con una prosa de tal calidad -bueno, yo no soy experta en literatura, pero me puedo dar perfecta cuenta cuando una prosa es valiosa y cuando no lo es- y con historias que te llegan al alma y al corazón. Por eso me gustó tanto el comentario de Sonia Arnal, a quien conozco -muchos de los que hemos escrito aquí no tenemos idea quién es el otro, y mucho mejor que sea así- , porque ella, con belleza y esa forma de decir las cosas tan natural y espontánea, dijo lo que muchos, quizá todos hemos sentido al leer “El verano sin verano”: las cuentas del collar aparecieron y se quedaron para todo el tiempo. Es precisamente lo que sentí al leer esta novela por primera vez, aunque, claro, no tengo ese don poético para expresarme ni domino tanto el idioma como para ponerlo con tales palabras. Felcitaciones a ustedes, los ex alumnos de Camilito (por favor, que no se enteren que lo llamo así a diferencia de su padre, del mismo nombre, pero a quien nadie jamás le dijo “ito”) y, de nuevo, congratulaciones para él.

  116. Totalmente de acuerdo con Raquel y cómo no voy a estarlo si, en primer lugar, es mi madre y, en segundo, le quité el computador para poner mis propias palabras. Tengo la sensación de que, poco a poco, el talento de Camilo se está imponiendo y eso no se debe, como tantos creen, a sus histriónicas apariciones en ese programa freak, que a mí me gusta solo cuando aparece él (los demás deben ser un poco envidiosos, porque les hace sombra a todos, pero es una tincada no más, mal pensada como soy). Por muchos años, sus indudables y crecientes dotes literarias estuvieorn sepultadas en el trabajo de dd hh, luego creo que también la crítica literaria en medios de circulación nacional le ha impedido, en cierto modo, desarrollar su capacidad para escribir novelas, cuentos, novelas cortas y el trabajo que hace como docente, que es agotador, porque me consta que tiene que soportar a universitarios que se comportan peor que en un kindergarten, tiene que quitarle demasiado tiempo para lo mejor que sabe hacer: contarnos historias maravillosa como ésta, preparar buenas novelas, conseguir que lo lean en un país donde el libro y la lectura han pasado a ser objetos en vías de extinción, en el pirmer caso y un hábito desprestigiado en el segundo. Y el patito feo de esta historia no es Pilar ni tampoco Lyon, sino Camilo, que ahora se está, al fin y un poco tarde para mi gusto, revelando como un genuino escritor.

  117. Nada de patitos feos con Camilo porque, aunque no entro en la categoría de los que lo conocen en persona, lo he visto en fotos y en unos dvd que me prestaron de Hora 25 y, claro, no vamos a decir que es el Tom Cruise de Chile, pero feo no es, aunque un poco flacuchento para mi gusto. En cuanto a la historia, es una lástima y un bochorno que no se pueda imprimir, porque ya la habría hecho circular en medio mundo, puesto que tampoco se puede enviar por mail a quienes a uno le interese. Y si bien no estoy obsesionada con los temas de género -por desgracia, menos lo estoy con los dd hh, fueron demasiadas las desilusiones que nos han dado los sucesivos gobiernos de la concertación- me parece loable destacar cómo en esta nouvelle se entrecruzan la ambigüedad sexual, cómo una chica de 12 años se obsesiona con una pareja, sobre todo con el chico que bailaba tan bien y fue tan insensible con la mujer que dejó esperando un hijo suyo, pero también con Helena, que habla un poco más que Marcelo Urbina, quien ni siquiera profiere una sílaba, y, finalmente, con la justicia para ambos, es decir, para el hijo o hija de la guerrera mapuche, la nadadora, la masculina Helena, contrapunto al afeminado Lyon quien, como tantos chicos así, termina demostrando que es todo un hombre, un hombre hecho y derecho.Que haya sido gay o que lo siga siendo me parece una hipótesis, hasta cierto punto, relevante, porque le añade mucha sal a la novela: si la misma Pilar afirma, al final, que Claudio es demasiado posme para esas cosas, pero es que ella no sabe nada del magistrado ahora tan elegante. ¿Y cómo va a saberlo si han pasado dos generaciones y media desde la última vez que se vieron? Imposible que lo sepa. Para mí, el juez debe ser un hombre al que le gustan los hombres pero que ya no se atrevió nunca más a salir del closet. ¿Y cómo lo va a hacer en un país como Chile, donde eso era un delito grave hasta hace poco tiempo y él mismo, cuando fue juez y antes de llegar a la Corte de Apelaciones de Santiago -el tribunal más importante de Chile, ojo, más aun que la Corte Suprema, porque es el que conoce las causas más grandes que se llevan en la nación- de seguro conoció casos de gente que metían presa por sodomía. Así se llamaba, con esa palabra atroz, ese crimen. Bueno, estoy plenamente segura de que, mientras era juez de primera instancia, Claudio dejaba en libertad por falta de méritos a todos los detenidos por ese motivo. Conocí un caso semejante, claro que era mujer: fue la jueza titular del Décimoquinto Juzgado del Crimen de Santiago quien, cuando un actuario le llevó el caso de un funcionario público detenido, junto a un muchacho, en una redada que la policía civil hizo en el Cine Capri, llamó a los agentes, los subió y los bajó a gritos, representándoles el enorme trabajo que ella tenía con delitos graves, como homicidios, violaciones, robos con intimidación y otros, para largarles: ¡no tienen Uds. nada mejor que hacer que irse a meter a un cine e invadir la privacidad de las personas, no son capaces de ocuparse de cosas más serias que venir aquí a disponer de mi precioso tiempo con dos ciudadanos que no le hacen mal a nadie! ¿Cómo es posible que gasten el dinero de todos los chilenos persiguiendo las costumbres privadas de hombres hechos y derechos, porque los dos imputados son hombres hechos y derechos, ambos mayorcitos y lo suficientemente adultos como para saber lo que hacen? En el acto, llamó a los dos detenidos, les pidió ¡disculpas! y ordenó su inmediata libertad, para vergüenza de nuestros detectives. ¿Qué tal la historia? Sé que es cierta porque me la contó, hace años, una abogada amiga, a quien la familia de uno de los dos detenidos -el más joven, de buena familia, unos 24 años, el otro, de clase social algo inferior, tendría unos 28 o 30-. Claro que, en mi opinión, un gesto así solo es capaz de hacerlo una mujer. Lyon, en cambio, debe haber andado con pies de plomo, aunque, a juzgar por el final, estoy también segura que jamás debe haber metido en la cárcel a nadie por esas conductas indecorosas.

  118. Estoy atónito ante la fertilidad de la imaginación de Alicia, sus despliegues retóricos y la facilidad con que se va por las ramas. Sin embargo, concuerdo plenamente con ella, ciento por ciento. Es exagerda, pero Camilo también lo es en suis críticas, es vehemente, rasgo que a Camilo Marks le sobra, es impulsiva, lo que creo que Camilo también es y, por último, le ha sacado un partido increíble a una historia que, a primera vista, parece tan sencilla. Me encantaron sus comentarios pero, por ahora, me quedo con los “impresionistas” de Sonia Arnal, quien parece más atraída por la belleza del relato que por sus derivaciones de género, políticas, de dd hh y de otras yerbas. Felicitaciones de nuevo.

  119. Soy totalmente incapaz de leer todo lo que se ha escrito sobre esta novela de Camilo Marks, a quien he seguido como abogado, crítico y ahora…escritor de ficciones (tantas personalidades ¿no esconderán a un asesino en serie?). El dato me lo pasó una amiga, quien, según creo, también ha opinado aquí y en verdad se lo agradezco, porque ando escasa de fondos, los libros están a precios prohibitivos y he podido leer este “tremendamente bien contado” (eso sí lo leí más arriba, ya que conozco a Sonia) relato gratis. Entonces se los agradezco y los felicito. Pero, por favor, que no se les suban los humos a la cabeza y hagan como el autor, quiero decir Camilo Marks, quien es la persona menos vanidosa, creída y seriota del mundo.

  120. ¿Saben el numerito que se mandó Camilo con el último Nobel, a quien calificó como una lata (aburridor en chileno), enfatizando que sería olvidado en dos años más -yo creo que en menos-, haciendo una historia del Nobel y sus increíbles omisiones, así como la ignorancia de la academia sueca, todo dicho a toda Colombia en la radio Caracol? Así que felicítense porhaber conseguido esta novela de él, porque, de pronto, nunca más escribe nada para nadie, salvo para las editoriales importantes. Esto es una broma de mal gusto, porque, tal como lo dice de modo categórico en el prólogo al espléndido libro que es “La crítica: el género de los géneros” , por ahora no existe ningún peligro de q

  121. que Camilo se empiece a tomar en serio, niguno de que se comience a dar importancia, nada de eso. He sabido, por las personas que lo tratan, que sigue siendo la persona más sencilla de trato, que jamás se ha creído nada del otro mundo, que es más bien acomplejado, lo que no está mal cuando le va tan bien, que ha perdido, eso sí, la timidez, que a veces es un loco furioso, en tanto otras es de una mansedumbre ovina, que en persona es más divertido de lo que yo lo recuerdo, en fin, un tipo macanudo, como dicen en Chile y Argentina. Pero no estoy escribiendo para echarle flores personales a él (aunque se las merece, sobre todo si tenemos en cuenta a cierta gente que lo calumnia y le tiene envidia, como una dama de un diaro de la farándula o escritores anónimos y fracasados que usan el terrorismo virtual de la internet). Mis palabras van dirigidas a la valiente y casi heroica defensa que en Chile y en Colombia hizo de la literatura latinoamericana y española actuales, a su juicio la mejor del mundo en estos momentos, sistemáticamente ignorada por los gélidos, frígidos (y no brígidos,que parece una palabra de moda en el lumpen juvenil) nórdicos, que disciernene el premio que, se presume, es el más importante del mundo y no pasa de ser algo más provinciano y parroquial que los galardones de las municipalidades más minúsculas del planeta. Por ejemplo, recordó que el primer Nobel fue para Sully Prudhomme, cuyo único poema recordable, “Le vas brisé”, es de una cursilería repelente, el segundo se lo dieron a José Echegaray, ante lo cual la RAE protestó con furia, porque era equivalente, con todo respeto, a dárselo al chileno autor de radioteatros Arturo Moya Grau, en fin, a Pontoppidan, Eucken, Björson, Sillanpäa, von Heydestam, Heyse, Mommnsen, ¡Winston Churchill! -¡Dios nos libre!-, Lagerlof, Deledda, Laxness, Pearl. S. Buck, Sinclair Lewis, ignorando a Tolstoi (murió en 1910), Ibsen (falleció en 1906), Strindberg (su deceso se produjo en 1915), Henry James (idem), Proust, Joyce, Virginia Woolf, Broch, Musil, Brecht, Tennessee Williams, Arthur Miller, Marguerite Yourcenar, Marguerite Duras y entre los españoles, a toda la generación del 98 -Unamuno, Ortega y Gasset, Azorín-, la del 27 -Alberti, Cernuda, Altolaguirre, Jorge Guillén, García Lorca quizá deba excluirse porque murió o lo asesinaron muy joven, pero igual es una omisión monstruosa- y entre los latinoamericanos Rómulo Gallegos, creador del mito más importante de la literatura hispanoamercana de la primera mitad del siglo XX -Doña Bárbara, el de la segunda es Macondo-, Cortázar, Borges, Sábato, Onetti, Guimaraes Rosa, Lezama Lima, Puig, Donoso, Rulfo, Agustín Yáñez, Alejandra Pizarnik, Juana de Ibarbourou, Severo Sarduy, Guillermo Cabrera Infante, y entre los vivos, quizá los dos mejores narradores del presente en el orbe: Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa. Todo eso se las arregló para decir en menos de 10 minutos. ¡Qué me nombren a una sola persona entre los escritores y críticos capaz de hacer una cosa semejante!

  122. Por el correo de las brujas me llegó la noticia de esta novela corta de mi abogado y amigo eterno Camilo Marks. La verdad es que me siento acomplejada de decir algo, ante semejante erudición que han demostrado los comentaristas previos, pero no puedo sino felciitarlos por la iniciativa y, sin que esto signifique menoscabo a los demás autores, por haber includio al que, según mi modesto juicio -algo de literatura sé, eso sí, soy profesora de inglés- es el mejor relato de la colección.

  123. Algo importante se me quedó en el tintero: creo que es importantísimo que Camilo haya dejado, de una vez por todas según he sabido, la latera profesión de abogado y ojalá tuviera suficiente dinero para dedicarse por entero a las letras, sin desgastarse haciendo clases mal pagadas o lidiando con monstruos malcriados o deslomándose para que los niñitos postpúberes de ahora no se aburran o, por último, teniendo la paz y la tranqulidad necesarias para poder escribir tan bien como lo hace. Claro que,. salvando las proporciones, ni Dostoievski ni Dickens ni Balzac tuvieron esa calma chicha, todo lo contrario, se tenían que esconder de los acreedores. ¿Tendrá muchos Camilo? No creo, porque, si vive cerca de la Plaza Italia, debe gastar poco y como nunca le darán becas ni premios, tendrá que continuar arreglándoselas como pueda para solventar a parte de su familia, a sus amigos y amigas y a…escrbir se ha dicho.

  124. No estoy de acuerdo en eso de que Alicia se haya ido por las ramas. Por el contrario, sus lucubraciones, algo barrocas, quizá un poco laberínticas, requieren solo un par de dedos de frente -y parece que no de frentes de machos- para pensar una, dos, tres veces en lo que ella afirma. Creo a pie juntillas en su anécdota judicial, porque me consta, como periodista que he investigado bastante en el tema y porque tengo memoria para recordar los titulares de diarios de mi infancia y juventud -¡REDADA CONTRA EL TERCER SEXO EN CINE LUX! ¡MARIPOSONES DESCUBIERTOS EN PLENO FORNICIO EN CÉNTRICOS TEATROS SANTIAGUINOS TRAS RAZZIA DE INVESTIGACIONES! ¡CARABINEROS SORPRENDE BANDA DE AVES RARAS EN EL PARQUE FORESTAL!- y cosas peores, mucho peores, mucho más obscenas y funestas, de un pasado bastante reciente, en que todo el establishment, la mayoría de los periodistas de la prensa amarilla y roja, la totalidad de los políticos se unían en su persecución, desprecio, horroroso maltrato del amor que no se atreve a expresar su nombre ( the love does not dare speak its name, Óscar Wilde). Sí, éste es, probablemente, el país más homofóbico del continenete y no olvidemos que el P. C. , en sus estatutos, hace muy poco disponía, como causal de expulsión del organismo: ser degenerado, homosexual o trotskista. Tal vez por eso Alicia llega bastante lejos en sus especulaciones, pero no olvidemos, tampoco, que recién en 1998 se derogó el infame artículo 365 del Código Penal, que castigaba con presidio a quien se hiciere reo del delito de sodomía.
    Ahora bien, ése no es, definitivamente, el tema de “El verano sin verano” que, a mi juicio, es una elegía por la pérdida de la inocencia y el reencuentro de dos seres maduros que descubren que renace su amistad, revive su camaradería, hallan que tienen mucho más en común que lo que ninguno de los dos alguna vez soñó que llegarían a tener en común y deciden, de mutuo acuerdo, incluir a un asesinado por la furia homicida de una mujer despechada, en víctima de la represión, mientras Pilar toma la determinación de encontrar a Helena para saber qué sucedió con su verano sin verano. Esas palabras finales -¿qué escritor en Chile pone las últimas palabras para explicar el título, díganme por favor quién, nómbrenme a alguno y les doy, no el Nobel tan desprestigiado, pero sí el loto?- . Por supuesto, Camilo Marks, con su técnica narrativa magistral, adquirida durante años y años de escritura, décadas de lecturas y de crítica, es el único que logra hacerlo de modo tan brillante. Y estoy segura que no va a recibir ningún premio, pero tal vez sea mucho mejor que así sea. Es mejor vender menos, no estar en las horrendas listas que incluyen a los lectores más estúpidos del continente y continuar escribiendo como solo él lo hace.

  125. Coincido ciento por ciento con Doris, que me precede, tal como Leonor precede a Álvaro en el camino al cielo al final del dramón “Dón Álvaro o la fuerza del sino”, del Duque de Rivas, convertida en la ópera “La fuerza del destino”, por Verdi. ¡Qué extraña la suerte de textos mediocres que se convirtieron en óperas geniales, como ésta o “El Trovador” u otras, provenientes de obras brillantes y que fueron eclipsadas por las óperas como “Carmen”, “Boris Godunov”, “La Traviata” (basada en la formidable novela “La dama de las camelias”, de Dumas hijo). Esta disquisición me vino a la cabeza porque sé, y además se desprende de sus novelas, sobre todo “La sinfonía fantástica” (cuya primera parte transcurre en torno a “Aída”), “Tashkent” y “La mujer sin sombra”, donde la protagonista es una soprano que odia a Chile más que nada en el mundo y viene, en plena dictadura, a cantar el rol titular de “Turandot”, para terminar arrancándose con un frentista, porque, porque… ¡sólo a Camilo se le pudo ocurrir una historia tan descabellada!
    Y digo lo anterior porque me imagino perfectamente a “El verano sin verano” como una excelente ópera de cámara, con prqueña orquesta, tipo “Ariadna en Naxos”, de Richard Strauss -37 músicos- y excelentes solistas. No se trata de una divagación fuera de contexto, sino de una variante operísitca en torno al género musical del que Camilo Marks tanto sabe y de donde ha sacado la inspiración para, por lo menos, tres de sus ficciones. Me pareció notable que, en uno de los episodios de la mejor de las novelas de “La dictadura del proletariado”, que, ciertamente es “Tashkent”, el protagonista sin nombre ni fecha de nacimiento claras, ponga a su madre como estrella suprema del bel canto. Los conocedores ya notaron y algunos pocos -no los ignorantes críticos literarios de pasquines- que cambia el nombre de su madre, Juliana Rodríguez (que fue como se llamó la abuela española de Camilo), por Giuliana Beria y que la hace una equivalente de Maria Callas, pues canta “Parsifal”, “La Valquiria”, “Beatrice di Tenda”, algo imposible para cualquiera intérprete, algo en verdad inverosímil, salvo para las cantantes de registro ilimitado del siglo XIX, para despedirse del público en el Thèatre de la Monnaie de Bruselas con “Tosca” y dedicarse por entero a la causa antiapartheid.
    ¿A qué viene este salpicón operístico? Creo que se debe a que percibo en “El verano sin verano”, en un tono menor, sofocado, pero continuo, un cierto lamento de tono operático. Es mi aporte por hoy, no paso por el mejor día en cuento a inspiración.

  126. El dato me llegó también por la vía más impensada. Hasta el momento, solo había leído a visto a Camilo Marks en televisón y me encantabansus críticas, verbales o escritas, porque es de ese tipo de personas que hablan parecido a como escriben. “El verano sin verano” es, simplemente, delicioso, sombrío, trágico, pero deja un gusto final agridulce, algo flotenado en el aire que no sé cómo explicar, una dosis de humor y nostalgia. Notable. Los felicito y también a su autor.

  127. Sé que mis palabras suenan impresionistas, pero es mi manera de escribir y no me estoy justificando por ello. Pero alego en mi favor, que el relato de Camilo Marks también tiene fuertes toques impresionistas, aunque yo prefiero llamarlos subjetivos, introspectivos, espirituales, porque eso de impresionista me suena a cuadro de Renoir, Degas, Monet o su tocayo, Camille Pisarro. ¿Y qué hay de malo en ello? La escritura de Virginia Woolf o la de gran parte de Proust también podría caer en esta categoría y, a mi juicio, son dos de los más grandes escritores que produjo el malhadado, mal terminado, maldito entre los malditos siglo XX, cuya continuación, este siglo XXI, se anuncia peor todavía. A menos, claro, que sigamos teniendo obras como “El verano sin verano”.

  128. No puedo creer que este relato haya aparecido hace dos semanas, quizá algo menos, o algo más, no tiene importancia y me lo haya perdido, cuando además es ¡gratis!. Se pasaron. Felicitaciones cordiales. Tenemos en pocas páginas, más de un cuento y menos de una novela, toda la historia reciente de Chile, envuelta en conflcitos personales, pasionales, emotivos y todo tan bien escrito, tan bien narrado, tan, pero tan excelentemente bien construido. Da gusto, dan ganas de reir y llorar al leerlo, a diferencia de tanta cosa que se publica en Chile o que nos llega de afuera y es solo basura. Esto es literario, es culto, es refinado, pero también está al alcance de todo el mundo. Conocía al autor solo por sus críticas, sin embargo, jamás me imaginé que pudiera crear ficciones de semejante calidad. ¿Por qué los críticos no hacen poesía, teatro o novela y los escritores de estos y otros géneros sí hacen crítica? Es, para mí, un misterio insondable, aunque me han dicho que ocurre, en la práctica, solo en Chile. Claro, solo en este país pueden suceder las cosas más únicas, excepcionales y extraordinarias del mundo, aunque únicas, excecpionales y extraordinarias por lo estúpidas.

  129. Quiero redondear lo de antes con dos ideas más: creo que la única persona en Chile, si no en el continente o en el mundo, que puede despachar al Nobel, a la academia sueca, a las instituciones literarias prestigiadas, falsamente prestigiadas, con un par de plabras, es Camilo Marks. Claro, aquí no hace crítica literaria, crítica de la vida o de otra cosa, sino simplemente se dedica a narrar. ¡Y cómo lo hace!

  130. La verdad es que “El verano sin verano” me gustó muchísimo y también me dejó gusto a poco. Hubiese querido saber mucho más de todos los personajes, conocer el paradero de Helena, asistir al encuentro entre ella y Pilar, o entre Pilar y el hijo o hija de ella y Marcelo y, por supuesto, enterarme de absolutamente todo, todo, todo lo relacionado con Lyon: qué hizo todos esos años, con quién se casó primero, cómo se llevó con la desafortunada mujer que se separó de él, quienes son sus hijos y qué hacen, en especial esto último. Porque sospecho que su anterior esposa debe habeer sido una derechista recalcitrante y algo me indica que sus descendientes, como pasa siempre en estos casos, tomaron partido por la madre. Bueno, a lo mejor la gracia de una novela corta como esta reside precisamente en que uno puede especular eternamente acerca de las infinitas facetas de los personajes, principales y secundarios. En “La guerra y la paz”, por ejemplo, todo queda absolutamente claro y definido para siempre en torno a Natacha y Nicolai Rostov, Pierre, Andrei y María Bolkonsky, Hélène Kuragin y la otra veintena de personajes principales, más el centenar de actores de reparto. En todo caso, creo que Camilo Marks debió haber empezado a escribir ficciones hace mucho tiempo, más del período relativamente corto que lleva haciéndolo. Porque si sus críticas son buenas y, en su tiempo, representaron una verdadera renovación, la entrada de una corriente de aire fresco que barrió los prejuicios, las ideas recibidas, los clichés y expresó claramente posiciones sin machismo, solidarias con las mujeres y las minorías, muy progresistas en todos los aspectos, sin ser nunca panfletarias, poniéndose incluso de lado opuesto al que creo es el suyo para tratar de entender bien a los demás, es en sus novelas y relatos donde se luce más. Por mí, debería incluso dejar la crítica y dedicarse solo a la literatura de la imaginación. Pero ¿quién le pagaría entonces?

  131. Entretenido, conmovedor, divertido, todo lo que se pueda decir es poco. El tratamiento de los dd hh, discutible o no, es delicado y bien hecho, las interpretaciones pueden ser muchas, las ideas quedan dando vueltas en la cabeza, pero hay momentos y figuras inolvidables y eso, hoy por hoy, se agradece.

  132. A mí, que estoy tratando de ponerme al día en todo loque se ha escrito aquí, lo que me tomará su bien tiempo, me parece que el máximo atractivo de la novela reside en la enorme posibilidad de interpretarla y reinterpretarla, de darla vueltas arriba y abajo, de buscar distintos derroteros a los personajes, en fin, pertenece a esa rara clase de relatos que te siguen acosando después de haberlos leído, que te acechan a cualquiera hora del día, que te hacen recordar lo que no quieres recordar o bien te obligan a revivir lo que nunca hs deseado revivir. “El verano sin verano” es eso: la interpretación de una interpretación.

  133. Lean la entrevista que salió la semana pasada en Cooperativa y el numerito que se mandó este escritor con el Nobel y, aunque parezca no tener nada que ver con “El verano sin verano”, una historia tan bien armada, tan arquitectónica, por decirlo de algún modo, creo que todo lo que hace Camilo Marks tiene relación, aunque parezca contradecirse a cada rato y con cada cosa que hace. Porque este relato también encierra un mundo, un universo de contradicciones no resueltas y eso, tal vez, sea lo mejor, lo más maravilloso de la literatura.

  134. Desde luego que el cuento o novela corta me encantó. ¿Quién sino Camilo Marks puede escribir una historia tan sencilla, tan emotiva, tan punzante, donde aborda el tema de los dd hh y repasa la vida de dos generaciones y media? Nadie, salvo él, quien, aunque a muchos no les guste, es el mejor crítico literario de Chile y una peronsa admirable.

  135. Camilo Marks fue un inolvidable profesor y esta nouvelle es inovidable por varias razones: su trama, su estilo clásico y sin pretensiones, el lenguaje accesible, pero culto, elegante, distinguido, la forma irónica, a la vez distante y próxima, de desarrollar los acontecimientos, el crescendo dramático y la serie de sorpresas que se van develando, de modo paradojal, casi sarcástico, en un tema tan terrible, pero que solo este crítico y narrador logra volver humano, demasiado humano. “El verano sin verano” pasará a ser, si no un clásico, porque eso se mide en 50 o 100 años, por lo menos uno de los mejores relatos de fechas recientes en torno a un encadenamiento de sucesos que van de la infancia remota de los protagonistas a su edad madura, los fantasmas de los ausentes, la descripción de la injusticia permanente en este país de injusticias permanentes y, en especial, un recordatorio a los que no vivimos ese horror, pero hemos ido sabiendo, mal que nos pese, sobre él. En suma, una nouvelle perfecta y, eso hay que celebrarlo, gratis (aunque no tanto por las cuentas astronómicas que las compañías telefónicas nos hacen pagar por el uso de la maldita internet).

  136. Como lo acaba de escribir Carlos antes que yo, Camilo también fue para mí un profesor de esos que ya no existen, hasta el punto en que parecen ser una leyenda. Personalmente, he leído poco sus críticas, pero tuve acceso al libro “La crítica: el género de los géneros” y pude darme cuenta cómo se paseaba a sus anchas de Cervantes a Dostoievski, de Neruda en una faceta desconocida a Pessoa, de la literatura más actual a la más remota. “El verano sin verano” no aporta nada nuevo en términos estilísticos, sino que, muy por el contrario, es un relato casi convencional, demasiado clásico, algunos hasta dirían que excesivamente bien armado. Sin embargo, ahí está la gracia: el tema no se presta para hacer experimentos, no da para los flashbacks o racontos repentinos, aunque sí los hay, pero muy discretos en el discurrir en primera persona de Pilar, la protagonista, de ninguna manera serviría para giros audaces o a la moda. Y esa es, a mi juicio, su grandeza, porque el autor sabe sacar partido, de un modo verdaderamente increíble, a una anécdota que comienza siendo la de antiguas, añejas, pasadas de moda vacaciones de verano, con canciones de época, con ritmos tal vez olvidados, con escasas alusiones literarias (se escribe con hache, como la causante de la guerra de Troya me pareció divertidísimo y muy, muy acertado, porque cualquier otro habría puesto que se escribe con hache como la marca del vino), en fin, a todo un conjunto de incidentes en apariencia banales, nimios, insignificantes, pero que conforman la existencia y el entrelazamiento de las experiencias de muchas personas, algunas tratadas apenas con su nombre, otras desarrolladas de forma integral. Y esto de que sea gratis no es menor, aunque también concuerdo -estoy escribiendo a continuación de Carlos- en que, a pesar de los pesares, la intenet sigue siendo un lujo en Chile. No para mí, claro, pero sí todavía para la inmensa mayoría de los habitantes del país y del mundo (si el 70% de África está contagiado por el sida, ¿qué partido le pueden sacar a la red?).

  137. Pilar, Marta, Rosita, la tía Aurelia, el barquero Ott, el panadero Armando, los Coronado, los Benavides, los Echeverría, los Altamirano, Marcelo Urbina y Helena sin apellido, la srta. Scrhöder, los niños alemanes que tocan trompetas, flautas, platillos, el aviador padre de Marta, su marido sin nombre, Gastón y los hijos de él con Pilar, y, a mi juicio, presidiéndolos a todos, el magnífico presunto maricón, pero más hombre que todos los hombres de la historia, o sea el pituco de Claudio Lyon, quien solo hace dos apariciones, la primera como niñito asustado y la segunda total, victoriosa, ¡miren por favor cuántos personajes tenemos en un relato que no pasa de las 62 páginas! ¿50, 60? ¿Hay alguien, hoy por hoy, en Chile, capaz de construir un argumento semejante, sin dejar cabos sueltos -salvo los que deliberadamente quedan en el aire por la soberana voluntad del autor-, sin permitirse sentimentalismos baratos sino genuinas emociones? Sinceramente creo que nadie, salvo este crítico que, más tarde que temprano o más temprano que tarde -eso depende de la interpretación del último discurso de Salvador Allende- está optando por escribir ficciones de primera clase. Felicitaciones para él y para los libreros de mentira.

  138. Felicitaciones, congratulations, bonheur querido, queridísimo Camilo por tu relato. No soy de las que lee cosas en la internet ni menos de las que busca pornografía, ya saben, pasé de eso y nunca me interesó, por lo demás. Pero “El verano sin verano” me ha encantado, deslumbrado, emocionado hasta las lágrimas y también me ha hecho reir como solo Camilo Marks sabe hacer reir.

  139. Quizá no esté demás contar algo un poco personal: Camilo fue mi abogado y me sacó libre de polvo y paja y ahora él se dedica a la literatura, después de 35 años en dd hh, mientras yo le sigo los pasos como leguleyo para ganarme la vida y no me pierdo ni uno de sus libros, ninguna de sus histriónicas y delirantes apariciones en Hora 25 y ninguna de sus cultas, refinadas, pero accesibles y sencillas críticas en el decano. “El verano sin verano” es una pieza admirable, sin baches, que se lee de corrido, que hace pensar mucho, quizá demasiado, que no permite olvidar el pasado, ni el más remoto de la infancia ni el reciente de la dictadura y todo está tan bien resuelto que llega a cortar la respiración al llegar al desenlace. Nunca había leído una obra que tratara el tema de los detenidos desaparecidos de esta forma. Si a algunos y a algunas les resulta discutible, me parece perfecto, razonable, comprensible. En cuanto a mí, la discreción, el tono menor iniciales, que dan paso gradual a la rabia, la ira, la furia y ese final increíble, que explica en las últimas palabras la razón del título, debo confesar que me parecieron una de las mejores maneras de abordarlo sin caer en el panfleto, sin abandonar en ningún momento la literatura de verdad, esa que Camilo es uno de los pocos que sabe hacer en este país donde está prácticamente desapareciendo, más que las desapariciones forzosas de personas.

  140. Es muy poco lo que tengo que decir, porque si me largo, no me para nadie. “El verano sin verano” es, tal vez, lo mejor que ha escrito Camilo Marks en el género de la novela corta o cuento largo. Si exceptuamos a González Vera y María Luisa Bombal, ¿quién ha sido capaz de concebir en nuestro país relatos de semejante calidad, en una extensión relativamente breve? No estoy tan al día como lo está Camilo en todo lo que se publica en Chile -el pobre tiene que tragarse todas las semanas todo cuanto se le ocurre pergeñar a cualquier autor o autora chilenos y realmente lo compadezco por la paciencia y el tesón-, pero podría jurar que hoy en día, pocos como él logran el efecto que produce este maravilloso, cautivador relato. Que se pueda leer gratis no es desdeñable, claro, pero también estoy de acuerdo en que la gente que tiene acceso a las astronómicas cuentas de internet es bien escasa, en nuestro país y en el resto del mundo y no me vengan con el wi fi o la ciencia ficción o los laptops a precio reducido que se liquidan en las grandes tiendas y que duran menos que una aspiradora. Como sea, he disfrutado intensamente de esta historia, me tiene pensando todo el día y las horas que paso en vela y me acechan los fantasmas de Marcelo y Helena con hache, así como todos los personajes que el autor borró de una plumada, dejando para el final al gran Lyon, en un golpe magistral.

  141. Francamente Camilo, te pasaste con esta historia. Jamás pensé que llegarías a escribir tan bien, jamás se me pasó por la cabeza la idea de que tenías este talento, tan escondido durante tanto tiempo. “El verano sin verano”, a mí, ex preso político, ex exiliado aun con problemas serios de retorno, ex combatiente en una causa loca y destinada al fracaso, este verano, estas vacaciones remotas, esta rememoración de los 60 y los 70, este enfrentamiento brutal con el contubernio de la pseudo transición a la democracia, como lo llamas claramente en esta novela o quizá lo hace Pilar, quien no sé si será tu portavoz o no, pero a mí me interpreta en un 100%, transformando, al final, al mariconcete de Lyon en el héroe de la jornada, bueno, todo esto me conmueve y estremece, me deja contento y a la vez rabioso. Pocos libros, aunque sean de mentira como éste, logran causarme ese efecto y tú lo has provocado en grado sumo, por lo que te lo agradezco muy de veras. Gracias, muchísimas gracias.

  142. Grandioso relato, novela corta o cuento largo. Estupendo en todo el sentido de la palabra. Entretenido, divertido, jocoso, repleto de observaciones laterales irónicas, sarcásticas, satíricas, emocionantes, “El verano sin verano” es una historia imborrable, de esas pocas historias verdaderas o mentiras de los libros que hoy por hoy se publican en Chile. “El verano sin verano” tiene varias gracias adicionales: es para católicos y protestantes, musulmanes y ateos, judíos y gentiles, hombres y mujeres, gays y héteros, negros y blancos, mapuches y criollos, jóvenes y maduros, viejos o adolescentes, muy interesados o poco interesados en la literatura, viajeros o sedentarios, chilenos y extranjeros. Porque es universal, debido a que es una historia en extremo local y es nacional, puesto que se trata de un texto muy internacional, y es, sobre todo, y aunque el autor no lo perciba, un relato muy cristiano en los temas de la culpa, el pecado, la gracia, la redención por el dolor, la búsqueda incesante de la justicia, en palabras claras, fluidas, prístinas, transparentes, con un fondo oscuro que se resuelve con la máxima claridad, con la soberanía de quien urde los hilos de una intriga asombrosa por lo simple, sorprendente por lo complicada.

  143. Me encantó “El verano sin verano”, me sobrecogió, casi me hizo llorar (igual que Pilar, no lloro nunca), me hizo reir, en fin, qué más puedo decir. Hacía tiempoque no ledía algo tan bien escrito, aunque sea en una detestable pantalla de computador porque, a decir verdad, prefiero los libros de verdad. Pero peor es nada.

  144. Sí, la narración es convencional, está circunscrita a un estilo que, digámoslo, es décimonónico, contiene pocos avances técnicos o dicho de otro modo, se caracteriza por una estructura clásica, de moldes prefijados, acotados, claramente delineados por un autor omnisciente, a través de una protagonista que está en absoluta ventaja frente al lector, inerme, ignorante de lo que pasa y en la luna con respecto a lo que ocurrirá o los cabos que quedan flotando en el aire. Pero es válido, legítimo, sincero, sentimental, o, mejor dicho, muy emotivo y apunta, como pocos lo han hehco, a lo que ha sido y sigue siendo este paìs troglodita. “El verano sin verano”, si no pasa a ser un clásico -eso nadie lo puede decir cuando ni siquiera sabremos si en diez años más leeremos algo en Chile y si el libro ya no es un objeto en vías de extinción- por lo menos deja una huella sensible, yo diría que imborrable en la conciencia del lector. Y eso pocos lo logran en estos días de cibernética, internet, ipods, ebooks, y toda esa tontería y parafernalia tecnológica que nos tiene consumidos, devorados, sumergidos en la necedad y la majadería. Así que, aunque no sea del tipo de narración favorita para mí, ¡bravo!

  145. “El verano sin verano”, a mí, que leo poco y apenas soy capaz de ver las noticias, me sorprendió y encandiló. ¿Qué más puedo decir? Que los felicito por su iniciativa y por poder leer gratis, es decir, por hacer algo sin pagar en este paìs donde se ha privatizado hasta el agua y falta poco para que privaticcen el aire, como hace 50 años lo vaticinó Neruda.

  146. Simplemente fabuloso. Lo leí hoy en la oficina, pero no me atreví a comentarlo ahí. Las oficinas públicas son hoy día espacios controlados, de un estado policíaco, de modo que prefiero la tranquilidad de mi casa para felicitarlos por esta gran iniciativa, creo que una de las cosas buenas que se han hecho por la literatura en estos años.

  147. Tuve que leer “La sinfonía fantástica” para entrevistar al cototo crítico que le ladró a los perros de la Usach y ahora me dieron el dato de “El verano sin verano”. Es algo tan totalmente distinto que casi no lo puedo creeer, pero he terminado por creerlo. Camilo es increíble, no parece ser de este país ni de ningún otro. ¿A lo mejor es un alienígena disfrazado de narrador? Los felicito.

  148. Notable, sorprendente, extraño, muy divertido y a la vez patético este relato que lleva el nombre que solo Camilo Marks posee el virtuosismo único de explicar en las últimas palabras de la novela: “El verano sin verano”. El epígrafe de Shelley, “A una alondra”, da una idea vaga de lo que va a venir y, en la primera parte, confirma ese presagio maravilloso, porque, a pesar de ser tan inocente y entender tan poco, Pilar es como el maravilloso pájaro que asciende y asciende en el aire hasta perderse de vista, como solo lo hacen las alondras y las golondrinas, hasta ser un puntito en el éter, para, de pronto, descender en picada hacia la tierra, esas aves divinas que nos anuncian o nos hacen rememorar los momentos más felices, pero que tienen, a la vez, un tinte de amargura, un dejo agridulce, como esos días de la infancia que se fueron y después retornan súbitamente en la madurez, cuando todo está dicho y hecho. Pero aquí todavía todo está por decir y hacer y ahí está la gracia suprema de esta excepcional novela.

  149. ¿Qué pasa que desaparecieron como 20 cmentarios, entre ellos el mío?

  150. Brutal, bestial, colosal, grandioso este relato que se llama “El verano sion verano” y que, como tantos lo han dicho antes que yo (sí, carezco por completo de originalidad) explica su título solo en las últimas palabras de la narración. ¿Hay alguien más fuera de Camilo Marks capaz de finalizar con un virtuosismo semejante?

  151. Un relato hermoso, contenido, digno, estupendamente bien escrito, como pocos de los que hoy se divisaan en el medio nacional. Todo lo que llega a mis manos escrito en este país es lánguido, estudiado, acaramelado, fingido, falsificado, súper estudiado, flojo, sin vida, sangre, hueso, carne. ¿Por qué tenía que ser este maldito, inconmovible, imbatible crítico quién nos diera esta lección de narrativa? Bueno, a lo mejor tuvo razón Pablo Simonetti cuando presentó su novela “La sinfonía fantástica” y dijo que debería abandonar la crítica para dedicarse de lleno a la novela, pese a las furiosas miradas y reproches explícitos de le editora de El Mercurio, presente en la ocasión.

  152. Lo daré a leer en mis clases, porque sería un desperdicio que solo los internautas o los que poseen computador conectado a internet -recuerden, hay mucha, pero muchísima gente que en su casa NO tiene internet y usa la red en las oficinas, públicas o privadas, donde trabaja- puedan tener acceso a este magistral relato. El medio literario chileno es tan insignificante, tan nimio, tan de poca monta, en lo referente a la literatura “seria” y tan, pero tan comercial e hiperventilado en la otra, que resulta simplemente increíble encontrarse con un texto así: sencillo, directo, claro y, al mismo tiempo, complejo, ambiguo, de tal manera sujeto a diversas interpretaciones, que la historia y sus personajes quedan flotando en el aire, el lector se siente embrujado, perturbado, con el relato girando en medio de recuerdos por mucho tiempo después de haber dado vuelta a la última página, perdón, haber clickeado por última vez el mouse.

  153. Fui uno de los primeros en comprar “La sinfonía fantástica” y no tenía idea de la existencia de estos libros de mentira, que son más verdaderos que la verdad literatosa que anda circulando por doquier. Confieso que el cuento o novela corta me asombró, en primer lugar, porque revela un registro inédito de Camilo Marks, totalmente diverso al tono un poco espectacular y operístico, aunque bien concebido, de su novela larga y en segundo lugar, debido a que en una historia relativamente breve, se pueda decir tanto, pero tantas cosas e incluir tantas historias centradas en una sola, que puede ser la del personaje o los personajes centrales yl a reciente de Chile. Congratulaciones.

  154. Pues bien, yo pertenezco a la categoría de funcionarios que solo tiene internet en su oficina y los fines de semana quedan descolgados,, por motivos económicos, obviamente. Así que recojo las palabras de más arriba y deseo que no sorprendan a quienes, en sus ratos de ocio, lleguen a este espléndido relato, que les servirá mucho, tanto en lo literario como lo otro, la así llamada universidad de la vida.

  155. Después de leer “La sinfonía fantástica”, di como un hecho cierto que Camilo Marks se iba a quedar tranquilito por un buen tiempo, descansando en los laureles, pero resulta que tenía guardado esto, que me llegó por el correo de las brujas. Y es admirable, precioso, encantador, porque dice mucho más que todo y todos sobre nuestra historia reciente, a la vez que cuenta otra historia, tan personal, tan íntima, tan local, que es como si por primera vez en la vida estuviéramos leyendo algo que nos concierne a todos, porque todos hemos pasado por esas “felices” vacaciones de verano y todos hemos descubierto, tarde o temprano, que de felices no tenían nada y que ocultaban todo lo que es este país, que se revela al final de “El verano sin verano”, con esas cuatro palabras mágicas previas a la decisión final de Pilar.

  156. Lo he releído fuera de Chile y me parece tan…chileno y tan, no sé, no quiero decir universal porque sonaría grandioso, ni tampoco deseo emplear palabras altisonantes, pero me apasionó tanto como cuando lo leí hace dos semanas, cuando recién apareció porque Uds. lo anunciaron durante un año hasta que, ¡zas!, si ese no era el secreto mejor guardado, no sé cuál otro podría haber sido.

  157. El dato me llegó por la vía de la…Biblioteca Nacional, donde hay un montón de gente leyendo “El verano sin verano”. Por suerte, y esto no se lo vayan a decir a nadie, es una de las pocas reparticiones públicas donde toda la gente tiene acceso a internet y a nadie le impiden leer lo que quiera ni navergar por la red. Así que, una vez más, Camilo Marks, después de su numerito con el Nobel y su entrevista desopilante en Cooperativa a un ex alumno suyo, me sorprende, me deja atónito, pero en esta oportunidad lo hace con un relato extenso o novela corta de inusitada belleza y multiplicidad de significados.

  158. Una novela que uno puede estar describiendo sin parar por meses y meses , por días y días, por años y años, porque tiene tantos signficados, centrados, a mi juicio, en dos centrales -el periplo de Pilar y la historia reciente de Chile- y, a la vez, está tan bien escrita que resulta una delicia, una exquisitez leerla. Sencillamente superó todas mis expectativas, que eran muy altas después de lo que había oído, pero creó otras nuevas, esto es, poder leer los demás libros de Camilo Marks. Por desgracia, en Argentina y otros países solo se le conoce como crítico literario (en “La Nación”, de Buenos Aires, es muy frecuente que aparezcansus críticas), pero como los argentinos leemos a los argentinos, los colombianos a los colombianos, los españoles solo a sí mismos, estamos jodidos. Por otra parte, las editoriales, esos monstruosos conglomerados con puros fines de lucro, no hacen nada, pero nada de nada por difundir a los autores que publican. ¿Para qué diablos existen digo yo? ¿Sólo para repletar las librerías con Isabel Allende, Paulo Coelho, Stephen King, Barbara Wood, Danielle Steele? ¿O con el objeto de echarse platita al bolsillo con cada uno de los bestsellers locales, que apenas si son conocidos en sus propios países? (aquí tenemos varios, que son muy celebrados por la prensa e incluso la academia local, pero que nadie conoce fuera de la Argentina y con razón, porque son unos bodrios) ¿O es que les interesan esos consagraditos de mediocridad y mala calidad absolutas, como Alan Pauls, Juan Villoro, Rodrigo Rey Rosa, Jaime Bayly, Jorge Volpi, Margo Glanz, Mario Bellatiin, horrores de mala escritura que circulan por cuanto congreso y simposio hay para no aportar absolutamente nada, nada en absoluto, ni con sus dichos, sus hechos o sus textos? ¿O tal vez la reedición continua de Roberto Bolaño que, sí, claro, tiene algunos libros buenos, pero una cantidad increíble de títulos mediocres o espantosos, que ahora se reeditan como si se descubriera de nuevo América? Ojo: ese señor pasó a mejor vida solo hace 5 años y ahora lo comparan con Homero, Shalespeare o Cervantes. Bueno, lo mismo pasó con Sincalir Lewis, Upton Sinclair, Pío Baroja, Erico Verissimo, Giovanni Papini, Blasco Ibáñez, que ahora nadie recuerda ni en sus familias. Reconozco que algunos libros de Bolaño, que me tiene las bolas hinchadas -bueno, no las tengo, porque soy mujer, pero me las tendría si fuera hombre-, con cuanto hinchapelotas lo descubre y habla de él como si fuera Moisés bajando con los 10 mandamientos, todo esto me tiene realmente hastiada, asqueada, hasta la coronilla, porque, además, no le hacen ningún favor a ese caballero con esa idolatría estúpida.
    Me fui por las ramas, porque este maravilloso relato me hizo ver hasta qué punto no distinguimos el valor de su carencia absoluta, la belleza de la fealdad, la armonía de la cacofonía. En “El verano sin verano”, detrás de los tremendos hechos, hay belleza, armonía, valor.

  159. Sencillamente espléndido, un relato como pocos, de esos que ahora no se escriben más. Y solo lei el comentario anterior de Josefa Cernadas, con el cual no puedo concordar más. En realidad, es como si ella me leyera el pensamiento o yo se lo hubiese leído a ella, pues pienso exactamente lo mismo, exactamente igual acerca de la literatura del presente: por una parte, tenemos los bestsellers que han perdido toda calidad, toda pretensión incluso de hacer literatura, hasta literatura mala, a diferencia de los estupendos escritores del pasado reciente que entretenían, instruían y lo dejaban a uno feliz -Frank Yerby, Somerset Maugham, Frank. C. Slaughter, Ayn Rand, Mika Waltari, Emil Ludwig, Stefan Zweig, Vicki Baum- y por el otro tenemos a los serios, que son peores que Isabel Allende, Paulo Coelho, John Grisham: Jorge Volpi, un mexicano atroz que escribe con las patas y vive invitado por todas las universidades y congresos imaginables, Juan Villoro, columnista de fútbol que se las da de literato con cuentos y novelas insufribles, Alan Pauls, latoso, latosísimo, malo, malísimo, Juan Forn, pretencioso y cursi, Rodrigo Fresán, horror de horrores, inculto que saca información para su libro sobre el autor de Peter Pan de la Wikipedia, Rodrigo Rey Rosa, mínimo, ínfimo, torpe. Y presidiéndolos a todos, el genio de Roberto Bolaño, el más grande escritor que ha conocido la humanidad, la revelación suprema del arte, la literatura y la cosmogonía, el hálito de Jehová insuflando vida a Adán, el que se lee en el metro de Nueva York recién traducido, lo que tiene vuleto loco al hastiante Ignacio Echevarría (¿como alguine puede llamarse Echevarría y no Echeverría o Echavarría, como corresponde?), el apocalipsis total, definitivo, final de la literatura. ¿No es todo esto indignante?
    Y he aquí que este modesto relato, escrito como si fuera hecho al correr de la pluma o del teclado -he leído que Camilo Marks escribe todo a mano antes de pasar lo a máquina o computador, tal vez eso explica por qué escribe tan bien- nos enseña, de pronto, la gracia, la fuera, la alegría de un buen texto literaario. ¿Cómo para no creeerlo!

  160. No estoy al tanto de las intrincadas discusiones literarias que ahora hay en Chile, pese a haber sido invitado a la próxima Feria Internacional del Libro. Llegué a este admirable relato por información de mi amigo Bernardo Gutiérrez, de quien he leído varias opiniones más arriba. Sin estar al día en la actual política chilena ni menos en torno a los sesudos debates de ese país tan sesudo, me limito a señalar que “El verano sin verano” es, para un lector ajeno al trasfondo histórico de Chile -bueno, no tan ajeno, todos supimos de los horrores de Pinochet, todos admiramos o bien miramos con escepticismo la transición democrática, si bien a mí, desde luego, me parece que ha estado mejor que en otros países-, la novela es, para alguien que la lee con la misma inocencia de Pilar, su protagonista, una narración hermosa, pulcra, depurada, magníficamente bien escrita.

  161. Unas pocas palabras más para agregar que “El verano sin verano”, según he sabido, saldrá en forma de libro junto a dos novelas más de Camilo Marks. El problema es saber cuándo. Mientras tanto, hay que conformarse con leerlo en forma virtual o gratis, lo que no deja de ser una gracia inmensa en un país donde los precios de los libros son prohibitivos.

  162. Sí, perdónenme los libreros mentirosos y tan ingeniosos, pero también prefiero leer en soporte -horrenda palabreja- libro, como se dice ahora. Es cierto que Uds. dan toda clase de facilidades y explicaciones hasta para el más estúpido, pero no deben olvidar que un importantísimo porcentaje de la humanidad, entre el que me cuento -y creo que es la mayoría de los habitantes del planeta, estamos lejos, pero lejísimos de estar familiarizados con un computador y, mucho menos, con esa payasada que se llama internet. No se ofendan, por favor, pero así es.

  163. Quiero volver, por un momento, a las preocupaciones que me parecen visibles en todos los libros de Camilo Marks. En “La dictadura del proletariado”, las cuatro novelas trataban, de un modo u otro, el tema de la homosexualidad escondida, el de la persecución política a una presa por causa de sus convicciones, el de una cantante de ópera que detestaba, con razón, a su propio país y el de un chico que se interna en laberintos geográficos e imaginarios en nueve secciones, tal como los nueve círculos de la Divina Comedia, preguntándose siempre quién es él, para terminar sin siquiera saberlo y dejarnos a todos los lectores con una terrible sensación de la soledad del pobre protagonista por haberse tenido que inventar todos los fabulosos, románticos, siniestros, espectaculares episodios que ha vivido, que terminan siendo meros productos de su fantasía, de su soledad irremediable, de su alienación total. En “Altiva música de la tormenta”, los protagonistas son Ester Villanueva, quien está segura de que va a reconquistar a Bernardo, y se engaña tanto, tanto, que, cuando lo ve hecho un alcohólico sin remisión, corre desesperada donde su hermano que piensa tan distinto a ella, pero la quiere mucho, de manera de poder, por un momento, confiar en alguien antes de enfrentarse a al soledad irremediable y a lo que cree es su soltería fatal -¡y apenas tiene 28 años o algo menos, tan típico de Chile!-; todo esto transcurre con el telón de fondo del plebiscito de sucesión presidencial, relatado en magistrales escenas de masas, corales y en súbitos encuentros de a dos, tres, cuatro personas o en medio de multitudes, en una obra que no supera las 150 páginas, con un final más sorpresivo que el de este libro de mentira. Y sin querer convertirme en una especialista de la obra ficticia de Camilo Marks, acabo de terminar “La sinfonía fantástica”, una novela fabulosa, que parece haber tenido mucha cobertura periodística porque ahora Camilo Marks sale en televisión, pero no sé si muchos lectores, ya que en Chile la gente solo lee basura, mierda, excrementos, estupideces, perdónenme, por favor, pero es así y está fehacientemente acreditado. Ahí tenemos un panorama vasto, enorme, con una docena de personajes principales y una treintena de otros secundarios, donde el tema vuelve a ser la soledad: el aislamiento terrible de Eugenio Órdenes, protagonista de la primera parte, tan, pero tan horrendo que se dedica a escribir cartas postales a escritores de mala calidad, el de su vecina Gladys, que lo ama pero no se atreve a acercársele de frentón, el de Soledad, con un hijo narcodependente y un marido trabajólico, luego el de Silvia Fernández, sola sin remisión desde que se separó de su marido y enamorada de un chico menor que su hijo, Renato, otro solitario irremisible, cuyo mejor amigo, Nicolás, vive en el infierno de la adicción a sustancias tóxicas. Y, al final, cinco soledades que son los cinco movimientos del más solitario de todos los músicos del mundo, Héctor Berlioz: Renato, que se consume de amor irrealizado, Tania, que abandona a su pareja para caer del fuego a las brasas y tratar de labrarse una carrera de actriz…¡en Chile, el país con el peor teatro del mundo, después de haber tenido el mejor de Sudamérica!, Clara, apegada a su solitaria madre enferma de cáncer y pareja de Ulises, quien no promete futuro esplendor, el ya mentado Ulises, que se revuelca por haber tratado tan mal a su madre Silvia y finalmente Nicolás, que vive en el peor de los infernos que quepa imaginar. “El verano sin verano”, en una escala menor, es la historia de muchas soledades: la de Claudio Lyon cuando niño, segregado porque lo encuentran mariconcete, la de Pilar, quien nos escribe la historia dejando demasiados espacios en blanco, y la terrible soledad de Helena, abandonada por Marcelo cuando esperaba un hijo de él. ¿Es, entonces, Chile, un país de 15 millones de personas irremisiblemente solas, condenadas al infierno total de la incomunicación, a la devastación infinita de la imposibilidad de entenderse con el otro? A juzgar por estos libros, sí lo es.

  164. Esto se ha puesto cada vez más interesante, porque de la falsa transición democrática, los problemas de género hemos derivado en la soledad del paìs más solitario del mundo. Y siempre lo hemos sidio, mucho más que Argentina o Uruguay, privilegiados por si situación geográfica, o que Perú, mucho más importante en todo sentido, histórico o político. La tan cacareada globalización nos hace hacer amigos por internet, enviarnos fotos, crear facebooks, sitios web, en fin, para qué sigo. Pero, ¿ayuida eso, en el caso de Chile, a aliviar, disminuir la espantosa, terrible soledad q

  165. que nos afecta a todos, que nos ha marcado a lo largo de toda nuestra historia? Pensemos en O’higgins, muerto en Lima, en los hermanos Carrera, fusilados en Argentina, en Gabriela Mistral, fallecida en Nueva York, en D’Halmar, un desconocido hoy día, quien vivió más de la mitad de su vida afeura, en Donoso, un caso parecido, en tantos, tantos chilenos patiperros, esa palabrita que pretende ser simpaticona y no es sino la designación de la gente que quiere irse de aquí porque esto es el infierno de la soledad yla incomunicación. Nuestra televisión, nuestros medios, nuestra cultura insisten en mostrarnos como un gran país, pleno de libertades y ahora más extrovertido que ninguna nación, incluso las del trópico y lo que tenemos son las barras bravas de chicos más solos que dedos, las oficnas donde la gente muerte de soledad, las fábricas donde todo es ser solitario. “El verano sin verano” es esa soledad, la individual, la social, la de la política, la de las familias, la de la buena literatura, que es la peor de todas , porque en Chile desapareció para siempre, el libro no existe, nada de la cultura está presente en ninguna parte. Así que es tremendamente útil leerlo.

  166. Soledades más o menos, esta novela es también el reflejo de historias personales y sociales. Todos somos solos, toda la gran literatura, y la mala también reflejan una soledad más grande que ninguna otra: la del acto de escribir. Aunque abunden los talleres literarios y aunque ahora se socialice mucho más en torno al hecho de la escritura, es, por esencia, solitario.

  167. “El verano sin verano”, aparte de todas las meditaciones a que pueda dar lugar es, en primer lugar, un texto literario y es a partir de esa premisa tan básica, pero tan obvia y, por lo mismo tan fácil de ignorar, que debemos juzgar el relato. Y como literatura no nos engaña o, mejor dicho, nos puede embolinar la perdiz, pasarnos gato por liebre, decir mentira tras mentira, pero, en el fondo, dice la verdad, la verdad de Pilar, la de Lyon, la de Marcelo y Helena, la de la tía Aurelia y la de todos los demás personajes, tan bien delineados, de este relato.

  168. Es fascinante ver hasta qué punto puede llegar la simple discusión de un texto literario, en este caso la nouvelle “El verano sin verano”, de Camilo Marks. Bueno, eso es la literatura y no otra cosa: la discusión sobre las palabras, la escritura, los personajes, cómo son o pudieron haber sido, qué pasa o pudo haber pasado con ellos, cuáles son sus distintos tipos de soledades. Entiendo que Camilo Marks hace clases en literatura y periodismo y me gustaría ir a algunas de ellas, me han hablado mucho sobre el entusiasmo que es capaz de insuflar en sus alumnos de kindergarten en cuanto a disciplina, pero capaces de apreciar lo que él aprecia. Tal vez todos estos comentarios, de los cuales, confieso, no he leído ni la mitad, no sea sino una clase más de literatura. Y ahí está la gracia, o, por lo menos, eso es lo que me ha dicho Bernardo Gutiérrez, otro de los comentaristas de mentira de esta mentira verdadera por la cual los vuelvo a felciitar, si antes no lo hice.

  169. Conozco a Camilo, o creo conocerlo y he leído sus libros o, creo haberlos leído y coincido con todos y cada uno de los significados que se le asignan. Pero me fataba agregar uno: hay, en todos ellos, humanidad, generosiodad, simpatía, aunque sea hacia personajes repelentes, personas indeseables o seres desagradables que él, de todos modos, trata con conocimiento y algo de empatía, cosa cada vez más difícil de lograr en el ámbito literario.

  170. Camilo Marks se ha convertido, aunque le pese y no le guste que se lo digan, en el crítico literario más importante de Chile y, tal como lo han dicho escritores españoles, en el más extravagante, excéntrico, original en nuestro idioma. Su trayectoria, de 21 años en los medios escritos, llamó la atención desde sus inicios y ya a comienzos de los años 90, cuando colaboraba de modo regular en “Literatura y Libros”, de “La Época”, se dio a conocer en todo el país y comenzaron a tentarlo en los medios más importantes y de mayor difusión. Sin embargo, y aunque las condiciones en ese matutino eran deplorables, él continuó ahí hasta que cerró por motivos económicos en 1998. Entre tanto, participó en otros medios -Apsi, Los tiempos, Página Abierta, Reseña y un largo etcétera- hasta que firmó bajo exclusividad en la revista “Qué Pasa” y “La Tercera”. Y hace 6 años lo hace en la “Revista de Libros” de “El Mercurio”. Además, se ha convertido en una especie de figura pública por sus deslenguadas, histriónicas, especialísimas críticas en el programa Hora 25 , de TVN. Diamela Eltit, en el brillante prólogo que hace a “La crítica: el género de los géneros”, una recopilación de 20 años en todos estos y otros medios, afirma que, junto a una filiación anglosajona, hay, detrás de sus ensayos o críticas, un profundo pensamiento radical. Es cierto. No obstante, las aficiones por lo inglés y norteamericano provienen de su larga permanencia en Inglaterra, donde vivió como exiliado político por más de una década y donde hizo un magíster en literatura inglesa. Pero en una reciente y extensa entrevista, Camilo Marks ha dicho que su pasión juvenil y de adulto joven fue mucho más la literatura francesa y rusa, junto a a la alemana, que la angloamericana. En ese libro y en todo lo que escribe, de una versatilidad y, a ratos, gran erudición, siempre con sencillez y sin asomo de pedantería, sin caer en citas más citas, Camilo Marks exhibe algo que nadie o casi nadie posee en nuestras letras: un humor a prueba de balas, incluso cuando se refiere a sucesos horrendos, una capacidad de referencias asombrosa, una libertad para asociar temas inusitada y otra serie de rasgos que lo distinguen y diferencian de todos los críticos que ha habido en Chile. No es extraño, entonces, que cuantos han leído, en forma gratuita, “El verano sin verano, escojan temas, materias, asuntos que les interesan, porque todos ellos están o pueden estar presentes en esta narración.
    Entre ellos, y por sobre la historia, bastante lineal y clásica en su estructura, tenemos las violaciones a los derechos humanos, la discriminación a los chicos afeminados, el racismo contra los mapuches o el ostracismo a las parejas sin libreta, que sigue vigente todavía, aun cuando ya es moda irse a vivir sin contraer matrimonio (pero todos terminan en él cuando tienen hijos, por algo será), la cerrada división en clases de nuestra sociedad, la fiera lucha de las mujeres por ser independientes y lograr un grado de emancipación, el miedo al fracaso, la constante autocrítica a que vive sometida una periodista, la persecución política a los disidentes de la dictadura y todo lo que uno quiera ver o encontrar.
    Aún así, ¿por qué nos parece, quizá, tan raro que un crítico literario de tanto peso construya ficciones? Porque rompe con otro de los prejuicios que siempre han existido en Chile: los críticos no son capaces de hacer otra cosa que no sea la crítica, bien porque son escritores frustrados, bien porque son unos resentidos. Este es el único país del mundo donde la palabra “crítico” posee una connotación peyorativa. Y Camilo Marks es la única persona que ha logrado una adhesión y una simpatías inauditas a sus apariciones en la pantalla chica, rompiendo, de nuevo, con las reglas establecidas en este país repleto, colmado, atestado de reglas, leyes, normas (hasta donde tengo conocimiento, nunca había habido un crítico literario en televisión, porque en el extinto programa “El show de los libros”, se trataba más bien de girar en torno a la figura omnipresente de Antonio Skarmeta).
    “El verano sin verano” es una narracción perfecta -si es que eso existe- porque la historia que relata es excelente, original, muy bien escrita y, por si fuera poco, se presta para que hagamos interpretaciones hasta el infinito acerca de ella. Me he dado el trabajo de leer todo lo anterior, que es mucho más extenso que la novela corta y constato que hay algo en Camilo Marks que muy pocas personas, si es que hay una, posee en este país: la capacidad de asombrarnos, encantarnos, irritarnos, no dejarnos nunca indiferentes. En realidad, dije mal, porque no ha sido ningún trabjao, sino algo muy entretenido ver cómo un cuento largo o novela corta se puede prestar para tantos aportes que el autor ni debe sospechar.
    Quienes fuimos sus alumnos, al igual que quienes fueron sus defendidos saben de su pasión por la literatura, de su amor por las palabras, de su inextinguible deseo de transmitir esa pasión y ese amor. O quienes son sus amigos o parientes, deben conocer, desde luego, aspectos suyos que los que aquí escribimos desconocemos totalmente, con seguridad algunas facetas negativas y poco amistosas. Pero la imagen que queda en quienes han aprovechado algo de lo que él es, será siempre la que reflejan Pilar y Claudio Lyon, los protagonistas de “El verano sin verano”: ansia por la justicia, la verdad, el conocimiento, en una logradísima historia que, gracias a esta iniciativa, que es una memoria de tres periodistas en la que él colaboró, podemos leer gratis. Y eso no tiene precio.

  171. “El verano sin verano” es el primer texto que leo de Camilo Marks, me refiero a la primera ficción porque, mientras fui alumna suya, leí, por curiosidad, algunas de sus críticas en “El Mercurio”. Debo aclarar algo que me parece inopinado: ni en sus clases de periodismo ni en las de literatura, cuando da una lista de unos 50 nombres de escfritores chilenos actuales para leer, comete jamás Camilo el delito de incluirse, insinuarse o siquiera reocomendarse como escritor. No sucede eso con la mayoría de los profesores que han publicado libros, desde pesados textos técnico-académicos, hasta ficciones. Esa modestia, esa falta de autopromoción, incluso casi un self effacement, un autoborrarse, desconociendo el papel que él ahora juega en la literatura chilena, me parecen sencillamente increíbles, lisa y llanamente paradójucas. ¿Qué le costaría, sin hacer muchos esfuerzos, como que no quiere la cosa, haciéndose el desentendido, recomendar sus propios libros? Pues no solo no lo hace sino que su ausencia total de autorreferencia en estas materias -no digo que no sea egocéntrico y quizá súper egocéntrico en otras cosas, sí que lo es y se le nota- linda con algo que hasta parecería complejo de inferioridad, baja autoestima, un ego muy minúsculo, casi inexistente. Es muy raro que alguien a quien reconocen en la calle, a quien se refieren muchas personas, cuya crítica es esperada por miles cada domingo y cuyas apariciones televisivas hasta han motivado páginas web o concursos en la interent, muy, muy raro que esa persona parezca carecer de la más mínima autoconciencia de su valor. Peor es así y me he convencido totalmente de ello. En la UDP, en especial los estudiantes de periodismo, pero también los otros, lo tenemos acogotado con entrevistas, acosos, solicitud de opiniones, esperas a la salida de sus clases para preguntarle al únicoque nos puede contestar lo que buscamos y siempre, siempre tiene buena disposición y se da el tiempo,. la paciencia y la buena voluntad de decir a todos que sí. ¿Existe una persona cuyas críticas y, tal vez en un futuro no lejano, cuyos libros importen tanto que se niegue, en forma sistemática, a darse importancia o toamrse en serio? No conpozco a nadie parecido.
    “El verano sin verano” debería tenerlo inflado como pavorreal, pero, en vez de eso, lo vemos flacuchento, desgarbado, fumando, haciendo esfuerzos inimaginables por hacernos leer lo que ningún otro profesor nos hace leer, porque, claro, ya parece lugar común, pero nadie le llega a los talones en cuanto a lecturas y, sobre todo, conocimientos y asimilación de las lecturas (que es muy distinto a leer simples cantidades de libros, que no te dejan mayor huella, salvo para pavonearte). Y todo eso está entregado en esta pequeña novela que, me da vergüenza decirlo, la leí casi por obligación, no impuesta por Camilo, demás está decirlo, sino porque me impuse, estúpidamente, el deber de saber cómo escribía el Sr. Marks y he aquí el estupendo resultado.

  172. “El verano sin verano”, aparte de revelarme quién es Camilo Marks, me aportó una sensación de belleza, de plenitud, de suspenso y de gusto por una buena historia como no me la procuraba ninguna pieza de autor chileno en mucho tiempo. Digo mal, porque no me reveló para nada quién es este hombre tan extraño, sentimental, apasionado, vehemente, divertido, pero del cual nadie sabe absolutamente nada. ¿Será marciano, alienígena, trisexual, un buen padre de familia con una vida secreta, criminal y clandestina, un esposo ejemplar que engaña a su mujer con la secretaria del ministro del interior, un amante impetuoso con algunos añitos en el cuerpo que practica ritos de la santería, un agente de los carteles de la droga que hace clases, crítica literaria y escribe libros para esconder sus billonarios negocios, un agente de Wall Street encubierto, un espía del Mossad israelí, en fin, hasta un asesino en serie que nunca ha podido ser localizado? Todo esto y mucho más es posible, porque Camilo Marks es uno de los misterios más impenetrables del momento, más aun que el de la Santísima Trinidad, más inclusive que el de la fisión nuclear. “El verano sin verano” nos abre la ventana hacia ese misterio pero, al final, la cierra bruscamente y, aparte de quedar admirando la historia, nos seguimos preguntando acerca de esta persona, este hombre, este personaje insólito. Y todo gratis en este paìs donde hasta el aire se va a empezar a cobrar. Felcitaciones a los libreros de mentira y a Camilo Marks.

  173. ¡Uuuuuf! ¡Aaaaaahhh! Imposible leer de corrido todos los comentarios, entonces hare solo el mío que es muy bueno, muy elogioso, muy, no sé qué más poner,me gustó mucho, me entretuvo, me emocionó, ¿se puede pedir más hoy día? La pregunta es retórica, claro que se puede pedir más, pero como en pedir no hay engaño, yo le pediría a don Camilo Marks que dejara la crítica de una vez por todas y se dedicara de lleno a las ficciones.

  174. Acabo de leer lo anterior y estoy en total desacuerdo. ¿vamos a seguir con la cantilena de que la crítica y la narrativa son incompatibles? Además, leo las críticas de Camilo Marks todas las semaans, sea en “La Nación”, de Buenos Aires, fundada por Bartolomé Mitre después de su exilio en Chile en 1880 y si no salen ahí, las busco en “El Mercurio”. Además, escribe novelas una vez cada cinco años, así que resulta obvio que no vive de eso -¿qué escritores pueden darse el lujo de hacerlo, por lo demás?-, mientras que sus críticas, si bien no debe recibir sumas cuantiosas por ellas, algo le darán para pagar las cuentas. No me vengan, entonces, con proposiciones indecentes.

  175. “El verano sin verano” es una narración fantástica, pero mejor y más fantástica aun es La sinfonía fantástica. Lei una crítica en El Mercurio que me precipitó a comprarla y puedo decir algo que, creo, no se ha expuesto aquí: el libro está bastante barato, considrando que tiene casi 500 páginas, se lee de una sentada, acondción, como dijo ese crítico, que uno tenga en cuenta las palabras de la psiquiatra de apellido polaco imposible de escribir: q

  176. “El verano sin verano” es una narración fantástica, pero mejor y más fantástica aun es La sinfonía fantástica. Lei una crítica en El Mercurio que me precipitó a comprarla y puedo decir algo que, creo, no se ha expuesto aquí: el libro está bastante barato, considrando que tiene casi 500 páginas (buneo, ES caro, pero estoy hablando de los precios imposibles de Chile), se lee de una sentada, a condición, como dijo ese crítico, que uno tenga en cuenta las palabras de la psiquiatra de apellido polaco imposible de escribir: que quien la lea lo haga sin prejuicos. Y son dos los prejuicios que ahí se atacan: la obscenidad literaria actual y las vidas folletinescas que las personas se construyen en torno a sus apocados, minúsculos, disminuídos egos. Además, ese crítico, un insigne filósofo chileno según me enteré buscando su nombre en la internet, entrega muchas lecturas posibles para esa inconcebible novela. Bravo.

  177. Soy una de las personas, amigas de siempre de Camilo, que aparece mencionada de paso en “La sinfonía fantástica”, como practicante de la macumba brasileña y luego la santería cubana y, como si fuera poco, amante de un bisexual. No me ofendió para nada que me pusiera con nombres y apellidos, aunque debo dejar de manifiesto que me preguntó si yo lo autorizaba a hacerlo, cosa que acepté de buen grado. Muchas otras personas reales, vivas o muertas, figuran en esa novela, entre ellas nuestra amiga de toda la vida Katia Reszczinsky, quien no tuvo lapaciencia de vivir hasta que apareciera parte de la sinfonía de su vida como psiquiatra en causas de derechos humanos y también en tratamientos de drogadictos, lo que es ciento por ciento ajustado a la verdad. . En “El verano sin verano”, también creo divisar algunos rostros conocidos, pero, tal como lo hace Camilo en sus narraciones previas, las cambia, disimula, metamorfosea hasta el punto de ser irreconocibles, porque devienen personajes literarios, de esos que se hacen amigos y amigas de uno, aquellos que te acompañan después de la lectura. ¡Qué buena novela!

  178. También me reconocí un poco en un personaje de “LA sinfonía fantástica”, pero no pienso decir en cuál. En “El verano sin verano”, soy, por supuesto, el gallardo mancebo que conquista a Helena y desea entrar a la Marina Mercante. Es muy injusto lo que pasa con él, si bien algo tenía que pasar con ese energúmeno que, por si fuera poco, ya había causado la Guerra de Troya 8 mil años antes de Cristo. Pilar es bastante despistada, para qué estamos con cosas. El autor no nos convence del todo que sea tan, pero tan inocente, a ratos lo consigue, es cierto, pero cuando Marta le tiene que explicar que a Helena se le estaba notando y la pailona le pregunta ¿qué? y, acto seguido, la narradora piensa que se casaron, seguro que por la Santísima Iglesia Católica Apostólica y Romana, es como mucho. Y al final, ya ha perdido tanto la inocencia que se vuelve desconfiada, llena de reticencias, la típica periodista chilena que quiere dárselas de inteligentes cueste lo que cueste. Porque si los perioodistas no son la gente más abominable y que a toda costa quieren lucirse, por favor díganme cuáles son.

  179. No soy, por desgracia, de los que me reconozco, ni en La sinfonía fantástica ni en El veranito de San Juan. Nunca pasé vacaciones en el sur, salvo cuando era muy niño y apenas me acuerdo de ellas, pero eso es, quizá, lo mejor de este relato, ese tiempo perdido que Camilo recupera no al modo de Proust, sino al modo suyo, más realista, con mucho menos circunloquios, sin esas oraciones eternas de Proust que demandan tanta concentración que uno, simplemente, a veces es incapaz de seguir. No vamos a decir que el estilo de Camilo Marks es la negación de lo proustiano tampoco, pero, por suerte, se detiene a tiempo en sus divagacones. Y para mayor fortuna de nuestras letras, dice lo que piensa o sus personajes no se andan dando vueltas para decirlo y expresarlo con toda claridad. Esté uno de acuerdo o no con eso, la verdad es que estos desilusionados que quieren seguir teniendo ilusiones, esas viejas como la tía Aurelia que han visto tanto, Pilar que lo ha pasado tan mal y el juez que comenzó siendo maricón (¿a lo mejor ese truco no es sino un toque perverso de Marx-Marks?) y termina más hombre que todos los otros, son personajes que pocos saben crear y recrear en nuestra actual literatura.

  180. El verano sin verano no es mejor ni peor que La sinfonía fantástica, así como tampoco supera a las narraciones anteriores de Camilo Marks, todas distintas, todas parecidas, en todas ellas se muestra entero y cuando quiere, se sabe ocultar, en cada una emplea un registro distinto, pero muy diferente. Aquí, yo diría que está una especie de música de cámara, al estilo de Schubert, al igual que lo estuvo en La dictadura del proletariado; en la última novela hay un registro sinfónico, bueno, el nombre lo dice todo, el mismo que empleó, en escala menor -digamos, una sinfonía de Berlioz o Mahler versus una de Mozart- en Altiva música de la tormenta. Nunca será un bestseller y me alegro por él y por los lectores. Es mejor que no esté acompñado de El secreto, las confesiones y fantasías sexuales íntimas de hombres y mujeres, los manuales de aromaterapia, de feng shui, reiki, los panfletos periodísticos sin ninguna gracia del un tal Contardo, un tal Santiago bizarro, un tal Villegas, los dramones judiciales de Grisham. Camilo Marks es, y perdonen la pedantería, tal como lo dijo Stendhal, para los happy few, o como el brillante filósofo que hizo la crítica en El Mercurio, para leerlo in between.

  181. “El verano sin verano” es, incuestionablemente, una pequeña joya, una obra en tono menor que dispara cosas mayores, terrbiles, tremendas, muy bien escrita, logradísima. Para mi cumpleaños me regalaron “La sinfonía fantástica” y aunque no le veo mucha relación a ese mamotreto con esta novela corta, ahora sí se la estoy viendo en el ritmo narrativo, la prosa, el estilo, la seguridad y aplomo absolutos con que va hilvanando la historia. Los felicito , sobre todo, por la gratuitad y el regalo extra de cumpleaños que recibí.

  182. La novela esta dará tanto que hablar y escribir como se lo merece Camilo Marks y me alegra tanto que, al fin, se le esté reconociendo, que aprovecho, otra vez, para felicitarlos por esta extraña e insólita iniciativa. El único problema serio que veo es que, cuando salga en libro, va a haber tantas personas que han leído esta novela que quizá nadie compre el libro. Pero ¿es eso un problema en Chile, donde nadie compra libros, nadie lee nada, nadie se interesa por alguna cosa que vaya más allá de sus narices. “El verano sin verano” va muy lejos de todo eso, está tan bien escrita que hace meditar y hasta echar un par de lagrimones a un heterosexual ciento por ciento como yo, te invita a reflexionar y es un exitoso rito de paso de la niñez a la adolescencia, luego a la edad madura y finalmente a la revelación final. Debo confesar que no solo tuve la inmensa suerte de tener a Camilo Marks como abogado defensor, quien ni una sola semana de los tres años que me pasé preso como sobreviviente de la Operación
    albania dejó de visitarme, sino también de que el pro9ceso pasara a la justicia civil, donde una jueza fiuera se serie, como ya lo dije, me dictó el sobreseimiento definitvo -equivalente a absolución de los cargos que me tiró el fiscal Torres- mientras Camilo esperaba al lado de ella y me dio dinero para partir de la cárcel a Ovalle, lugar de mi familia.

  183. Cailo Marks es el único que puede escribir lo que aparece en el Nº 14 de esta antología virtual. Me emociona que así sea, me conmueve, me produce alegría y, claro, lo confieso hidalgamente, también su poco de envidia. ¿Quién sino él es capaz de dar muestras de tal generosidad moral, literaria y social? Pocos, muy pocos y me alegro que en Chile lo tengan para ustedes.

  184. “En honor a la verdad, creo que me empecé a enamorar de Ulises por culpa de Clara Allende…”
    Palabras de Clara, la hija de Clara, En “La Sinfonía Fantástica”, de Camilo Marks

    Las palabras que escogí para poner arriba entre comillas no son de la protagonista ni de un personaje secundario de “La Sinfonía Fantástica”, como tampoco lo es Clara Allende, su madre (una mujer del todo adorable). De hecho, si este libro fuera un coro, ellas recién vendrían a estar en tercera o cuarta fila, después de hileras de magníficos y entretenidos seres que se cruzan en las tres partes de esta maravillosa “sinfonía”.

    El ánimo de hoy no es contar la historia (que en rigor no es una, sino múltiples y excelentemente bien entrelazadas), porque la gracia es leerlo ya que es de esos libros que se disfrutan hoja por hoja, de los intensos, bien escritos y que para remate traen siempre bienvenidas dosis de humor e ironía.

    Es muy entretenido ver cómo un crítico (C. Marks) escribe sobre la vida de otro crítico (Eugenio Órdenes), uno más bien en sombras, cero glamour, cero mundo y cero figuración y reconocimiento público (algo diametralmente opuesto a quien tiene su columna semanal en libros de Artes y Letras del Mercurio además de un espacio en TVN con La Hora25), uno un tanto frustrado por no haber podido hacer de su vida precisamente “su vida” sino hasta que muere el padre, que es la parte en la que comienza la historia a través de la cuál conocemos a su vecina Gladys, su prima Calvanesse de Valparaíso y a través de la cual también “espiamos” la correspondencia que ellas se escriben para hablar de Eugenio, con unas cartas tan entretenidas, como las que el mismo Eugenio dirige a todos los calamitosos autores chilenos cuyos libros pasan por sus manos. Entre esos autores está Sonia Ivonne Avendaño, una mujer con mucha plata e ideas de izquierda que consigue abrir un poco la mente y el mundo de este “ordenado” Eugenio Órdenes.

    Más adelante el protagonismo se lo llevará el guapísimo Renato, hijo de Gladys, también vecino de Eugenio quien se engancha con su profe de literatura de la universidad… así transcurren los capítulos por los que uno avanza casi sin parar para desembocar en la historia de distintos jóvenes que dan un giro impensado y aún más ágil a las vidas antes descritas en esta sinfonía, por cierto muy fantástica, con la que uno agradece haberse topado, al menos así fue en mi caso, ya que Ñuñoa, Valparaíso, el barrio universitario en República y el Cajón del Maipo son algunas de las ambientaciones que me hicieron viajar con sólo tener los ojos puestos en una secuencia de líneas (es que siento que es ahí donde reside toda la magia de la lectura: poder moverse y pasearse por el mundo en total quietud… yo disfruto de un libro recién en el momento en que me olvido que estoy “con el libro” y me “traslado” a lo que allí se cuenta).

    …Y poder trasladarse a un “Verano sin Verano” en un “libro de mentira” ES PURA MAGIA.

  185. Sí, “El verano sin verano” es pura magia, pero no lo olvidemos, se trata de magia envenenada, emponzoñada, con dolores ocultos y un trasfondo de hipocresía y malignidad que, hacia el final, reventarán en una revelación que cinduce a otra y luego a otra, hasta el final abierto, como se dice ahora, pero quizá cerrado para siempre en la vida de Pilar: la búsqueda de Helena y su verano sin verano, la constatación de su agonía de dolor y sufrimiento, ser, una vez más, el paño de lágrimas de tanta gente, como lo ha sido, con seguridad, el autor y como es la suerte de la protagonista y narradora. En ese sentido, no envidio para nada a Pilar y me resulta un personaje a la vez trágico y también cargante. Trágico porque no puede librarse de sus obsesiones y cargante porque estas obsesiones terminan convirtiéndose en algo mínimo, tal vez trivial y, por cierto, la llevan al embuste y el engaño, de sí misma y de los demás. Así y todo, un notable relato.

  186. “El verano sin verano”, por lo visto, admite múltiples lecturas, variadas interpretaciones, multiplicidad de variaciones en torno a un mismo tema. Sin embargo, no debemos de perder de vista lo principal: es una buena historia, bien escrita, en una prosa distinguida, donde no falta ni sobra nada y, para variar un poco dentro del panorama narrativo nacional, entretenida a más no poder.

  187. Confieso estar mareado hasta el punto de tambalearme al haber leído, claro no todo, porque es imposible de una sentada, pero sí buena parte de lo escrito más arriba. Bueno, dicen que eso es la literatura: leer como uno quiere cuando se trata de un buen texto y dar las versiones que a uno se le pasan por la cabeza a medida que va recordando lo que leyó. A mí, pesonalmente, me quedaron dando vueltas todos los perdonajes que desaparecen: el barquero Ott, los espantosos niños Coronado (una pesste ambulante, pero ¿por qué los niños son siempre así cuando están con sus mayores?), los músicos de apellidos con nombres de salchichas y cerveza, la señorita Schröder, el panadero Armando, ¿qué pasó con todos ellos después? Claro, si lo supiéramos, así como también tuviésemos claridad acerca del destino de los dos grandes ausentes -Marcelo y Helena- , no tendríamos un cuento largo o novela corta, sino una novela enorme, como “La sinfonía fantástica”.

  188. Estoy ahora leyendo “La sinfonía fantástica”, después de haber tenido ante la vista, en forma gratis, “El verano sin verano”. Y estoy tratando de encontrar paralelos entre una novela extensa y esta otra, mucho más breve. Y los hay: la soledad de los personajes, la irredimible condena, explícita en varios de ellos, al modelo socioeconómico imperante, la condena a la fraudulenta transición democrática -en “El verano sin verano” se comete otro fraude, pero ¿qué es lo que es en comparaación con los 20 años de arreglines que llevamos viendo?-, el humor ácido, la prosa impecable, las descripciones certeras y, claro, nunca está demás decirlo, lo entretenido de ambos libros, uno de verdad y el otro de mentira.

  189. “El verano sin verano” tiene, en verdad, poco que ver con “La sinfonía fantástica”, tanto en el tema como en el tratamiento: en el primer caso, es música de cámara, en el segundo, es una sinfonía o una ópera de proporciones wagenrianas, por más que se disimule en la intimidad más íntima de los personajes. Ahora bien, claro que hay rasgos en común, como en todos los libros, e incluso en las críticas de Camilo Marks: humor corrosivo, en un caso quizá exhibicionista, como en su larga novela, en el otro con alusiones implícitas, como en este libro de mentira y una capacidad para crear personajes convincetnes poco vista en la narrrativa reciente.

  190. En el curso que tomé con Camilo Marks, comenzamos con la lectura de novelas cortas, una forma que a él parece fascinarle -por algo será-, para continuar con bestsellers de los años 20 a 50, seguir con teatro, luego poesía y finalizar con una gran novela de novelas, “Ana Karenina”. Recurdo que las novelas cortas eran de Merimée, Stendhal, González Vera, Henry James. Aún no he leído “LA sinfonía fantástica”, que parece estar en la boca de todo el mundo, aunque, claro, como todo lo que parece poseer calidad, se compra poco, pero tengo la impresión que este género tan especial, tan dificíl, tan arduo de tratar con maestría, la novela corta, o nouvelle, es el que le viene más.

  191. Da lo mismo rotular del modo que a uno le parezca “El verano sin verano”: cuento largo, novela corta, noevelle, simplemente novela. Es un relato excelente, de óptima factura, muy bien tratado, que deja planteadas tantas preguntas sin resolver y, a la vez, hace salir del closet a tantos fantasmas, que uno, simplemente, la termina, pero con algo de frustración, porque, lógicamente, desea que la historia hubiera seguido, que se hubiera eternizado, que nunca hubiese terminado. Es el valor, la gracia que tienen las piezas literarias logradas.

  192. Leí en alguna parte que este cuento o novela corta de mentira iba a ser publicado en forma de libro, pero nadie me ha dicho cuándo, qué editorial ni si saldrá en la misma forma que aquí o con variaciones. Me gustaría mucho, en verdad, leerlo en forma de libro y aunque celebro a rabiar esta iniciativa virtual, el olor del papel, la textura, las portadas, las solapas, hasta las mentiras de las contratapas me encantan. No sé, a lo mejor el libro como objeto o soporte desaparece y en el futuro todos andaremos trayendo pequeños laptops que abriremos en cualquier lugar y donde podremos tener acceso a todos los títulos del mundo, en todos los idiomas. La idea no me gusta nada y, por suerte, no voy a estar viva si se cumple en su totalidad.

  193. Ya dije que el relato me había encantado y ahora que lo volví a leer e incluso lo releo con facilidad apretando bien el mouse, con el click donde se debía -la primera vez, se me disparaban las hojas o me desaparecía todo de la pantalla de repente y volvía a empezar hasta casi perder la peciencia-, aparte de los sginificados, que los tiene, y muchos, la máxima gracia sigue consistiendo en ser una buena historia, muy bien escrita, como pocas ahora, convencional, tal vez en el estilo, pero profundamente subversiva, inquietante, intranqulizante, emotiva en el fondo. Felicitaciones por esta iniciativa y felicitaciones al autor.

  194. Hay una cosa que se llama economía de medios y no es un término solo aplicado por gerentes, administradores de empresas, directivos de firmas. En literatura, economía de medios expresivos significa decir lo máximo con poco, sugerir mucho más de lo que aparece en la superficie, dar a entender un mundo subyacente detrás o en las profundidades del mundo aparente, exterior, sacarse las máscaras o descorrer los velos, entregar al lector la posibilidad de armarse su propia historia a partir de las páginas que tiene ante sí. Eso es lo que hay, y en gran medida, en “El verano sin verano”, un relato claro, diáfano, prístino, pero colmado de acechanzas, peligros, temores, con toda la historia del Chile reciente a veces resumida en un par de frases, con varias vidas que tenemos que recomponer gracias a los fragmentos o retazos que el autor nos proporciona. Me llama la atención el nulo interés en la lectura de la casi totalidad de la gente joven y por eso celebro sin restricciones esta iniciativa que, obviamente, proviene de personas que casi podrían ser mis hijos.

  195. “El verano sin verano” es tan poderoso como “La sinfonía fantástica”, pero, tal como se ha dicho aquí, es un registro íntimo, de cámara, un buceo en las profundidades de nuestra historia y un sondear en el subconsciente colectivo de este país odioso, clasista, machista, xenófobo, racista, homofóbico, pero, y eso es importante recalcarlo, también un país que en el pasado supo acoger a miles de refugiados, recibiir eminencias que construyeron nuestro legado ético e intelectual, una nación que, por lo menos hasta la época de las vacaciones tan bellamente recreadas, era una de las más cultas, civilizadas, progresistas y avanzadas del mundo, con salud gratis, educación gratuita, cultura al alcance de todos los bolsillos, el segundo país del mundo en el que se abolió la esclavitud y también el segundo en dictar una ley de instrucción primaria obligatoria, todo eso en el siglo XIX. Sí, porque a pesar de que fuimos el último en legislar sobre el divorcio, el último de América Latina en dejar sin efecto la pena de muerte, el último en despenalizar la homosexualidad, también tuvimos una época ascendente en lo intelectual, en la vida de sociedad, que terminó, quizá para siempre, en 1973. Así y todo, no soy una pesimista y creo que algo quedará de lo que existió y donde aún quedan brasas,puede volver a surgir el fuego.

  196. Bello, bellísimo, hermoso, con una fuerza a ratos irresistible y también con la posibilidad de dejarte reflexionar en calma, “El verano sin verano” debería ser lectura obligatoria en los colegios, tal vez en las universidades. No exagero, pero como Camilo Marks es un personaje muy simpático en lo público, aunque tan resistido por los mismos desconocidos de siempre, más la academia -¿qué escriben esos señores, díganmelo?- dudo de que mis deseos se conviertan pronto en realidad. Pero estoy segura de que alguna vez sí se cumplirán, porque ya hay cierto reconocimiento crítico al trabajo novelístico de Camilo Marks y, por cierto, su labor como el crítico literario más importante de nuestra época es incuestionable.

  197. Lo único que les puedo asegurar es que he pasado el dato de estos libros de mentira a un millón de personas y, en especial, he abierto todas las puertas y ventanas para dejar entrar al verano sin verano.

  198. Yo también he hecho lo mismo que afirma Leo Campos, y aunque mis preferencias acerca del mejor de estos libros de mentira están claras -¿adivinan cuál es?- creo que todos los demás deben difundirse, porque dan un panorama bastante amplio de lo que se escribe y cómo se escribe en Chile hoy por hoy. Y creo que no estamos tan mal.

  199. He visto, por pura curiosidad, algunos comentarios a otros libros de mentira y, hablándolo con una amiga que también ha leído y opinado aquí, hemos llegado a la conclusión de que “El verano sin verano” ha producido más controversia, deseos de hablar, volcamiento de la capacidad de expresión de mucha gente, entre otras cosas, por el tema de fondo que trata, o mejor dicho, lo enfrenta, pues no es el tema central del libro -me refiero a las violaciones de dd hh- y eso sigue y seguirá produciendo discusión, debate, imposibilidad de ponerse de acuerdo en Chile por las próximas generaciones. Y, claro, desde luego que es una estupenda historia, muy bien tratada, muy bien escrita, lo que hace más deseable e imperioso hablar del tema. Porque si fuera un panfleto o el típico trozo de prosa balbuceante que se escribe hoy por hoy, no seríamos tantos los que nos hemos tomado el tiempo de explorar en sus significados. Para mí, ha sido en parte, un poco como una catarsis.

  200. Siendo extranjera y habiendo vivido en Chile por razones familiares en los últimos años, me genera un alto grado de impacto que el tema de los derechos humanos, aunque sea abordado de modo tangencial, como en “El verano sin verano”, continúe produciendo tanto encono, tantas posiciones irrenunciables, aunque sean en exceso unilaterales, tanta obnubilación, que ya bordea un poco la ceguera o, en el mejor de los casos, la estrechez total de criterio, la incultura, el provincianismo cerril tan típico de los chilenos -perdón, debería decir de muchos chilenos porque cada uno es diferente al otro-, sí, tanta obsesión con un problema muy grave, es cierto, pero que en otros países ha alcanzado dimensiones inmensamente mayores que en Chile. Por ejemplo, en Guatemala hay mas de 50 mil detenido desaparecidos fruto de la guerra civil que siguió al derrocamento de Jacobo Arbenz por los norteamericanos en 1956 y las subsiguientes dictaduras militares de extrema derecha, sin contar con los muertos reconocidos oficialmente, los mutilados, los centenares de miles de torturados, en un país que es diez veces más pequeño que Chile; para qué voy a hablar de El Salvador, que, junto a Guatemala, son, en la práctica, países donde para la inmensa mayoría de la población es casi imposible vivir, pero siguen viviendo y producen literatura, arte, cultura, sin creerse el centro del universo en cuanto a las violaciones de derechos humanos. ¿Y Argentina, Uruguay, Brasil, Haití -este no es un país invivible, sino lisa y llanamente inviable como estado- , Colombia, etc? Y mejor no sigo con las naciones africanas, del sudeste asiático, dominadas por los musulmanes, donde hay, en el presente, tiranías horrendas, monstruosas, que hacen sentir vergüenza de pertenecer a la especie humana. Pero desde 1973 en adelante, Chile se ha erigido en el campeón mundial de las violaciones a los derechos humanos, en una maniobra política internacional realmente brillante, porque, claro, los militares fueron tan estúpidos y trogloditas que en Chile, justamente admirado por su democracia, su nivel cultural, el ascenso social y político de las clases medias y proletarias hasta 1973, el hecho de haber elegido, en forma democrática, por primera vez en la historia, a un gobierno socialista dirigido por un líder admirable, en fin, el grado de libertad y desarrollo social que se alcanzó, llegan los aviones cazabombarderos, los tanques, la marina y no solo cometen la masacre que ya conocemos, sino que, además, están seguros de que todo el mundo los va a admirar. Todavía hay muchos chilenos que siguen pensando así. Pero los otros, los políticos que se escaparon, montan en todo el mundo una campaña contra Pinochet y su régimen como nunca se había visto en la historia, apoyada por gobiernos, organismos multinacionales, los intelectuales más destacados y muchos más. Mientras tanto, se preparan para regresar algún día y volver a regir el país y vaya que sí lo han hecho bien, es decir, vaya que les ha ido fantásticamente bien a sus bolsillos.
    Pero esa gente y esa campaña nos convencieron a muchos de que lo que sucedía en Chile era único, mientras en los países vecinos se hacían cosas peores y en el resto del mundo también. Desde luego, estoy convencida de que la dictadura de Pinochet fue atroz, inhumana, lo peor que ha habido, pero lo peor que ha habido en Chile, no en el resto del mundo. En tres ocasiones, a comienzos de esta década, me tocó particpar, en Ginebra, en simposios, meditaciones y congresos, que se tradujeron en libros, en torno al tema de los detenidos desaparecidos en el mundo. Pues bien, al delegado chileno, un abogado notable, encantador, preparado, hubo que hacerlo callar varias veces e incluso, al cierre de los dos últimos encuentros, la presidenta de la asamblea de delegados de distintos países tuvo que representarle al señor chileno que, por favor, tuviera en cuenta que Chile no era el único país donde había detenidos desaparecidos y que la exclusividad del tema no pertenecía, en modo alguno, a los chilenos. Así y todo, muchos continúan pensando lo contrario.
    “El verano soin verano”, trata, según mi parecer, de modo certero, inclusive magistral, este tema, y, al hacerlo desde una perspectiva lateral, le da más modestia, menos grandilocuencia, más poder que si fuera el asunto central del relato. Quizá el autor piensa como todos los chilenos, es decir, que los detenidos desaparecidos son solo un problema de Chile. Pero a juzgar por la discreción y pulcritud de su texto, por la limpidez de su prosa y por el modo en que entremezcla historias, quiero creer que estoy equivocada, me atrevo a pensar que él no piensa, como muchos aquí, que el centro de la historia, el ombligo del mundo, lo más importante de todo cuanto ocurre es lo que pasa en Chile.

  201. Acabo de leer el comentario anterior y solo ése, porque se necesita tiempo para ponerse al día en todo o parte de lo que aquí se ha dicho. Concuerdo plenamente con esas palabras. Nos creemos el centro del mundo y nada de lo que aquí ocurre tiene ahora mayor trascendencia en ninguna parte. Pero, volviendo a los méritos literarios de “El verano sin verano”, deseo felciitarlos, una vez más, por esta iniciativa y me alegro de que la novela suscite tantos intercambios. Porque para mí la literatura no es solo un buen relato, un notable texto, bien escrito y bien concebido, sino mucho más. En la medida en que te abre puertas desconocidas, disipa prejuicios, cambia o modifica nuestra percepción de la realidad, nos hace comprender a los otros, efectúa el milagro que solo ella puede llevar a cabo, esto es, hacernos capaces de ponernos en las mentes o las vidas de los demás, y eso es literatura para mí. En lo personal, si bien respeto a quienes admiran a los escritores ciento por ciento literarios o con cero contenido político -Borges, Joyce, Mallarmé-, me quedo con aquellos que nos hacen ver nuestra realidad, nos permiten penetrar más allá de lo que sabíamos o creíamos saber, nos insta a ver cosas distintas y nos hace discutir en torno a nosotros mismos o quienes conocemos. En ese sentido, “El verano sin verano”, en su sencillez, su modestia, su claridad estilística es admirable, porque detrás de esos méritos literarios o artísticos también están la verdad, el deseo, la seducción, la búsqueda de una razón moral, de un sentido, de un objetivo.

  202. Me alegro, en parte, de haber dejado por un tiempo atrás a Pilar y Lyon, pero esa relación de amistad, de la más temprana infancia y reencontrada en la edad madura, me conmovió, me produjo auténtica emoción, porque, claro, está mediada por el cariño y admiración sin límites del delicioso gordinflón hacia su ídolo Marcelo y por la obsesión de Pilar por la pareja, en especial Helena, a quien, al final, decide encontrar no ya para saber la verdad de su verano sin verano, sino porque quiere de veras conocerla. Sí, porque nunca la conoció y solo le quedan de ella los restos del collar de abalorios, el rojo sangre y el rojo estampado en el verde y ella es el gran misterio de la historia. Para mí, en la actualidad debe ser una persona sin ningún interés, tal vez una vieja reseca que sufrió y se atormentó mucho, tal como lo dice Lyon, pero como pasa siempre en esos casos, el misterio quedó fijado para siempre en ella en ese último paseo que hizo a los riscos con Pilar, donde indicó las profundidades insondables del lago y no dijo nada. Nada de nada, porque nunca dice nada. En lo personal, las personas tan silenciosas nunca me han fascinado, jamás he creído que la gente callada lo sea siempre por timidez o porque tiene todo un mundo interior fabuloso. Creo que los callados, como los taimados, como los apático calculadores, son seres de poco atractivo, poco interesantes. Pero me estoy yendo por las ramas y eso es, quizá, lo bueno de un buen libro, que a uno le permite irse por las ramas y divagar, divagar por el puro gusto de hacerlo.

  203. Todo es sumamente interesante, pero todo deja gusto a poco y a cosas sin terminar. “El verano sin verano” es un relato terminado, concluído, finalizado. Hacer hipótesis acerca de lo que hicieron o pudieron hacer o dejar de hacer Fulano, o tal persona o esa otra, puede ser muy entretenido, cómico, hasta delirante incluso. Sin embargo, hagamos un esfuerzo por concentrarnos en el relato: la historia de una mujer mayor que evoca sus vacaciones y las historias que se entretejen durante ellas: Marcelo y Helena son la historia principal, por cierto, pero también están Rosita, Marta, los niñitos Coronado, la tía Aurelia, el panadero, las veladas musicales alemanas. Y como de paso, pero tal como el autor o su heroína nos anuncia, Claudio Lyon, el mariposón, el maricueca, el chico acomplejado que va a dar la sorpresa del siglo. Y hasta tal punto es así que, al final, se convierte, junto con Pilar, en el otro héroe del relato. ¿Es posible que un Lyon tenga mala pinta? ¿Es posible que sea pobre? Y, más importante aún, ¿es posible que sea decente, sensible, de inteligencia superior al promedio, de calidad humana excepcional? El relato nos convence que sí y así debe ser, pues. Pero entonces, ¿cómo es posible que se case con una arribista enferma como Rosita? Tenemos que creer, acto seguido, algo imposible y es que la imbécil de Rosita haya madurado, haya cambiado, se haya convertido en un ser humano digno de respeto y aprecio. Eso no me lo trago mucho y debe ser porque soy muy freudiano: Según Freud, desde los 3 años la personalidad está formada. Yo creo que exagera la nota, pero después de los 20 se me hace difícil creer en milagros. Sin embargo, se han visto cosas más increíbles, así que hagamos un esfuerzo y creámosle al autor cuando nos insinúa que Rosita, a pesar de casarse en la tercera edad con vestido blanco, flores y por la Iglesia, es una mujer hecha y derecha.

  204. “El verano sin verano” es un relato perfectamente terminado y perfectamente abierto. Y esa es su gracia. Podemos darle vueltas toda la vida a los más diversos temas, pero en cuanto a ficción literaira, es de primera clase, superior y está mejor escrita que…iba a decir algo desagradable, pero paro aquí.

  205. Sí, es una novela terminada, bien finalizada, muy perfectamente concebida, tal como lo fueron las otras novelas cortas de “La dictadura del proletariado”, todas ellas, y tal como la otra novela que leí de Camilo, “Altiva música de la tormenta” que tiene una presentación de personajes sin tacha, un desarrollo ejemplar y un final impactante, que te pilla totalmente por sorpresa.

  206. Solo he leído, antes de “La sinfonía fantástica”, las cuatro novelas cortas de “La dictadura del proletariado”, que me parecieron, por cierto, excelentes, cada una tan distinta y tan parecida a la otra y ahora “El verano sin verano”. Por favor perdónenme, pero prefiero el formato libro al virtual y espero con ansias, tal como otros lo han dicho, que aparezca con las demás que el autor ha prometido o como sea, pero con hojas, cubiertas, tapas, que se puedan tocar, sentir, oler. Igual los felicito de nuevo.

  207. Tabién quiero añadir un par de líneas solo para decir que espero la aparición del libro, que, de seguro, tomará su tiempo, como todo en Chile. Pero ¿qué es lo que pasa con el libro y la lectura en este país donde nadie, pero nadie lee nada y cuando alguna vez aparece algún autor bueno o de calidad, con obras de calidad, nadie los encuentra en las librerías? ¿Es culpa de las editoriales, de las librerías, de los lectores, del sistema, del gobierno? Porque muchos libros recomendados o bien criticados no están en las librerías y después me entero que es porque no los reponen o por pura negligencia. Entonces es el colmo porque así no me vengan a hablar de la crisis de la cultura. Ya sabemos quienes son los responsables.

  208. Creo saber dónde se encuentra en la actualidad Helena: es la jefe de gabinete de Michelle Bachelet detrás del o la que da la cara y la van a cambiar al Ministerio del Interior, para, de ahí, quizá darle un puesto clave en la Secretaría General de Gobierno o la embajada en República Dominicana.

  209. Un músico, de nombre Tomy Tomas, bajista para ser más precisos, a quien conozco por motivos profesionales y otros, me contó lo siguiente: conoció a Camilo Marks en el metro, lo ubicaba de Hora 25 y le contó que estaba leyendo un libro de Boris Vian. Camilo enseguida le largó una chorrera de nombres, le dijo donde comprar libros a una luca y enfervorizado, loco de entusiasmo, le aseguró que después le regalaría algunos porque encontrar gente joven a quien le guste leer simplemente lo trastorna. ¿Es esto real o virtual? Por supuesto, le dije que podía enseguida leer, y gratis, “El verano sin verano” y me dijo que iba en la mitad y que no se atrevía a pensar en qué iba a terminar la historia.

  210. Uno de los colaboradores de libros de mentira, el sr. Zambra, que es una lata, aunque algunos se vuelvan locos por la lata, bueno, eso es típico de Chile, donde se adora el hastío, la falta de talento,. la ausencia de vida, dijo en La Tercera que todos los que habían hablado de Le Clezio reconocían que habían leído uno o dos libros de él y mencionó a Camilo Marks. Pero resulta que no fue así, porque yo escuché, y muy bien, la entrevista de Cooperativa y luego la versión en internet de la de la radio Caracol, de Bogotá, Colombia. Y en ambas, el autor de “El verano sin verano” se explayó latamente sobre la obra de J. M. G. Le Clezio, demostrando no solo conocerlo, sino haberlo leido antes de que Zambra y los de su generación y amigos supieran siquiera leer (¿saben hacerlo, saben escribir?). Resulta que si a Zambra le preguntan por los diez mejores libros de los últimos 50 años, menciona 10 obras de Dino Buzatti, porque ahora lo está recién, recientísimo, leyendo o si le preguntan acerca de los 20 títulos indispensables de las pasadas décadas, menciona 20 obras de Perec, porque lo acaba de descubrir. ¡Pero qué formidable! ¿No es eso una lección brillante de un ex crítico que abandona la poesía y la crítica y ahora se dedica a las novelas de nueve páginas -con suerte y porque el libro está compaginado para eso, es decir, llenar más espacio por falta de texto-? Yo lo encuentro, francamente, fascinante, maravilloso, exquisito. Claro, no tanto como “El verano sin verano”, pero mantengamos la compostura y el buen nivel que se han mantenido hasta el momento.

  211. Notable, sutil, delicada, insinuante, temible narración es “El verano sin verano”. Confieso que solo había visto a Camilo Marks en Hora 25 y nunca he leído ni sus críticas ni sus libros, lo que es imperdonable en mi caso, pues, aparte de la profesión oficial que ejerzo, soy poeta. Y este relato es, entre otras cosas, una lección de poesía narrativa, no porque se acerque por un segundo al poema en prosa o la prosa poética, nada de eso, sería criminal que lo hiciera, sino por el significado profundo de la palabra poesía, por la música verbal en cada una de sus partes, por las escasas pero deslumbranes descripciones, por la súbita detención cuando el ánimo del autor -o la narradora, Pilar- se comienza a poner latigudo para, acto seguido, lanzar la cachetada, dar un golpe, arrojar una bomba, o, lisa y llanamente, en unas pocas palabras, interrumpir con crueldad nuestro estado contemplativo o meditabundo para hacernos reir con una pincelada de humor, ironía, incluso sarcasmo, pero sarcasmo de buena ley, no sorna, ese defecto tan común en muchos escritores chilenos, sobre todo los críticos literarios. Marks nunca se permite descender a la chirigota, la cuchufleta, el chiste de regimiento, la pachotada, jamás tira bromas obvias y, cuando está a punto de hacerlo, su instinto o quizá su larga preparación para dedicarse, al fin, a escribir ficciones, le dicen que hay que parar, que es preciso no continuar, que es imperativo ponerse serio, o grave, pero de ninguna manera tonto grave. Esta es una lección de escritura y también una lección moral, porque Marks no se anda con chicas y, tal como lo bautizó un crítico, es un tipo duro, de esos que son capaces de ponerse a ambos lados de la calle, enfrentando, por un lado a su pocos y envidiosos enemigos y, por el otro, y esto sí que es importante, enfrentándose a sí mismo. Porque así como no tiene piedad con escritores o escritoras mediocres, tampoco la tiene consigo mismo. ¿Quien puede deslizar, una sola vez, que el nombre de una chica de origen mapuche es igual al de la causante de la guerra de Troya, que es imposible que un Lyon sea pobre o tenga mala facha -y decirlo como un hecho casi jurídico, casi factual-, que resulta natural que la prima y amigas de Pilar se vuelvan locas con chicos si estudian en el Verbo Divino, que la palabra revoltoso derivó después en subversivo y más tarde en algo peor, terrorista, que ya sabemos, la transición a la democracia es un contubernio entre políticos, empresarios y militares, pero hay que mantener esas palabras porque hay que mantener el trabajo en el diario o, peor aun, porque son las únicas que se permiten mientras los torturadores y asesinos se paseaban -y la mayoría se siguen paseando- con impunidad por las calles? Sin embargo, lo grande, lo grandioso de todo esto es que nada de lo anterior suena a denuncia fácil o panfleto, no solo porque es la verdad, sino porque está dicho en un contexto ciento por ciento literario, en un relato que es literatura por donde se lo mire. Los felicito de veras..

  212. “El verano sin verano” es, antes que todo, relato y, como tal, tiene acción, suspenso, una estructura semipolicial, una dosificación más que adecuada, yo diría que casi perfecta, en torno al desenvolvimiento de hechos y situaciones, todos vistos bajo la mirada de Pilar, la protagonista, pero donde también podemos adivinar o entender, gracias a los numerosos y siempre logrados diálogos, las reacciones y el comportameinto de los demás, predecir cuáles van a ser sus próximos pasos. Lo que es imposible predecir es el presagio, que anuncia, cada vez de modo más angustiante, el desenlace, las señas que el autor nos da de que algo va a pasar que cambiará todo, sin que tengamos idea de qué se trata, la posibilidad de que no pase nada y de que todo quede en los recuerdos de esas vacaciones sureñas en apariencia perfectas, idílicas, para recordarlas toda la vida con dulzura, pero donde ya se incubaba el futuro estallido de la violencia, el futuro horror que vendría, el temible y terrible futuro que vivimos todos, de una forma u otra, en una generación, en la precedente o la que viene a continuación. Porque si Pilar, al final, nos dice que entre sus compañeros de infancia hay criminales procesados por violaciones a los derechos humanos, nuevos ricos, inmensamente ricos gracias a los negociados que han hecho, narcotraficantes o sus testaferros, profesionales del lavado de dinero, es porque ya, en la temprana infancia o la juventud dorada, se estaban plantando las semillas de lo que vendría. Leí, en “La crítica: el género de los géneros”, un brillante ensayo de Camilo Marks acerca de “Los endemoniados”, de Dostoyevsky, llamado “La semilla del desastre” y en este, aparentemente tan modesto “El verano sin verano” y a otra escala, hay, en sus inicios, un aviso de la catástrofe y al final, ya se ha vivido la catástrofe, pero recién se está empezando a abrir la caja de Pandora de los demonios que nos seguirán persiguiendo por mucho, mucho tiempo más. Notable. Y también me sumo a las felicitaciones.

  213. Me parece, por decir lo menos, extrañísimo y, por decir lo más, estimulante, que “El verano sin verano” haya producido en muchas personas de mentira que leen este cuento de mentira, una suerte de catarsis y la única explicación que veo para entender este inusitado fenómeno es, además del relato en sí, la personalidad de su autor. Que Camilo Marks es todo un personaje no lo duda ya nadie (bueno, si exceptuamos al 95% de la población, pues me estoy refiriendo, más o menos, al 5% de ella que es pensante). Tal vez esa característica, ser un personaje, se ha acentuado desde que aparece en un programa de televisión que, a mayor abundamiento, es un programa bastante freak, bizarro, insólito. Y más aun se ha desvelado en las sucesivas entrevistas que ha dado, donde lo han calificado como el crítico más feroz de Chile, donde no tiene ningún empacho en confesar que es cleptómano, que fue abogado de choque en la defensa de los derechos humanos, que es un profesor idolatrado por sus alumnos -y, claro, también debe ser odiado por unos pocos-, que no tiene ningún empacho en decir lo que piensa ante las cámaras, el micrófono de las radios o los medios escritos y que mucho de lo que piensa es políticamente muy incorrecto, porque deja a la concertación como chaleco de mono, pero dice que se asilará si sale Piñera, para denunciar sin ambages la corrupción del sistema, la estupidez de los medios -¡como atreverse a decir que la televición en tiempos de la dictadura era mejor que ahora!-, la incultura general, la virtual desaparición del libro y el hábito de la lectura, la pésima solución que se ha dado a los problemas de derechos humnaos -todo han sido parches más parches, según sus plabras, todo en Chile se hace con remiendos, costuras, chapucherías-, en fin, este personaje que, según sus palabras, padece del síndorme o desorden de personalidad múltiple, en lugar de resultar antipático, como todos los que tienen la posibilidad de opinar en público, termina resultando querible, alguien que despierta confianza, proximidad, tranqulidad y no rechazo o nerviosismo.
    Esto no tendría por qué tener nada que ver con “El verano sin verano”, claro, porque el relato, como se ha dicho tantas veces, se sustenta en sí mismo. Y en su estilo y estructura es lo más alejado a ese personaje y esa gesticulación tan avasalladora de este personaje. Y aquí está lo más increíble de todo: ¿cómo puede una persona en apariencia tan desenvuelta escribir algo tan íntimo, al comienzo tan sosegado, casi idílico, pese a su final atronador? Para mí resulta, en parte, inexplicable, a menos que uno lea todo lo que ha escrito Camilo en los últimos 21 años, incluyendo todas sus críticas y sus otros libros. Porque resulta que a veces puede ser lapidario, corrosivo, extenuante, pero muchas otras es tenue, sutil, malicioso sin maldad, hasta bondadoso y cuando algo le gusta, no tiene empachos en aplaudir, celebrar, inclusive ovacionar. Quizá la explicación de que alguien con facetas tan extravagantes y contradictorias pueda escribir “El verano sin verano” se encuentre, en definitiva, en esa personalidad que pocos conocen, que muchos juzgan a la pasada, que varios tratan de ignorar, pero que, indudablemente, es una rareza en este país de muertos sin sepultura.

  214. Coincido con lo anterior, pero le agregaría algo más y matizaría un poco esos juicios. Camilo Marks no es tan extravagante como parece, sino que su persona pública lo es, creo yo (porque no lo veo hace mucho tiempo, pero nadie puede cambiar tanto en unos cuantos años). “El verano sin verano” tiene cero extravagancia, cero locura, nada de rarífico o complicado, sino todo lo contrario: un relato clásico, una historia al comienzo convencional y, detrás de todo ello, lo menos convencional, lo más siniestro, el pasado que nos acecha. Y eso proviene de alguien que sabe qué es la literatura, que conoce el idioma y las palabras, que tiene dominio de los recursos literarios, en especial los de la narrativa, que posee seguridad al escribir y acerca de lo que escribe. Entonces no busquemos explicaciones en la supuesta biografía del autor y en la supuesta atracción que concita, sino en la obra. No tengo mucho derecho a expresarme así, porque antes fui una de las que sacó a colación con virulencia el tema de los derechos humanos, pero pienso que hay que centrar el juicio sobre una obra en los méritos o carencias de ellos. En este caso, tal vez tenga carencias -con seguridad, cuando sea publicada en forma de libro, si es que eso ocurre, no faltarán quienes las encuentren-. Pero los méritos sobran, están a la vista y cualquiera puede apreciarlos en una simple lectura.

  215. Las personas que hoy día leen en Chile, poquísimas, cada vez menos, son todas o casi todas de clase media, sea acomodada o en la periferia del proletariado. Los ricos y los muy ricos no leen nada y eso está archicomprobado. Todas las personas de clase media han pasado vacaciones similares a las de Pilar y Claudio Lyon en su infancia, todos y todas hemos experimentado las frustraciones, los anhelos, las contradicciones de ese par, todos hemos tenido ídolos, todos hemos tenido tíos y tías que manejan cosas mejor que otros, todos los que en el presente somos maduros evocamos esas vacaciones con nostalgia y, si somos lúcidos, vemos, casi como si lo viéramos en una película, ciertos ritos que ahora resultan antediluvianos y recordamos creencias que parece que fueran de siglos, pero son de unas pocas décadas atrás. ¿Cómo olvidar los bailes en que los hombres se sentaban a un lado y las mujeres al otro, esperando, en el caso nuestro, que algún galán nos viniera a sacar a bailar para no planchar? ¿Y cómo olvidar que, hasta hace poco, muchos creían, creíamos en la cigüeña y el Viejito Pascuero? ¿Era eso mejor que la actual educación sexual, que el lenguaje atroz y soez de los muchachos y, en especial, las muchacahs del presente? Por supuesto, el engaño y el ocultamiento de la sexualidad siempre han sido dañinos y, en ese sentido, algo hemos avanzado, de eso estoy segura. Sin embargo, la pornografía por internet, las redes de pedofilia, el acoso sexual creciente no me parecen signos de progreso por dondequiera se los mire. “El verano sin verano” es un bombón que esconde mucho veneno, una fruta emponzoñada, pero si uno deja de lado todo lo tóxico, ¡por Dios que se pasaba bien en esos fabulosos veranos de mentira! ¡Y mucho más mentirosos que estos libros de mentira!

  216. “El verano sin verano”, una meditación en torno al arte de meditar, una convocación a la memoria del deseo, una reflexión de alguien que no para y nunca parará de reflexionar es, antes que nada, un compacta trenza de indicentes narrados por una protagonista que nos miente o que pretende no saber nada, una mujer madura que juega a ser madura y nos insiste, una y otra vez, en su inocencia, una adulta que nos hace ver que todos la consideran demasiado niña, una niña a la que se le pasa el tejo para ser ingenua o simplemente pailona, en suma, una mentirosa redomada, una engañadora de tomo y lomo. Sé o intuyo que es una casualidad que hayan dejado para el final este relato, porque, francamente, no me creo eso de las dificultades técnicas debido a su longitud. Y es perfecto, es un acto de justicia poética que haya coronado todo el esfuerzo de reunir estos cuentos, porque es la mentira más grande de todas, el cuento más mentiroso, lo más mentiroso de todos estos libros de mentira.

  217. Camilo querido, qué lástima que seas tan torpe con la computación y no leas estos comentarios. Algunos son francamente valiosos e inteligentes, con otros estoy en completo desacuerdo. Pero cada vez te envidio más, en forma sana eso sí -¿existe eso que llaman envidia sana?- la capacidad que tienes para armar opiniones, para hacer que la gente se exprese, para lograr que muchos digan lo que de verdad piensan. Y a lo mejor eso también es literatura.

  218. Camilito lindo, no sabes lo que me ha alegrado verte en esos programas donde los entrevistadores parecían estupefactos, soprendidos, encandilados contigo. He recomendado tu novela a los cuatro vientos, incluso la he regalado un par de veces y ahora estoy volviendo loco a todo el mundo para que lean “El verano sin verano”.

  219. Igual que mi mamá, he hecho mucha propaganda a tu último libro y he gritado a los cuatro vientos que se puede leer gratis en libros de mentira el notable cuento “El verano sin verano”

  220. “El verano sin verano” es, a lo mejor, mejor que la larga novela que ha escrito mi amigo y ex abogado Camilo Marks. Pero quizá miento, porque pocas veces he visto dos obras más distintas, más variadas en el estilo, más radicalmente opuestas, salvo en los radicales, irrenunciables, incorruptibles principios en que ambas se sustentan.

  221. Es increíble lo ignorante que uno puede llegar a ser, lo inconsciente, lo poco perspicaz, lo obtuso. Cuando tuve clases con Camilo Marks ni siquiera se me pasó por la cabeza la idea de leer sus críticas, a pesar de que tendría que haber sido una obligación moral hacerlo. Y ahora me encuentro con esta narración que,. quizá debido a la avaricia, o, con razón por los precios prphibitivos de los libros, puedo leer gratis. Es un regalo. Y vaya que regalo.

  222. “El verano sin verano” me retrotrae a tantas cosas, no solo la infancia, no solo las vacaciones en la playa, no solo los pirmeros amores y desventuras, sino, claro, todo lo que vino después y que Camilo Marks ha vivido como tantos de nosotros, en carne propia, en vivo y en directo. ¿Cómo es posible, en una narración relativamente tan corta, decir tanto, sin decir nada muchas veces? ¿Cómo se puede resumir de una plumada la historia de Chile y confiar en el lector para que haga el resto? ¿Cómo se logra crear suspenso, emoción, dar un golpe maestro y dejarnos aturdidos, pero a la vez despiertos? Si esto no es literatura, yo soy la reina de Inglaterra.

  223. Que es literatura, claro que sí y de la buena. Que es una historia notable y original, por supuesto que lo es. Que estamos ante un texto impecable, está más allá de toda duda. Lo que no puede dejar de asombrarme es la variedad de interpretaciones que puede suscitar, cómo cada uno se ve reflejado y de qué manera tan diferente, en el texto, cuántas vueltas se le puede dar a un asunto aparentemente tan simple, aparentemente incluso trivial, aparentemente de una sencilleza rayana en una de las cuatro operaciones aritméticas básicas. Somos un país donde el género de la novela corta se ha practicado por muy pocos con éxito -González Vera y María Luisa Bombal son los únicos ejemplos que se me vienen a la cabeza- pero “El verano sin verano”, espero, se constituirá en un clásico de esta tan dificíl forma de narrar.

  224. Por supuesto, ya renunciè a leer todo lo que se ha escrito más arriba de una sola trirada, aunque me he prometido dedicar un fin de semana a ello. Pero no puedo dejar de decir que me produce una satisfacción inmensa, una alegría como pocas, unos deseos locos de saltar cuando veo que hay, por lo menos, medio centenar de personas que reconocen el valor y el talento de Camilo. Y eso no es poco, en realidad es mucho, muchísimo en un pais como Chile, donde todo es chaqueteo, envidia, climas malsanos de convivencia, personas tóxicas, en fin, toda clase de gente torva, patuda, fresca, ignorante, de mala clase, en el sentido amplio de la palabra. Entonces, reconocer el mérito ajeno y, en este caso, el de alguien que lo merece de sobra, me hace reconciliarme un poco con este país. Algo es algo.

  225. Totalmente de acuerdo con lo anterior, parecería que una serie de personas que no nos conocemos entre nosotros, aunque hay muchos que sí reconozco, nos hubiéramos puesto de acuerdo para analizar y darle vueltas a “El verano sin verano”, de Camilo Marks, a quien recién se le está comenzando a reconocer el talento, la chispa, la originalidad. Que eso se deba o no a la televisión me da lo mismo y me importa un rábano que se conveirta en una figura pop. Sé que él nunca se lo va a creer y espero que siga escribiendo como lo hace.

  226. De nuevo, por si no lo hice, los felicito por la iniciativa, aunque a los libreros de verdad y a los libros reales nos dejen en la calle. Aquí tenemos un buen panorama de lo que se escribe hoy en Chile y de cómo se hace. Y “El verano sin verano” es una muestra elocuente de que sí hay calidad.

  227. El pasado que retorna, los ritos de pasaje, el paisaje inmemorial, los rumbos y derivaciones del clima y las estaciones, los reencuentros después de muchas décadas, la memoria y el deseo, el deseo reprimido o exhibido en forma descarada, la obsesión que jamás se puede abandonar, la lucha por la verdad cuando no hay ninguna posibilidad de encontrarla, la ambigüedad de las relaciones interpersonales, todo eso y mucho más hacen de “El verano sin verano” un relato formidable.

  228. Es imposible comenzar a leer “El verano sin verano” y soltarlo. En ese sentido, se parece mucho a un relato policial, de esos que tanto le gustan a Camilo Marks y me extraña mucho que nadie haya visto la similitud entre la estructura de una intriga de misterio clásica y esta novela corta o cuento largo. Claro, no hay detectives, no existe una investigación o pesquisa como en las ficciones de la serie negra o las tramas detectivescas convencionales, pero sí hay un asesinato, una indagatoria en torno a otros asesinatos, mucho peores, y un final soprendente, inusual, que deja bastante boquiabierto, como en todos los buenos thrillers. Sin contar, claro, con la indagación permanente, la búsqueda permanente, la obsesión de toda la vida de Pilar, que es saber qué paso con la pareja de Marcelo y Helena, lo que la lleva, a ella misma, a cometer un acto que se acerca bastante a lo delictivo, o quie es delictivo de frentón, y que es condonado por el juez Lyon, a sabiendas de que se trata de un fraude, un engaño, un artificio. Porque ambos están y seguramente estarán para siempre fijados, magnetizados, imantados por sus ídolos, él por Marcelo, ella por Helena. Y, contrariamente a lo que se haya dicho, no se trata de nada homosexual, en ninguno de los dos casos. Bueno, es más fácil ver en Lyon un enamoramiento eterno por su ídolo de juventud, pero Pilar aclara dos veces, en forma tajante, que era la reverencia que un niño siente por un futbolista, un cantante, un artista de cine. ¿Deberemos creerle? ¿Por qué no? Y para Pilar, de ninguna manera hay nada, pero nada lésbico en su admiración por Helena, todo es enigma, quizá algo de admiración por su porte, pero nada más que eso. De modo que le encuentro bastantes visos de narrativa policial.

  229. Ne gustó mucho “El verano sin verano”. Me han llamado la atención la forma en que está dosificado el suspenso, lo clásico de la trama, lo bien escrito que está, la sutileza en los detalles. Cada una de las tres partes es muy buena y no hay pérdia en ninguna. Los felicito.

  230. Lo he releído ahora que compré “La sinfonía fantástica”, porque prefiero tomarme de a poco este libro tan grande, que sé, por las opiniones que he oído, que me va a gustar mucho, pero prefiero ir de a poco. Y al volver a “El verano sin verano” he admirado la gracia, la chispa, el humor, atributos de siempre en la prosa de Camilo y, detrás de todo ello, una buena historia, una historia sorprendente, que te retrotrae a tu niñez, a la cartuchonería de esa época fenecida, pero también a los ritos, las fórmulas, las cosas tan absurdas que hacíamos para hacernos las interesantes, el cúmulo de estupideces en que vivíamos sumidos. Sin embargo, ¿no era, quizá, mejor esa especie de inocencia lánguida, perdida irrevocablemente, que la supuesta liberación actual? ¿No eran preferibles un poco de candor y algo de ternura en las relaciones en lugar de la estridencia,las groserías, los garabatos constantes en todo lo que se habla hoy, el sensacionalismo de las vivencias actuales?

  231. Volví a tratar de leer todas las opiniones previas y me resulta imposible hacerlo de una sola tirada. Tarea pendiente. Pero repito lo que ya he dicho: me encantó el relato, más allá de todas las interpretaciones, las vueltas, las revueltas, las idas y venidas que pueda tener. El estilo es impecable, la prosa, límpida, depurada, pulcra, la voz de Pilar contemplativa, irónica, sarcástica, vehemente, sabia, matizada, a veces brutal, a veces lírica, sus puntos de vista divertidos, contradictorios cuando observa a los demás, cuando habla de sí misma, cuando se refiere al país: una persona que no perdona nada, que no deja nada sin examinar a fondo, pero que tampoco se perdona a sí misma y que tiene pocas contemplaciones al momento de buscar la vedad. En eso, coincide con los demás personajes de los libros de Camilo Marks: seres duros, castigados,a veces crueles, pero que ejercen hacia los otros la misma justicia que con respecto a sí mismos. Muy buen relato.

  232. Sí, creo que todos los análisis psicológicos y literarios son correctos y algunos llegan a ser casi tan buenos como las páginas de “El verano sin verano”. Esto es verdaderamente soprendente. Pero a mí me sigue llamando la atención, y cada vez más, que el tema de los derechos humanos continúe siendo una asignatura pendiente en la literatura chilena. Y no es que este relato lo trate a fondo o se detenga en las atrocidades, en el dolor, en el sufrimiento constante de las víctimas, por el contrario, ya se ha dicho que es lateral, sea porque algunos han protestado acerca del final, sea porque a otros este mismo final les ha servido para dar rienda suelta a sus emociones en la materia. Sin embargo, ¿podría haber sido de otro modo? ¿Es siquiera imaginable pensar que cualquier lector con un poco de memoria, otro poquito de inteligencia y un resto de sensibilidad no opine nada cuando aquí, de pronto, y sin que la historia parezca ir por esos derroteros -ya sabemos, al comienzo son unas vacaciones de niño rememoradas en la edad adulta- irrumpan primero las condiciones intelectuales en se que vivió bajo la dictadura de Pinochet, o sea, el trabajo de Pilar como periodista y luego, en forma brutal, los hallazgos de osamentas que fueron las primeras manifestaciones de lo que iba a venir en la transición democrática. Y todo esto debe ocupar menos de un cuarto, un quinto o un sexto del relato. Pero lo hace de un modo tan directo e inequívoco que parece la esencia de la historia, cuando ella es otra u otras cosas: la introspección de una mujer madura, su juicio acerca de los demás, sus relaciones familiares y, en especial, su obsesión con una pareja que la fascinó en la infancia. Me parece fantástico que un cuento cuyo tema no son los derechos humanos de para hablar tanto de ellos.

  233. Me he dado el trabajo de leer una buena parte de los comentarios y noto que mi voz fue, algunas veces, un poco destemplada, un tanto estridente para referirme al racismo, a la homofobia, al sexismo, a la xenofobia
    -Pilar lo es con respecto a los alemanes del sur-, a la insondable hipocresía de este país. Pero “El verano sin verano”, una logradísima historia, da para eso y mucho más y ahí está la gracia, creo yo.

  234. En última instancia, y si prescindimos de la calidad puramente literaria de “El verano sin verano”, la calidad del relato parecería también residir en todas las posibilidades extraliterarias que ofrece: políticas, de crítica social, de referencias a otros textos ficticios, de las múltiples interpretaciones que puede suscitar. En mi caso personal, me ha servido para exorcizar lo que pienso que es y ha sido este país y, al mismo tiempo, para rescatar a esa gente que, tal como lo dice Claudio Lyon, el patito feo que llegó a ser un cisne fabuloso, nos libró de ser un pozo séptico, un basural, un vertedero, lo innombrable, lo nauseabundo. Por suerte, hubo y hay personas como Pilar y su amigo de la infancia y aunque no se trate de las personas que vemos todos los días ni, mucho menos, las que gozan de apariciones públicas, esa es la gente que salvó y, espero, seguirá salvando al país.

  235. Tal vez sea cierto que nos creemos el único país del mundo donde ha habido un gobierno que tuvo como política central la eliminación del adversario y que, al hacerlo, cometió las peores violaciones a los derechos humanos imaginables. Y bien puede ocurrir que, con lo egocéntrica y autorreferente que son nuestra cultura y modo de ser, ignoremos lo que acontece hasta en los países vecinos y para qué vamos a mencionar el resto del mundo. Pero “El verano sin verano”, seguramente sin proponérselo el autor, hace que, tras una bella historia, muy bien narrada, terminemos por reflexionar, una vez más, en torno a lo que tendremos que seguir pensando por las generaciones venideras.

  236. El final, que explica el título, es lo mejor de lo mejor, pero siempre me quedará flotando la duda: ¿cómo va a encontrar Pilar a Helena? Lo normal es que, después de tantos, tantísimos años, sea alguien completmente diferente a la muchacha que conoció en su niñez. Sin embargo, como no la conoció, como apenas habló con ella, sea lo que sea que le cuente la misteriosa, impenetrable, insólita mante de Marcelo, será impactante. Sí, estoy segura que Pilar se va a llevar el impacto de su vida.

  237. Es demasiado curioso el caso de Camilo Marks, primero crítico -miento, primero abogado, y abogado de derechos humanos para ser más claros- y ahora narrador. Es que en Chile, un país tan plagado de tabúes, está completamente prohibido, es de una incompatibilidad absoluta ser ambas cosas. Y he visto que, en todas las entrevistas que le han hecho, ésa es la primera pregunta que surge: ¿cómo se siente ser criticado?, ¿cómo es pasarse al otro lado de la calle, ponerse en la vereda opuesta? ¡Pero si esa pregunta solo se puede hacer en Chile, país caracterizado por su estupidez e ignoracia infinitas! La crítica es un género literario, la novela es otro, el cuento es otro más, la poesía es uno que se añade a los anteriores y, ¿dónde está la dificultad en pasar de uno a otro si se es capaz de hacerlo? “El verano sin verano” demuestra que ese paso no solo es posible, sino que muy deseable.

  238. Agrego a mi anterior comentario el siguiente: “El verano sin verano” es, en gran medida, un relato policial, sin detective, pero con una periodista que indaga en su vida y la de los demás, sin correrías ni perseciciones, pero con un final de película, sin agregados inútiles, pero notable en el desarrollo paulatino, pero irrevocable, de los hechos, en su fatal desenlace.

  239. Estimulante, entretenida, molesta, fastidiosa, agresiva, plácida, saltona, lírica, sorpresiva, angustiosa, implacable, graciosa, hilarante, para leer a altas horas de la noche o de la madrugada, cuando uno está sobrio o un poco intoxicado, para contárselo a las personas que uno quiere o desea herir por distintos motivos, para leerla en voz alta o calladitos, “El verano sin verano” es una narración que da para mucho. A lo mejor no estamos preparados para dimensionar su alcance, tal vez solo podremos entenderla como un episodio más en la interminable cadena de episodios que hemos vivido en dos o dos y media o tres generaciones. Como sea, me alegra que tantas personas -en realidad son bien pocas si tenemos en cuenta lo que antes se leía en Chile- hayan encontrado tanto en poco más de 60 páginas.

  240. Un alcance sobre los tíos y las tías, esas personas a veces tan importantes en la vida de uno, porque nos apoyaron, nos comprendieron, incluso nos aportaron más cariño o comprensión que nuestros propios padres, otras veces seres entrometidos, horrendos, insoportables. La tía Aurelia se ubica en ambas categorías: cuando entiende que Pilar debe despedirse del verano, cuando le basta verla para saber que algo le está sucediendo y le presta su silenciosa y cómplice aprobación. Pero también es, y qué duda cabe, una matriarca, una persona a la que todos le deben favores, la monarca del pueblo, una mujer rica, poderosa, con influencias, que las debe ejercer como le da la gana y cuanbdo le da la gana. Es raro que en la literatura -salvo en el Père Goriot de Balzac- sean siempre personajes secundarios, resulta extraño que siempre estén en segundo plano en circunstancias que su influencia en el desarrollo de muchas vidas, de muchas personalidades, es incuestionable. El tío loco, el tío solterón, la tía coqueta llena de pretendientes, la tía rica que hace favores de vez en cuando, la tía solitaria, la tía que se dedicó a la política y la revolución y por eso no se casó, los tíos y tías que han llenado tanto nuestra evolución como seres humanos y que han terminado siendo relegados al olvido. La tía Aurelia, en “El verano sin verano” no pertenece a esta última categoría, porque Pilar, la protagonoista, nos la presenta desde el primer momento como un ser formidable y permanece en ese papel hasta el final del relato. Es más, cuando Helena desaparece, ni siquiera se atreve, al comienzo, a abrir la puerta de su pieza, porque los buenos modales se lo impiden. Creo que hay algo más allá de esas buenas maneras, ahora tan olvidadas, sepultadas en el griterío y el exhibicionismo en que vivimos, día a día, minuto a minuto. Creo que hay dignidad, discreción, cierta sobriedad indispensables para saber vivir bien, para el arte de la vida, para la sana, saludable, armónica convivencia. Si es terrrible perder a los padres o a los abuelos, debe ser terrible haber vivido en un mundo sin ningún tío o tía.

  241. Sí, lo anterior me parece acertado y lo más original desde que se vienen repitiendo, una y otra vez, las ramificaciones humanitarias o los méritos literarios o las carencias del relato. ¿Por qué los tíos y las tías son tan poco importantes en la literatura? ¿Por qué se han escrito tan pocos libros centrados en ellos? En verdad, no conozco ninguno y si lo conociera, me precipitaría a comprarlo o conseguirlo. Claude Lévi-Strauss dijo en “Las relaciones elementales del parentesco” que el avunculado, o sea, la institución del tío, era el pilar de las sociedades antes de la llegada de la mal llamada civilización. Al ser una persona cercana, inmediata a la familia, pero al no tener como descendientes a hijos, se convierte en el verdadero juez, en el árbitro supremo de todos los conflictos que surgen y se desarrollan en las familias, las tribus, las sociedades de mediana extensión. La tía Aurelia, de “El verano sin verano”, es la perfecta encarnación de ese mito ancestral, el poder de toda la familia, la administradora o dispensadora de todos los favores, la administradora, por lo menos de esas vacaciones tan singulares y cargadas de significados ocultos, de frustraciones, de niños y niñas, adolescentes que , en última instancia, saben que cuentan con ella para solucionar todos sus problemas, desde los económicos a los otros. Gran personaje.

  242. Mientras trato de hacer circular “El verano sin verano” por donde pueda, me he detenido a pensar en que tuve un tío maravilloso: era más rico que mi padre, mucho más, nos regalaba de todo, nos consentía en todo, y, cuando fui mayor, sin darme consejos o meterse en mi vida privada, fue la persona que más me comprendió, el único a quien podía contarle cosas que a nadie me hubiera atrevido a decir. Creo que era gay, aunque no estoy ciento por ciento seguro. Si lo fue, ojalá haya encontrado la felicidad que en la infancia se le negó a Claudio Lyon y que se les niega a tantos por ser diferentes, no solo en sus opciones sexuales, sino por cualquier cosa, sobre todo en Chile, según he oído, aunque no me consta.

  243. Mis tías paternas eran un horror, pero la hermana de mi madre fue una diosa, autoritaria como la tía Aurelia, inversionista a su modo, encantadora, independiente, orgullosa y, claro, solterona o solterísima, como a ella le gustaba que le dijeran. Y no se casó solo porque no quiso. Los hombres le daban una lata espantosa, la sola idea del matrimonio le era repelente. ¿Será igual la tía Aurelia de “El verano sin verano”. ¿Y no es absolutamente extraordinario que hayamos pasado de la trama, el argumento, los devaneos de los diferentes personajes, la historia reciente de Chile, los terribles estigmas que siguen pesando en nuestra sociedad, a discutir sobre los tíos y las tías? Hay que agradecerle a Camilo que nos de tanto tema.

  244. Antes dije una cosa muy diferente a lo que voy a decir ahora. Mis gustos no son tan refinados como los de casi todas las personas que he leído aquí -unas pocas, porque no me da el mate para estar varios días dándole vueltas a esto- y no tengo ninguna vergüenza en decir que me inclino por los bestsellers, los libros fáciles, la literatura de entretención, siempre, claro, que haya una cierta calidad en ella. Y caí en este cuento entretenido, precioso, simpático, y todo esto lo digo después de vencer los prejuicios que al comienzo sentí, pues a Camilo Marks, aunque me gusta mucho verlo en Hora 25, no me agrada tanto en El Mercurio, donde casi siempre lo paso por alto. Entonces, cuando la persona que nos hace un taller literario me recomendó “El verano sin verano”, ni siquiera se me ocurrió que lo iba a terminar leyendo, porque me imaginé una lata, algo quizá árido, pero, sobre todo, una cosa corrosiva, típica de Camilo, quien encuentra que todo es malo y está mal escrito. Y me alegro mucho de haberme equivocado.

  245. A mí me encanta cómo escribe Camilo y también me gustan mucho sus apariciones en el programa de TVN Hora 25, pero, habiendo ya leído “La sinfonía fantástica”, esperaba realmente muy poco de este relato. Me lo habían recomendado varias personas, entre ellas algunas por cuya opinión siento respeto, pero, así y todo, no quería romper la magia, el interés, no sé, esa sensación tan grata y, a la vez, devastadora que te deja “La sinfonía fantástica”. Y he aquí que esta novela corta o nouvelle te deja incluso más colgado. Felicitaciones.

  246. “El verano sin verano” no tiene ningún punto de comparación con los demás cuentos de libros de mentira. Y al decir esto, no estoy descalificando o, por el contrario, elevando el nivel de los demás. Simplemente es un relato aparte, que, a mi juicio, tal vez no debió publicarse en esta colección. De algún modo difícil de precisar, es como echarle mermelada de damascos a los porotos. Los trece relatos que le preceden van de lo bueno a lo mediocre, y, en cierto modo, tienen algunas diferencias entre sí, presentan la originalidad o individualidad de sus autores (lo de originalidad es una falacia, porque de eso hay cero en lo que hoy por hoy se escribe en Chile) y, claro, tal como se ha dicho, dan un cierto panorama, en tono menor, de lo que es hoy la narrativa en nuestro país. ¿Y cuál es el resultado de la lectura de esos trece primeros cuentos? Todos son similares, todos o casi todos parecen haber sido escritos por la misma persona, hay escasísima singularidad, poca inventiva, un tono general apático, abúlico, estreñido, como si a los autores escribir les resultara un trabajo cuesta arriba, como si fueran escritores del mismo modo en que a alguien le toca ser funcionario de la oficina de partes del Ministerio de Educación, como si tuvieran que publicar un libro porque, mal que mal, eso daría glamour (aunque hoy, en Chile, se publica muchísimo, pero muchísimo más de lo que se lee).
    “El verano sin verano” es otra cosa, algo radicalmente distinto y no me explayaré más porque cualquiera con dos dedos de frente se dará cuenta enseguida.

  247. Quizá la discusión en torno al conjunto de los relatos, que, sin pretenderlo los creadores de libros de mentira, podría presentar un panorama de la prosa actual en Chile, sería muy interesante, muy valiosa. Porque podría disipar algunas creencias, despejar un poco el campo y permtirnos decir quién es quién, quién es bueno, mediocre o malo. Ojalá hubiera aportes en este sentido.

  248. A mí me da exactamente lo mismo el valor, la calidad o lo que sea de los demás relatos. No los he leído todos y creo que no lo haré. No quiero ofender a nadie así que no voy a decir cuáles me parecieron decentes y cuáles hórridos. “El verano sin verano” es el que me interesa por las razones que he venido dando hace tiempo.

  249. Comparaciones más, comparaciones menos, ayudan poco a entender una obra literaria, que se sustenta en sí misma, a menos, obvio, que uno esté estudiando literatura comparada. Es a veces injusto hacer paralelos que no vienen al caso y en parte desvirtúan el trabajo en que consiste este notable sitio virtual. Entiendo que el mismo Camilo Marks, como lo han declarado en artículos deprensa, algunos de los cuales vienen adjuntos en otras secciones, es quien les recomendó a los autores elegidos. Entonces seamos sensatos y dejemos, por una vez, los rankings, las listas o listados, las enumeraciones de preferencias, los oscar de Hollywood, los concursos Miss Universo, los premios nacionales y el Nobel y todo ese marketing o esa ideología que ha contaminado el mundo y, en particular, la literatura, para concentrarnos en “El verano sin verano” o en otro cualquiera de los relatos y digamos lo que pensamos de cada cual, sin ponerlo al lado de, encima de, sobre o debajo de otro. Cada uno con sus gustos y a cada cual lo suyo. Leámoslos todos, de a poco o seguido y decidamos, en privado, cuál es el que nos gusta más.

  250. Francamente, me es imposible seguir todas las opiniones. Si tengo tiempo, lo haré durante las próximas vacaciones de verano, aunque sinceramente lo dudo. Pero sí me daré tiempo de leer todos los cuentos, sobre todo ahora que sé que fue Camilo quien sugirió a los autores. Mal que mal, ¿no es crítico literario, entre otras cosas?

  251. Completamente de acuerdo. Las comparaciones a veces son odiosas, aunque en algunas ocasiones resulten imprescindibles. Pero no estamos en clases ni aprendiendo cirterios estéticos u otros para juzgar una obra literaria, sino gozando con esta iniciativa y, cada uno en lo suyo, con algunos cuentos seguro que más que con otros. Igual, todos valen la pena a mi juicio, incluso aquellos que no nos gustan o nos gustan menos.

  252. ¿Son verdaderos los libros de mentira? ¿Son historias, son cuentos, son fabulaciones, son falsas creencias? ¿O es todo como este país, pura apariencia, pura conjetura, solo deseos de que algo que no es, no existe, sea y exista. ¿Es “El verano sin verano” una mentira más, que termina en una cadena de mentiras o es más real que todo lo que encontramos real?

  253. “El verano sin verano” es también una historia de amor y eso se ha subrayado muy poco aquí. Un amor del que no se sabe nada, enigmático, extraño, violento, el otro amor de un niño por su ídolo, el de Pilar por sus dos íconos casi adultos para ella en esa época, quizá el de Pilar por su esposo que fue preso politico, aunque lo despache de una plumada y, finalmente, el más increíble de todos, el de Rosita, la insoportable, por el juez Lyon. En ese sentido, es una obra que nos libera de los prejuicios actuales que la literatura ha ido fomentando sobre el amor, en especial la literatura escrita por mujeres. Porque ahora el amor es menoscabado, mirado en menos, echado al saco del olvido, sacudido como una carga y tanto es así, que cuando nos topamos con una buena historia de amor, hasta sentimos vergüenza: ¿no nos estaremos volviendo seniles, no estaremos poniéndonos anticuados, no estaremos cayendo en lo cursi? Claro, es de tal magnitud el desprestigio que la narrativa ha arrojado sobre el sentimiento más caro de todos, que hemos terminado por odiarlo, por odiar al amor. Porque es un invento, es una creación literaria, es un instrumento de dominación. Sí, todo eso puede ser cierto muchas veces y ha perjudicado mucho a las mujeres. Pero también nos ha beneficiado, servido como remedio, salvado , ¡y hasta qué punto ha sido así! Con toda su ironía, con su aparente desapego, Pilar escribe con amor y pasión sobre esa pareja que, al verlos bailar, daban ganas de gritar. Es una nueva dimensión para este pequeño relato que es menos pequeño de lo que parece.

  254. Es completamente cierto lo anterior. ¡Cuánto echo de menos las buenas historias de amor, sea que terminaran bien o mal, sea que lo dejaran a uno con gusto a poco o fueran tan azucaradas hasta lo insoportable, en fin, romances, pasión, enfrentamientos de carácter erótico entre las personas. Y de eso hay bastante en “El verano sin verano”, aunque en un tono menor, sutil, como el enorme témpano que yace bajo la punta del iceberg.

  255. En los diálogos, en los silencios, en las breves rupturas del tiempo, se puede notar que hay historias de amor, de desencuentros, de esperanzas y, sobre todo, de mucha, mucha nostalgia. Tal vez ésa sea la sensación que quedó predominando en mí.

  256. Nunca pensé que podría leerse “El verano sin verano” como historia de amor, frustrado, en parte realizado, aniquilado, repleto de contenidos y significados que hay que buscar y ver entre líneas. Confieso que al comienzo me ofusqué por el tratamiento al tema de los derechos humanos y casi me fue imposible salir de ahí. Ahora tal vez lo vea desde otro punto de vista.

  257. Es difícil entregar una sola interpretación, pero a mí me queda dando vueltas en la cabeza la historia central que obsesiona a Pilar, la de Helena y Marcelo y a partir de ella veo el resto: todos, menos Pilar, los olvidaron, todos menos Pilar y después lo sabremos, el juez Lyon, los echaron al saco del olvido, todos, menos Pilar, siguieron sus vidas como si la pareja nunca hubiera existido. Y reaparece al final en forma triunfante y algo macabra, pero reaparece para que Pilar haga lo que cree es justo.

  258. Hay muchas cosa sue todavía no entiendo y eso se debe, por cierto, a que me resulta imposible seguir todo lo que se ha escrito. Pero estamos pasando de las violaciones a los derechos humanos, que parecían propiedad exclusiva de Chile, a temas algo más universales y eso me parece bien, muy bien.

  259. ¿Es la tía Aurelia solterona? Nadie lo dice, pero resulta indudable que sí, así como también el hecho de que eso no es un estigma, ni para ella ni para los que la rodean, quieren, aman o temen. Claro, en las clases altas o medias altas, la soltería avanzada en las mujeres tiene algunas ventajas o compensaciones, mientras que, descendiendo en la escala social, aún hoy, las mujeres que no se casan sufren el pelambre, el menoscabo, ser siempre miradas en menos. Y por más que tres décadas de feminismo nos hayan enseñado y repetido que la mujer no nació para el matrimonio, o solo para el matrimonio y que incluso la maternidad es un fenómeno cultural (Simone de Beauvoir), todavía la inmensa mayoría de mujeres que no contraen el sagrado vínculo son ridiculizadas por nuestra sociedad. Parece que no es el caso de tía Aurelia, una mujer formidable, dueña de su vida y que hace y deshace con todo y con todos. Gran personaje, yo diría que casi una mujer liberada para su época.

  260. Las mujeres liberadas han existido siempre, en todas las épocas, latitudes, condiciones. Lo que pasa es que los hombres no nos hemos dado cuenta porque han hecho siempre lo que han querido con nosotros. O quizá hemos fingido no darnos cuenta, debido al hecho de que hacen y deshacen con nuestras vidas. Sí, es cierto, no tienen, hasta ahora, el poder político o económico, pero han estado, desde los albores de lo que se llama conciencia humana, a cargo de la tarea más importante y delicada que se encomienda a otros seres humanos: la formación de otras conciencias, la creación de otras mentes, la generación de la chispa que nos hace ser nosotros mismos, nos forja como individuos, nos crea como personas. Se equivocan quienes piensan lo contrario. Nuestras madres, abuelas, tías, deciden, consciente o inconscientemente, lo que vamos a ser, lo que seremos, en qué vamos a devenir. La tía Aurelia, de “El verano sin verano” es una de estas matriarcas que, a su manera, forja lo que serán Pilar, Lyon, Marta, Rosita y, quizá por omisión, lo que fueron o pudieron ser Marcelo y Helena. Parece un personaje secundario, o de reparto, como se dice ahora; sin embargo, sus acciones y sus errores, son la clave del increíble, sorprendente, poético desenlace de la historia.

  261. ¿Mujeres liberadas siempre? ¿Dónde será eso? ¿En qué país o planeta? Si hasta hace muy poco, en Chile éramos políticamente incapaces -no ejercíamos el sufragio-, jurídicamente imbéciles -no podíamos celebrar actos, contratos u otras gestiones sin autorización del marido o el padre-, moral e intelectualmente subnormales: todo lo que hacíamos era mirado con sospecha, nuestra inteligencia no se comparaba con la de los machos hispánicos que pueblan este país, nuestros actos carecían de toda relevancia. Y, por más que nos pese, todavía sigue siendo así para mucha gente, quizá la mayoría. La tía Aurelia, de “El verano sin verano” es, claro, una excepción y siempre las ha habido y las habrá, pero no se puede generalizar a partir de ella.

  262. De los derechos humanos a la liberación femenina, de una historia con ribetes policiales al rol de los tíos en las familias donde abundan esos seres mágicos, temibles, adorables, abismantes, indispensables que son los tíos y tías, del paisaje como telón de fondo a la historia reciente -es decir, cincuenta años más o menos- o del sufrimiento silencioso al horror de nuestra historia real, “El verano sin verano” puede prestarse para hablar de muchas cosas y también para evadir lo central que hay en el relato: la lucha de una mujer por conservar su identidad, mantener la imagen de sí misma, no dejar perdida para siempre la infancia y la otra, de un chico acomplejado que resucita en una madurez inteligente y estupenda, Pilar, siempre perdedora y Lyon, al final ganador. Sin embargo, ambos pierden la inocencia y obtienen, a cambio, sabiduría, conocimientos, quizá amor por los demás. Como tantas interdicciones, tantos prejuicios, tanta manía clasificadora que ahoga a Chile, también sofoca a nuestra literatura la prohibición de mezclar los géneros literarios o vetar a los escritores que se atreven a pasarse, con toda comodidad, de un lado a otro de la calle. Un comentarista del diario “La Tercera”, al reseñar “Altiva música de la tormenta”, la segunda novela de este crítico, definió a Camilo Marks como un duro, de esos duros de veras, alguien que ha vivido con la muerte como vecina por años de años y a quien poco le pueden interesar las críticas a su obra. Tal vez sea así, tal vez no. Pero la verdad es que debe ser muy difícil hacer una crítica seria y honesta a alguien que escribe con el humor, la hondura, el desparpajo de Camilo Marks. Y aunque su persona pública, el personaje reciente que ha emergido a raíz de sus hilarantes apariciones televisivas despierte mucha simpatía y le caiga bien a todo el mundo, hasta el punto de que lo llaman el rock star de la crítica chilena, es imposible que la envidia, la pica, el resentimiento grosero, los defectos esenciales de los chilenos, no salgan a flote ante una persona que se arriesga tanto y se atreve a tanto. Entonces no faltan los reseñadores y reseñadoras oscuros de la farándula con alusiones groseras, los reporteros “culturales” de revistas que no lee nadie -El Periodista- que hasta citan mal el nombre de su novela -¡La sinfonía perfecta!-, los terroristas de pasquines y, claro, de la internet. Pero el reseñista de “La Tercera” tiene toda la razón: aparte de haber sido testigo de las más atroces experiencias sufridas en este país, y, además, un testigo comprometido, privilegiado, del frente mismo de batalla, Camilo Marks es también un escritor que se desdobla en otra persona y continúa, nadie sabe cómo, arreglándoselas para ser él mismo. Vamos a ver qué dicen los avinagrados cuando “El verano sin verano” aparezca en forma de libro.

  263. No van a decir nada porque esos diarios, esas revistas, esas secciones ya no existirán. Camilo Marks es el único en Chile que comenzó escribiendo en una revista de izquierda -Apsi-, continuó en un diario opositor a la dictadura -La Época-, fue editor de un quincenario de extrema izquierda -Página Abierta-, colaboró con otros medios similares, hasta llegar a Qué Pasa y La Tercera, para finalizar en El Mercurio. ¡Y todo esto, 20 0 22 años, sin cambiar en sus posiciones, escribiendo con total libertad, sin censurarse ni dejar que lo censuren! Nómbrenme a otro parecido y le doy el Nobel.

  264. Parece que esto está derivando a la carrera de crítico literario y no la más reciente, como narrador, de Camilo Marks. Bueno, en el prólogo a “La crítica: el género de los géneros”, otra pensadora de ideas políticas muy claras, aparte de ser una notable escritora, Diamela Eltit, adivina el radicalismo permanente en todo lo que escribe Camilo Marks. Y esa visión compasiva, humana, pero filuda, diáfana, implacable, también está presente en “El verano sin verano”.

  265. Es cierto algo de lo que se dice más arriba. Cuando llegó a “El Mercurio”, pensé que Camilo Marks iba a ponerse medio derechista, quizá blandengue, pero ha ocurrido todo lo contrario. Es cierto que es menos corrosivo que al comienzo, pero eso es natural, los años hacen templar a las personas, es verdad que hay menos acidez en su prosa, pero cuando ataca algo que merece ser atacado, cuando descubre la impostura, ¡Dios nos libre! Los picotas y picotes de la prensa lateral, porque, por desgracia, en Chile no hay prensa que no sea de derecha, deben estar tan furiosos que él escriba como le de la gana y que lo lean miles de personas, amén de quienes siguen Hora 25, que no pueden dejar de vomitar su bilis cuando tienen la escasa oportunidad de hacerlo. Y he aquí algo que no puede ser menos amargo, más dulce, si se quiere, que “El verano sin verano”.

  266. Deja que los perros ladren, Camilo y sigue escribiendo otro verano sin verano, ¿tal vez un invierno sin invierno?

  267. ¿Y qué más da? A la escasísima gente que lee no le interesa en absoluto la crítica. Salvo la de Camilo Marks, aunque le encuentren la razón o lo odien, porque es uno de los pocos, si no el único en la escena literaria chilena, que no deja indiferente a nadie. “El verano sin verano” tampoco produce esa enfermedad del espíritu que es la indiferencia.

  268. Entonces, esperemos que salga luego en formato de libro, con otras novelas cortas anunciadas y veamos cómo se lee fuera de la pantalla. Deberá ser toda una experiencia.

  269. Solamente he leído parte de lo anterior y estoy en gran medida de acuerdo: aunque la iniciativa de sacar libros virtuales es útil, provechosa y revela capacidad y entusiasmo del equipo que hace este espacio, la lectura en pantalla no se compara con tener al verdadero libro en las manos. La sola idea de que en el futuro la gente ande leyendo en pequeños laptops, lo que anunciaría la inminente desaparición del libro, me da escalofríos, no, no escalofríos, sino pánico.

  270. Comparto lo anterior y espero que esta iniciativa sea solamente eso, porque por más que se diga que nada reemplazará a los libros, de hecho ya estamos viendo que nadie lee, que a los jóvenes ni remotamente les interesa la idea de tomar una novela o un libro de ensayos, poemas, lo que sea, de que el objeto mismo libro ha caído en el desprestigio, en el menosprecio, en el total abandono. Ojalá que “El verano sin verano”, que de seguro funcionaría mejor en letras impresas -¡no estoy criticando que lo hayan incluido aquí!- nos haga meditar en torno a esta rerrible realidad.

  271. Por mi parte, a pesar de tener un hijo que domina los más intrincados secretos de la computación, pues estudió para ello y de que yo mismo soy ingeniero, cada vez recurro menos a la internet, cada vez me doy más cuenta de que fomenta formas de convivencia demasiado ajenas a lo que he conocido. A lo mejor estoy equivocado, pero ante un futuro de millones de seres pegados a una pantalla peor que la de la televisión, prefiero todavía el presente actual.

  272. Yo no sé bien qué pensar de todo esto, porque ha sido una alegría encontrarme con este relato, con otros pocos más y con el hecho de conocer a autores que jamás se me habría ocurrido leer si no fuera por esta colección virtual. Pero estoy de acuerdo con los peligros que entraña comenzar a leer solo en pantalla.

  273. He leído y vuelto a leer “El verano sin verano” solo por recomendación de amigos que son amigos de Camilo Marks o que han seguido lo que él ha escrito o escribe semanalmente, sin contar consus apariciones televisivas. En verdad, no me asusta para nada el fenómeno de la internet, así como nada relacionado con la tecnología me afecta mayormente. En verdad, me resulta por completo indiferente.

  274. Yo agradezco leer este relato gratis,pero igual preferiría, como otros, tenerlo en forma de libro.

  275. Todos en mi familia hemos disfriutado de “El verano sin verano” y todos, debido a distintas circunstancias, hemos evocado el pasado reciente -sí, aunque hayan transcurrido 35 años desde el golpe militar, es muy reciente en términos históricos- descrito en la novela, así como las remotas vacaciones de la infancia, a lo Tom Sawyer, como dijo alguien. De modo que no tengo ningún derecho a quejarme.

  276. Estoy leyendo, al fin, “La sinfonía fantástica” y algunos retazos de “El verano sin verano” encuentro en la extensa novela: las bellas y acertadas descripciones de paisajes, la añoranza por una época más graciosa, aunque eso provenga del detestable padre del detestable protagonista Eugenio Órdenes, la forma de relacionarse entre las personas, la facilidad -que debe entrañar un enorme trabajo con el lenguaje- de crear personajes que se quedan grabados en la memoria, en fin, un sinúmero de detalles en una obra mayor que también diviso en esta novela corta sin pérdida, sin nada que cambiarle o alterarle, sin un ápice demás.

  277. Las vacaciones, las eternas vacaciones de verano que nunca terminaban, que siempre se alargaban, el calor, el agua, el sol, la felicidad aparente, envenenada por el resentimiento, la rabia, los celos, pero felicidad al fin y al cabo, porque ¿existe de veras la felicidad o es un invento literario más, una constucción del cine, del teatro, del arte?

  278. Es posible que todo en “El verano sin verano” esté emponzoñado y sea tóxico, letal, desde la partida, pero aún así queda flotando esa sensación de plenitud inicial, las premoniciones, los presagios, hasta el desenlace terrible y a la vez farsesco que sobrevendrá. ¿No es parecido a la farsa que todos vivimos día a día, a la mascarada política que nos hacen tragar a cada rato, a la corrupción rampante, al exhibicionismo impúdico de una clase social que ha hecho y deshecho como ha querido co0n este país?

  279. Qué cantidad de interpretaciones para una historia relativamente simple. Hay algo que hace de “El verano sin verano” una contienda, una polémica, una discusión, pero a estas alturas no me queda en claro qué es lo fundamental: el episodio central, el hecho de que tantos nos veamos reflejados en aspectos secundarios o el tema que nunca se ha tratado en nuestra literatura por muchos y muy diversos motivos. Creo que hay de todo un poco y no logro determinar lo fundamental que hace de esta novela algo tan complejo, proveniendo de hechos tan simples.

  280. Las historias en apariencia simples son mucho más complejas y enrevesadas de lo que parecen. “El verano sin verano” puede leerse meramente como un buen relato, bien escrito y bien desarrollado. Y también estoy de acuerdo en que todos podemos encontrar aspectos que nos han afectado, de una u otra manera, en el pasado reciente de nuestra historia. El fraude, la mentira, el engaño y también la búsqueda de la verdad detrás de todas las máscaras que la han ocultado, porque hay tantos, tantísimos poderes interesados en que nunca sepamos la verdad de las verdades.

  281. Es difícil encontrar una sola verdad, tal vez eso sea una utopía, una de las tantas en que hemos estado sumidos por décadas, muchas décadas, hasta llegar al momento actual, la era del vacío, cuando nadie cree en nada, nadie confía en la política, pocos incluso leen, porque hasta la literatura se ha repletado de falsificaciones, el arte mismo, las expresiones que antes pensábamos eran lo máximo que podíamos alcanzar ahora son puro ruido y furia. “El verano sin verano” quizá nos devuelva, aunque solo sea por un momento, a un mundo donde todavía es posible creer que se puede buscar la verdad, aunque sea a costa de la mentira y el fraude.

  282. Pero ¿no ha sido siempre la literatura una mentira de punta a cabo? Si fuera de otro modo, todos seríamos criminales, sádicos, enfermos mentales de crueldad insoportable, incapaces de una convivencia mínima con los demás. “El verano sin verano” prueba que, detrás de la cáscara de civilización que siempre pensamos era un atributo de este país, subyacen la falta de compasión, la incapacidad de comprender a los demás, el hablar unos con otros sin escucharnos ni entendernos.Claro, al final hay una especie de redención mínima, porque Pilar y Lyon parecen transmitir en la misma onda sonora, parecen creerse el uno a la otra, parecería que brota espontáneamente lo que entendemos por comunicación. Pero creo que es apenas un momento pasajero. Lo mejor de todo es que el lector queda con una sensación de triunfo, de que algo se logró, pero eso es una ilusión más dentro de todas las que hemos estado viviendo por años de años.

  283. Es muy complicada la hisotira de Chile y su literatura relfeja una fracción mínima de esa complejidad. Sin embargo, todos nuestros países son parecidos en eso: simpre hemos aspirado a ser como los europeos, siempre hemos querido copiar sus modelos cívicos, políticos, sociales y, claro, literarios. “El verano sin verano” pudo perfetamente haber sido una novela escrita por un nortemericano de las dos o tres pasadas décadas, si hasta en el estilo parecería una historia de Purdy, Caldwell o McCullers. Pero hay algo incuestionablemente chileno y también latinoamericano que es la geografía, el habla, los códigos décimonómicos, los rasgos interpersonales que pueden aplicarse a cualquier grupo de las clases sociales medias y altas de Sudamérica. La forma de sentir, de percibir, el uso del idioma, estilizado, pero sin caer en falsificaciones “internacionales” son nuestros, solo nuestros.

  284. Todas las historias de todos nuestros países sudamericanos son complicadas y las respectivas literaturas de las pasadas décadas se han revolcado en otras temáticas, han buscado otros modelos, se han empecinado en mostrarse modernas o postmodernas. “El verano sin verano” es, y en eso estoy de acuerdo con muchos que han opinado antes y después que yo, una historia ciento por ciento del siglo XIX o comienzos del XX: clásica, con exposición, desarrollo, nudo y desenlace, en prosa pulcra y elegante, con suspenso, o sea, lo más pasado de moda que uno pueda imaginar. Y he aquí que lo pasado de moda, lo que parece añejo resulta mucho más conmovedor, vigente y actual que los experimentos estilísticos en que viven sumidos casi todos los autores y autoras jóvenes y no tan jóvenes del momento.

  285. Da exactamente lo mismo que sea moderna, hipercontemporánea, anticuada en el estilo, con una estructura literaria rígida o prefabricada, sin recurrir a experimentos o vanguardismos en boga, clásica o tradicional, da lo mismo cualquier calificativo o descripción que podamos hacer de “El verano sin verano”. Hoy, ayer y mañana es y será un buen relato, para algunos una notable novela breve, para otros una brillante y conmovedora historia. Y si bien a aquellos que están sumidos en estudios críticos o enrarecidos por la teoría literaria del momento puede no afectarles, bueno, eso carece de toda importancia. Hay mucha, muchísima gente que hoy no siente nada al leer a Stendhal o James, hay muchos, muchísimos que solo ven cine de los 90 en adelante, lleno de efectos especiales, hay muchos, demasiados, que son incapaces de escuchar con tranquilidad una pieza de Mozart o Schubert. Como yo creo estar, por suerte, fuera de esa categoría, he disfrutado de esta obra como de una pieza musical inolvidable, una obra literaria sin baches ni sobresaltos, un texto que se lee de corrido, con placer y emoción crecientes.

  286. Es una alegría leer algunas de las opinones anteriores y me sorprende, entusiasma, fascina poder compartirlas. No quiero mencionar más al autor de “El verano sin verano”, a quien conozco o conocí mucho durante un tiempo, por las razones que ya di. Sin embargo, me reconforta hasta la felicidad ver que algunas personas lo leen y entienden, aunque entiendan lo que quieran o lo que les de la gana. Pero que les da para pensar, sí que les da y eso me produce aun más alegría.

  287. Ojalá salga luego en libro y ojalá tenga la misma o, al menos, parecida difusión a la que ha tenido en la pantalla idiota, perdón, creía que estaba hablando de la televisión, pero, ¿no es la pantallita incorporada en nuestra vida cotidiana otra cajita idiota parecida a la que nos ha estado envenenando estos pasados 50 años? Bueno, a lo mejor en libro pierde algo de la gracia, algo de la sorpresa de descubrir, en medio de varios textos de valor, uno que posee algo distinto. Y no estoy desmejorando o subvalorando a los demás cuentos de esta colección, ni se me ha pasado por la cabeza hacerlo. Todos son buenos, todos son distintos. “El verano sin verano” puede atraer más o menos que otros y puede gustar más o menos a determinadas personas. Pero tiene algo que pocas obras literarias chilenas poseen en la actualidad: calidad unida a valor moral, vigencia junto a mérito literario, una histoira impecable, narrada en forma impecable, que soprende y deja con gusto a poco…y a mucho también.

  288. Sí, hay calidad, valor, poder estilístico, fuerza en las palabras, y, sobre todo eso, una excelente historia, como pocas que he leído recientemente, aquí y afuera. Cada vez creo menos en la literatura, cada vez me parece que todo lo que se escribe es impostado, hueco, inflado y he aquí que en esta novela corta se me disipan, por un rato al menos, todos esos juicios negativos acerca de lo que se escribe y publica en nuestro medio.

  289. “El verano sin verano” es un thriller de los derechos humanos, un policial de vacaciones de verano con una pareja desaparecida, una novela negra sobre el pasado reciente chileno, una trama detectiversca en torno a una búsqueda que parece que termina, pero no terminará jamás. Porque es la búsqueda de la verdad, o, al menos, de algo parecido a ella.

  290. Tal vez sea un thriller, tal vez un policial, o quizá simplemente “El verano sin verano” produzca cierto revuelo en el todavía muy minoritario público que visita los sitios de internet porque, para qué nos vemos la suerte entre gitano, el 90% de ellos está constituído por basura, porquería, chatarra, pornografía, pedofilia, comercio al por mayor y al detalle. Entonces, una historia conmovedora, intrigante, sensible, no es, de ninguna manerra, lo que uno espera encontrar, ni siquiera en un espacio dedicado a la literatura. Porque, para qué nos vamos a ver la suerte de nuevo entre gitanos: la internet ha banalizado todo, absolutamente todo, en especial la literatura. Por suerte, este relato carece de toda banalidad y no posee, por donde se lo mire, ningún rasgo pretencioso.

  291. Este hermoso relato debe estar produciendo una envida gigantesca entre la gente más envidiosa que hay en el mundo: los escritores chilenos. Sí. ¿Hay en todo el universo, en todo el sistema solar, en todo el firmamento, gente más envidiosa que los escritores chilenos? No, en ninguna parte los hay. Y resulta que Camilo, aparte de ser, lejos, pero muy lejos, el mejor crrítico que hay y ha habido en Chile por mucho tiempo, el más culto, el más sensible, el menos machista, el más desprejuiciado, el más simpático, ahora viene y nos sale con este pequeño-inmenso relato. ¿No es como para que se reteurzan de envidia los mediocres, los malsanos, los malnacidos, los pequeñitos, de cuerpo y de alma, los enanitos y enanitas que se ponen cascarrabias en medios de la farándula o en pasquines, los tontorrones que escriben mal y perciben peor? Pero, por lo general, tanto en la vida como en la literatura hay una regla que me la enseñó mi madre: es mucho, pero muchísimo más difícil ocultar la inteligencia y el talento que la estupidez.

  292. Estoy casi por completo de acuerdo con los dos últimos comentarios, con una salvedad: contentémosnos con leer “El verano sin verano”, disfrutémoslo, releámoslo si nos da la gana y, finalmente, felicitemos al autor y a los autores de esta iniciativa, sin complicarnos demasiado la vida con la gente ernvidiosa y de mala clase que ahoga a Chile.

  293. No tiene nada de malo aprovechar este espacio, creo yo, para denunciar la pésima crítica literaria que hay en Chile, lo pésimamente mal que escriben quienes pretenden juzgar a los escriotres, el hecho de que Camilo Marks les da cancha, tiro y lado a todos, y que, por si fuera poco, es capaz de escribir tan bien o mejor que muchos autores actuales de ficciones.

  294. Tal vez voy a decir una exageración, pero creo que solo una persona excepcional puede escribir algo tan excepcional como “El verano sin verano” y su antecesora, la novela “La sinfonía fantástica”. Si Sartre dijo que la literatura era un acto de generosidad, aquí tenemos dos de ellos, uno virtual y otro en forma de libro de verdad.

  295. Sí, de acuerdo. Hay una enorme generosidad, una amplia cultura, una solidísima base en esta narración, de apariencia tan sencilla, tan simple, tan clásica, como lo he notado y otros también lo han hecho. Pero no olvidemos que hay muy buenos escritores que pueden ser los más grandes hijos de puta del mundo. No creo que Camilo Marks sea uno de ellos, pero nunca está uno seguro.

  296. No especulemos tanto en torno a la enigmática personalidad de Camilo Marks y hagamos, de nuevo, un paralelo entre “El verano sin verano” y nuestra historia reciente. En el relato, eso está implícito, pero en quienes tenemos un poco de buena memoria, todo está revelado, todo es real, todo es la pura y la santa verdad de lo que ha sido este paìs que se cree líder mundial y no le da ni para rata de alcantarilla.

  297. Como ya lo he dicho varias veces, conozco a Camilo y, aparte de ser una de las personas más inteligentes que hay en este país, es una persona de selección. Lo sorprendente es que, además, tenga tanto talento y que ninguno de los que lo hemos conocido nos hayamos dado cuenta antes.

  298. En pocos países hay críticos y escritores como Camilo Marks y eso lo estamos comprobando a diario. Por algo, lo entrevistan desde Colombia y Venezuela, por algo sus críticas aparecen en “La Nación”, de Buenos Aires, “El País”, de Montevideo y Madrid, “Excelsior”, de México, “El Universal” , de Caracas y varios otros medios. ¿Puede o pudo alguien más decir o hacer algo semejante.

  299. Veo mucho bla, bla, bla en torno a la personalidad de Camilo Marks que, a mi juicio, no importa nada, o casi nada al momento de leer, apreciar y juzgar “El verano sin verano”. A mí, en lo personal, me da lo mismo que él sea narcotraficante, burócrata de las altas esferas, pordiosero o que haya sido el campeón de los derechos humanos o un torturólogo más de tantos que hoy pueblan el país. El cuento es bueno, está bien contado, bien escrito y punto. El resto es silencio, como dijo ya sabien quién al momento de morirse. Y aunque yo mismo di antes motivo para diversas interpretaciones, ahora no me voy a retractar de ellas, pero insistiré en que lo primero que uno debe hacer al dar la vuelta a la última página de un libro es decirse a sí mismo, con franqueza, si le gustó o no y, en caso afirmativo, por qué. Después de ese proceso, adentrémosnos en los vericuetos literarios y literatosos.

  300. Estoy, literalmente, mareado de tantos comentarios y creo que no soy capaz de agregar ninguno a los anteriores, salvo, quizá, repetir que el relato casi es perfecto, casi es de una belelza total, casi es de una estructura impecable. Casi, porque si faltara el casi, sería una lata.

  301. Me he dado el trabajo de leeer, poco a poco eso sí, todos los comentarios a propósito de “El verano sin verano” que, como ya ha aparecido en los diarios y revistas y ha sido anunciado por la radio, obtuvo la beca de creación para autores consagrados del Fondo Nacional del LIbro y la Lectura. Becas más o becas menos, premios más o premios menos -a Camilo, creo, jamás le darán un premio, simplemente porque los jurados que deciden todos los galardones literarios chilenos están compuestos de personajes envidiosos, tóxicos, fétidos, arrogantes, imbéciles, ignorantes en extremo, con una aproximación cerril a la literatura- me interesa destacar una de las pocas cosas inteligentes que he leído a raíz de la decisón de otorgar la beca a Camilo Marks por su secuencia narrativa “El verano sin verano” y que, como tuve la feliz oportunidad de leerla, reza, aproximadamente, así: un relato emocionante, profundamente original, conmovedor, de estilo perfecto y que anuncia un libro notable. Creo que es la primera vez que se dice algo así acerca de un texto de Camilo. No. Miento. Roberto Hozven hizo, en “El Mercurio”, una crítica notable, espléndida, de “La sinfonía fantástica”, Juan Manuel Vial escribió otro tanto en “La Tercera”, y Elizabeth Subercaseaux, en “Ocean Drive”, se atrevió a afirmar que Camilo Marks, después de haber pasado a convertirse en el crítico literario más importante del país, ahora es el mejor prosista chileno. Bueno, algo de reconocimiento no le hace mal a nadie, en especial en este país, donde solo se reconoce a los asnos, a los tontos, a los estridentes y los felicito por haber contribuído, de algún modo, a este reconocimiento, que me parece muy, muy tardío y muy, pero muy parcial.

  302. Acabo de releer la calificación del proyecto por el jurado de creación literaria del Fondo del libro y dice textualmente así: Evaluación: excelente. Proyecto muy bien escrito, secuencia narrativa original, que logra despertar la emoción y el interés del lector”.
    En realidad, no era para tanto, pero así y todo, es la mejor que se hizo en el concurso de este año.

  303. Me alegro de todo lo favorable, y también de las discusiones no tan favorables, surgidas a raíz de este relato. Sin embargo, lo que queda es esto último: la historia, la tensión, la garra, la belleza de unas vacaciones de la infancia y el enfrentamiento posterior de la realidad, el reconocimiento final entre la protagonista y su amigo de la niñez, y, en cada página del alargado final, una sorpresa tras otra.

  304. Ahora que han aparecido o resucitado algunos detenidos desaparecidos, resulta que “El verano son verano”, en una suerte de premonición milagrosa, como solo puede suceder con la literatura, se anticipó, con más de medio año -y tal vez más, porque el autor debe haber escrit el relato bastante antes de ser publicado- lo que está sucediendo ahora. Me parece que la cantidad minúscula de gente que pasó como víctimas de violaciones a sus derechos humanos en nada disminuye, en nada atenúa el horror del genocido más grande cometido en la historia de Chile. Y encuentro el colmo que haya políticos de derecha, cómplices todos de la dictadura, que pongan el grito en el cielo por algo que puede ser lamentable, pero no invalida en absoluto el terror y la represión de una dictadura que ellos apoyaron y fomentaron o en la cual incluso participaron ocupando altos cargos de gobierno en ella.
    Sin embargo, el desenlace de “El verano sin verano”, con seguridad sin que Camilo Marks jamás se haya propuesto otros fines que no sean literarios, pues es una resolución ciento por ciento novelesca, en gran medida de corte policial, este final soprendente, que va seguido en una especie de pequeña escalada de sorpresas, nos dice que pudo ser posible y que, en realidad, fue perfectamente posible engañar a quienes trabajaron para establecer la identidad de los secuestrados y los ejecutados. Y esto es llevado a cabo en un contexto narrativo impecable, sin estridencias, casi en tono menor pero, sobre todo, convenciéndonos que un engaño más -como lo dice el juez Lyon y lo piensa Pilar- no es nada en medio de la marejada de mentiras, fraudes, arreglines en que hemos vivido durante todos estos años, a lo largo ya de tres generaciones. Me atrevo a decir que en esta novela corta se cumplen los más altos fines de la literatura de la imaginación: cautivar al lector, emocionarlo, impactarlo por la belleza de la prosa, atraparlo por el estilo y la historia y también transportarlo a otras esferas, tal vez extraliterarias, pero no menos importantes: lo que es un país, lo que son sus gentes, lo que es la verdad y la mentira de este libro de mentira.

  305. Que hayan aparecido tres personas en nada justifica el horror del genocidio más grande de nuestra historia y uno de los peores en América Latina. Y por suerte, la sociedad ha tomado ya cierta conciencia de ello -aunque aun es insuficiente-, pues de lo contrario la Sra. Rubilar habría continuado feliz de la vida citando como sus fuentes a Manuel Contreras y tal vez a Joseph Goebbels, diciéndole que Auschwitz era una estación de paso hacia un balneario o a Heinrich Himmler, expresándole que Treblinka fue un hipódromo. “El verano sin verano” puede o no anticiparse a este desagradable episodio veraniego, como son siempre las noticias en esta parte del año. Pero creo que sus premoniciones son distintas y van mucho más allá, mucho más lejos que la cháchara insustancial que ha llenado las páginas de los horrorosos diarios chilenos. Y sobre sus méritos literarios no me voy a extender, porque ya lo han hecho demasiadas personas, en forma muy adecuada, por lo demás.

  306. Ya lo he leído varias veces y cada vez me gusta más. Yo misma le envié a Camilo el comentario y el link de Uds., hecho por el poeta y ensayista Alfredo Lavergne (¿lo han puesto en algún rincón oscuro y secreto de los libros de mentira?) y concuerdo 100% con él: este relato no es ni mejor ni peor que “La sinfonía fantástica”, así como tampoco supera o desmerece frente a la novela corta “Altiva música de la tormenta” o las cuatro nouvelles de “La dictadura del proletariado”. “El verano sin verano” es, ni más ni menos, música de cámara, en tanto las dos novelas son sinfonías, una de Mozart y la otra de Berlioz o Mahler. Esa comparación me gustó mucho y también concuerdo con Lavergne en que esta triste, punzante, dolorosa, lancinante, forzosamente nostálgica historia se acerca, en un paralelo musical, a una pieza que es como un cuarteto de Schubert. A propósito, Camilo me dijo que les había grabado un movimiento eterno de Mahler, el último de la Tercera Sinfonía, para acompañar el relato, después del fracaso del primer intento con un final operístico y el cambio por otra música poco adecuada. ¿Por qué no le han puesto ese telón de fondo todavía? A lo mejor resulta muy difícil hacerlo, así que mejor no me meto donde no debo. Y me sumo a las felicitaciones por el admirable texto de la siempre sorprendente Diamela Eltit.

  307. Pueden encontrar la reseña de Alfredo Lavergne sobre “El verano sin verano” en la siguiente dirección: http://librosdementira.com/un-verano-con-libros/

  308. ¿Qué agregar que ya no se haya dicho? Emocionante, perfecto, extraño, simple en apariencia, aunque complejo, como todas las historias familiares y todos los secretos que se guardan por décadas. ¿Y cómo no asombrarse ante la prescienca o el presentimiento del autor acerca DE LOS DETENIDOS DESAPARECIDOS QUE APARECIERON? nO ES EL CASO DE “El verano sin verano”, porque Marcelo aparece y es metido en la lista sin tener nada que ver, pero se parece muicho a los recientes ejemplos que ha dado la prensa.
    Solo la literatura posee este poder taumatúrgico, esta capacidad de anticiparse a la hustoria y a la realidad, esta magia de hacernos sentir que todas las mentiras son reales y las verdades mentiras. De nuevo los felicito por el que es, lejor, el mejor relato de la selección y estoy de acuerdo en lo que leí de Alfredo Lavergne en el sentido de que todos los demás parecían haber sido escritos por empleados de oficinas de partes o cajeros de bancos.

  309. Exageré un poco la nota en mi comentario anterior: hasta el cuento Nº 14 no todos parecían escritos por funcionarios de una oficina de partes o un pool de secretarias, pero sí cuesta arriba, sin esfuerzo, como por obligación, como haciendo las tareas porque hay que hacer las tareas, porque es preciso escribir, porque escribir da glamour, porque verse en letras impresas da importancia, etc. En “El verano sin verano” el autor no existe, no se toma ni en serio ni en broma, le da la palabra a la narradora; ella, Pilar, es nuestra única fuente de conocimiento y, claro, sus equivocaciones, sus lagunas, sus vacíos, especialmente en su etapa “cándida” o ingenua son también nuestros errores, porque no nos damos cuenta qué es lo que realmente pasa entre Marcelo y Helena, por qué la tía Aurelia, so capa de querer pagarle a ella la última semana de sueldo, está obsesionada con el destino de la chica, cómo es posible que Marta sea tan insensible ante el terrible destino de la futura madre soltera, cómo todos y todas saben o creen saber y no tienen idea lo que está pasando ante sus ojos. Hasta tal punto que se comete un horrible asesinato y nos enteramos en la penúltima página y, tal como Pilar, quien no ha entendido nada de nada, después de haber vivido la dictadura, la cárcel y la represión, recién empieza a comprender y nosotros también apenas principiamos a darnos cuenta qué es lo que pasó. Pero ése es solo el comienzo, porque antes hubo una zona negra, una zona de niebla, donde nadie supo nada o nadie quiso saber nada. Y en Chile, durante los pasados 35 años o más, nadie ha querido saber nada de nada. Alucinante, notable, grandioso.

  310. Wonderful again, simply marvelous, totalmente completo, redondo y a la vez abierto, sin esperanzas y con un futuro extraño, nebuloso, que se divisa y no se divisa, que es cerano y lejano, así cono lo fue el verano sin verano.

  311. Este verano, por desgracia, es el peor que hemos tenido en muchísimo tiempo y los que no pueden ir al Lago Ranco a pasar sus vacaciones, tendrán que quedarse aquí añorando playas, lluvias, calor sano, agua, paseos, recuerdos, la época de la infancia, tan bien ejemplificada en Pilar, quien entiende poco al comienzo, pero al final termina comprendiendo todo, mucho más que el resto, salvo el juez Lyon, ese otro personaje central y revelador de una trama subyugante, un poco de cámara, pero también con sus toques operísticos o de gran sinfonía. Y el resto, Marta, la tía Aurelia, Marcelo, Helena, los Benavides, el tío Armando quedan grabados en la memoria, pero el más intrigante de todos es Marcelo, porque no hay una sola descripción física de él. De Helena, sabemos que es alta y fuerte como hombre, que es delgada, que lleva el pelo negro largo, que se lo recoge en un moño o cola de caballo amarrada para trabajar y que tiene un aplomo físico envidiable para las ricachonas artificiales que van a pasar el bochorno de los calores de Santiago al sur. Pero de Marcelo, el autor, o la narradora, nada nos dicen, salvo que bailaba muy bien, que maneja la navegación a vela y que, a juicio de Pilar, es uno, si no el hombre más buen mozo que ha conocido en su vida. Como retrato, eso sería literariamente pésimo, sin embargo, al decirlo al final y de un modo fúnebre o, más bien elegíaco, es un golpe frontal al lector.

  312. Los vuelvo a felicitar por esta iniciativa que, según veo, hasta está cobrando vuelo propio. ¡Miren que organizar un concurso de cuentos cuando parece que hasta tienen serios problemas -circunstanciales, eso sí- con algunas máquinas de la Nasa o algunos servidores computacionales de ¿Miami, Atalanta? ! Pero el cuento ganador me gustó mucho y sea porque lo leí bien editado, sea porque la idea generadora de la histoira es brillante, lo disfruté mucho. Así que, de nuevo, felciitaciones.
    Sin embargo, estoy por coincidir con Alfredo Lavergne cuando dice que “El verano sin verano” no debería estar aquí. No es que sea demasiado mejor o los otros sean demasiado peores, simplemente es un cuento, relato o novela corta distinto, aparte, al margen de lo que hoy se escribe en Chile, todo parecido, todo esfuerzo cuesta arriba, todo falta de naturalidad. Aquí tenemos una creación literaria que, como tal, es un artificio, un trabajo elaborado en sus más mínimos detalles, un artefacto de prosa, concebido con un espíritu donde todo es literatura de punta a cabo. Pero, como sucede con algunos textos magistrales, todo eso se olvida y a veces hasta parece una narración que el propio autor u otra persona cercana, nos está contando, nos está diciendo, nos la está describendo ante nuestros ojos. Tal es su naturalidad, tal su sencillez, tal su compleja y engañosa facilidad de lectura, que terminamos completamente anonadados, enamorados, hipnotizados por la histoira.

  313. El problema de las comparaciones es que los resultados siempre son ingratos. Por eso, ni se me ha pasado por la cabeza relacionar “El verano sin verano” con los demás relatos de esta colección virtual. Por favor, fíjense no ya en la cantidad y calidad de los comentarios, sino en la variedad de temas que una historia, en apariencia tan simple, puede suscitar. La chispa que origina el incendio es, a mi juicio, y desde luego, la forma de tratar el tema de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Con todas sus letras, todas sus palabras, dictadura y no régimen militar, tortura y no apremios, el horror como horror y no como eufemismos baratos y todo esto en un relato un poco más extenso que el promedio , donde, en forma maravillosamente sintética, se pasa revista a tres generaciones o tres generaciones y media en la vida de un grupo de chilenos, empezando por las idílicas vacaciones en el Lago Ranco y terminando con la atrocidad de los descubrimientos de osamentas en el mismo lugar. Pero eso ha sido la superficie, la cáscara, que nos ha llevado a hablar del tema de género, de los roles familiares, de los tíos y tías, de la clase de atracción que Claudio siente por Marcelo, de la obsesión de Pilar por la pareja -¿pero por cual de los dos más?-, en fin, hasta de la supuesta creencia de que somos los únicos que han sufrido el problema de los detenidos desaparecidos y los secuestros permanentes, más otra infinidad de asuntos. Y esto nos vuelve, una vez más, al otro tema de fondo: ya se ha experimentado tanto en literatura, sobre todo narrativa, ya se agotó hasta tal punto el discurso levantisco, que una nouvelle clásica, al menos en apariencia, viene resultando mucho más subversiva, iconoclasta, rebelde que toda la jerigonza adolescente y postadolescente que hoy está de moda y que ahoga todo lo que se escribe.
    Sí, ahí, creo, está el quid del asunto.

  314. En lo que dije puede estar el quid del asunto, pero también en la forma de escribir, en el estilo, la prosa, los recursos literarios, la aparente simpleza, que oculta una complejidad bizantina, laberíntica, la de la mente de Pilar y la psique femenina en general: ¿qué es lo que, en definitva, sabemos de ella? Solo lo que quiere decirnos, lo poco que nos revela, porque, si nos detenemos un momento, todo el tiempo la heroína está ocultando información: es tan inocente que no entiende a los mayores, pero se da cuenta que algo pasa, es tan ingenua que se cae de espaldas cuando sabe que Helena está embarazada, pero acto seguido nos dice que Marta aprendió muchas más cosas de ella que este trozo de información y, al final, decide arriesgarse en una maniobra peligrosa solo para reivindicarse a sí misma. ¡Hablenme entonces de la inocencia de una niña!

  315. Leí el sucinto pero medular y jugoso comentario de Alfredo Lavergne a propósito de “El verano sin verano” y , de paso, una reseña de las escasas pero siempre positivas y valiosísimas ficciones de Camilo Marks. Todas son distintas, todas tan diferentes unas de otras como el agua del aceite y, de manera tan extraña, tan curiosa, todas parecidas o, mejor dicho, con un fondo común similar. “La dictadura del proletariado” consiste en cuatro novelas cortas o nouvelles donde el denominador común es la soledad irremisible, la alienación, la imposibilidad de comunicación de individuos en una sociedad hipócrita, cerrada, malsana, provinciana, anclada en el perpetuo pasado -algunos chicos de un internado que esconden su homosexualidad, pasajera o permanente, con ritos y costos sociales enormes, una presa política que enfrenta inerme todo el poder en su contra, una cantante de ópera que finge retornar en gloria y majestad al país que odia porque destruyó a su madre, un joven que se inventa identidades porque no quiere saber quién es-, “Altiva música de la tormenta”, una narración breve que nos entrega un caleidoscopio, anticipado en 20 años, de lo que será el oportunismo y corrupción de la transición concertacionista, “La sinfonía fantástica”, que cuestiona nuestro lenguaje y la forma en que vivimos y ahora “El verano sin verano”, un sucinto relato que da cuenta, sin querer queriendo, de lo que ha ocurrido en Chile en las pasadas tres a cuatro genraciones. Tiene razón Lavergne en que es mucho mejor que Camilo Marks no sea nunca un best seller ni esté acompañado por secretos, confesiones sexuales, feng shui o aromaterapia. Pero solo hasta cierto punto, porque si la idiotez de nuestros lectores llega a saturar y sobrecargar nuestro patético panorama cultural, llegará un momento en que será deseable que no se publique un solo libro más en Chile y que, de veras y radicalmente, nadie vuelva a leer una sola página impresa en su vida.

  316. Como lo acabo de escribir al arreglar, espero que en forma definitiva, porque espero que ni lea lo que escribí, mis cuentas con el señor anónimo que en el blor insultó a Lavergne, vuelvo a felcitarlos por haber contado con alguien que les sirvió, creo, de forma esencial para su biblioteca virtual. Sí, Camilo actuó con una generosidad que pocos, por no decir nadie posee en el medio nacional. Me consta, porque he leído sus críticas por años y también tengo el libro que sacó la UDP, me consta, repito, que muchos autores o autoras que les sugirió no son de su agrado o bien los ha criticado derechamente mal. Pero él está tan por encima de eso que quiso lo mismo que Uds.: una biblioteca transversal, independientemente del gusto suyo o el de Uds. mismos. Y lo consiguieron, más allá de que algunos cuentos sean mejores que otros o algunos puedan gustar más a ciertas personas, en tanto otros dejar completamente fríos (me sucedió, por ejemplo, con el de Zambra, que encontré casi de laboratorio, casi del Servicio Médico Legal, con el de Gumucio y con el peor de todos, el de Fuguet, que ya está escribiendo con las patas). Pero da exactamente lo mismo que a uno le gusten o no: ahí están, cualquiera los puede leer gratis -no tanto si paga en Telefónica o VTR- y hay revelaciones, como Sonia González, Alejandra Costamagna, Carlos Tromben, Patrico Jara.
    Por supuesto, el mejor de todos es, lejos, pero lejísimos, “El verano sin verano”. Y ello ha quedado demostrado por la inaudita cantidad de comentarios, todos distintos, con enfoques tan diversos, con perspectivas tan variadas como las que ha merecido esta nouvelle. Sin embargo, estoy completamente dispuesto a aceptar que haya personas a quienes no le agrade, que lo encuentren fome, latoso, anticuado, qué sé yo. Por suerte, la literatura es una galaxia y todos podemos opinar. Posiblemente nunca voy a leer a Voltaire, pero no por eso deja de ser uno de los más grandes escritores de todos los tiempos.
    De modo que, de nuevo, ¡felicitaciones!

  317. Quise decir blog y escribí blor, sorry.

  318. Me sumo a las felicitaciones recientes, pero ya lo he hecho demasiadas veces, así que seré breve. Solo he comentado “El verano sin verano” y tal vez eso haya sido un poco egoísta. Personalmente, también me han gustado mucho los cuentos de Zambra, de Gumucio, de Alejandra Costamagna y de Germán Marín. Creo que este último -se llama “Only you”- ya lo había leído, pero me produjo de nuevo una grata sorpresa encontrarlo en formato virtual.
    Y Diamela Eltit, con sus variaciones en torno al Guatón Loyola, nunca dejará de sorprenderme, de enriquecerme, de comprometerme por la forma en que ella misma se compromete con el lenguaje, por el modo en que cuenta algo que es como esas muñecas rusas que se abren, se abren, se abren y nunca terminan de abrirse, cajas donde de pronto todo se hace claro para volver a caer en la oscuridad, donde los significados están a la vista y luego son destruidos por nuevos significados, donde el estilo y el lenguaje son los protagonistas verdaderos, en una historia violenta, obscena, delirante, divertidísima.

  319. Vuelvo, después de bastante tiempo, a comentar “El verano sin verano” y los demás cuentos de la colección. Ya me di el tiempo para leerlos todos y me gustó mucho el de Diamela Eltit, quien nunca logra escribir nada mediocre o banal, el de Alejandra Costamagna, el de Sonia González, el de Germán Marín.
    Pero es absolutamente cierto lo que dice Alfredo Lavergne en otra parte, un blog le llaman, de esta biblioteca virtual, en el sentido de que “El verano sin verano” es muy distinto al resto, en tema, en calidad, en impacto directo de su lectura, en el uso sabio, reflexivo, profundo de los recursos literarios, en fin, en el dominio del lenguaje de Marks, cuyo apellido, no siendo en absoluto español, se contradice tanto con el dominio ejemplar que demuestra poseer en nuestra lengua. Tal como en “La sinfonía fantástica” inventa palabras o cambia modos adverbiales -enamoriscar, de cuando en vez- o evita la repetición seguida de vocablos, buscando giros o circunloquios que gratifican al leyente, aquí, en una vuelta de tuerca, la llaneza, la descripción impresionista del paisaje, los humores de Pilar, la narradora, están al servicio de una obra que no es mejor ni peor a las otras que ha escrito, en lo que concuerdo plenamente con Lavergne. Simplemente es diferente. Y esa diferencia, esa sutileza, esos matices, todo lo que queda en el aire, las explicaciones que nunca se dan, el mundo de los “grandes”, versus el de los niños, hacen de este relato, más que una lectura, una experiencia.

  320. Leí este relato por pura casualidad, ya que no tenía idea de esta biblioteca de mentira. Lo que sucede es que participo, muy a menudo, en el blog que hay bajo cada crítica de Camilo Marks en “El Mercurio” y como una cosa lleva a la otra, llegué a esta colección. Francamente, por ahora no me da el tiempo para leer todos loscomentarios que se han escrito a propósito de “El verano sin verano”, pero dejo el mío: es un relato perfecto, apasionante, muy bien escrito, sin baches, tropiezos, nada que falte, nada que sobre. Los otros los he ojeado, pero ninguno me ha llamado la atención. Tal vez haga el esfuerzo más adelante, aunque no sé si vale la pena a juzgar por la pobreza inicial que se advierte: todos parecen iguales, desganados, sin vida, a lo más atmosféricos, incluso algo decadentes, por no decir leteros. Este es algo muy diferente: recio, duro, sensible, una historia original, que nos habla de nosotros mismos, de nuestro pasado, nuestro presente y con el tema eterno de la imposibilidad de olvidar si se quiere vivir en forma decente.
    Tampoco me atraen mucho los poemas que han publicado, pero como están comenzando, suspendo mi juicio para más adelante.
    En todo caso, aunque prefiero leer libros en papel, los felicito por esta iniciativa.

  321. Camilo Marks escribio el bodrio mas grande de Chil. Para que tanta palabra, es un resentido y escribe muy mal, eso es todo. El pobre viejo no sabe hilar una frase, es aburrido, latero. Se hace autobombo y libros de mentira lo promueve por que son amigos de él, Seamos claros, estos tipos han sensurado a un montón de gente que les envia articulos. Así de claro, les guste o no.

  322. @Jara

    Es, por lo menos, contradictorio que diigas que Camilo Marks escribe mal y dos líneas más abajo escribas censura con “s”.

    Danos algunos ejemplos de esos artículos que te hemos “sensurado”, porque si te refieres a los artículos truchos de C.V., es obvio que no los publicaremos.

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