El Nobel y la otra cara de la literatura francesa

Oct 20th, 2008 | By admin | Category: Destacado

Hay quienes no le prestan atención al Nobel y quienes lo esperan pero sólo para ver si sus autores preferidos son premiados. Yo aguardo sentado, desde hace años, el Nobel de Vargas Llosa, el de Oz, el de Murakami, el del notable Harry Mulisch. Pero, en el fondo, espero incluso con más ganas que, cada año, la Academia Sueca me descubra a un autor extraordinario del que nunca he tenido noticia. Con eso me doy por bien servido.

Jean-Marie Gustave Le Clézio no me resulta una novedad y tampoco es de ninguna manera uno de mis autores favoritos, aunque esa opinión mía puede cambiar en las próximas semanas, luego de que lo lea con más amplitud: hasta ahora, después de todo, mi contacto con su obra ha sido hasta cierto punto sui generis: ocurre que Le Clezio es un latinoamericanista de corazón, y los libros suyos que he leído son los que van por ese lado.

Le Clézio vivió cuatro años en Panamá, en el seno de una comunidad indígena, y ha pasado temporadas en otros lugares de América Central. Viajero constante, ha vivido intermitentemente en México e incluso ha sido (tal vez lo sea todavía) residente de New Mexico, una de las regiones más latinas de los Estados Unidos –el único estado de la unión que hoy mismo tiene un gobernador bilingüe de origen mexicano (el demócrata Bill Richardson, ex precandidato presidencial y ahora seguidor de Barack Obama).

Su infancia y su juventud no fueron menos internacionales: hijo de un inglés de las islas Mauricio y de una madre francesa, vivió en Nigeria, en Tailandia, estudió en Inglaterra y, ya en años posteriores, hasta hace muy poco, fue profesor en Estados Unidos y en Corea.

Le Clézio ha escrito estudios de carácter histórico e incluso casi antropológico sobre México, país que es, por decirlo de algún modo, su pasión y su segunda patria, además de haber traducido Las relaciones de Michoacán y algunos de los libros que conforman el corpus del Chilam Balam. Es también uno de los varios intelectuales en la lista del Nobel que siguen apoyando a Fidel Castro: escribe laudatoriamente sobre su régimen, condona sus pecados, contribuye a la leyenda del Che Guevara, y tiene una tendencia similar a mitificar a ciertas figuras del imaginario socialista latinoamericano en Europa.

El primer libro suyo que leí fue Diego y Frida, una biografía compartida, casi hagiográfica, de Frida Khalo y Diego Rivera, en la que Le Clézio despliega, hay que decirlo, una encomiable amplitud de fuentes y referencias, pero también una mirada sumamente inocente no sólo sobre la relación entre los dos célebres pintores y amantes mexicanos, sino, incluso más, acerca de su supuesta naturaleza como símbolos encarnados de la rebeldía socialista postrevolucionaria en el México de la primera mitad del siglo.

La premiación de Le Clézio, sin embargo, no deja de ser interesante desde otro punto de vista: hace ya varios años que es lugar común hablar, creo que con apresuramiento e incluso algo de saña (las pequeñas venganzas de la periferia), de la decadencia de la literatura y de la intelectualidad francesa en general. Creo que ese juicio, que pasa por alto la influencia supérstite del postestructuralismo y el postmodernismo, suele perder de vista, además, acaso el fenómeno más interesante de la cultura francesa en las últimas varias décadas.

Me refiero a la creciente toma del centro del establishment francés por parte de intelectuales que provienen de las antiguas colonias francófonas, de migrantes de otros países que escriben en Francia y en francés, o provenientes de minorías religiosas. Una lista rápida: Derrida era un judío sefardí nacido en Argelia; Helene Cixous también es argelina de padres judíos; Bernard-Henri Lévy es asimismo argelino y también judío, como lo era el parisino George Perec; Jonathan Littel, la última sensación de la novela francesa, es un norteamericano de New York; Michel Houellebecq es originario de la isla Réunion, al este de Madagascar; Youssef Rzouga es tunecino; Amin Maalouf es libanés; Julia Kristeva es búlgara, y la lista es mucho más larga.

Así que la renovada visibilidad de Le Clézio puede ser leída también como una cifra de la vida inusitada de esa otra literatura francesa, la menos eurocéntrica, la del influjo postcolonial, la que encuentra muchas de sus explicaciones teóricas, dicho sea de paso, en la obra de otro francófono, el filósofo caribeño (de Martinica) Frantz Fanon. Fanon hablaba de la paradoja postcolonial: la del intelectual que tiene que recurrir a los discursos de la metrópoli para sustentar las ideas de su propia liberación: algo de eso debe de haber en la emergencia de toda esta otra literatura francesa.

La reacción de Alberto Fuguet.
La reacción de Jean-Francois Fogel.
La reacción de Pierre Assouline.
La reacción de Camilo Marks, vía Iván Thays.

Escrito por Gustavo Faverón

Vía: Puente Aéreo

Bookmark and Share

ARTICULOS RELACIONADOS

  1. Herta Müller es el nuevo premio Nobel de Literatura
  2. El futuro del pasado y la literatura latinoamericana en la cárcel del presente
  3. Pesos pesados de la literatura salen en defensa de Milan Kundera
  4. La Caja de Pandora de Le Clezio
  5. Isabel Allende y el Premio Nacional
Tags: , , , , , , , , ,
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (no hay votos todavía)
Loading ... Loading ...

Deja un Comentario

Maximum one link per comment. Do not use BBCode.