Apestados por Camus
Mar 11th, 2008 | By Carlos Tromben | Category: Opinión
La letra es pequeña y la portada horrible, aunque el volumen tiene la ventaja de caber en el bolsillo de la chaqueta. En la contraportada la foto nos muestra no al Camus célebre, que mira a lontananza con un cigarrillo en la comisura de los labios, sino un adolescente palurdo, recién levantado y de mirada esquiva.
Pero volviendo a la portada, lo que llama la atención es lo poco que tiene que ver con el texto. De espaldas, un siniestro personaje calvo extiende sus largos brazos y manos huesudas sobre una ciudad de aspecto mediterráneo, por cuyas calles corren ríos de ratas. Y es que la prosa de Camus no tiene relación alguna con lo fantástico, como sugiere el Nosferatu. La Peste con mayúsculas que se apodera de la ciudad de Oran, durante un año no especificado de la década de los 40, tiene la potencia de lo existencial, algo visible e invisible a la vez.

Camus comenzó a escribir la novela durante la ocupación y la terminó después de la guerra. La peste es la situación totalitaria per se: interrumpe la cotidianeidad, las costumbres, los afectos y la actividad económica. Con el tiempo se instala como una normalidad alternativa y siniestra, que despierta en los habitantes de Oran toda una gama de posibilidades éticas: estoicismo, solidaridad, cinismo, oportunismo, crasa cobardía. El doctor Rieux pertenece a la primera categoría. Como médico, se encarga de organizar los lazaretos y hospitales de emergencia, donde ve morir hombres y mujeres de todas las edades y condiciones sociales. Cottard, el especulador, pertenece al bando de los oportunistas, mientras que Tarrou, organizador de un contingente de voluntarios, representa el idealismo en estado puro. Al final confiesa que su principal motivo ha sido combatir la pena de muerte, que de niño vio aplicar con frialdad a su padre.
La Peste describe el ambiente de la Francia ocupada mejor que muchas novelas realistas. El poder de la prosa está en su eficacia, el olor de la muerte, el aturdimiento de una sociedad y, cuando todo parece perdido, su renacer. La peste afloja cuando ya parece ama y señora de la ciudad. Se va de manera tan arbitraria como llegó.
Sin embargo, la peste no es sólo una metáfora de la guerra, sino el testimonio de un hombre “apestado”. Camus contrajo la tuberculosis cuando joven, y cargó con ella durante toda su vida. Toda su obra es un paréntesis contra la muerte anunciada, que se consumó, paradojalmente, en un accidente automovilístico cuando se encontraba en la cima de la fama.
Llama la atención, en este texto humanista, la invisibilidad del otro: no hay un solo árabe en todo el texto, pese a que en Oran vivían más de 100 mil en la época. Ni muertos llaman la atención del narrador. Y no es la única omisión sospechosa. Aparte de la madre de Rieux, abnegada matrona cuya sola ocupación consiste en tejer, la única mujer destacable es la esposa de aquél. En el primer capítulo desaparece en un tren rumbo a un sanatorio para tuberculosos. Al final del libro, Rieux recibe un telegrama anunciándole su muerte.
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no sabrìa explicar porquè,pero camus es uno de mis escritores francese preferidos ,es sòrdido , detalliosta ,pero el ambiente que quiere està bien logrado y logra ,siempre dejarnos pensando y pensando si es lo que creemos que quiso expresar o es otro asunto, me gusta mucho, al igual que sartre y simone de beauvoir, kafka , y los rusos, serà ,porque nuestra època estuvo impregnada de contradicciones ,tabuès yuna exagerada disciplina familiar que nos coartaba todo,hasta los pensamientos, dios estaba mirandonos hasta en los màs recòndito rincones y el sexo y6 la carne sabìan a maldad y a alma impura, y los rusos con su burocracia alocada y sufrimiento del alma.-