Haruki Murakami: Libertad en la Oscuridad

Oct 9th, 2008 | By Fabián Duffau | Category: Opinión

Había escuchado hablar de Murakami muchas veces. No sabría decir cuantas, pero siempre llamaron mi atención las citas que hacían referencia al japonés como el heredero de la gran tradición literaria nipona del siglo XX: Yasunari Kawabata, Yukio Mishima, Kenzaburo Oé, y ahora, Haruki Murakami.

Por regla general, hago caso omiso a las tendencias literarias y las modas. Pero a la vez,  soy un admirador de los tres autores  mencionados, y leo,  prácticamente todo lo que provenga de esas plumas. Gracias a los dioses, en una picada del persa, encontré La Caza del Carnero Salvaje a un precio razonable.

La elección del libro fue complicada. Sábado por medio, paso por la librería en cuestión y, tras un breve vistazo, sigo mi camino, pues se caracteriza por tener títulos de primera, pero más caros que el promedio del persa. Sin embargo, en aquella ocasión examiné cuatro libros: el primero, “Franny y Zooey”, de JD Salinger, luego, un bestiario de Tolkien en edición de bolsillo, en tercer lugar uno de filosofía que ya ni recuerdo, y por último,  La Caza del Carnero. Un tipo que tomaba café al lado del vendedor dijo “Ése es el mejor de los que tomaste”. Y bien, pensé: quién diablos se cree para darme consejos. El de Tolkien, concedido, pero, si hubiese cogido el “Nueve Cuentos” en vez de “Franny y Zooey”, a ver si diría eso. Así y todo, compré el libro. Cuando lo pienso, han sido los ocho mil pesos mejor gastados de mi vida.

Ya es casi un lugar común el anuncio que hacen algunos pesimistas acerca del fin de la literatura como la conocemos, a manos del cine y la TV. El argumento (simplificado) es el siguiente: el formato audiovisual reproduce imágenes idénticas a la realidad; el libro, por tanto, ha quedado obsoleto  a la hora de efectuar descripciones, puesto que su fidelidad jamás igualará a la de la cámara.

Pues bien, habría que agradecerle a Murakami este magnífico tapabocas a aquellos falsos profetas. Las descripciones del libro, ya sea de una estación de trenes, un paisaje nevado, unas orejas magníficas o un gato decrépito, superan a cualquier imagen. Esto no es una mera impresión: es así. Y las razones son al menos dos, o tres, si contamos el mérito del traductor. La primera es que aprovecha la inexistencia epistemológica de la objetividad, y la propiedad del lenguaje para significar algo distinto de agente en agente. A través de guiños, Murakami identifica al lector con la situación que presenta.  Esos “guiños” varían entre la descripción del acto de cocinar, la mención hábil de un autor u obra literaria, y referencias a la historia local y mundial. Sabe que cada lector crea el mundo propuesto por el libro, y le otorga una serie de elementos literarios y narrativos para que se relacione directamente con la situación descrita. El lector es quien se apropia de la descripción, y al hacerlo, origina la acción. En otras palabras, una película puede tener distintas “lecturas”, pero siempre es la misma escena, las mismas imágenes; un libro, en cambio, tiene tantas lecturas como lectores y en cada una de esas posibles lecturas, las imágenes serán distintas. Y en La Caza del Carnero Salvaje particularmente, los escenarios son tan aprehensibles, que el lector puede recrear los escenarios en su mente con una facilidad extrema, aunque uno jamás haya estado en Hokkaido o visto un pene de ballena.

La segunda razón, en realidad, forma parte de la primera, pero es tan importante en el estilo de Murakami que la menciono aparte. Se trata del aprovechamiento de los sentidos. En todas las descripciones tienen un rol determinante el olfato y el tacto. Ambos, prohibidos por la esencia en el formato audiovisual. Un buen escritor es capaz de usar estos sentidos para dar forma a la narración, y es precisamente lo que ocurre, con maestría, en La Caza del Carnero Salvaje.

Pero la brillante narración no es lo único que vuelve a La Caza… en un libro estupendo.  Murakami plantea una historia donde la lucha del protagonista resulta incomprensible y ajena tanto a él mismo, como al lector. Hasta al final, y salvo ocasionales sospechas, de verdad no se sabe que está pasando. O mejor dicho, lo que está pasando no es lo que uno cree.

Y esto es así porque la verdadera acción no transcurre en este mundo. La realidad se vuelve un concepto elástico; más que un mundo espiritual o fantasmagórico, la realidad detrás del libro se descubre en un mundo onírico. En otra novela del autor nipón -“La Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo”-, esto resulta mucho más evidente. En efecto, en ambos libros todos los aspectos decisivos, incluido el desenlace, tienen que ver exclusivamente con lo que ocurre en aquel mundo, distinto al nuestro, pero no por ello sobrenatural. Esto es clave: el mundo onírico es distinto, pero jamás menos real, que éste. El elástico de la realidad termina por ceder y romperse. Incluso, podría afirmarse que el lo verdaderamente real es el mundo de los sueños, y no éste. Murakami lo insinúa en La Caza…, lo clarifica en “La Crónica…” y lo  explica “for dummies” en “Sputnik, Mi Amor”. Para que un acto sea significativo en la historia, ha de realizarse en aquel mundo.

Cabría agregar que ese espacio está íntimamente conectado al nuestro, al punto que sus habitantes pueden contactarnos por aparatos mecánicos como el teléfono o la fotografía. Aquellos seres son disociaciones o partes ocultas de quienes rodean al principal; no equivale al  subconsciente, sino a una escisión de la identidad,  entre lo que vive aquí, vacío, y lo esencial, la  voluntad que la conciencia desconoce, en todo sentido.

Y lo que quiebra la realidad, más bien la forma o paso de una a otra dimensión, es la oscuridad. No figurativamente: la oscuridad negra, absoluta y sin límites. Sumergiéndose en ella, cada principal logra entrar al mundo onírico. No es fácil: el proceso requiere de un sacrificio tremendo. Por pasar de un lado  a otro, existe un costo. De un modo similar a la película “El Sacrificio” de Tarkovsky, entrar a un mundo distinto, y luego volver al nuestro, resulta para los implicados en una pérdida importante. De un amigo, una habilidad, una amante, el cuerpo y la sangre, o todo.

Pero lo que caracteriza esa pérdida u ofrenda, es que se realiza de forma voluntaria. Si bien puede parecer que los acontecimientos son inevitables, la verdad es que los protagonistas siempre pudieron negarse o rendirse. Lo que también les ocasionaría costos, claro está, pero que en definitiva serían menores a los que han de pagar por ejercer su libertad. Son advertidos de ello en numerosas ocasiones (por ejemplo, por el profesor Ovino, Creta Kanoo e incluso Kumiko).

La fuerza antagonista en la obra de Murakami es siempre más poderosa que el protagonista, y pese a ello, la victoria (pírrica) se origina en la voluntad, y no el destino. En efecto, la lucha contra el mal encarnado por el antagonista es un acto en contra del destino; por ello es que existe el sacrificio, por desafiar una voluntad mayor que la nuestra. El ejercicio de la libertad, entonces,  no es gratis. Duele…, y mucho.

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6 comments
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  1. ¡Un hurra para el que escribió el artículo!
    Soy entusiasta admiradora de los autores japoneses que nombraste, y descubrí a Murakami hace relativamente poco (Sputnik, mi amor, Tokio Blues y Sauce Ciego, Mujer dormida; el del carnero, no tenía idea de que existía). Me gustó muchísimo el artículo, y a ver si me consigo el libro, así como “La crónica del Pájaro…”, que hace tiempo que muero de ganas de leerlo (una que es una pobre estudiante, y los libros tan caros).

  2. Me sumo al hurra por Don Fabián. Uno de los mejores análisis de Murakami que he leído, junto con el de Rodrigo Fresán en El País. Yo también buceo por internet en busca de opiniones sobre el gran Murakami. Por cierto, Lix, ya estás tardando en leer Crónica del pájaro… Ya está en edición de bolsillo, más barato. Y Kafka en la orilla, Sputnik mi amor, After Dark y uno de mis favoritos (dificil elección): Al sur de la frontera, al oeste del sol. Todos ellos en Tusquets, salvo La caza del carnero salvaje, que está en Anagrama. Además, a través de google, puedes encontrar los relatos Dance, dance, dance y La chica 100% perfecta. Que aproveche.

  3. Excelente idea la de los “libros de mentira”. Conozco poco de Haraki Murakami: Sólo Kafka en la orilla y Tokio Blues. El leerlos me ha dejado una sensación entre la vacuidad, la cruda desesperanza, el hiper-realismo pero también vivencias casi oníricas.
    Seguiré “leyendo de mentirita los libros de mentira”
    Un abrazxo y felicitaciones por tu blog
    Faladomi
    (www.faladomi.wordpress.com)

  4. Lix, la caza del carnero salvaje, lo puedes conseguir en la biblioteca viva, de plaza vespucio, tienes que inscribirte, y lo dan en préstamo a domicilio 15 días.
    Espero que te sirva el dato.

  5. me encantó leer esta reseña. yo ando investigando sobre la cultura japonesa y el punto donde se funden en la oscuridad, el vacío y lo onirico. apunto a Murakami para leerlo lo más pronto.
    Buena pluma a los cumpas de libros de mentira.
    Abrazos infinitos,
    Ella

  6. De verdad me ha complacido leer esta modesta y precisa “conclusión” sobre un par (y qué par) de obras del autor nipón más comentado de las postmodernidad literaria. Coincido plenamente con los tópicos desarrollados y con el punto de vista aprehendido para con las obras de Murakami. Justo en este tiempo me encuentro terminando una intensiva lectura de “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” y , haciendo notaciones heterogéneas en virtud de un muy próximo ensayo sobre tal. ¿No te parece que el autor bordea algo que podría ser pensado como una “novela-ensayo”? Y todo , nadas más y nada menos, gracias a esa perpetua búsqueda del ser en la que se descubreel protagonista, de paro y asumiendo un acto de libertad luego de haberse perdido a si mismo en su marcha como ciudadano de una sociedad de masas. Pues, nada es más ilustrativo que la existencia en crisis de los personajes de Murakami para con “la angustia de ser libre”.
    Felicitaciones por el blog, es maravillosamente apreciable todo el trabajo.
    Saludos y mucha buena tinta.

    Archie

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