La mentira de J. T. Leroy

Dic 20th, 2007 | By Doméstica | Category: Destacado, Reportajes

J.T Leroy

Drogadicto a los 12, alcohólico hasta los 16. Prostituto y portador de VIH. Nadie pudo imaginar que con ese prontuario, el enigmático J.T Leroy podía convertirse -a los 22 años- en un escritor de culto. Pero lo hizo. El Final de Harold, su última novela editada en 2005, ya está en Chile en la librería Quimera. La verdad tras el niño genio está aquí, a continuación.

Mucho antes de que Jonathan Couette destapara su trágica vida a través de las imágenes de su película Tarnation –documental basado en los registros audiovisuales que recopiló desde los 11 años- J. T. Leroy, un chico estadounidense de 19 años, hacía lo suyo en 1999, escribiendo sobre sus precoces experiencias como drogadicto, prostituto y portador de VIH.

Sin duda, Couette y Leroy, tenían más de algo en común. Ambos habían vivido una infancia tormentosa. El primero había crecido con el trauma de una madre desquiciada, y el segundo huía de la suya, una siniestra mujer que lo obligaba a ofrecer servicios sexuales a los camioneros de Virginia Occidental, donde residían. Pero existen otras cosas que los unen:

Ambos decidieron contar sus historias, tal vez como método de exorcizar sus fantasmas y comenzar un nuevo futuro: uno que les prometía suculentas ganancias a costa de no tener pudor en mostrar y contarlo todo. No es misterio que a estas alturas el morbo de la gente no tiene límites, y tal como instancias como La Teletón, o programas de televisión como Cara y Sello o Cirugía de Cuerpo y Alma han sido un éxito, las historia de redención de Leroy fue grito y plata . Pero algo, no menor, tenía distinto Leroy de Couette. Mientras el chico del documental poseía imágenes que ratificaban su melodrama familiar, el joven escritor sólo se valía de sus palabras en el papel y de esporádicas apariciones en eventos –vestido de mujer y escondiéndose tras enormes gafas oscuras- para probar su existencia. Y mientras la fama del primero se diluyó con el tiempo, el segundo se convirtió el año 2000 en una sensación literaria después de la publicación de Sarah, su primera novela. Todo era miel sobre hojuelas, hasta que a mediados de 2006, el fraude se descubrió.

J.T, Albert, Couette

Se descubre el pastel

Drogadicto a los 12, alcohólico hasta los 16 y escritor de culto a los 22. La historia de J. T. Leroy sería perfecta sino hubiese sido toda una mentira. Así es, el año pasado no sólo se descubrió que la historia del atormentado chico travesti no existía, sino que se comprobó que el mismo J. T. Leroy no era más que la invención de Laura Albert, la mujer que supuestamente había recogido a Leroy de los suburbios, y que resultó ser una muy hábil e imaginativa escritora, que justificó su mentira argumentando que “las aventuras de un niño que había sido obligado a prostituirse por su madre siempre serían más interesantes que las vivencias de una mujer común de treinta años”. Y acertó.

Durante los cinco años que duró el fraude, J. T. Leroy se convirtió en una verdadera celebridad. Como referente de la escena underground, Leroy fue admirado por Michael Chabon y los jóvenes Zaddie Smith y Dave Eggers. Se codeó con Winona Ryder, Madonna , Courtney Love y Asia Argento, de quien se dijo incluso era su novia. Tan fuerte fue la impresión de Shirley Manson –vocalista de Garbage- con la historia del chico que lo homenajeó con la canción Cherry Lips de su disco Go Baby Go! Mientras que el cineasta Gus Van Sant afirmó haber tenido colaboración de Leroy para su película Elefant: “Durante un año entero estuvimos conversando al menos una hora todos los días, a veces incluso cinco horas”, dijo el director, que sólo escuchó la voz de Leroy a través del teléfono.

En sus escasas apariciones públicas, Leroy -siempre de anteojos oscuros y acompañado de Albert- no emitía palabra. Así, rápidamente pasó de ser considerado encantador y extravagante a sospechosamente tímido. Y sucedió lo que tenía que suceder: el pastel se descubrió. La creación de Albert se había convertido en un monstruo difícil de controlar, y publicaciones tan importantes como The New York Times, The Paris Review y Vanity Fair, comenzaron a dudar de la existencia del niño prodigio.

Todo partió por las incongruencias de Savannah Knopp, la mujer que interpretaba a Leroy en público, quien no era más que la hermana de la pareja de Albert, Geofrey Knopp. Aturdida por el personaje, Knopp erraba fechas, lugares y anécdotas durante las entrevistas y apariciones públicas; fallas que Albert debía arreglar por teléfono. Así comenzaron las primeras sospechas que derivaron en un artículo publicado por The New York Times el año 2005 con una investigación a fondo que desenmascaró a la escritora. Los periodistas del diario estadounidense recorrieron hoteles y descubrieron que muchas veces al hospedarse Albert se había presentado como J. T. Leroy, lo que no dejó de ser sospechoso. Además, comprobaron la inexistencia del pasaporte del niño genio, que sumadas a otras deficiencias en la historia -como por ejemplo que el psicólogo que le habría recomendado escribir, sólo había hablado con Leroy por teléfono- terminaron destruyendo al personaje.

Lo que vino después, fue la muerte de Leroy, incluso el escritor Dennis Cooper – quien hasta entonces se decía su admirador- fue golpeado por la noticia: “Los libros de J.T. Leroy son inseparables de su historia. Siempre fueron una suerte de souvenir inspiradores de la horrible vida de ese chico. Eran su final feliz. Lo siento muchísimo sobre todo por los miles de fans de J.T. que vivieron cosas similares, chicos que creyeron en la posibilidad de cambiar sus vidas y superar un pasado doloroso con el arte; es como si hubiéramos despertado para saber que éste no es el lugar donde un chico con esos problemas puede salir adelante; J.T. utilizó el abuso como marketing, y por eso este fraude es tanto más horrible”, dijo un decepcionado Cooper.

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El entierro inevitable de Leroy se completó con una multa de 255 mil euros que Albert debió pagar a Antidote International Filme por el contrato millonario que éstos habían pagado para llevar la historia del chico escritor al cine por Steven Shainberg (La secretaria).

Todo terminó más o menos mal para Albert, aunque su puñado de logros -nada despreciables- todavía valen: por el tiempo que duró la farsa, J.T Leroy editó tres exitosos libros (Sarah, The Heart Is Deceitful Above All Things y El Final de Harold, recién llegado al país); publicó en revistas literarias como Zoetrope de Francis Ford Coppola, en Memorious, Oxford, The London Times y Vogue. Fue incluido en antologías como The Best American Nonrequired Reading 2003, y escribió notas y biografías de músicos como Billy Corgan, Bryan Adams, Nancy Sinatra y Coutney Love. Y aunque J.T Leroy no terminó por convertirse en el nuevo mejor escritor estadounidense, sí será recordado, por bastante tiempo más, como el mayor fraude literario del presente siglo.

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5 comments
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  1. Great! i love J.T.

  2. bonito blog!

  3. prueba

  4. Otro de los chanchullos del hiperrealismo. Hoy, para escribir, todo debe ser odiosamente autobiográfico; el ex-guerrillero, el homosexual, el indígena, y otras marginalidades que a veces son reales, necesarias, e incluso interesantes de conocer, pero que en otras ocasiones son simples características idealizadas de algún occidental promedio con ganas de hacerse de una buena trinchera para poder escribir.

  5. Que puedo decir, muchas veces las personas del margen no son necesariamente marginales (ladrones, terroristas, etc.)si no seres comunes que se sienten excluidos de una sociedad aterradoramente funcional, donde se es posible sobrevivir, pero no vivir.
    la mentira de J.T. me parece una radiografía de una sociedad hambrienta de marginalidad, la historia de la mentira es aun más interesante que la historia inventada, porque retrata la forma de sobrevivir de una mujer tan común que es marginada

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