El bovarysmo actual de la poesía chilena
Jan 9th, 2008 | By Ernesto Núñez | Category: Opinión, Poesía![]()

![]()
![]()
Clínicamente, el bovarysmo es la ficción imaginaria de verse a sí mismo mejor de lo que realmente se es. Eso lo sé yo, aun cuando no he estudiado psiquiatría. Lo curioso es que cuando el bovarysmo es persistente y exagerado, se transforma en un síntoma de histeria, y cuando es delirante, se transforma en una vía directa a la locura. Pero la locura no es tan mala según me han dicho; permite que muchas veces las cosas se transformen: que lo inocuo tome sentido, agarre fuerzas, permita superar la cobardía.
La poesía chilena contemporánea ha confiado su cadencia al sustento de la construcción cultural de que Chile es un país de poetas. Y todo lo que suene a verso, canto o prosa libre da título para autodenominarse poeta. En efecto, la tradición heredada del siglo pasado, por cierto, nos habilita a creer en esta ficción, de que todo aquel que se críe en esta angosta faja de tierra, encajonada entre mar y cordillera lleva en sus venas el don innato de la poesía, de la buena poesía. Esta situación, se asemeja a lo que debe sentir cualquier brasileño que intenta dedicarse al fútbol, creyendo que se es bueno porque sí.
¿Dónde esta la Crisis? Me atrevería a decir que después de Parra, Lihn, Zurita o Barquero, Chile ha estado en agonía poética, al margen del trabajo de Armando Uribe, que está pre-póstumo. Me permito evidenciar:
Barquero nos trae de vuelta a los orígenes; nos trae los ecos de la cultura rural campesina y el compromiso social. Cito la crítica que hizo Naín Nómez a Efraín Barquero en la revista Punto Final: “A través de los objetos cotidianos convertidos en elementos ancestrales y rituales de una costumbre perdida en la noche de los tiempos, la poesía de Barquero une el gesto de la fraternidad familiar con la reconstrucción de un movimiento cósmico que convierte a la piedra, a la tierra, al agua, al fuego, al pan y a la compañera en el signo más evidente de la humanidad perdida junto con su naturaleza”. Acá uno de sus poemas: Las Máscaras:
“Al morir, portarás la máscara que tú mismo tallaste
porque temes la oscuridad y la extrema claridad.
Y cuántas veces la llevaste sin que lo supieras
al mirar por ultima vez el rostro de los otros…
…Al vivir, has ido conociendo tu rostro
y has ido conociendo la máscara que cuelga del muro…”
Lihn: genialidad única. Incomprensible para el resto de su generación, lleno de rigor intelectual. A mí modo de ver, “La pieza oscura” -personalmente, su mayor trabajo-, deja una tarea profunda y muy difícil de superar:
“(…) ¿Qué será de los niños que fuimos? Alguien se precipitó a encender la luz, más rápido que el pensamiento de las personas mayores.
Se nos buscaba ya en el interior de la casa, en las inmediaciones del molino: la pieza oscura como el claro de un bosque.
Pero siempre hubo tiempo para ganárselo a los sempiternos cazadores de niños. Cuando ellos entraron al comedor, allí estábamos los ángeles sentados a la mesa ojeando nuestras revistas ilustradas -los hombres a un extremo, las mujeres al otro-
en un orden perfecto, anterior a la sangre.
Las generaciones posteriores no han podido superar esto. Y es probable que jamás lo hagan. La poesía actual está llena de malas tradiciones: de hijos post-talleres literarios, de gestores culturales con más ambición política que talento, o de generaciones apadrinadas por poetas talentosos, verdaderos bates, e innegablemente buenos políticos. La generación que creó Zurita, es una marca que está lejos de agotarse, pero persiste en la sintomatología del bovarysmo. Los “zuritos”, entre ellos Hernández, Adwanter, Barrera, y Paredes. Ellos carecen de estilo propio, y están muy cargados a la estética Beat, o creen inocentemente construir un Trópico de Cáncer a lo Henry Miller, frente al horror y al vacío de la capital. Su poesía urbana ha sido -déjenme decirlo- realmente una copia horrenda.
Pero no caigamos en la histeria. Afortunadamente, tenemos lo que toda la tradición europea y anglosajona no tiene: el folklore. Y eso es potencia y acto en la poesía chilena actual. Digo que es potencia porque es mi tesis. Necesitamos volver a la experiencia de sentir que nuestra tierra canta para el mundo, que lo sublime no está en el buen o mal burgués capitalino. Hay que volver a vivir en la cautela del carácter universal propio; porque según la jerga económica tenemos una ventaja comparativa y creo en los dados. Además apuesto al hecho de que es un acto, porque “allá va la muerte, me está esperando, allá debajo de la enramá”.
No nos queda otra ante el bovarysmo. Paramos la histeria y la locura. Es decir, démonos cuenta de cuánto nos falta por superar lo que fuimos, o, definitivamente, persistimos en nuestra patología y la acentuamos. Quizás tengamos un fin inesperado: que nos nazca otro genio.








la tipica seudo critica
de los que no han leido nada
no te sumis al carro de los tontones de turno
primero pegate una leidita asi a la rapida
y despues pontificai
lo de lihn que dijiste , patetico
lo de barquero, peor
yo soy super poco picado
y de hecho cuando las criticas son buenas
soy el primero en celebrarlas
pero la tuya es una reverenda caca
ni siquiera alcanza pa un control de lectura
de un cabro de colegio
y me extraña que este espacio
que se pretende de “lectores” ponga un bodriecillo asi…
en fin
tontitos hay muchos
los que los leen cada vez menos
.h.h
Sr. HH:
” La vulgaridad consiste en que el querer se sobrepone en la conciencia al entendimiento. El querer desprovisto de entendimiento es lo más bajo que existe; las gentes de toda ralea lo tienen y lo muestran, aunque sólo sea cuando caen”. A. Schopenhauer.
Para la próxima (que las habrán), intente caer con más gracia
Salud
[...] el público estaba el poeta Héctor Hernandez, a quien le carga Librosdementira blog debido a este artículo. Para matar la espera intenté espiar la conversación que sostenía con su acompañante…, pero [...]