Federico García Lorca, Poeta del romance
Feb 21st, 2008 | By Tamara Toro | Category: Opinión, Poesía
Tenía 13 años cuando leía las aventuras de Fray Perico. Mi madre me compraba los libros de la editorial Barco de Vapor. Menciono a este fraile porque con él comienza mi acercamiento a Federico García Lorca. Mi poeta y dramaturgo favorito.
Fray Perico cuenta la historia de un grupo de religiosos cristianos en medio de la guerra por la independencia de Salamanca, a fines del siglo XIX. Otros personajes de la saga son su convento, sus santos animados, los gitanos, los largos viajes y entretenidas relaciones de nombres, como Fray Cucufate, el del chocolate; o Fray Exequiel, el de la miel. Fray Perico vive la guerra de una manera particular, que parece más graciosa que terrible. Me transporté a esos paisajes, escuchando esas voces y acentos extraños y me enamoré de los gitanos.
Ávida de estas experiencias, me propuse hacer mi propio paseo por los libros de mi madre, a ver si daba con algo así de interesante, mientras esperaba impaciente el próximo volumen de Fray Perico. Mi mamá ya no leía novelas y ni siquiera las desempolvaba. En mi excursión di con un librito de tapas de cartón verde limón, de la Colección Quimantú Para Todos, que en letras negras me comunicaba “Federico García Lorca, Romancero Gitano”. Las hojas eran amarillentas y quebradizas, en realidad todo el libro estaba muy raído y lleno de polvo. Aún lo está.
El escenario de mi descubrimiento era muy similar al de Fray Perico, pensé. García Lorca escribe desde la guerra civil española, desde el Frente Popular contra el franquismo, desde una sociedad en que conviven nativos, gitanos, judíos y árabes, musulmanes y cristianos, y, por otra parte, desde la efervescencia por una renovación versus las represiones y complejos de las clases acomodadas, en la que nació y se crió el autor.
La portada está ilustrada con un dibujo del mismísimo García Lorca: exhibe un hombre de chaqueta corta, faja, un fusil y sombrero de soldado, con una expresión un tanto desoladora en sus ojos grandes. Hojeando, me doy cuenta que alguien ha quitado una cuartilla y no puedo saber el año de publicación. Pero lo demás, incluido el prólogo y el índice, se encuentran intactos.
Romance es una narración oral típica de España, de carácter épico, como las epopeyas, las leyendas y cuentos sobre las guerras, el destino y el heroísmo. Se escriben en versos octosílabos con rima consonante o asonante, alternada. Tal y como señala el texto introductoria: “(…) si acudió (García Lorca) a esta tradición fue porque en ella pudo encontrar la intensidad y vigor que caracterizan toda su obra creativa”. No obstante, para una adolescente no fue tan fácil reparar en estas exclusividades, menos en el lenguaje personal del creador, en que cada elemento posee un significado que no es el literal, o sea, aquello que a uno le trataron de enseñar en las clases de Castellano, pero no supo aprehender hasta que leyó poesía por cuenta propia.
Cuando vi escrito Romancero Gitano en la tapa del libro, tuve ganas de conocerlo, porque ya me interesaban los gitanos desde Fray Perico, por pillos e ingeniosos. Así es que supuse que al leerlo sabría un poco más de esos personajes. Los protagonistas son la Luna, una suerte de mensajera de la muerte y la oscuridad; los gitanos, un soplo de vida que busca libertad y debe luchar contra un destino que siempre lo alcanza y subyuga; el ejército, fuerza conquistadora y terrible que se sirve de oficiales, espadas y caballos para hacer correr la sangre; la religión, a través de los sacramentos, las monjas y santos, de un carácter un poco más humano; la historia, contada en retazos que cuesta descubrir, pero que revelan el momento que involucra al poeta y a su país. No faltan descripciones del paisaje de España, llena de montes, bosques, ríos, noches y amaneceres.
Entre romance y romance, se encuentra uno que otro dibujo realizado por García Lorca, añadiendo elementos a la obra: la muerte, la guerra, el sufrimiento, la vida, la música, el dolor. Mis versos favoritos son los que más demoré en entender y aún no comprendo del todo: Romance Sonámbulo, del que siempre recito: Verde que te quiero verde./ Verde viento. Verde ramas./ El barco sobre la mar/ y el caballo en la montaña. Versos que abren y cierran el relato; Romance del Emplazado, que en pequeños trozos narra la historia de un hombre que morirá; y Romance de la Guardia Civil Española, que pone en evidencia una especie de proteccionismo divino que buscan los gitanos en la virgen, San José y el Nacimiento, para salvarse del oscuro y corrupto brazo de la ley. Esos son los poemas que más recuerdo de los 18 que componen el Romancero, y quizás tenga que ver la relación que mantengo con los significados involucrados: mis fantasmas personales, que son oscuros, poderosos y temibles; la religiosidad que se sirvió de mis energías en algún momento pasado; la muerte como un personaje que circunda; la ley, no sólo como lo militar, sino como tradición; los prejuicios, lo inmutable y la búsqueda de libertad a través de diversas expresiones.
El Romancero Gitano siempre me recordará a Fray Perico y Fray Perico al Romancero Gitano; a Federico García Lorca y su afán de ir donde el pueblo, para ayudarle a alcanzar las azucenas del arte. La atemporalidad de su lenguaje que me deja leer, recrear y hacer mías sus historias y su vida. Ser y estar con los gitanos que buscaba.
Si quieren leerlo, hay una edición de editorial Andrés Bello que es muy fácil de conseguir (la he visto a $1.000 pesos, entre las ofertas de libros usados). Incluso, a veces, va acompañado por alguna otra obra de García Lorca, como La casa de Bernarda Alba. Si prefieren la edición de Quimantú -edición en la que me basé para escribir estas líneas- en su sitio web pueden encontrar un email para encargo de libros por correo.
Romancero Gitano, del español Federico García Lorca.
Editorial LOM
60 Páginas
$1.000 en Compra Venta Libros
Editorial Andrés Bello
117 páginas
1996
$3.500 en Compra Venta Libros

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En la casa de mis tíos, donde iba de vacaciones cuando muy chico, había libros Quimantú: uno con dos cuentos de boxeo, de Hemingway y un americano que nunca más me sonó (Ring Lardner), y otro libro de Alfonso Alcalde, unas historias de “El Salustio y el Trúbico”. Notables. Bueno, eso se me vino a la mente. Los libros de la Andrés Bello son salvadores, aunque tienen una tradición histórica con las portadas: si son bonitas, no sirven.
Me gusta lo que hablas de la atemporalidad. Creo que eso es lo que uno busca en un libro, un cruce que en un momento determinado te parece lo único que puede, y debe, estar pasando entonces.
Un abrazo.