Roberto Bolaño: una pugna sin fin
Mar 19th, 2010 | By Ricardo Laguna | Category: Entrevistas y Reportajes, narrativaParece un debate de nunca acabar. Los detractores del autor de Los detectives salvajes, acusan que el sitial que ocupa Roberto Bolaño en la literatura latinoamericana es exagerado. Creen que detrás de este mito existe una buena política de marketing y que sólo el paso del tiempo comprobará si Bolaño es tan imprescindible como ahora se comenta. Por su parte, los “bolañistas” arguyen que el talento es indesmentible, que sus novelas 2666 y Los detectives salvaje son obras cumbres de la literatura hispanoamericana y que los premios, la crítica y el mito en torno a su figura, reafirman a Bolaño como un verdadero aporte a nuestras letras y no como una estrategia de mercadeo.
¿Quién tiene la razón?
Mucho de este diálogo de sordos se debe al propio Roberto Bolaño. El escritor chileno se trasladó a México a los 13 años. Sólo volvería en el tumultuoso 1973 para intentar formar parte de una resistencia fantasma. Detenido y expulsado del país regresó al terruño azteca, y desde ahí viajaría años después al viejo continente. España sería su refugio permanente y aquí realizaría un sinnúmero de profesiones, lavaplatos, basurero, camarero, nochero, cargador de barcos. No sería hasta los ochenta cuando finalmente la suerte literaria le sonreiría y los premios le permitirían dedicarse a la literatura de tiempo completo. Los noventa fueron su década consagratoria. Sin embargo, en Chile se lo veía con suspicacia, casi como si obedeciera al dicho: “Nadie es profeta en su tierra”
Tampoco lo ayudaba mucho su polémica personalidad. Sus esporádicos viajes y sus comentarios de poca crianza lo enemistaban con los escritores nacionales. En una de esas visitas Bolaño destruyó a Coloane, opinando que El último grumete de la Baquedano es una novela cursilona. Tampoco se salvó Luis Sepúlveda, a quien tildó de exitoso sólo porque su literatura vendía. Rivera Letelier también recibió algunos dardos: “escribe muy mal” y su lengua viperina alcanzó hasta a José Donoso: “autor de tres libros y tiene algunos abominables”.
En defensa del autor de Coronación, apareció Carlos Franz quien replicó que Bolaño “cultiva un solo registro literario y es monótono”. Diamela Eltit tampoco lo trató con cariño, lo describió como “patero y cortesano”, agregándole una nueva crítica, “no muy inteligente”.
Aún así se ganó el cariño del argentino Rodrigo Fresán y de su editor en Anagrama Jorge Herralde, quien vio en Bolaño un talento innato. La apuesta del editor dio sus frutos demasiado tarde. En vida, sus obras no pasaron de ser un fenómeno literario para el público de habla hispana. Su novela Los detectives Salvajes (1998) se transformó en su gran triunfo obteniendo el Premio Herralde de Novela y el Rómulo Gallegos. En 2004, un año despues de su muerte, se publicó 2666. La novela obtuvo el aplauso unánime, iniciando el mito de Bolaño cuyos alcances perduran y se acrecientan hasta nuestros días. Este culto logró llegar al esquivo mercado editorial norteamericano.
2666 se publicó en Estados Unidos en el 2008 con gran revuelo. La crítica aplaudió esta obra, incluyendo al escéptico New York Times. Hasta la mediática Oprah Wingfrey se rindió al escritor chileno: “Al sostener en público una copia en pruebas de 2666, me sentía como si tuviese la nueva de Harry Potter en un colegio. Hasta media docena de extraños se acercaron para preguntarme por lo último de un autor que admiraban profundamente”. Por su parte, Los detectives salvajes permanecieron durante largas semanas entre la lista de los libros más vendidos del prestigioso New Yorker.
Sin embargo, uno de los principales arietes de la literatura norteamericana no se encandiló con el brillo de Bolaño. “Creo que está sobrevalorado en EEUU. Es el sabor del mes. Todos hablan de él, todos escriben de él, pero nadie lo ha leído. En mi país no tiene ningún detractor, lo que puede ser sospechoso. Es fácil hablar de él: es exótico, tiene una biografía interesante y está muerto. Los detectives salvajes está bien, pero es larga. Las escenas de sexo me gustaron, son buenas”, sentenció Richard Ford.
Paul Auster tampoco fue condescendiente. En una conversación con Tomás Eloy Martínez, el autor de la Trilogía de Nueva York le dedicó unas líneas a Bolaño: “Ha sido algo sobrevalorado, ¿no crees? Lo que conozco de él es irregular. A veces te quedas con la sensación de que, reducidas a la mitad, sus novelas habrían sido mejores”.
Ahora bien, los premios y la crítica pueden tener razón: 2666 y Los detectives salvajes son excelentes novelas. Pero a la obra literaria de Bolaño se le critica que no es pareja y que su universo tiene fronteras bien definidas y que no explora otros terrenos. Tampoco ayuda a esta evaluación la necrofagia del mercado editorial y sus fans ávidos de disfrutar algún entremés literario. El último platillo que se ha servido es El Tercer Reich. La irregular novela parece aportar poco al legado de Bolaño.
La pregunta, entonces, queda abierta: ¿Está sobrevalorada la figura de Roberto Bolaño y su fama se explica más por una moda o, por el contrario, su reconocimiento actual es el justo premio al talento literario y no obedece al marketing editorial?
¿Qué opinan ustedes?









¿sobrevalorado???????? jamás, es una verdadera lección de cómo jugar con la estructura, con la forma, más allá de lo interesante que pueda ser el contenido, es un maestro a la hora de mantener el suspenso y, finalmente, uno se resigna a dejar de lado las resoluciones para encontrarlas más tarde, mucho más tarde, tal vez en otro capítulo o, incluso, en otro de sus libros. Genial Bolaño, desde Cortázar que no veía este fenómeno, con su huella digital, claro está.
un autor imprescindible: ama la poesía, pero relata al mundo: al fin debió ser práctico, nada fácil ese “dejar de ser” ese abandonar …. la superficie de sus textos, montados con brillo e ironía transpiran conocimiento, desde Bolaño podemos leer a muchos autores, el pasado remoto, un chile histórico, una actualidad descarnada cuando su estrella distante,
yo por ahora, me inclino y lo sobrevaloro, lo demás el tiempo dirá, propongo que le preguntemos a don Nicanor..
“A veces te quedas con la sensación de que, reducidas a la mitad, sus novelas habrían sido mejores”.
Bolaño tiene eso. Pero ¿qué tanto importa? A los escritores chilenos que les va bien, siempre se les aportilla en Chile, porque la mayoría termina yéndose. Y a tan pocos años de su muerte… todo lo que se hable, será paja molida. LA verdadera literatura, la que queda de estos años, será la que se lea en 50 años más. Ahí veremos realmente qué tan duradera es su literatura.
Creo que supera todo lo escrito en Chile, desde Blest Gana a Donoso. No creo que vaya a ser una moda. Sus libros son laberintos en los que se puede pasear (con bastante miedo) una y otra vez. Son como películas, densas, llenas de detalles, llenas de voces, como los propios recuerdos…
No he logrado enganchar con Bolaño, sòlo NOCTURNO DE CHILE, me pareciò interesante y aprecié mucho leerlo, el resto me cuesta.